Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 06 de febrero de 2020
Cine, Eternal Sunshine of the Spotless
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

¿Por qué alguien desearía borrar sus recuerdos de un acontecimiento específico? ¿Acaso porque lo vivido se acompaña de dolor, pena, pesadumbre y angustia? ¿O porque pareciera más fácil olvidar que aprender de las experiencias, de los errores, los aciertos y las decisiones? ¿O, finalmente, porque las decisiones mismas, correctas o equivocadas, no resultan como esperábamos?

Repetir el pasado o querer repetir la historia es imposible, pero querer no hacerlo, desear que algo no hubiera sucedido, tampoco es algo viable, ¿entonces, por qué a veces el individuo lo desea tanto? Las personas son producto de sus experiencias, de sus triunfos pero también de sus caídas. Querer olvidar algo puede ser querer negarlo, en lugar de afrontarlo, asimilarlo, comprenderlo y, por tanto, aprender del hecho. Olvidar algo a propósito, si acaso fuera posible, ¿no implica entonces también borrar una parte de uno mismo?

El dicho popular afirma que, quien no aprende de sus errores, está destinado a repetirlos, pero quizá también sea importante añadir que quien no aprende de sus aciertos, tal vez tampoco podrá repetirlos. De eso habla la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (EUA, 2004).

Escrita por Charlie Kaufman, dirigida por Michel Gondry y protagonizada por Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst, Mark Ruffalo, Elijah Wood y Tom Wilkinson, la cinta ganó el premio Oscar en la categoría de mejor guión original, para Pierre Bismuth, Michel Gondry y Charlie Kaufman, ya que los tres escribieron la historia en que se basa el guión, además de que Winslet fue nominada a mejor actriz.

La historia se centra en una pareja, Clementine y Joel, que se conocen, se enamoran y viven un romance, hasta que el curso natural de la relación comienza a distanciarlos. Resentida tras una pelea, ella decide, sin avisarle a él, contratar los servicios de una clínica que ofrece la posibilidad de borrar la memoria y Clementine pide borrar todo recuerdo de Joel. Al darse cuenta de lo sucedido, Joel se somete al mismo procedimiento, excepto que a mitad del camino, descubre que no quiere olvidar realmente sus momentos compartidos con Clementine, porque por cada experiencia triste vivida, también hay una alegre y momentos de felicidad que para él vale la pena recordar.

Joel entiende, repasando toda su relación con Clementine, que, uno, no fue correcto tomar la decisión de una manera tan impulsiva y sin analizar las ramificaciones correspondientes, de ahí su arrepentimiento a mitad del procedimiento. Y dos, que borrar todo recuerdo de ella significa perderla por completo. Significa que nunca pelearon, pero también que nunca convivieron, que nunca aprendieron el uno del otro o que jamás retaron sus mentes y sus temperamentos, por lo que aquella forma como cambiaron y crecieron como personas, a raíz de su relación, sería como si nunca hubiera sucedido. En la práctica significa echar a la basura una parte de su vida pues, en tanto no la recuerdan no la vivieron mental y emocionalmente, aunque físicamente se desgastaron, envejecieron sin saber que vivían.

¿Qué pasa cuando alguien no logra recordar algo, pero esa persona sabe que lo sabe? Se frustra, se desespera y se angustia, porque siente que hay algo que debería estar plantado en su cerebro, pero que de alguna forma ha quedado escondido hasta un punto que parece inalcanzable. ¿Qué pasaría entonces si ese recuerdo ya no estuviera almacenado ni presente?

¿Qué implica quitarle a alguien una parte de su ser? Una cosa es no recordar, otra diferente es que eso no sucedió. Borrar por completo un aspecto de la vida de una persona, implica que todo aquello con lo que se relaciona, también se va. A Joel le piden recolectar todo objeto que le recuerde a Clementine para realizar el proceso de borrado. La solicitud responde a que ella es más que una imagen en la cabeza, es sensaciones y experiencias, plasmadas también en lugares y objetos. Un recuerdo no es sólo un momento vivido, es lo que el momento vivido implicó, el sentimiento que produce un beso, la emoción que desata una pelea o el aprendizaje a partir de una conversación, o la falta de ella, para el caso de esta pareja.

Clementine está en la memoria de Joel, pero también está en las cosas que formaron parte de su vida juntos. Ella no es sólo un recuerdo pasado, es también parte del pasado de Joel (y viceversa) y del presente de ambos. Quizá por ello, porque el recuerdo no es sólo un pedazo de cerebro que se remueve, que Joel se arrepiente de seguir adelante para que borren a Clementine, porque ella es la suma de muchos recuerdos, no una ‘cosa’ que se quita y que se pone.

Cuando Joel pregunta si el procedimiento no le causará daño cerebral, el doctor a cargo de la clínica le dice que técnicamente sí, pero que será mínimo, como lo relativo a una resaca. Daño cerebral es una lesión al sistema nervioso, causada por un agente externo. Puede, en efecto, derivar conforme al grado de daño, en alteraciones motoras, cognitivas, emocionales, conductuales o sensoriales. Es, en corto, un daño que afecta directamente las funciones neuronales con ramificaciones específicas. Es lógico, basándose además en la ciencia ficción que rodea la historia y tomando como base las reglas internas bajo las que se rige el relato, que borrar a una persona de la mente, borrar un recuerdo, afecta directamente la forma de ser, pensar, vivir y sentir del individuo. Porque además, en el mundo realmente existente somos lo que hemos vivido y lo que recordamos.

