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La duda

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Dudar es vacilar, pero también desconfiar; es evitar decidir entre una u otra opción, porque es difícil inclinarse por un argumento convincente que esté, con toda claridad, por encima del otro. Se refiere a un juicio que transita sin aterrizar, ya que al no poder resolver la interrogante que se cuestiona, la irresolución se mantiene en indecisión, lo que se queda en una inestabilidad o indeterminación. No obstante, dudar es también fuente de sabiduría, toda vez que quien duda, investiga, analiza los hechos, argumentos y razones en busca da la verdad. Después de todo es común el refrán que afirma: “es de sabios cambiar de opinión”, pero para cambiar de opinión se requiere tener otra visión de los hechos, dudar de las propias creencias previas. Dudar y preguntar permiten aprender.

“¿Qué haces cuando no estás seguro?”, pregunta uno de los personajes de la película La duda (EUA, 2008), y su respuesta es un discurso relevante que explica la importancia de dudar, en el sentido de reflexionar, analizar y formarse un juicio u opinión, para actuar en consecuencia, pero que también recalca lo trascendental que es cómo reacciona la persona ante la duda, revelando en ello no sólo quién es o en qué cree, sino su vida, personalidad, actitud, prejuicios, valores y hasta capacidad para razonar, adaptarse y cambiar, o la inhabilidad para ello. Escrita y dirigida por John Patrick Shanley, a partir de su obra de teatro titulada ‘Doubt: A Parable’ (Duda: una parábola), la película está protagonizada por Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis. Estuvo además nominada a cinco premios Oscar: mejor guión adaptado, actriz principal (para Streep), actrices de reparto (para Adams y Davis) y actor de reparto (para Hoffman).

La historia se centra en la hermana Aloysius, una monja de la iglesia católica en el Bronx, Nueva York, en 1964, que desconfía del padre Flynn, luego de que éste da un sermón en misa sobre la ‘duda’ como fuerza que mueve y une a las personas, tanto como la certeza, bajo la reflexión de que dudar no sólo es humano, es importante, porque es algo que todos experimentan y de lo que se puede aprender; algo así como aprender de los errores, entender que nadie tiene siempre la razón y aceptar que tropezar es parte de ser humano.

La ingenua hermana James, profesora en el colegio adjunto a la iglesia, se convence con facilidad de las insinuaciones, camino a la calumnia, de la hermana Aloysius: que el discurso del padre Flynn quizá esté revelando sus propias faltas cometidas y no enmendadas; así que cuando lo ve platicando con un estudiante nuevo, afroamericano, Donald Miller, y luego nota al chico angustiado tras una reunión con el cura, se imagina el peor de los escenarios y lo reporta con su superiora, directora además del colegio.

Aloysius inicia entonces una cruzada vengativa contra Flynn, que parece estar motivada por un desprecio hacia las ideas progresistas del otro y que chocan con las suyas, conservadoras y tradicionalistas, llenando ella sola los espacios en blanco que imagina e infiere, pero no conoce con seguridad. Sospecha una relación inapropiada entre cura y alumno, que asume conforme a la información de la hermana James, quien a su vez sólo imagina lo que acusa, porque ya está predispuesta por la insinuación de la propia hermana Aloysius de que hay algo ‘raro’ en esa relación de amistad, tan cercana y cordial. Así, la negatividad hacia el cura se retroalimenta en los rumores que circulan y propician ellas mismas, pues una incita a la otra en sus suposiciones malsanas para, luego, unirse cuando ven que coinciden en la sospecha, bajo la autojustificación de que lo que las motiva es su responsabilidad hacia los niños. El prejuicio alimenta la duda y prepara la condena.

El padre Flynn inicialmente toma la situación con tranquilidad, creyendo que se trata de una formalidad, desechando cualquier insinuación de una posible mala intención de su parte, sin dudar o sospechar de ocultas y dañinas intenciones de las monjas, pues asume que sólo toman sus precauciones como un instinto protector hacia el más débil, que es lo que se espera de ellas como religiosas. Flynn explica con ligereza y sin más escándalo que descubrió a Donald, un monaguillo, robando el vino de la iglesia, pero no dijo nada porque no quería que esto afectara al chico, considerando que, de saberse la verdad, el castigo sería retirarlo de su puesto, por una falta que el mismo padre considera ‘menor’.

Sin embargo, la amistad y constante apoyo a Donald, aislado no sólo por ser nuevo en la escuela, sino como único estudiante afroamericano, víctima de racismo, se vuelve en su contra. Lo que Flynn asume como una actitud solidaria, de apoyo y respaldo, en otros ojos es vista como un apego de intimidad, que evidencia una inclinación pederasta de su parte. ‘No hagas cosas buenas que parezcan malas’, dice el dicho, y este es claro ejemplo de cómo una buena acción puede ser malinterpretada, cuando las monjas no asumen el acto como misericordioso, sino de naturaleza dañina y perversa.

