High School Musical

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

High School Musical

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 22 de agosto de 2019
Cine, High School Musical
High School Musical

El ‘statu quo’ es el estado, condición o situación en que se encuentra una cosa o persona en un determinado momento. En términos sociológicos se usa para referirse al orden y la estructura social; específicamente mantener las condiciones para evitar su cambio. En algunas situaciones conservar el orden político, cultural o social es recomendable, principalmente para los beneficiarios de ese orden social; sin embargo, en muchos otros casos el modelo de organización social y sus múltiples instrumentos de control y manipulación necesitan ser desafiados para impulsar cambios significativos en el comportamiento individual y en las mismas instituciones socialmente establecidas.

Este es el tema central de la película High School Musical (EUA, 2006), que aborda ideas como los prejuicios, los estereotipos, las presiones sociales, la necesidad de cambiar, crecer, experimentar y defender la propia identidad, si bien el trazo de la historia y sus personajes, a pesar de estos temas de fondo, puede llegar a ser demasiado acartonado y evidente, sin reflejar del todo la realidad de un ambiente adolescente postmoderno, es decir, que más bien elije desarrollarse en un halo de tono infantil, predecible y sencillo, de entretenimiento pasajero, tanto en narrativa como realización.

Dirigida por Kenny Ortega y escrita por Peter Barsocchini, la cinta producida por la cadena Disney está protagonizada por Zac Efron, Vanessa Hudgens, Ashley Tisdale, Corbin Bleu, Monique Coleman, Lucas Grabeel, Bart Johnson, Olesya Rulin y Alyson Reed.

“Apégate a lo que sabes. Si quieres ser genial. Siga una regla simple. No vayas a contracorriente. Es mejor como mucho, para mantener las cosas como son. Aférrate al statu quo”, dice uno de los números musicales, que en este caso sucede cuando el personaje protagónico, Troy Bolton, conocido por ser el jugador estrella del equipo de básquetbol de su preparatoria, decide hacer una audición para el programa de teatro escolar, cambiando con ello las reglas sociales preestablecidas dentro de la dinámica que se vive y en la que se desenvuelve, creando así un cambio en el flujo relacional, algo que muchos no consideran benéfico, a pesar de, a gran escala, serlo.

El temor de algunos es que las cosas cambien, generando escenarios inciertos en donde ellos no sepan cómo enfrentar esos cambios, porque representan una modificación cualitativa en la estructura que ya conocen, siendo lo desconocido territorio inexplorado. Lo que fallan en entender es que esta transformación es necesaria, casi natural y, al parecer, inevitable, dadas las condiciones de inseguridad, incertidumbre, inquietudes, anhelos y deseos que los invaden como resultado de su propia condición de adolescentes en proceso de maduración física y mental; es decir, ellos mismos son personas en crecimiento que se topan con dudas, decisiones de vida, necesidad de conocer y sensibles a explorar novedosas formas de experiencias.

¿Es malo el cambio? No, no lo es, lo negativo es no hacer nada sólo por temor o, en este caso, el miedo a tomar decisiones y pasar a la acción. Cuando Troy se decide, intenta algo inimaginable para alguien en su condición de líder deportivo; y también lo hace Gabriella, la joven con quien hace la audición, quien es nueva en la escuela y aprovecha esto para hacer de su experiencia, o intentarlo al menos, una nueva oportunidad para reinventarse. Son los demás, sus compañeros y amigos, de ambos, lo más reacios a que las barreras que separan los grupos sociales se modifiquen. Aquella canción en específico, la que habla de no ir en contra de la corriente, es una respuesta del estudiantado a la actitud de Troy de desafiar el ‘statu quo’. La gente dice que si él puede develar su secreto, su amor tanto por el canto como por el deporte, entonces los demás también puede ser abiertos sobre quiénes son, lo cual implica un riesgo para las tradiciones y costumbres sobre las que se desenvuelve la dinámica estudiantil y escolar en general (una división por grupos que termina siendo tanto sectaria como exclusiva); esto explica por qué los demás responden diciendo: No cambien las cosas.

Se forman entonces dos perspectivas, los que ven esto como algo positivo, lleno de libertad y aceptación, y los que creen que su propia función dentro de la dinámica social se fracturará si las personas de distintos grupos se relacionan entre sí (si los deportistas por ejemplo hablan con los estudiantes del cuadro de honor, o si los artistas conviven con gente que se interesa en otros temas que no sean las artes), creándose así nuevas reglas sociales. Abrirse a estas experiencias es madurar y madurar no puede suceder sin cambiar, excepto que muchas veces a la gente se le dice que lo mejor es no ir en contra del orden establecido y la presión social que esto conlleva, pesa, condiciona conductas, delimita decisiones.

