After the Dark

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

After the Dark

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 26 de septiembre de 2019
Cine, After the Dark, The Philosophers, Después de la Oscuridad
After the Dark

Un dilema es elegir entre dos opciones opuestas, con argumento, sustento, razonamiento y dimensionando las posibilidades entre propuestas contrarias. Implica analizar opciones, con un alegato que sustente la conclusión, o resolución.

Hay todo tipo de dilemas en la vida que dan paso a las decisiones que forman a una persona; opciones que cambian el rumbo de las cosa, de la vida, a veces más significativamente que otras. Elegir entre dos o más caminos u opciones siempre es importante, porque conlleva un análisis, pero también resultados, futuros o destinos diferentes. El escenario, sin embargo, puede resultar más difícil de esclarecer, analizar y asumir con responsabilidad, ética y juicio cuando sus implicaciones tienen una mayor escala. Es decir, es igual de importante decidir qué camino tomar al trabajo por la mañana, como elegir si vale sacrificar una vida para salvar a miles más; al final las repercusiones o consecuencias llegan a ser más o menos relevantes, en uno, más que en otro escenario.

Este tipo de reflexiones son parte de la filosofía, como teoría e ideología que racionalmente organiza los pensamientos del ser, para dar sentido a su vida, con sus acciones. Son precisamente estos temas los que se discuten (tal vez no siempre con sustento académico) en la película After the Dark (Indonesia-EUA, 2012), también conocida como The Philosophers [Después de la Oscuridad o Los Filósofos, en español]. La cinta está escrita y dirigida por John Huddles, y protagonizada por James D'Arcy, Sophie Lowe, Rhys Wakefield, Daryl Sabara, Freddie Stroma, Bonnie Wright y Katie Findlay, entre otros.

Es la última clase del curso en una preparatoria ubicada en Indonesia, con alumnado de procedencia internacional; el profesor lleva todo el ciclo escolar alentando a sus alumnos al uso de la lógica y el análisis, la búsqueda por la verdad y el principio de validez; la ciencia de la razón, dice él. Mediante ejercicios con base en lógica, ética, razonamiento y los dilemas morales que pueden enfrentar, su trabajo es incentivar valores, nutrir mentes, promover el aprendizaje a partir de la experiencia y convivencia con otros, además de ponerlos en predicamentos, dilemas, que no siempre tienen una sola respuesta, o una concretamente aceptable o correcta.

Para cerrar la clase, propone un ejercicio a sus alumnos: trazar en el imaginario el escenario de un apocalipsis, en el que la humanidad está a punto de quedar extinta. Ellos, 21 alumnos y un profesor, tienen acceso a un búnker, en el que sólo caben 10 personas. ¿Cómo elegir quién queda fuera y quien gana un lugar dentro, para salvarse?

El profesor da tarjetas con profesiones a cada uno y el primer intento por encontrar una respuesta comienza. Hay entre ellos desde vendedores de bienes inmobiliarios a electricistas, físicos, astronautas, poetas, ingenieros y médicos, entre otros. La respuesta parece sencilla para los alumnos, cuya aparente lógica es la practicidad, la utilidad de la profesión para reconstruir una sociedad, más que la persona misma y su valor como humano.

Los jóvenes se mueven por las ideas preconcebidas de productividad que tienen preestablecida en su conciencia por el contexto mismo en que han crecido. Un doctor para sanar enfermos es alguien necesario en su búnker, dicen, pero no un poeta, una cantante de ópera o un heladero, porque ¿cuál es su aporte, piensan ellos? No ven más allá de las tarjetas que marcan la profesión asignada para cada uno, porque no ven el lado humano en quienes están salvando y a quienes están destinando a la muerte.

Olvidan también detalles importantes sobre cada uno, pues su profesor les dijo que, además del rasgo profesional que la tarjeta les asigna, siguen siendo ellos mismos, las personas con sus características, habilidades, sueños, defectos y demás que los hacen quienes son. Además, el profesor se guarda una tarjeta comodín, que le da el derecho de ser quien quiera, cambiar las reglas si así lo decide o retener información para retar más allá (a veces justa, pero también, injustamente) las mentes de estos chicos durante el ejercicio.

Cuando el grupo cree tener la solución, él se da a conocer como alguien potencialmente inestable (asesina, en el escenario ficticio claro, a los que no han sido elegidos para entrar al búnker). Los chicos deben decidir entre arriesgarse a entrar con él (puede ser un asesino pero su carta comodín también lo puede hacer acreedor de información o características útiles dentro del búnker), o dejarlo fuera. Votan por dejarlo fuera amañadamente, y luego, él revela que es el único que tiene el código para salir del refugio pasado el año dentro, tiempo en que la vida en el exterior puede continuar de nuevo.

Los chicos se arriesgan, sobreviven un duro año y luego se dan cuenta que eligieron de manera aparentemente equivocada, pues sin el código, no encuentran nunca la forma de salir; la comida y oxígeno se acaban, y mueren.

¿Qué salió mal, cuál fue su error? Creen tenerlo claro para la segunda oportunidad, en la que las tarjetas revelan más características de cada participante. Así por ejemplo, la que es doctora, puede también ser portadora de una enfermedad mortal, o la cantante de ópera, que conoce siete idiomas (al pasar el año, los sobrevivientes deben comunicarse con refugios de otros países), perderá el habla en tres años, o el carpintero que puede ayudar a reconstruir casas donde vivir, resulta ser estéril (y si la idea es repoblar, concebir hijos es esencial para el grupo).

