Talentos ocultos

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Talentos ocultos

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 21 de enero de 2021
Cine, Talentos ocultos, Hidden Figures
Talentos ocultos

Subestimar es valorar a alguien por debajo de quien realmente es, de lo que le corresponde; consiste en tratar a las personas como no dignas o incapaces de realizar alguna actividad o desempeñarse en áreas de trabajo o estudio, porque se considera que no reúnen los conocimientos y habilidades para ello; tiene que ver de alguna forma con minimizar y menospreciar, pero también entran en juego los prejuicios, los cánones socialmente aceptados y la presión que el mismo sistema interpone en las dinámicas entre personas. En el fondo conduce a la discriminación, al rechazo social, al menosprecio hacia las personas, constituyéndose en un elemento social que fomenta la indiferencia y el maltrato. Quien menosprecia al otro(a) se considera superior por simple creencia, mostrando así su propia inseguridad y limitación personal.

Es posible que a veces se subestime por inercia, por costumbre, porque así proceden otras personas hacia determinados grupos sociales, sin darse cuenta del daño que se hace o las heridas que se levantan; pero es también posible que la reacción sea una forma de rechazo, que esconde otras conductas de fondo, como el racismo, u otro tipo de discriminación por sexo, edad, religión u otro componente social. Es tan malo subestimar al prójimo como permitir que suceda, cuando la acción tiene ese propósito de hacer menos a propósito, con intención de abusar del otro, o de excluirlo. Alzar la voz no es sencillo, justo por la presión social o por la opinión dominante en cada tipo de sociedad, y por eso mismo resuena tanto cuando sucede. Lo hace, por ejemplo, a través de sus personajes, la película Talentos ocultos (EUA, 2016), una historia que honra el papel de las mujeres afroamericanas dentro del programa espacial de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos).

Nominada a tres premios Oscar (mejor película, actriz de reparto y guión adaptado), dirigida por Theodore Melfi, coescrita por éste junto a Allison Schroeder, y protagonizada por Taraji P. Henson, Octavia Spencer, Janelle Monáe, Kevin Costner, Kirsten Dunst, Glen Powell y Jim Parsons, la película se centra en Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, matemáticas que trabajan en el Centro de investigación de Langley, en el Proyecto Mercury y cuyos aportes fueron clave para el éxito de éste, específicamente cuando en 1962 se logró que el astronauta John Glenn se convirtiera en el primer estadounidense en recorrer una órbita completa alrededor de la Tierra. Ellas, como otras mujeres con historias similares, son marginadas no sólo por su género, sino también por el color de su piel. Van a contracorriente, con una meta última importante: hacer historia; que su ejemplo sirva para el cambio, para abrir nuevas puertas, para demostrar que no por pertenecer a una minoría, debe subestimárseles, porque tienen mucho que aportar, sólo hace falta abrir el camino que lo haga posible, un recorrido que implica enfáticamente romper barreras.

Gracias a su capacidad y preparación, Katherine es transferida al ‘Space Task Group’, el Grupo de Trabajo Espacial, encargado de los programas de vuelos espaciales tripulados. Su conocimiento la hace destacar, sin embargo, sus compañeros limitan su contacto con ella, en parte por ser afroamericana y, en el caso específico de su superior, Paul Stafford, por la molestia que le genera que el encargado del programa, Al Harrison, la ponga a trabajar revisando los cálculos matemáticos de Paul.

La repuesta de Katherine no es ni resentir al otro ni atacar, sino hacer lo que le corresponde de la mejor manera posible y cumplir con lo que se le pide, dejando que sus habilidades como matemática hablen por sí mismas, para que el departamento aprenda a valorarla por quien es, no por lo que creen que es o por la idea prejuiciada que se hacen de ella, dado factores externos, en este caso, su raza; pero en las relaciones sociales, suele haber prejuicios también por, por ejemplo, religión, preferencias sexuales, formación académica, posición social, etcétera. Katherine destaca, en efecto, porque tiene conocimiento amplio en el área en que se desempeña, sabe resolver problemas, deducir variables y cumplir eficazmente con lo que se le pide. Eso no significa que no exija respeto cuando cree que se lo ha ganado, al contrario, porque hace las cosas conforme se le exige y tiene el justificante y respaldo para demandar la consideración de sus similares.

