Aniquilación

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Aniquilación

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 22 de abril de 2021
Cine, Aniquilación, Annihilation
Aniquilación

Aniquilar significa destruir, en el sentido de que todo lo que alguna vez fue, queda reducido a nada. Algo deshecho, o anulado, conlleva una transformación profunda, radical, aunque no necesariamente desaparece en forma total sino que sirve como base para la creación de algo nuevo, diferente, no siempre parecido a lo que antes fue, pero que no puede existir sin primero haberse derribado lo anterior. Es la negación-superación que deriva de la resolución de contradicciones internas en concordancia con el flujo permanente de cambio y evolución que caracteriza al mundo material.

La oportunidad de crear y construir se contrapone con la idea de un deterioro o declive, por lo que todo es cuestión de perspectiva; ¿se puede construir sin primero destruir?, ¿es ‘aniquilar’ sinónimo de borrar un pasado para imponer nuevas ideas, o se trata más bien de un proceso de ayudar a sanar y mejorar un presente, de forma que supere, en grandeza o trascendencia, lo que alguna vez fue? En última instancia la contradicción es la esencia del cambio, los fenómenos de la naturaleza, hechos y procesos existen en medio de contradicciones que al irse resolviendo implican la desaparición de algunos, marcando así la evolución natural mediante el movimiento, el automovimiento; en este devenir entonces se presenta la extinción, aniquilación o transformación de seres y fenómenos.

La deconstrucción y reconstrucción, las condiciones en que sucede y cómo el proceso impacta al testigo o partícipe, son reflexiones presentes en la película Aniquilación (EUA-Reino Unido, 2018), una historia de ciencia ficción sobre cambio, autodestrucción, existir y trascender, además de los muros autoimpuestos que limitan la evolución y el crecimiento personal, en este caso el dolor como constante barrera para seguir adelante, que empuja a auto obligarse a claudicar. Escrita y dirigida por Alex Garland, el guión se basa en el libro homónimo de Jeff VanderMeer. La cinta está protagonizada por Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson, Tuva Novotny y Oscar Isaac; la historia gira alrededor de un grupo de científicas enviadas a El Resplandor, que es como se le llama a un campo de fuerza que rodea un faro en Florida y que el gobierno estadounidense ha estado investigado por años, sin éxito en descubrir la procedencia de esta energía, en qué consiste y cómo afecta tanto al planeta como al hombre.

El esposo de Lena, la protagonista, una bióloga con entrenamiento militar, es el único que ha sobrevivido y regresado de su misión de exploración y reconocimiento, pero su estado físico y mental están tan deteriorados que no hay forma de develar qué fue lo que descubrió durante el año que estuvo desaparecido. La idea en esta ocasión es cambiar de enfoque y enviar, no a militares, sino a un grupo especializado en distintos campos del conocimiento, para que se internen con diferente perspectiva de aproximación al terreno, de forma que su misión ofrezca un acercamiento para comprender la situación desde una mirada científica, racional y lógica, analizando los datos e información que recaben, en lugar de sólo reaccionar a lo que presencian.

Aparte de Lena, el grupo se conforma por la psicóloga Ventress, la paramédica Anya, la física Josie y la topógrafa y bióloga Cassie. El Área X, como se denomina a la zona a la que se adentran, es desconocida para ellas, los rastros del equipo enviado anteriormente denotan que el lugar fue abandonado deprisa, dejando varios muertos en el camino, y además, la presencia de animales y plantas mutados parece indicar que en este lugar no aplican las leyes de la naturaleza tal cual las conoce el hombre.

Una vez dentro, todas pierden noción del tiempo, han olvidado cómo llegaron y construyeron el campamento en el que se refugian, y todos sus aparatos tecnológicos, tanto de comunicación como de geolocalización, presentan interferencia, lo que hace imposible contactar con su equipo de mando o ubicarse satelitalmente, por lo que tienen que proceder análogamente, guiándose por el sol, las estrellas y el instinto común. La idea dice mucho de la vida, del ser práctico frente al ser dependiente de la tecnología, pero también sobre proceder con razonamiento antes que con impulsividad, deduciendo los alrededores por cuenta propia, según la experiencia de vida, y no a partir exclusivamente de lo que dice una medida métrica, el aparato computarizado o el líder que ordena a distancia, alejado.