¿Y cómo no habría un impacto significativo si se eliminara un recuerdo, que ha formado parte en la formación de la persona, para ayudarle a llegar a ser quien es en su presente? ¿No todos los recuerdos, todas las vivencias y todas las experiencias, tienen su grado de relevancia en la vida de alguien y en su propio desarrollo?

A Joel le afecta eliminar por completo sus vivencias con Clementine, porque entonces no asocia ya lo que vivió con lo que aprendió. Deja ir también esa espontaneidad que sentía a su lado, deja ir los chistes que se contaron, las bromas que intercambiaban, las emociones que convivieron, la información sobre el mundo que compartieron, las dudas que entre ellos surgieron, y hasta las risas o lágrimas que asocian con momentos específicos en su relación.

Luego de que el procedimiento finaliza y ninguno de los dos recuerda al otro, Clementine y Joel se vuelven a conocer, para ellos por primera vez, aunque en realidad es la segunda oportunidad, e inevitablemente comienzan de nuevo a convivir y a enamorarse. Dentro del terreno romántico esto bien puede ser visto como una jugada del destino, un cruce de caminos obligado a suceder. Pero desde otro punto de vista, su reencuentro es porque su propio ser pide retomar un camino truncado, que nunca tuvo su cierre emocional, el rompimiento y la separación que ambos forzaron.

En cierto sentido, el cerebro pide encontrar ese recuerdo perdido y lo busca provocando, por ejemplo, la impulsividad de Joel para faltar al trabajo con el fin de ir de viaje a un pequeño pueblo, donde conoció a Clementine la primera vez, y también la segunda; o provocando la impulsividad de ella para hablar con él en el tren de regreso a la ciudad y luego proponerle ir juntos a un sitio al que siempre quiso ir (y que ya fue una primera vez, aunque lo haya olvidado, con Joel).

Mary, una de las empleadas de la clínica, quien siente una atracción hacia su jefe, logra entender lo que significa perder un pedazo de sí misma y que luego su cerebro la impulse a repetir la misma experiencia, en su caso, los mismos errores, ya que ella se le declara a su jefe y entonces descubre que ésta no es la primera vez que hace algo así, sólo que la experiencia misma ha sido eliminada de su memoria y ella lo desconoce. Cómo aprender de los tropiezos si el tropiezo mismo fue borrado de sus recuerdos.

Su reacción es de desesperación y humillación, de dolor y de angustia, porque parte de su vida le ha sido arrebatada y ni siquiera está al tanto de que esto sucediera. ¿Dónde queda su derecho sobre su persona, sus decisiones y su vida, si no tiene las herramientas (recuerdos, pensamientos, emociones, etcétera) para precisamente decidir?

Ella decide enviar los archivos de cada paciente, con registros de la experiencia que cada persona contrató para borrar, a sus legítimos dueños, en un intento por rectificar la situación. Personas como ella querrán saber qué es aquello que eligieron negar, borrar de su pasado y no sólo esconder, sino pretender que nunca existió. Pero no todos pensarán lo mismo, algunos preferirán vivir en la ignorancia y esa es la debilidad de carácter que los deja estancados en lugar de avanzar.

¿Qué clase de historias podría querer alguien borrar? ¿Un mal noviazgo, un error de juicio que le costó el futuro a alguien, el recuerdo de una vida más alegre que ahora hace el presente más difícil de asimilar, o el recuerdo de una vida más dura que sólo provoca en el presente más heridas, cicatrices y resentimiento?

Abrumados al entender lo que hicieron, luego de recibir sus propios expedientes, Clementine y Joel se suben a una montaña de emociones, entre la culpa, el resentimiento, el dolor y la pena, por la propia cicatriz que borrar al otro significa en su propio juicio de valor. Al final, sin embargo, ella le propone aceptar la situación y aceptarse mutuamente para seguir adelante, esta vez entendiendo que lo que los hace pareja no son sólo los buenos momentos, es también convivir con el otro en sus errores, en los momentos difíciles, en los días malos, en la adversidad, porque enfrenando tal adversidad es como se fortalecerán los vínculos afectivos entre ambos.

Quizá su relación no estaba ‘destinada’ a terminar, porque ellos mismos no estaban preparados ni inclinados realmente a ello. Decidieron borrar al otro en un acto de impulsividad, no de razón. Pero la acción misma tiene su lado significativo, porque una experiencia cualquiera se vive, se aprende de ella y se avanza en la vida. Si la persona se estanca, no avanza; tal como muestra la película.

Vivir no es despertarse y respirar todas las mañanas, es avanzar de experiencia en experiencia, actuando, decidiendo, pensando y sintiendo conforme esas vivencias le van enseñando al individuo, a través de sus recuerdos, quién es y cómo ha llegado ahí. Para verlo de otra manera: si con cada recuerdo y vivencia se formara una escalera y de pronto alguien quitara algunos peldaños, vivir, crecer y avanzar no sería posible, porque el camino recorrido estaría incompleto.

Ficha técnica: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos - Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Cine, Eternal Sunshine of the Spotless, 758 lecturas.

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