Importante sería preguntarse por qué. “Todos creen que pueden hacer otras cosas”, dice Chad, el amigo de Troy. Lo que explica es importante, relevante y, aunque él no se dé cuenta, positivo; que los estudiantes hagan y planeen hacer otras cosas más allá de las que conocen o creen que les corresponde es importante, pues de lo contrario, como sucede en este caso, no hacerlo los limita, les impide crecer. Ni Chad ni los amigos de Gabriella parecen inicialmente entender el valor de esta oportunidad. En un punto hacen lo que sea por separarlos, creyendo que con ello los desilusionarán tanto de la búsqueda por nuevas experiencias como el uno del otro.

La profesora de la clase de teatro y el entrenador de básquetbol viven peleados porque creen que sus mundos y ambientes, o contextos, están también distantes entre sí. En lugar de buscar un punto de colaboración y afinidad, deciden la exclusión. Lo que Gabriella y Troy representan es la unión de esos dos mundos, o de dos contextos que parecen contrarios pero que no forzosamente lo son. Gabriella es inteligente y está en el equipo de matemáticas, Troy es estrella del deporte, pero a ambos les agrada la música y, aunque parezcan dos contrarios que nunca podrían coincidir, básicamente por prejuicios y modelos de cliché repetidos, ellos lo hacen, así que, por más que aparentemente sus intereses son irreconciliables, encuentran un punto en común, la interpretación teatral y el arte en sí.

En lugar de dividir grupos sociales que parecen opuestos, se convierten en ejemplo de mediación, coexistiendo en colaboración y tolerancia, porque las personas son más que estereotipos. Que Troy ame el deporte no significa que no puedan gustarle otras cosas que no sea el básquetbol. Más importante, que Troy no sea vea sólo como un jugador de básquetbol significa que el joven está en un punto de reflexión sobre su vida, su futuro, su visión del mundo, sus capacidades, sus expectativas y su función en la esfera social.

La forma de hacerlo, o de enfrentarlo y asumirlo, es arriesgarse, buscar cosas nuevas, saciar nuevos intereses, cuestionar y preguntar, o intentarlo al menos a pesar del miedo, especialmente dándole la espalda al temor más grande: ser juzgado y condenado por los demás. A todos les importa la percepción que se tiene de ellos, y muchas veces actúan en función de los otros, para cubrir expectativas, precisamente para no ir a contracorriente. “¿Nunca has sentido que hay otra persona dentro de ti esperando salir?” dice Gabriella en un punto de la historia, demostrando que la persona misma debe darse cuenta cuando, de alguna forma, se habla a sí misma y se pide, consciente y hasta subconscientemente, un cambio.

Una vez que los amigos de ambos protagonistas logran convencerlos que renuncien a presentarse en la segunda audición, se dan cuenta del vacío, y daño, que dejan con sus acciones. Es Troy quien termina por entender que su decisión de claudicar lo defrauda a él, no a sus amigos, porque querer hacer lo que le gusta es lo que lo motiva y si hacerlo significa perder el apoyo o amistad de sus compañeros, los que actúan erróneamente son ellos. Tal vez si sus amigos no lo apoyan en perseguir el sueño que tiene enfrente, sus compañeros de equipo no son realmente sus amigos. Situación similar se presenta con Gabriella.

Sólo entonces, tras darse cuenta de esta lección, es que nuevamente el trabajo en conjunto, los amigos de Gabriella, del equipo de matemáticas, y los amigos de Troy, del de básquetbol, dos grupos sociales que usualmente ni se hablaban, se unen para sacar adelante la situación, es decir, que Troy y Gabriella puedan asistir a la audición que ha sido agendada para el mismo día que la final de campeonato y la final del decatlón de ciencias.

Los grupos sociales son conjuntos de personas que desempeñan un rol dentro de la escala social; con sus normas y particularidades la gente se identifica y se crea un sentido de pertenencia, pero no son excusa para separar, discriminar o segregar, no si existe respeto, tolerancia y armonía, además de una sociedad que se guía por estos valores sociales. Entonces, ¿no significa esto que no deben ser excluyentes, exclusivos o inquebrantables? Entendible si los ideales son opuestos, pero, qué pasa cuando sus lineamentos no se contradicen entre grupos. ¿Puede un atleta también amar la música, puede un buen cocinero también ser un buen escritor, puede alguien interesarse y gustar de géneros muy distintos de música? El ‘statu quo’ no es tan ‘cuadrado’ como parece, tal vez muchas veces lo limitado y acartonado es la forma como entendemos, proclamamos o repetimos este concepto. En última instancia el orden establecido es producto de la práctica social de las personas en lo individual, correspondiendo a cada quien su grano de responsabilidad en la construcción de dichas normas sociales.

Ficha técnica: High School Musical

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