Ayer y hoy

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Ayer y hoy

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 18 de julio de 2019
Cine, Ayer y hoy, Now and then
Ayer y hoy

La amistad es una relación de afecto entre dos personas; implica compartir con el otro una afinidad y empatía que se va fortaleciendo. Eso significa que no es selectiva, es decir, no se es amigo de alguien sólo en momentos selectivos y en el resto del tiempo ya no, porque para que exista amistad el apoyo que se da y se recibe por igual ocurre siempre (o siempre que la relación de amistad esté vigente, o presente, no importa cuánto tiempo transcurra entre estos momentos). Así pues, el apoyo se da cuando se celebran triunfos o cuando ocurren tropiezos, cuando hay motivo para festejar un acierto, pero también cuando hay que afrontar los errores.

Para ejemplificarlo están las cuatro protagonistas de Ayer y hoy (EUA, 1995), jóvenes viviendo una etapa de cambio propia de la adolescencia y que durante el verano de 1970 aprenden a través de la amistad que esa es parte de la fuerza que les ayuda a crecer como personas. Dirigida por Lesli Linka Glatter y escrita por I. Marlene King, la cinta está protagonizada por Gaby Hoffmann, Christina Ricci, Thora Birch y Ashleigh Aston Moore en los papeles principales, con Demi Moore, Rosie O'Donnell, Melanie Griffith, y Rita Wilson en las versiones adultas, en ese mismo orden, de esos cuatro personajes.

Samantha Roberta, Tina y Chrissy son cuatro jóvenes de 12 años que no tienen más en mente que pasar el verano divirtiéndose y juntando dinero para comprar una casa del árbol, en busca de un espacio propio, independiente, aislado y seguro donde convivir. Pero un día cuando intentan, a su manera y entendimiento, contactar con el espíritu de un niño muerto, de verdad creen que han logrado comunicarse con él, lo que las lleva a una búsqueda por descubrir su identidad y circunstancias de muerte, varias décadas atrás, para ´ayudarle’ a regresar ‘al más allá’. Sin embargo, su aventura crece mucho más de lo por ellas imaginado, llenándose de algunos encuentros inesperados, descubrimientos personales y la obligación de afrontar responsabilidades y circunstancias que se traducen en un proceso de maduración.

La investigación de la muerte, por ejemplo, que las lleva a una hemeroteca, conduce a Roberta a enterarse que su madre murió en un accidente automovilístico y que no pasó exactamente sus últimas horas de vida en forma pacífica, como le había dicho su padre. Ahora, entrando a la adolescencia, la revelación duele más a Roberta, por la injusticia de ciertas circunstancias de vida que simplemente suceden, pero también, porque ello le hace recordar la pérdida, pues no tiene una figura femenina adulta que funja como confidente y responda sus dudas o atienda sus inquietudes propias de una joven mujer en plena pubertad. Tina, por su parte, esconde pero resiente el abandono de sus padres y la soledad que implica ser hija única en una familia preocupada por todo, menos por su desarrollo. Samantha, a su vez, duda en confesar que sus padres se están divorciando, algo muy mal visto en aquella época y sociedad conservadora de la década de 1970 y, desde luego, enfrenta los temores e inseguridad que le provoca la amenaza del nuevo estatus familiar, con los efectos posibles que tendrá en su vida personal; mientras Chrissy vive en un burbuja de ingenuidad infantil o inocencia social, producto de la sobreprotección de su madre, que, de alguna forma, le hace preguntarse si lo que sucede es bueno o malo, sin, de momento, encontrar posibles respuestas.

Cada una de ellas es diferente y busca apoyo de manera distinta, pero todas tienen un común denominador que las une, siendo éste el saber que, si esa fuerza que necesitan para seguir adelante no la encuentran en casa, o en la escuela, al menos sí lo construyen entre ellas. ¿Superarían sus miedos e inquietudes si no tuvieran esa amistad de su lado? Tal vez sí o tal vez no, pero lo más probable es que fuese de manera diferente, y es que en cada etapa de vida las personas con quienes se convive, algunas más, algunas menos, dejan siempre {en mayor o menor medida}, su influencia (directa o indirecta) en la forma como cada individuo cambia, se adapta y evoluciona.