En un punto para el programa, en medio de una misión importante y vital para la NASA, Al, su jefe, le reclama a Katherine porque parece que ella siempre está ausente. En lugar de callar, Katherine elije denunciar las injusticias que percibe a su alrededor y que le afectan, tanto como persona como por ser mujer, pero también como empleada del centro: cada que Katherine quiere ir al baño, tiene ir hasta un edificio al otro lado del complejo, porque sólo allá hay baños separados para afroamericanos. Katherine no está informando nada nuevo ni nada malo, porque esta división racial era una constante habitual en aquella época en Estados Unidos, pero aprovecha el momento para reclamar equidad cuando cree que es importante hacerlo. Ella soporta el desprecio hasta el punto en que hay una oportunidad para señalar qué tan inadecuada es esta actitud hacia ella; entonces, cuando se presenta la oportunidad, la toma, para señalar lo incorrecto que es este acto racista, procediendo con decisión y asertividad.

Mary, a su vez y a la par, es transferida al departamento dentro de la NASA que se encarga del desarrollo de las cápsulas espaciales. Su sueño es convertirse en ingeniero y hay gente en el programa que reconoce su talento y quiere darle oportunidades, sin embargo, Mary se topa con un pequeño detalle llamado protocolo, o en otras palabras, burocracia, que le dice que no puede solicitar el puesto hasta que consiga un estudio especializado universitario. Ella está más que dispuesta a estudiar y aprender, lo ansía incluso, excepto que la universidad no admite a mujeres afroamericanas en sus filas. La primera reacción de Mary es de derrota y una queja constante que resalta las fallas de un sistema que deliberadamente no otorga las mismas oportunidades a todos, hasta que Dorothy le dice que quejarse no hará cambiar nada y que, en lugar de reprochar, lo que debería hacer es proponer soluciones. Dorothy tiene razón, la barrera que el sistema le pone a Mary es un golpe duro, pero peor es no hacer nada, o conformarse, esperando que alguien más cambie lo que no funciona.

El esposo de Mary tiene la filosofía, porque mira a su alrededor los problemas de discriminación tan latentes y violentos en este periodo histórico, que la equidad, y en este caso oportunidad, no es algo que Mary, o cualquier persona como ella, pueda alcanzar, al menos no sin el uso de la fuerza. La mujer, especialmente tras la plática con Dorothy, difiere y queda convencida que puede presentar su caso de manera legal y lograr abrirse camino, con explicar la importancia para ella y para la sociedad de que tal oportunidad suceda y forme un precedente. Mary presenta entonces una petición ante un juez, a quien le explica que lo verdaderamente importante no es ni siquiera que la universidad no acepte a mujeres afroamericanas como estudiantes, sino el cómo esto podría cambiarse y hacer historia, abriéndose así un nuevo capítulo que dé pie al cambio, social, político, académico y demás. Mary pone como ejemplo a los astronautas, personas que se convierten en las primeras en alcanzar metas que parecían improbables, impensables, pero que cambian al mundo, cuando cambian el molde.