Es hasta que inspeccionan más a fondo que las mujeres se dan cuenta que la energía alrededor del faro, el Resplandor, funciona como un prisma que refracta todo, las ondas de radio por ejemplo, pero también el ADN de las cosas, incluyendo el suyo. Esto hace que plantas y animales se mezclen indistintamente, de forma que una misma rama de un árbol, por ejemplo, pueda tener diferentes tipos de flores, incluso de diferentes especies; algo que no sería normal tal cual conocemos el mundo.

Lo que inicialmente consideran como un ‘error’ de la naturaleza, que daña o enferma, asumiendo la mutación como una variante negativa, que atenta contra el orden natural, se convierte en, al mismo tiempo, una puerta que abre paso a una evolución desde la más pequeña de sus partes, la celular. Todo aquello con vida está cambiando, modificándose y, de alguna forma, por ello y en ello, evolucionando. Tal vez no a gusto o comprensión del hombre, pero sí inevitablemente hablando del cambio y movimiento constante, a veces imperceptible, de la naturaleza, de la vida.

Anya asume que si ninguna misión ha regresado de su viaje, es o porque algo los mató o porque los exploradores se mataron entre sí. Conforme se adentran en los perímetros alrededor del faro, desde donde el Resplandor se extiende progresivamente, las mujeres van descubriendo que el destino fatal de cada misión pudo ser una combinación de ambas posibilidades, del peligroso terreno en el que se encuentran y de cómo ello corrompió, afectó, la mente de los soldados. Los animales pueden ser letales, como el cocodrilo con dientes de tiburón que las ataca, o el oso con colmillos y la habilidad para copiar la voz humana que finalmente mata, primero a Cassie y luego a Anya. Esta realidad extraña, difícil de entender e inexplicable sin los conocimientos de física y biología con que las mujeres cuentan, que les permite acercarse al problema con lógica y capacidad de análisis, es suficiente para hacer perder la razón a la mente humana, que al no poder descifrar algo que parece imposible, termina enfrentándose con miedo y violencia a un mundo que encuentra extraño y desconocido. Más problemático aún es que si el ADN del humano comienza a refractarse con su propio cerebro o con otro ADN, el resultado es tan incomprensible e inimaginable para el ser humano como misterioso e imprevisible en su origen.

La incertidumbre crece más rápido cuando el equipo encuentra una grabación de la expedición anterior, la de Kane, el esposo de Lena, en que descubren que el prisma es capaz de mezclar a un humano con un animal, de forma que uno parezca vivir dentro del cuerpo del otro, aquí una serpiente o anguila, en el estómago de uno de los soldados. La sola idea causa terror, por las posibles combinaciones que la mente se deja imaginar, pero ello también indica una lección importante para entender lo que sucede: si un cuerpo puede mezclarse con otro, si el ADN se modifica por el prisma, el hombre en su nivel celular puede modificarse de formas insospechadas, resultando en creaciones desconocidas e inentendibles. La mutación se presenta como inevitable bajo formas y dinámicas que las humanas no acaban de vislumbrar a partir de su conocimiento científico. La mayoría asume la mutación como una abominación, pero Lena propone que no todo lo que resulte de este reflejo causado por el prisma es una aversión, porque la refracción también puede crear cosas maravillosas, hermosas, dado que el acto mismo, a nivel biológico y celular de cómo opera el Resplandor, es en sí creador, como la vida misma, como la evolución de las plantas y los animales, como una planta que crece de una semilla, una oruga que se convierte en mariposa o el nacimiento de un bebé que ha crecido en el vientre de su madre.

Tras las muertes de Cassie y Anya, Josie reflexiona que ella no puede seguir adelante, pues no hay un motivo o incentivo que la guíe a desear seguir transitando. Ya que el prisma es mucho más que vida y muerte, es trascendencia y evolución, Ventress quiere combatir lo que sea de que se trate esta energía y Lena quiere conocerlo y enfrentarlo. Pero Josie no, no quiere nada, no busca nada, entiende cómo funciona el Resplandor, lo acepta y cede, dado que su carácter y convicciones no son tan fuertes como los de las otras y dado que, para ella, es suficiente con conocer y comprender, pero no tiene la necesidad de ir más allá, de buscar algo más. Es el ser pasivo antes que activo, el que analiza pero no se propone más, porque no está en su ‘naturaleza’.