Las monjas nunca encuentran pruebas que sustenten sus acusaciones, pese a que el cura las confronta a corroborar la historia del vino con el cuidador, que fue quien encontró a Donald robando; pero mientras la hermana James actúa con ingenuidad y falta de determinación, dada la sumisión que ha aprendido a tomar en un ambiente donde la mano dura de la hermana Aloysius pesa más que cualquier otra figura de autoridad, la propia hermana Aloysius parece estar determinada a su misión, que más bien es su forma de canalizar el odio que siente hacia Flynn, producto de envidia y rencor, más bien producida por el sistema religioso inequitativo que vive, en donde un cura tiene mayor poder de decisión, presencia y reconocimiento que cualquier monja, relegada, condicionada a acatar, a veces menospreciada y, en su caso, odiada por la actitud rígida que toma para mantener el orden.

La hermana James eventualmente comienza a dudar, o más bien a claudicar del señalamiento del que no está segura, quizá por su actitud callada y obediente que la caracteriza, quizá porque esos mismos rasgos la invitan a reflexionar con más piedad, o con menos insensibilidad. Su superiora no procede igual, ya que parece determinada a sancionar a quien considera culpable. Su determinación puede llegar a ser entendible, pues demanda respeto y necesita abrirse camino en un terreno social que no se lo da; un ambiente religioso organizacional permeado por el patriarcado y el autoritarismo. Pero su acción no se sustenta en la ética moral que tanto predica.

Su hostilidad, cree, está justificada, ya que la adopta en pos de ganarse la admiración y respeto de los demás, como mujer, monja y figura de autoridad; pero la disciplina y rigidez para evitar las burlas y subestimación, más bien se han traducido en miedo hacia su persona, que finalmente la aleja a una distancia que, aunque lo niegue, la afecta anímicamente. En consecuencia, la hermana Aloysius no tiene nadie con quien hablar, en quien confiar o a quien recurrir; y si aparte siente que su gerencia pende de los deseos o caprichos de los hombres más arriba en la escala piramidal de la iglesia, dentro de sí sólo queda acumular desdicha, odio y resentimiento, hacia todo y hacia todos, ella incluida.

Convierte entonces en su misión revelar la verdadera naturaleza del padre Flynn, incluso si no sabe cuál es ésta realmente o qué encontrará al fondo de su cruzada. Es por ello que en lugar de esperar a conocer la verdad, se fabrica la suya, se convence y luego convence a los demás de ella; entiéndase en esencia a la hermana James, a quien busca como aliada en el asunto, retándola cuando aquella comienza a cuestionar las acusaciones y concluir que si no tienen fundamento, entonces han sido simples equivocaciones.

En su propia inocencia la hermana James también tropieza para actuar con verdadera responsabilidad moral, pues al buscar evitar el conflicto, acepta las explicaciones del padre Flynn sin mirar más a fondo, comprobarlas o demostrar si hay falsedad en ellas o no. Por un lado, su actitud puede ser vista como descuidada, pues da por sentado la palabra del otro, y es lo mismo que hizo con el alegato de la hermana Aloysius. Su conducta irresponsable de asumir sin cuestionar o investigar es lo que inició el problema de desconfianza hacia el cura, en primer lugar. Pero por otra parte, la actitud de la hermana James pueden también ser percibida como bondad, como una actitud clemente que decide mirar lo bueno de las cosas, no lo malo; importantes valores sociales en cualquier persona, pero más en alguien como ella que ocupa un papel en la estructura religiosa.

La pregunta es si es posible que la hermana Aloysius esté actuando completamente cegada por sus obsesiones o si hay algo en sus acusaciones que puedan tener algo de cierto. Amenaza a Flynn con mentiras, alegando que expondrá públicamente su pasado conflictivo, dado que el cura ha pasado por varias iglesias en los últimos años, lo que Aloysius asumen como una señal de que no es bienvenido por alguna falta recurrente que termina cometiendo una y otra vez. Se dice a sí misma que si Flynn cede, temiendo revelar algo sobre sí, es porque aquello que en efecto esconde, es escandaloso. ¿Puede un resultado correcto, surgir de un actuar incorrecto? La hermana Aloysius actúa sin ética o moral cuando miente con tal de presionar, más que por la verdad, por lo que ella quiere escuchar, pues en realidad no ha investigado al padre Flynn ni sabe nada particularmente mórbido o morboso sobre su pasado.