Por su parte Dorothy, quien ansía ser supervisora porque ya de por sí hace el trabajo de la persona que debería tener ese puesto, se decepciona cuando su solicitud no es aprobada. Igualmente, ella es víctima de un sistema que oprime y explota por el simple hecho de poder hacerlo. Dorothy ya hace todo el trabajo del supervisor, sin el salario que le corresponde a éste, así que por qué ascenderla y pagarle más si ya realiza todas las tareas de supervisión por el sueldo que recibe, parece la lógica de la empresa. Dorothy intuye que la decisión probablemente tiene algo que ver con su raza, pero Vivian, la otra supervisora, le asegura que no es nada personal contra ella, sólo ‘políticas de la empresa’; oportunidades, oferta y demanda, administración y reducción de costos y practicidad. Dorothy podría dejar de hacer el trabajo por el que no le pagan y arriesgarse a que alguien más tome la posición como precedente para futuras referencias laborales, o que el departamento en el que trabaja termine en el caos y las repercusiones sean aún peores, desde despidos hasta enviarla a resolver el problema, sin ascenderla de todas formas de puesto. Las “políticas de la empresa” desde luego responden a la lógica del mercado laboral y la búsqueda de ganancia, a la intención deliberada de explotar al trabajador pagando lo menos posible pero exigiendo el mayor trabajo posible, en tanto también encubren una política de racismo y discriminación hacia el personal femenino afroamericano.

Al llegar nuevas computadoras a la NASA, que realizarán los cálculos matemáticos en lugar de las personas contratadas para ello (entre ellas Dorothy y sus compañeras), la mujer entiende algo importante: está frente al primer paso de la substitución del trabajador por la máquina. Dorothy entiende que su rol y el de sus amigas pronto será obsoleto, así que necesitan encontrar la manera de hacerse indispensables, de mejorar sus capacidades para adaptarse a los cambios tecnológicos. Lo interesante es que Dorothy asume con visión el reto: si el futuro es la computadora, es sobre ellas que necesita aprender. Se empapa del lenguaje especializado, aprende el manual de uso de la computadora y les enseña a sus compañeras esta habilidad de programación. Para fines prácticos, lo que Dorothy hace cuando encuentra que nadie la abre puertas, es, no sólo a abrírselas ella, sino en ello, perfilar nueva oportunidades, tanto para sí como solidariamente para el resto de sus colegas.

Su compromiso consigo misma y con sus compañeras es destacable, pero más lo es su capacidad de ver más allá, de ir tres pasos adelante, de prever antes de que las cosas sucedan, de adelantarse a los hechos y preparase para los diversos escenarios posibles, de aprender antes de que alguien más se dé cuenta que están frente a un avance tecnológico, e histórico que después habrá que enseñar. Qué mejor que convertirse en ese experto, a quien los otros acudan para aprender.

“Si actúas correctamente, haces lo correcto”, dice Dorothy en un punto de la historia. Su lección es importante porque recalca esa actitud vital de ética social que a veces se olvida. Estas mujeres hacen lo correcto, ya sea para exigir sus derechos o para abrirse camino en colaboración con el otro, no pisoteándolo o minimizándolo, sino ayudándose mutuamente, porque esa es la forma de responsabilidad social con la que el mundo debería proceder en cada paso que da. Si ellas se topan con alguien que las subestima, no dejan que esto les afecte, al contrario, eligen alimentarse de ello y asumirlo como incentivo; porque que el otro reaccione impulsiva y visceralmente, no significa que ellas deban responder de la misma manera.

La gente a su alrededor las trata como las trata por muchas variantes; hay quien se aferra a la separación racial, pero también hay quien simplemente es presa de la competitividad y que, por ende, no quiere ver a otros escalar peldaños más arriba que ellos. La vida es así, a veces hay reconocimiento, otras veces hay ingratitud; en ocasiones las personas responden con solidaridad y en otras con rechazo; y a veces el choque de ideas tiene una base de enemistad personal, pero en otras ocasiones, la discrepancia simplemente sucede, porque las condiciones socioeconómicas la provocan.

Para Katherine Mary y Dorothy lo importante es reconocer las propias barreras para que así sea más fácil avanzar y poder eliminarlas; quizá cuestionando, no confrontando, preguntando, no enjuiciando, conociendo y dialogando, no subestimando. En su caso dio resultado, así que, por qué no convertirlas en un ejemplo a seguir.

Ficha técnica: Talentos ocultos - Hidden Figures

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