Ciudad en tinieblas

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Ciudad en tinieblas

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 13 de febrero de 2020
Cine, Ciudad en tinieblas, Dark City
Ciudad en tinieblas

¿Qué es lo que hace a una persona única? Si cada individuo es diferente porque vive, piensa, siente y experimenta cada momento de su vida con un particular punto de vista, el suyo, que construye a partir de lo que conoce y lo que recuerda, ¿será esto parte o en parte lo que nos hace humanos?.

Esta es una de las reflexiones eje que aborda la película Ciudad en tinieblas, dirigida por Alex Proyas, quien co-escribe el guión junto con Lem Dobbs y David S. Goyer. Protagonizada por Rufus Sewell, Kiefer Sutherland, Jennifer Connelly, Richard O'Brien, Ian Richardson y William Hurt, la historia sigue a John Murdoch, un hombre que despierta un día sin memoria, acusado como sospechoso de asesinato. No recuerda su relación con la mujer que dice ser su esposa, desconoce si realmente mató él a alguien y el detective asignado al caso lo sigue de cerca.

Luego de darse cuenta que tiene habilidades telepáticas y que los recuerdos de su infancia parecen desfasados, descubre, con ayuda del doctor Daniel Schreber, que la ciudad en la que vive no es más que un laberinto a forma de laboratorio construido por seres extraterrestres que experimentan con los humanos.

Estos seres, a quien Daniel llama los Extraños, son una raza de otro planeta, con una conciencia colectiva entre ellos, que se enfrentan al peligro de su cercana extinción. Los extraterrestres creen que la respuesta para su salvación está en el alma humana, pero no saben qué es ni cómo encontrarla, así que se la pasan cambiando la ciudad todas las noches, tanto en su forma física como sus habitantes, con el fin de conocer qué es lo que hay en el hombre, que no tienen en su propia existencia.

Construyen y destruyen edificios a placer, reconfigurando el espacio urbano, para que el aspecto del entorno sea diferente cada día, y los humanos se enfrenten a condiciones materiales distintas, pero, más importante aún, juegan con los recuerdos de las personas, dándoles personalidades y memoria diferentes periódicamente, pensando que así podrán entender qué los hace distintos (curiosos, luchadores, pensantes, con iniciativa y con ganas de crecer, creer y avanzar).

Murdoch, sin embargo, parece inmune, además de que comienza a desarrollar aquellos poderes especiales que los extraterrestres llaman ‘afinar’. Estar consciente de lo que sucede, del experimento en sí, y presenciar cómo se hace este intercambio de memoria indistintamente entre uno y otro habitante de la ciudad, lleva a Murdoch a cuestionar su entorno y preguntarse una cuestión vital para el hombre: ¿quién soy yo?

De esta forma la película habla sobre identidad, libertad y aprendizaje. ¿Quién es el hombre sino producto de sus vivencias? y ¿cómo se forma una vida, si no tiene una identidad como ancla que le permita mantener el panorama de su pasado, presente y futuro?

Los habitantes de esta ciudad se mantienen cautivos, viviendo, literalmente, en las sombras (siempre es de noche porque la ciudad en realidad es un set, limitado, construido en el espacio). Los Extraños han hecho que la mente de las personas no pueda experimentar ni crecer y, por tanto, nunca preguntar, nunca anhelar, nunca querer aprender, curiosear, dudar y buscar nuevas vivencias y placeres, porque cada día que pasa son alguien diferente y por consiguiente no hay algo a lo que se aferren, no hay vida ni momentos de vida con los que ‘echen raíz’. Están en una prisión que existe sin que se den cuenta, construida a partir de la ignorancia y el control (invisible), sobre ellos. La expropiación de su memoria les impide saber cómo llegaron a ser quienes son, qué pueden anhelar llegar a ser en el futuro y cuáles son sus potencialidades para vivir su presente a plenitud.

No son nadie porque, cómo conocer quiénes son y cuál es su propósito, si nunca han vivido una vida que puedan llamar suya. Así entonces, las personas se convierten en caparazones que reflejan lo que otros quieren que sean, pero nunca son ellos mismos. Sí, toman decisiones, siguen una rutina y forman relaciones sociales, pero nunca de una manera suficientemente duradera y significativa como para representar algo con impacto en su propia persona, desarrollo y crecimiento humano. Si el carácter de la persona se forja a partir de lo que vive, de su entorno social, sus relaciones interpersonales y sus experiencias de vida, ¿cómo pueden estas personas crecer si ese contacto con otros es diezmado, si les es expropiado? Viven, para decirlo crudamente, enajenados. Tal vez aquí la historia trata de expresar la dinámica social contemporánea en donde la población se encuentra enajenada por la dinámica del mercado y en donde la urbanización sin sentido y el flujo de información digital impiden u obstaculizan la fijación de vivencias colectivas que permitan una identidad humana solidaria.

