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Chicas pesadas

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

“Llamar gordo a alguien no te hace más delgado. Llamar estúpido a alguien no te hace más inteligente”, dice Cady, la protagonista de la película Chicas pesadas (EUA, 204), y quien con sus palabras desglosa una serie de reflexiones sobre el juicio y el prejuicio que se hace a otras personas, frente a valores como respeto y aceptación, paciencia o tolerancia, e incluso hasta autoestima. La cinta, protagonizada por Lindsay Lohan, Rachel McAdams, Lizzy Caplan, Lacey Chabert, Amanda Seyfried, Daniel Franzese, Jonathan Bennett, Tina Fey, Tim Meadows, Amy Poehler, Ana Gasteyer y Neil Flynn, está dirigida por Mark Waters y escrita por Tina Fey, quien se basa en el libro de no ficción, ‘Queen Bees and Wannabes’, de Rosalind Wiseman.

Adentrándose en la idea de que los grupos sociales, especialmente en la etapa escolar, pueden ser perjudiciales, la separación en términos prácticos dañina, aquí específicamente enfocado hacia las mujeres, porque dividen personas, dañan relaciones sociales, destruyen reputaciones y cultivan apariencias falaces y superfluas, la historia está contada a partir de la experiencia de Cady, una joven que luego de ser educada en casa desde pequeña, asiste por primera vez a la escuela pública, lugar que inevitablemente comienza a comparar con la ‘ley de la selva’: la supervivencia del más fuerte y la lucha por el control y el poder sobre los más ‘débiles’.

Cady entabla amistad con Janis y Damien, dos jóvenes en contra de la adulación por popularidad, constitutivos entre si de un grupo marginal que rechaza por sistema a los demás grupos estereotipados de escolares adolecentes, que convencen a la chica nueva de hacer amistad con un grupo al que apodan Las Plásticas, es decir, tres jóvenes aparentemente banales y sin mucha más habilidad que su capacidad de manipulación hacia los demás, lideradas por Regina, quien prefiere ser temida, para encontrar en ello respeto, antes que relacionarse con empatía hacia los demás. El plan de Janis es que Cady se adentre a la vida Regina y se entere de los pormenores de su intimidad, para luego reír de lo que ella se entere. Pronto el proyecto se torna en animadversión y evoluciona hacia una venganza celosa que estalla debido a que secretos y rumores (escritos por Regina y sus dos amigas, Gretchen y Karen) terminan haciéndose públicos, todo una venganza de Regina misma al enterarse que la amistad de Cady no era tan honesta y amable como pensó, y como la otra decía que era.

La competencia, los prejuicios, las apariencias, las falsedades y los rumores son sólo la punta del iceberg, pues hay una falta total de respeto y solidaridad entre las chicas, hacia sus similares y hasta hacia ellas mismas, que merma relaciones, cultiva envidias y recelos, de tal manera que al parecer para muchas es más fácil simular una aparente buena amistad, que preocuparse por realmente tener una buena relación y empatía con los demás. Es como si, socialmente hablando, todo tipo de relación dentro de esta dinámica en la escuela, careciera de valores por completo, de ahí esa tendencia, presente en la historia, de hablar mal del otro para sentirse bien respecto a uno mismo; descalificar para sentirse superior, ignorando las propias fallas y defectos, equivocación que muchos de estos estudiantes hacen: mirar los defectos del otro para no tener que centrarse en los propios, criticar al prójimo para desviar la atención de uno mismo, o menospreciar al de al lado antes que querer cambiar y/o mejorar uno. Situación que lamentablemente es común en el mundo súper individualizado, indiferente, egoísta e hipócrita que la dinámica de competencia despiadada ha engendrado.

No es ésta la mejor manera de relacionarse pues, como se ve en la película, la acumulación de resentimiento, odio, celos y demás, está destinada a encontrar un punto de ebullición y explotar. En la historia sucede cuando Cady, con el plan de Janis, logra llevar a Regina a un punto de exasperación: sube de peso cuando estaba intentando adelgazar, engañada por la misma Cady, su novio se entera que lo engaña y sus amigas se molestan con ella a un punto que, cuando necesita apoyo, lo que recibe es críticas y exclusión, dando así jaque a los tres pilares importantes en la vida de Regina, o lo que es lo mismo, derrumbando las columnas que la sostienen no sólo en la pirámide social escolar, sino también de autoconfianza, personalidad y hasta identidad.

Como resultado, Regina responde igual de explosivamente, vengativa y cruel, para esparcir todo rumor, insulto, chisme y secreto contenido en el libro que ella y sus amigas, con alguno que otro aporte de Cady, acumularon. ¿Hace mal? Claro, pero más allá de sus errores de juicio y decisión, es importante entender que responde como la dinámica social en la que vive le ha enseñado a reaccionarse. Ella hace mal porque todos los demás actúan igual, porque todos están acostumbrados a atacar con negatividad, recelo y a la defensiva. Al final lo que busca es venganza aplicando la política del “ojo por ojo”, lo cual bien mirado es alimentado por la conducta hostil de Janis y Cady, quienes no tienen buenas intenciones.