No son sus días de convivencia juntas lo que más importa, sino lo que viven por separado y luego cómo lo analizan y reflexionan gracias a la persona abierta que está ahí para, al menos, escuchar ‘en silencio’. Es importante, por ejemplo, que Samantha, al darse cuenta que su padre no regresará, tenga el valor de contar su historia, primero a Tina y más adelante a las demás. Y no es si lo hace o no, sino por qué lo hace. No es algo que se guarda para ella misma porque no es un secreto, pero no es algo que quiera externar en cuanto sucede, porque hacerlo significa afrontarlo y para ello necesita estar preparada, más emocionalmente que cualquier otra cosa. Confesarlo a Tina es el primer paso, compartirlo con las demás es su forma de reafirmarse a sí misma que es momento de avanzar, de ir hacia adelante superando esa difícil etapa.

La dinámica entre ellas funciona precisamente porque tienen diferentes personalidades, su visión del mundo no es la misma y sus consejos no son idénticos, porque no viven ni saben las mismas cosas. Y pareciera que creen que para ser más unidas deben ser lo más parecidas posible, hasta que se dan cuenta que no lo son y, con el tiempo, descubren que es por ello precisamente que su amistad funciona.

Buscan respuestas porque están en busca de su identidad, como adolescentes que son en un viaje personal de autodescubrimiento; buscan quién las guíe, alguien que pueda ser como su modelo a seguir (tomando en cuenta que no hay muchas personas a su alrededor que pudieran tener todas las respuestas, porque, desde luego, no las tienen). Y después entender que sus similares, amigas cercanas pero también otros chicos de su edad, pueden estar tan confundidas como ellas, lo cual les abre la puerta para decidir que esa persona que desearían ser, finalmente son ellas mismas.

Es en el proceso de crecimiento que descubren el camino hacia la independencia y la libertad, ya sea de sus padres, de las reglas sociales o comúnmente aceptadas, del mundo adulto al que están a punto de entrar y, eventualmente, hasta de sus amigas mismas. “Todas nos esforzamos para seguir encajando. Queríamos vernos igual, hacer las mismas cosas... Prácticamente ser las mismas personas. Y sin darnos cuenta eso cambió. La casa del árbol se suponía que debía darnos más independencia. Pero lo que ese verano en realidad trajo fue independencia entre nosotras”, reflexiona el personaje de Samantha adulta hacia el final de la historia, al analizar que su amistad era más que nada apoyo y respeto, porque no era compartirlo todo y preguntarlo todo, era también guardar un espacio propio para uno mismo y saber que la otra persona lo sabía, lo honraba y se abría igual cuando lo necesitaba, pero no lo hacía cuando también era eso lo que necesitaba.

El análisis no llega al momento en que se vive, porque para ponerlo en perspectiva se necesita tiempo; el cuánto tiempo lo determina cada quién y es que también cada persona crece a su propio paso. Las chicas ven a Chrissy como alguien poco preparada para las durezas de la vida, siendo tan salvaguardada por su madre, pero es ella quien reacciona con astucia, tino, conocimiento y decisión para salvar a Roberta cuando creen que se ha ahogado (si bien finalmente era una broma de la otra chica). Es decir, cada quien afronta su realidad según las experiencias que ha vivido, y la preparación que tiene, su madurez, sobretodo emocional. ¿Chrissy aprende de sus amigas? Claro, y las otras también aprenden de ella. Ahí está el enriquecimiento de su amistad, porque una puede ser más madura respecto a algo específico que la otra no, y entonces no se trata de competir o sentirse mejor, o peor, sino saber aprehender lo mejor que se pueda del acontecimiento y del otro; cuando se equivoca, sí, y cuando no lo hace, también.

La amistad no es ‘para siempre’ {ninguna relación lo es}, pero deja su impacto, o importa con más o menos grado de relevancia sus efectos en cada quien. Ese afecto y convivencia entre personas no se mide y tampoco se encasilla, porque al final, es importante en el momento en que debe ser importante. “No se puede huir de las decepciones para intentar olvidarlas. Pero es sólo cuando se abraza el pasado que de verdad se avanza”, dice Samantha al final de la película.

Ficha técnica: Ayer y hoy - Now and then

Cine, Ayer y hoy, Now and then, 813 lecturas.

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