En la narrativa todos dudan, tropiezan en su juicio y se ven consumidos por sus errores, porque todos caen en las trampas de sus propias mentiras. El problema no es dudar, sino actuar sin esclarecer la información, a partir de una idea plantada, no sopesada, que se asume con recelo, miedo o desprecio.

Eventualmente la hermana Aloysius acude directamente con la madre de Donald, la señora Miller, con la esperanza de que, unidas, asumiendo que el escándalo también provoque una actitud a la defensiva en la otra, se pongan en contra el padre Flynn. No es lo que sucede, la señora Miller tiene sus propias luchas y demonios, sus dudas respecto a lo que acontece y su elección por ignorar lo que puede afectar directamente a ella, a su familia y a su hijo. La señora Miller no conoce al padre Flynn, pero sabe por Donald que el otro le apoya y es su amigo; con esta información aprueba la relación, le da confianza a su hijo, restando importancia a lo demás y priorizando el bienestar del niño.

La tragedia aquí es que no hay mucho que la señora Miller pueda hacer, producto de sus circunstancias económico-sociales. Su marido es violento, su situación económica no es favorable y dado el contexto social, su palabra como mujer no tiene peso ni validez, tal es la sociedad conservadora y machista en la que vive, según la época en que se desarrolla la historia. Su hijo ha pasado por tantas escuelas, que lo único que desea es que se gradúe, para conseguir un sustento académico que le brinde la posibilidad al niño de mejores oportunidades a futuro; el racismo que vive y sabe vive su hijo, es sólo la punta del iceberg, cuando sabe que su inclinación sexual es y será motivo de ataques, burlas, agresión o algo peor. Así que si el único apoyo que alguien externo se atreve a darle es el padre Flynn, tomando a Donald como su protegido, ella elige asumir las consecuencias de las condiciones, incluso si una de ellas es una relación, como sugiere, sin probarlo, la hermana Aloysius.

No es que la señora Miller no cuide a su hijo o no quiera protegerlo, alzar la voz y exigir un mundo mejor para él, es que las condiciones del contexto no le dan la oportunidad para hacerlo. Ella es ejemplo de las muchas injusticias del mundo, donde mujeres, familias y personas en su posición, víctimas del sistema, deben conformarse, callar, aceptar, porque por mucho que quieran aspirar a más, no pueden hacerlo. Lo menos que la señora Miller quiere es involucrarse en un problema, o escándalo mayor, porque sabe que es ella y su hijo quienes saldrán afectados. Porque denunciar injusticias en ese ambiente conservador y racista, lamentablemente no vendrá de la mano de apoyo, solidaridad y consideración, sino de señalamientos, prejuicios y aislamiento. Para ella, peor que no denunciar lo que está mal, es hacerlo, si en ello se expone a mayor agresividad y exclusión.

Es como si la verdad y la justicia estuvieran castigadas y mal vistas, recordando, en este caso además, tanto que la acusación de pederastia puede o no ser falsa, como que la pretensión de certeza no está sustentada en hechos, sino en el rumor, orquestado por una persona que lo difunde pensando en el interés propio más que en el bien común. Quién es la verdadera víctima de todo esto, sino Donald mismo, y de alguna manera, los otros estudiantes, peones en una tabla de ajedrez guiada por la decadencia humana y la falta de conciencia de los involucrados, hayan participado mucho o poco, directa o indirectamente.

¿Por qué cede el padre Flynn, ante las acusaciones de la hermana Aloysius?, ¿porque son ciertas o porque, si son falsas, la manera más correcta de actuar es evitar la confrontación y el escándalo? ¿Por qué accede la hermana James a una complicidad indirecta y qué tanto realmente recapacita su falta?, ¿o sólo la olvida? Al final, cuando la hermana Aloysius revela que ‘tiene dudas’, queda a consideración del espectador determinar si se refiere al hecho de haber acusado al padre Flynn sin fundamento, o de haber tenido éxito en empujarlo a renunciar a partir de una mentira que sabe dijo sin remordimientos (algo considerado por su iglesia como pecado), o de, al lograr su misión y destituir al cura, dejar a un niño inocente desprotegido, propenso a ser rechazado por ser quien es.

Parábola, según refiere el título original de la obra de teatro que inspira a la película, es una forma literaria de relato figurado, que con analogías habla simbólicamente de enseñanzas, principalmente de carácter moral. Las parábolas son constantemente usadas en los evangelios religiosos, lo que empata muy acorde con el escenario de la historia, en donde, en efecto, los sermones del padre Flynn van llevando al espectador de la mano por los muchos temas que se abordan, entre ellos: verdad, mentira, rectitud, miedo, intolerancia, afecto, solidaridad y, por supuesto, duda.

Ficha ténica: La duda - Doubt

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