¿Vale la pena tomar el riesgo de dejar entrar a la doctora si potencialmente infectará mortalmente a todos, o es riesgo más grande dejarla fuera y no contar con ayuda médica dentro, que significa que si alguien enferma o se lastima no habrá quien lo cure? ¿Cuál es la respuesta correcta, cuál es la lógica y cuál es la humana? No siempre, de hecho difícilmente, son la misma.

Se preocupan por decidir de una forma que parezca la correcta para el fin último, la supervivencia del hombre. No importa entonces el que muere o el que se sacrifica, ni aquello que se pierde indirectamente por todos aquellos que no pueden quedarse con un lugar dentro del refugio, pero porque importa más sobrevivir uno, que salvar a otros. Sobrevivir sí, pero ¿y vivir?

En esta segunda ocasión dejan entrar al profesor, porque él tiene el código, y, seguros de la decisión, se enfocan en la supervivencia a futuro, es decir, tener hijos. No es el trasfondo el sacrificio, sino el sacrificio que más les convenga, que en este caso se traduce en formar parejas a conveniencia de los involucrados. Cuando la situación no funciona, deciden cambiar parejas. La prioridad se modifica en ese sentido, no es tener hijos para que la especie crezca y prospere, sino aferrarse a conceptos como el amor, la relación de pareja, el enamoramiento y la formación de una familia. Pero ¿no es su elección humana? ¿No es importante a veces sacrificar, pero otras veces exigir, trazar límites?

La situación crea tensiones y el conflicto escala hasta que todos mueren. El experimento vuelve a fallar, porque la lógica, si bien tiene su razonamiento, no puede nunca determinar qué es lo importante a considerar, porque todo es importante, o puede serlo, porque lo que para algunos es vital, relevante, necesario para existir, para otros no. ¿Qué importa procurar la supervivencia de la especie, sobrevivir, si en ello pierden su humanidad, si de alguna forma los dejan vivir para sólo sobrevivir? ¿Qué pesa más, procurar la supervivencia del hombre, o procurar la supervivencia del ser que en ese momento tiene la oportunidad de vivir su momento?

Sophie, la estudiante más brillante de la clase, pide repetir el ejercicio y tomar en esta ocasión las riendas de la situación. Su liderazgo promete ser justo, dice ella, y recuerda que el profesor advierte que cada uno es más de lo que marca la tarjeta que les dio. Ella se rige bajo la idea de que todo el mundo, cada persona, vale lo mismo. Elegir lo que parece más lógico (escoger al ingeniero, al soldado, al agricultor, al químico, al terapeuta), no es incorrecto, mientras se asuman las consecuencias. Pero elegir el total opuesto tampoco es malo, si tienen argumento, decisión y responsabilidad al hacerlo.

Entonces la decisión debe ser vivir, vivir plenamente según Sophie, quien elige que en el refugio se queden la cantante de ópera, el arpista, el poeta, el heladero, el florista, la diseñadora de modas, etcétera, personas que crearán un ambiente ameno, amable, para que los sobrevivientes tengan algo por qué vivir. La cosa es, ¿por qué este deseo no estaba presente en los otros escenarios?

En este tercer ejercicio los elegidos viven felices, solidarios, alegres, llenos de cultura y arte, recreación, expresión y comunicación. Y al final del año abren el búnker para darse cuenta que de todas formas pueden morir en cualquier momento, por una bomba que llega hasta ellos. ¿Es a largo plazo su decisión la mejor decisión?

En ese año, con esas personas a su lado, los chicos aprenden de solidaridad, humanidad y fraternidad, porque ellos son más que sus profesiones o un rasgo específico de personalidad, porque, dice Sophie, no habrían nunca sabido quiénes son como personas (tal vez a alguien le gusta bailar, dibujar, contar historias, crear inventos), de sólo elegir si ‘merecen o no’ un lugar en el refugio, basándose en lo que creen que pueden aportar, no en lo que pueden aportar en sí. ¿Y, acaso no cualquier grupo al salir, si fuera necesario, aprendería, o se las ingeniaría, por encontrar la forma de reconstruir un mundo y una sociedad, aunque no haya entre ellos químicos, físicos, ingenieros, zoólogos y demás?

Imaginar, pensar, explorar y descubrir son formas de crear, conocer, crecer y evolucionar. Muchas veces no hay en efecto respuestas correctas o incorrectas en la vida, sólo decisiones, que deben tomarse con responsabilidad y determinación. ¿Es la solución de Sophie la mejor? Y si, sí, ¿para quién?, ¿para los que viven?, ¿para los que mueren?, ¿para los que aman?, ¿para los que sufren?, ¿para los que se sacrifican?, ¿para la especie humana misma?

¿Cómo es, entonces, que la gente elige? ¿Con lógica, con base en sus emociones, con razonamiento, con conocimiento, con sueños y esperanza más que el análisis real y factible de una situación?

El profesor reta las mentes de sus alumnos y los empuja a situaciones imposibles (con su propio interés personal de por medio, ya que está enamorado de Sophie y sabe de su relación sentimental con otro alumno, a quien considera inferior, intelectualmente hablando, como para alguien con una capacidad mental como la de ella), pero no es, finalmente, el ejercicio o su resolución lo más importante, sino el darse cuenta que en la vida este tipo de dilemas siempre están presentes, y que no todo siempre es blanco y negro, porque a veces lo más lógico, es ilógico, y en ocasiones lo que parece correcto, es incorrecto, y viceversa. Lo único cierto es que siempre habrá consecuencias en los actos y decisiones, y es muy probable que ninguna respuesta frente a un dilema sea, finalmente, ideal.

Ficha técnica: After the Dark - The Philosophers

Cine, After the Dark, The Philosophers, Después de la Oscuridad, 559 lecturas.

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