“Se roban los recuerdos de la gente. Los intercambian entre nosotros. Los he visto hacerlo una y otra vez hasta que ya nadie sabe quién es”, le dice alguien, que también se ha dado cuenta de lo que sucede, a Murdoch. A diferencia del protagonista, este hombre termina por ceder a la presión del caos cuando no encuentra una razón de vida, cuando entiende que la razón que lo mueve es un hilo que alguien más maneja por él y sobre él.

“Modelamos esta ciudad sobre recuerdos robados de eras y pasados diferentes, todos en uno. Cada noche la revisamos, perfeccionándola para aprender”, explican estos extraterrestres. Lo que hacen es buscar la combinación que creen perfecta, para descubrir qué funciona y qué no, pero ¿cómo determinarlo? ¿Qué es la perfección, o lo imperfecto?

Con personalidades y recuerdos nuevos que cambian cada determinado tiempo, las personas no pueden más que vivir al día. Necesitan adaptarse pero casi no se les da la oportunidad de lograrlo, o intentarlo. Si cada que algo no funcionaba, según los Extraños, lo cambiaban, entonces, ¿cómo aprender, cómo amar, sentir, superarse y recuperarse de las caídas?

Convertidos en una especie de marionetas, la sombra, literal, que rodea a las personas, representa esa incapacidad para saber y conocer, para resolver problemas, para enfrentar dificultades. Viven en un mundo limitado que los limita a ellos. Ven lo que los otros quieren que vean y viven lo que los otros quieren que vivan, así que no conocen el mundo real, conocen sólo el mundo que se les presenta. A raíz de ello la visión de sus alrededores es selecta y pobre, sin poder de reinvención y crecimiento. Y como sociedad misma, en lugar de evolucionar, permanecen estáticos. Las personas aquí ya no son lo que pueden llegar a ser, son lo que la ignorancia les permite ser, que no es mucho.

Finalmente Murdoch les dice a los Extraños que la clave para entender a la humanidad reside en sus sentimientos y emociones. Alguien no puede ser feliz si no entiende lo que esto conlleva, porque la alegría no sólo es sonreír, es la satisfacción que provoca y el eco que tiene en la persona que lo vive. Si Murdoch se recuerda feliz jugando en la playa cuando era niño, aquel instante tiene un impacto conforme crece hasta llegar a su vida presente, por también lo tiene el recuerdo mismo y la emoción que le hizo sentir, que a su vez le hizo descubrir el significado de ese sentimiento. Murdoch sabe que fue feliz en su pasado y al comprenderlo, entonces puede amar en el presente. Lo que los Extraños no comprenden es eso, que un recuerdo no es nada sin la emoción y la sensación ligado a él.

Es como si alguien quisiera aprender a cocinar sólo leyendo libros. Desarrollará una cierta habilidad de acuerdo con la información que recaba, pero nunca cocinará con verdadera maestría hasta que no aprenda cómo es ‘vivir’ la cocina, por ejemplo, cómo suena la mantequilla calentándose en el sartén, o cómo es la consistencia de la pasta cuando ya está lista, cómo huele el sazón, etcétera. Los Extraños creen que viendo y usando gente en sus experimentos, pueden entender qué hace humano al humano, pero ellos mismos no comprenden por completo que el hombre es más que un ser vivo que respira y se mueve, que habla y camina cuando se le empuja hacia una meta. No, el individuo es la suma de sus caídas, motivado por descubrir y revivir qué provocó esa caída y cómo evitarla en el futuro.

Si pusieran al hombre en una prisión, simbólica y emblemática, ¿se daría cuenta de su encierro?, ¿intentaría salir?, ¿buscaría opciones? ¿Escaparía de esa sombra que nubla su existencia y descubriría las capas que confunden la realidad con la falsa realidad? La película se aventura a decir que siempre habrá alguien que sí, como siempre habrá alguien que no, pero, ¿moldearía después el hombre libre el mundo a su entendimiento, o alzaría la voz para que otros descubrieran también la verdad? La ignorancia muchas veces no es felicidad, pese al dicho popular.

Ficha técnica: Ciudad en tinieblas - Dark City

Cine, Ciudad en tinieblas, Dark City, 232 lecturas.

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