Cassie le había dicho a Lena que las cinco mujeres de esta expedición claramente habían aceptado la misión, prácticamente suicida, porque se trataba de personas ‘dañadas’, quebrantadas. Josie había lidiado con depresión, Anya era una exadicta, Cassie misma había perdido a su hijo a causa de la Leucemia; y Ventress, Lena deduce y luego confirma, padece cáncer terminal. Lena se dice a sí misma que lo que la motiva es entender lo que sucede, descubrir qué sucedió con su esposo los 12 meses que desapareció y cómo ayudarlo, dado que al regresar sus órganos comenzaron a fallar. “Yo tenía que regresar, ellas no”, menciona Lena.

La idea presenta una importante reflexión sobre el tema de la naturaleza humana y la autodestrucción. La misión no sólo las enfrenta al miedo a descubrir la verdad, las enfrenta también al miedo de descubrirse a ellas mismas y cómo reaccionarán ante la verdad una vez que la tengan enfrente. La energía del prisma busca adaptarse y vivir, pero para lograrlo tiene que encontrar la vía para hacerlo, el medio ambiente que más le conviene, las condiciones que mejor funcionen para su evolución, o el lugar, espacio y tiempo que permita lograr su desarrollo. ¿No es eso lo que hace cualquier ser vivo, los animales, las plantas o las personas, adaptarse y adaptar, su entorno y su presencia en la naturaleza misma?

Anya pelea pero su carácter débil la hace presa de su propio fatalismo. Josie se da por vencida ante la posibilidad no poder crecer a la par que las demás. Y Ventress, de actitud decidida y carácter fuerte, no puede convertirse en anfitrión para albergar el prisma, dado que está muriendo. Para sobrevivir, el prisma debe aferrarse a algo vivo, y que quiera vivir. El principio de supervivencia es básico, pero opera igual que el de la evolución: adaptación y crecimiento.

Lena insiste en que esta fuerza aparentemente extraterrestre no llegó para destruir el mundo, sino para cambiarlo. “No estaba destruyendo. Estaba cambiando todo. Estaba creando algo nuevo”, les dice a los agentes una vez que es rescatada. Ventress insistía en que esta energía extraterrestre era maligna, como un tumor, más fuerte conforme se estuviera más cerca de su centro, el faro, al punto de no sólo refractar y crear mutaciones, sino provocando incluso duplicados, sombras de uno mismo, que hicieran más que sólo reflejar una realidad, modificarla. Pero qué tanto la idea fatalista de Ventress tiene que ver con su personalidad y visión; ¿puede alguien violento, resolver un problema sin violencia; puede el pesimista ver más las cosas más allá de su propia predisposición desalentadora; puede haber transformación sin cambio?

La agencia encargada de la investigación del Área X barajea toda posibilidad sobre la explicación del Resplandor; origen extraterrestre, acto divino o evento causado por un poder superior. La respuesta es que no se conoce la respuesta, y permitir al espectador sacar sus propias conclusiones es parte de los puntos fuertes de la película; a veces, la solución es que no hay solución; las cosas simplemente suceden y cada quien les da el peso, símbolo e interpretación que desean, según sus necesidades, conocimiento y lógica.

El Resplandor puede tratarse de una energía proveniente de otro planeta, pero no hay seguridad ni evidencia para aseverarlo; puede tratarse de un cambio evolutivo cósmico, pero no hay forma de comprobarlo; puede tratarse de un regalo o un castigo divino, según las creencias de quien así elija asumirlo, pero no hay forma de saberlo sin duda. Al final, como en la vida misma, no importan las explicaciones o deducciones de otros, sino la interpretación que la persona elija para sí. Tal vez la misión de estos personajes no es sino una metáfora sobre la existencia misma del ser, intentando comprender su inexplicable realidad.

La refracción es evolución, vida, muerte, eternidad y trascendencia; de esta forma la película habla de una forma de estancamiento y de la necesidad de adaptarse para superar como especie los eventos más allá de su propio ambiente conocido. “No sé qué quiere. O si quiere algo. Pero crecerá hasta que abarque todo. Cuerpo y mente, todo será reducido a pequeños fragmentos hasta que no quede nada. Aniquilación”, dice Ventress, una vez que la energía está dentro de ella. Pero para fines prácticos y como diría el dicho, el final es sólo el comienzo.

Ficha técnica: Aniquilación - Annihilation

Cine, Aniquilación, Annihilation, 384 lecturas.

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