Todo su aliento

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Todo su aliento

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Escrito por Alfonso Villalva P. 15 de septiembre de 2016
Todo su aliento

Todo tu aliento

 Alfonso Villalva P.

 Ya todos se pronunciaron por ella, lo que sienten de ella, lo que desprecian de ella, tu Patria. De manera deliberada o espontánea, quizá involuntariamente sufriendo la traición de su verdadero yo, ese que esmeran en ocultar ante sus psiquiatras bajo sus mentiras onomatopéyicas de una realidad pirada, enloquecida, endemoniada.

El malogrado financiero de la Nación,  sudoroso y envenenado por quien le califica de fracaso su audaz gestión, y que para responder el desaire le barre obsequioso la alfombra roja a quien hizo del insulto a tu Patria -sí, la tuya, la mía-, un mecanismo pragmático de recopilación de votos. Tu Presidente perdido en la espiral de su propia decadencia -que por cierto arrastra a la tuya y a la mía-, y que ya no distinguió entre honor y toma tres a cuadro en la televisión.  

Una primera dama que se apresura a ser la primera en arrebatar todo lo que nunca tuvo, y explotar los escasos setecientos días que le quedan de rock star. Una secretaria de desarrollo agrario que, con la izquierda traicionada y mancillada, libera el odio acumulado entre pecho y espalda contra las letras y su libertad, que la exhibieron desde aquel engaño en que cayó enamorada postrando la megalópolis ante un estraperlista perseguido en todo el Cono Sur; desde aquél escándalo de miles de millones del desarrollo social que nunca pudieron del todo comprobarse. 

Y qué decir de aquéllos que camuflados tras la curia, calzados en sus fastuosas enaguas, traiciona la prédica que fundamenta su diezmo, la palabra de quien les lidera desde Roma, la abnegación de muchos otros magníficos humanos entregados la justicia y la compasión; haciendo añicos con esa traición a los legítimos creyentes y oficiantes, y los utiliza de carne de cañón utilizando su fe como señuelo, para tomar ventaja de la debilidad presidencial, la descolocación del responsable de la política interna, la perplejidad crédula del adalid de la reforma educativa. 

¡Ódiense! ¡Divídanse! ¡Aviven la crispación social! Parecen decir todos ellos, de izquierdas y derechas, al unísono con el supuesto líder moral de la oposición que enloquece por el poder, los legisladores que trafican con tu futuro, y los de la porra de siempre que ahora usan disfraz de corbata y zapatos de charol. 

Ellos ya dijeron, a su modo extremista, intransigente, exterminador, abusivo, explotador de tu displicencia o tu candidez. Ellos ya dijeron, pero ahora te toca a ti compañera, conciudadano. Ellos ya te utilizaron a ti, a mi y a nuestro vecino de enfrente, una vez más para consolidar o arrebatar poder, para mantener privilegios y monopolios, para proseguir envenenando a la juventud con desinformación y sustancias que garantizan su nulidad. Pero, ahora te toca a ti. Aquí, entre tu y yo, colega, en la intimidad de esta columna y de este festejo patrio al que el ciudadano, ya obnubilado, le carga sus frustraciones, pero sobre todo sus desengaños, a los símbolos cívicos, y pinta su bandera de negro, niega sumarse al canto nacional, y vierte su rabia de saberse manipulado, fracasado.

Ahora te toca a ti, con tu vaso de tequila de rigor en la mano, con tus cervezas emblemáticamente nacionales, con ese plato de pozole que tienes delante, los pambazos, las enmoladas. Mentadas de madre al gobierno y a los impostores héroes que dicen ellos te dieron patria -pamplinas-, mentadas desde el anonimato de tu fiesta, con rencor y pasión, con lágrimas en los ojos. 

Ahora te toca a ti, a ver si ya te decides a levantarte como un sol entre céfiros y trinos, y vivir, soportar, sufrir y finalmente ganar. Como cada año, con mucha alegoría, fanfarronería y frivolidad !Viva México jijos de su rejija! ¡Que por fin hereden los desheredados, carajo! Abandonando de una maldita vez esa decadencia estrujante que acusamos ostensiblemente en nuestra manera de vivir y reconocernos como la descendencia gritona pero incapaz de accionar, respetar, solidarizarse y trabajar en equipo, con las riendas del país en las manos ajadas del alma nacional, que es la suma de la tuya, de la mía y de ciento veinte millones más. 

Te toca a ti decir esta boca es mía y recobrar el control del merecido destino vernáculo que abdicamos hace mucho en favor de quien decidiese apoderarse de él. Te toca a ti otra vez, y ya entender claramente que llegó el final de los tiempos en que nos conformamos con usar nuestra identidad tricolor para olvidar un poco nuestra miseria, y ahogar en cuarenta grados de agave nuestra imposibilidad de progreso, nuestra realidad lacerante, nuestra exasperante indiferencia. 

No lo entiendo claramente, y menos cuando miramos a nuestro alrededor para reconocernos como los portadores de un ADN tergiversado, sintético, mientras aprestamos el acero y el bridón para ir en contra de nuestros pares, nuestros hermanos con quienes nos ensañamos en tanto mayor sea su miseria o carencia; ese acero que utilizamos para obtener dividendos políticos que después se convierten en fortunas inconfesables. 

Ese bridón que nos alimenta un ego grosero y ambicioso de ser titular de una encomienda post moderna sobre los hermanos descendientes de nuestros pueblos originarios, sobre quienes han sido expulsados de sus tierras por la intolerancia, la violencia y la sinrazón, los que piensan o quieren diferente, las mujeres, olvidando tu enseñanza primigenia que sentenciaba en palabras de Bocanegra y al ritmo que impuso Nunó: “Ya no más de tus hijos la sangre/ se derrame en contienda de hermanos…”. 

No lo entiendo claramente cuando nuestra tierra retiembla bajo pies descalzos en la huida de familias enteras asustadas por el sonoro rugir de un cañón dirigido hacia ellos por otros hermanos, tan hijos de la patria como tú, como yo, como ellos, que afinan su puntería hacia la depredación de un mexicano a manos de otro, ya sea literalmente a pólvora y fuego, ya sea comercialmente, en el centro escolar o de trabajo, en la organización de una manzana suburbana, en la amenaza de la ira de Dios,  en el engaño de la lucha gremial reivindicatoria de derechos, que lo único que reivindica es el patrimonio de sus líderes. 

Una actitud inexplicable que parece ser el fetiche que provoca, quizá, que en estos tiempos turbulentos, el arcángel divino evocado por Bocanegra, haya emigrado acaso a otras latitudes, olvidando ceñir las sienes de tu Patria con la oliva de la paz. 

Lo que yo entiendo es que aún permanece la residual esperanza de laurear a tu Patria, una vez más, con guirnaldas de mirtos y rosas y recobrar esa legitimidad para mirar de frente su reflejo tricolor, mientras resuenen las voces de mil, de millones de héroes de los que la Patria aquí fue, ante los ecos sonoros de paz, justicia y unión; las voces de los héroes cotidianos y anónimos de los que la Patria será, jurando, una vez más, exhalar en sus aras… todo su aliento.

 Twitter: @avillalva_


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