La misma Cady reacciona muchas veces de manera impulsiva, manipuladora y ruin hacia los demás, como cuando deja plantada intencionalmente a Janis tras haber hecho planes con ella, o cuando confiesa a Aaron, sin mucho tacto y más por razones personales en su beneficio, que Regina está saliendo al mismo tiempo que con él, con otro chico. Sus acciones terminan imitando mucho de la actitud egocéntrica y narcisista que renegaba de Regina y convirtiéndose, sin darse cuenta, en aquello que dijo odiar, y que bien se puede entender, catalogar, definir como la ‘corrupción de su persona causada por el poder’ y, desde luego, por la envidia. ¿Cómo mostrar empatía hacia el otro cuando el otro nunca muestra empatía hacia nadie más que no sea él/ella mismo? Aprender a respetar, antes a uno mismo, para poder hacerlo hacia los demás, es lo moralmente correcto.

En un punto de la historia, cuando Cady está tan inmersa en su relación de amistad con Regina y las otras, pero al mismo tiempo se dice comprometida con el plan de ‘destruirla’ (una venganza que mucho tiene que ver con el interés personal de Cady hacia Aaron, ex novio de la otra [relación que Regina sabotea por mero narcicismo combinado con envidia]; o el interés de Janis de que Regina, su ex amiga, no sea feliz [Regina se la ha pasado esparciendo rumores contra Janis, sólo por poder hacerlo, para molestarla]), la misma Cady se pregunta cómo es que puede odiar y no odiar a Regina al mismo tiempo. El rechazo puede entenderse como una reacción por ‘querer lo que la otra tiene’: ¿la atención del chico?, ¿la adulación, real o disfrazada, de los demás?, ¿la belleza física, el poder de liderazgo?, o ¿todo lo anterior?

Una segunda percepción, que parece contradecir la anterior, aunque no, es ese rastro de amistad y respeto real hacia Regina (quien desde el principio la invita a unirse a su grupo), existente porque Cady sabe notar que una relación empática como indudablemente tiene con sus semejantes, adolescentes de su misma edad, interesadas y preocupadas por cosas, inevitablemente, similares, las conecta de una forma que Cady nunca conoció. Sus características muchas veces coincidentes, en lugar de acercarlas (siempre), al mismo tiempo la alejan (esporádicamente). ¿Por qué competir cuando realmente no es necesario? Sin embargo, en su confusión avanza mintiendo y engañando a ambos grupos de amistades que la incorporaron a su círculo.

Lo que Cady eventualmente aprende no es sólo a hablar con la verdad, o no hablar a la espalda de otros, sino a valorar esas conexiones y el por qué son especiales. Ella confiesa la participación que pudo tener en el contenido de algunas páginas del libro escrito con los rumores y secretos de sus compañeras y profesores, pero en lugar de acusar a las demás autoras, deja el espacio para que ellas tomen responsabilidad de sus propias acciones. Cady afronta las consecuencias de las suyas, luego de tocar fondo cuando pierde la confianza de sus padres, se hace evidente el rechazo de sus amigos por su nueva actitud superficial y arrogante y, especialmente, debe enfrentar el distanciamiento del estudiantado que la cree, por lo que hizo (y muchas veces no hizo), una mala persona.

Su padre le pregunta si prefiere ya no ir a la escuela y regresar a ser educada en casa, pero Cady responde que lo peor sería no regresar. Tiene razón, no sólo porque ella no fue la única culpable del caos que se desata, que resulta en confrontación entre todas las chicas del instituto, sino que no regresar sería huir del problema, claudicar por debilidad y aceptar una culpabilidad que no es exclusivamente suya. Cady decide entonces crecer, madurar, disculparse, pero además también perdonar.

La presión externa para encajar, para cumplir expectativas, para no desafiar el modelo social ni sus reglas, tiene importante peso en la persona y su desarrollo. Relaciones sociales, grupos de amigos, valores, lealtad, identidad, percepción personal frente a percepción social, conciencia sobre uno mismo (imagen, anhelos, potencialidad, temores y relaciones deseadas), son todas formas de presión que desdibujan, directa e indirectamente, la forma como el individuo participa y se relaciona en y con su contexto. Los cánones sociales no sólo establecen parámetros, sino que rechazan a aquellos que se salen de los límites que se trazan. La respuesta a esto, en muchos casos, tal y como se ve en la película, es la burla, la segregación y el rechazo (bullying si hablamos del ambiento escolar, como aquí).

Para cambiar este escenario la gente debe hacerlo reorganizando modelos de conducta o enfatizando la importancia de los valores en la cultura social. Promover una conducta ética, entendiendo que el principio de respeto a las personas impone la obligación de asegurar las condiciones necesarias para que actúen de forma autónoma, con responsabilidad y cultivando la facultad para enjuiciar razonablemente el alcance y el significado de sus actuaciones y responder por sus consecuencias. ¿Puede lograrse, o es que en cuanto un problema se resuelve, otro tipo de discriminación y fricción entre grupos sociales aparece, o se fortalece? Mezquino, ruin o vil (significado en español de la palabra ‘mean’, que da título a la película: Mean Girls), es alguien falto de generosidad, despreciable por una actitud falta de valores, predispuesta a enfadar o herir al otro. Tal vez para erradicar esta actitud, deben cerrarse espacios que propician inequidad, discriminación, injusticia, desigualdad, marginación y demás, entre clases, entre individuos y entre grupos sociales.

Ficha técnica: Chicas pesadas - Mean Girls

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