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“El ultimo capítulo… la DESPEDIDA!!!

German de la Cruz Carrizales

“La Gratitud”.  Es la virtud por la cual una persona reconoce, interior y exteriormente, los regalos recibidos y trata de corresponder en algo por lo que recibió. Esencialmente, la gratitud consiste de una disposición interior, un corazón agradecido, pero cuando es genuino trata, de alguna forma, de expresarse en palabras y en obras. Consecuentemente, incluye tres elementos: reconocimiento de que un regalo ha sido recibido; apreciación expresado en agradecimiento; y en cuanto sea posible, regresar de alguna manera lo que se le ha dado de forma gratuita sin ninguna obligación de parte del dador. En días pasados recibí la noticia de que el padre de nuestro querido amigo Jean Claude había partido a ese viaje sin regreso y en recuerdo de tu querido padre y como muestra de gratitud lo recordamos así: “Solamente me he escabullido al cuarto vecino... Yo soy yo, y tú eres tú, y la vida pasada que vivimos juntos con tanto cariño no ha sido afectada, no ha cambiado. Lo que éramos el uno para el otro, lo somos todavía. Llámame con el nombre siempre acostumbrado. Háblame con esa manera afable que siempre usabas. No cambies de tono de voz. No te vistas de falsos aires de solemnidad ni de tristeza. Ríete como siempre nos reíamos con las pequeñas bromas que disfrutábamos juntos, juega, sonríe, piensa en mi, reza por mi...Te espero por algún tiempo, en algún lugar, muy cercano, a la vuelta de la esquina”. Querido papa... Te extraño tanto. Deseo que estés aquí conmigo en este momento. Y sé que, de alguna manera, estás aquí. Siempre habrá un hueco vacío en mi corazón, pero lo voy a amueblar con los recuerdos del amor que compartimos. Siempre vivirás en mí, y yo viviré en ti, y nada podrá romper la unión entre nosotros.

Nuestro amigo muy querido Ricardo le escribía a su madre así en su partida. Mamá: ¿Cómo reclamarte tantos días sin sentirme culpable? De tu mundo color de rosa. Enamorada y al lado de un hombre forjado entre las maquinas, emprendiste, no se si lo meditaste, la tarea de alcanzar una talla humana mas allá, muchas veces mas allá del promedio que yo conozco. Guardaste silencio cuando muy bien te pudiste haber quejado: “No hay dinero”, “tenemos ocho años de casados y no tenemos hijos”, “este vestido ya lo he modificado seis o siete veces”, “tenemos que irnos a lugares inhóspitos por una miseria de sueldo...” Hubiera sido muy válido... Sin embargo, preferiste convertir en un canto alegre tu despertar junto a los montones de ropa para planchar, en un canto valiente tu salir a buscar trabajo y en canto de cuna tu compañía, tus tés, tus fomentos para tus hijos en cama. Tu vida fue un poema cantado en torno a una palabra. Tu palabra preferida que fue también tu filosofía: “VAMOS”. Y “vamos” es; vamos a pasear, vamos a  aprender, vamos a convivir. Siempre has dicho que “vamos” implica una meta, un camino y una compañía. Y así es tu vida, llena de sabiduría porque has elegido un “a donde”, un “como” y un “con quien”...  y nunca te he visto defraudada. Recuerdo cuando buscando en el ropero unas fotos descubrimos una boleta tuya de calificaciones de sexto de primaria y solo vimos “seises”. Te reíste despreocupada al verte descubierta... No me importa, mama. Hay gente que pasa su vida aprendiendo y no aprende a vivir. Tú aprendiste de la vida y la vida te puso un “diez” de amor y alegría. Lo que te reclamo, mama es ¿por qué nunca te quejaste? Así habría aprendido a ser asertivo y manifestar mis molestias. ¿Por qué fuiste tan valiente? Así no tendría vergüenza de acobardarme; ¿Por qué no me enseñaste que las personas que se aman también pueden enojarse? Así podría aclarar mis diferencias con las personas que amo; ¿Por qué no me enseñaste que en el mundo existían personas malintencionadas? Así hubiera sido prudente. Pero ¿cómo reclamarte sin sentirme culpable? Es más ¿cómo reclamarte el no haber aprendido tu categoría moral? Viviste 31,025 días de risas cristalinas, de notas de piano, Chopin, Beethoven, de voces de opera, Verdi, Puccini, de ratitos frente a la tele, de tus amigas que te cuentan chistes, de los abrazos y el cariño de tu esposo, de la gratitud de tus hijos, del azul de la tarde, de tu enervante recorrido por Sudamérica, de tus clases de tejido, de Blanca Inés, de las Chapa, de las Anchondo, del saludo sincero y afectuoso de tus vecinas, del grato y perfumado recuerdo de tus amigas que se te adelantaron. Mamá, a tu lado quiero vivir y recordar MUCHOS DÍAS DE ESTOS. Con profundo amor y un beso, tu hijo Ricardo.

Y al despedir a una pareja por no poder permanecer mas juntos, ¿como se pudiera decir, como se siente, como se hace?  Amor mío: Ayer recibí una llamada de mí abogada donde me invitaba a pasar a su despacho, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial promovido por ti. La demanda de divorcio mencionaba que vivimos en un lugar muy lejos de donde realmente vivimos, quizás es así como me sentiste siempre. Hay una lista de peticiones que me haces en dicho documento, pero solo me importan agregar las siguientes: Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros veintidós años de matrimonio con las que me gustaría quedarme. Para  cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina  o al celular y estaré encantado de repasar la lista contigo. COSAS QUE DESEO CONSERVAR: La sensación de carne de gallina en mis antebrazos cuando te escuche por primera vez en aquella llamada equivocada. El leve rastro de perfume que quedó flotando en mí, aquella tarde cuando nos conocimos al despedirnos a las afueras de tu trabajo. El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar, aquel día en que nos conocimos. Las tardes que nos poníamos a trabajar en nuestras tesis en la bodega de tu casa. La promesa de que yo sería el único dueño de tu corazón. La sonrisa que provoco en ti tu padre cuando llorabas al entrar a la iglesia y te dijo que si se iban juntos. Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo en nuestro viaje de luna de miel a Mazatlán y el apretón de manos cuando aquel carro nos seguía. Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando por teléfono. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti). Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogada  (.......) para que tu letrado pueda contactar con ella y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento. Afectuosamente, Tu ex amor.

 (Que usted disfrute este tema maravillo, de Manuel Mijares, EL PRIVILEGIO DE AMAR) haga clic en la dirección de abajo:

http://www.youtube.com/watch?v=-4BxnDEkCK4

 

 

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Un encuentro contigo mismo
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“QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR”

German de la Cruz Carrizales

  Torreón, Coahuila. México

                 MMIX

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