La sociedad de los poetas muertos

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

La sociedad de los poetas muertos

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 27 de junio de 2019
Cine, La sociedad de los poetas muerto, Dead Poets Society
La sociedad de los poetas muertos

Crecer y madurar no puede suceder sin adaptación, porque hacerlo significa razonar, entender y asimilar los cambios propios que vienen con las nuevas experiencias, la enseñanza y el reajuste de una vida, pensamiento, percepción, anhelos y contradicciones. Entonces la pregunta no es si esta adaptación sucede o no, o no del todo, sino cómo lo hace. ¿Cuáles son las herramientas que permiten y que necesita una persona para crecer? Madurar es desarrollo y desarrollo es reflexión; en corto, progreso, pero ¿cómo es que puede ayudársele a alguien para que se encuentre con el mejor camino posible hacia esta adaptación? La película La sociedad de los poetas muertos (EUA, 1989) da una mirada a estos temas.

Escrita por Tom Schulman, dirigida por Peter Weir y protagonizada por Robin Williams, Robert Sean Leonard, Ethan Hawke, Josh Charles, Gale Hansen y Kurtwood Smith, entre otros, la cinta ganó un premio Oscar a mejor guión original, y estuvo nominada a tres más, mejor película, director y actor para Williams. Trata de un grupo de estudiantes en una prestigiosa y estricta institución educativa en Estados Unidos, conocida por sus altos estándares académicos, disciplina y exigencia de respeto absoluto a las tradiciones, quienes, al iniciar el año escolar en 1959, reciben a un nuevo profesor de lengua, John Keating, un hombre que utiliza métodos poco ortodoxos de enseñanza con el fin de despertar en sus alumnos el interés por pensar libremente y más allá de aquello que se les es impuesto.

Keating incentiva a sus alumnos a cuestionar y buscar respuestas, específicamente en su área de estudio, la literatura y la poesía, para que puedan extrapolar sus experiencias escolares hacia la vida misma. La idea básica que propone es la acción, mantenerse en movimiento para buscar lo que se quiere en la vida, en lugar de sólo vivirla por inercia. “Las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo”, dice él.

Sus propuestas, sustentadas en la frase clave que les inculca, Carpe Diem (Aprovecha el día), eventualmente tienen eco en cada uno de los chicos, pues a través de ellas los alumnos van dándose cuenta que la posibilidad del cambio y la respuesta a esa necesidad de crecimiento y adaptación, de vivir nuevas experiencias y perseguir sueños, recae sobre sí mismos y no en los demás, sus padres o maestros específicamente.

El concepto sienta como una bocanada de aire fresco, especialmente para un grupo de muchachos acostumbrados a seguir ciegamente una serie de reglas tradicionalistas y conservadoras que, en busca de la excelencia, sólo programan a sus alumnos para acatar reglas y seguir la fórmula arquetípica del tipo de hombre al que se le considera, o la sociedad consumista estadounidense considera, exitoso y productivo. “En mi clase aprenderán a pensar por ustedes mismos”, profesa Keating, rompiendo así con los ideales conservadores que la institución tiende a repetir una y otra vez con cada nueva generación. “Siempre tuve la idea de que la educación era para aprender a pensar por uno mismo”, dice él en otro momento de la historia.

Para los estudiantes, la posibilidad de ser quienes quieren ser es nueva y atractiva, y explorarla es más que romper las reglas, en todo caso, es adaptar, cambiar y reajustar esas reglas. Para Neil Perry, específicamente, uno de los alumnos, lo que va aprendiendo le permite conocerse a sí mismo, pero también lo motiva a darse valor para perseguir sus sueños, no los de su familia. ¿Podrá alcanzarlos? ¿Sabrá cómo hacerlo? ¿Qué tanto impacta el peso de la rutina de hacer lo que se le dice, frente a su innato interés por conocer y buscar otras oportunidades?

Las preguntas no distan mucho para él con respecto al resto de sus compañeros, pero en su caso se intensifican debido a la presión social, tanto como a la familiar, debido a que demandan de él una vida específica, ya trazada y elegida para él por su entorno familiar. Su padre es estricto en demasía, a un punto que cae en el control autoritario, manteniendo a Neil bajo una sombra de yugo, miedo y represión. Su padre ha decidido que se convierta en médico, pero él quiere probar cosas nuevas y convertirse en actor. Busca libertad pero no sabe cómo ni dónde encontrarla; busca aprobación porque no está seguro de su valía, porque lo único que ha conocido es que frenen y juzguen su recorrido hacia la independencia y su propia identidad, que sería lo que alguien de su edad debería estar haciendo como parte de su formación y desarrollo.

Todd Anderson, compañero de habitación de Neil, es retraído y tímido, temeroso del prejuicio y adepto a rehuir de dar el primer paso hacia la superación; y es que no sólo no sabe cómo, tampoco tiene la suficiente confianza en sí mismo para hacerlo, Completando el grupo principal de amigos están Knox Overstreet, un joven enamorado de la hija de unos conocidos de sus padres, y quien eventualmente encuentra valor para declarársele, así comoCharles Dalton, un chico decidido, audaz, quien gusta de llevar la contraria y romper las reglas como forma de rebelarse al orden establecido, del que no está muy convencido.

Ellos junto con otros amigos inician un club inspirados en ‘La sociedad de los poetas muertos’, grupo del que era parte, en su tiempo, Keating, cuando era estudiante en la escuela. La idea base sobre leer, escribir y compartir poesía es sólo el arranque, pues implica en ello expresión y comunicación, compartir y comentar ocurrencias y dudas, dar y recibir apoyo hacia esas mismas inquietantes. Es, en corto, un espacio abierto a la convivencia y el divertimento, al entretenimiento, al esparcimiento y al ocio. La clave, no obstante, es la poesía, como palabra escrita a través de la cual manifestar e interpretar, enunciar de una forma creativa y artística aquello que se quiere decir. “No leemos y escribimos poesía porque es tierna. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión”, dice Keating en clase.

Es importante y significativo entonces que los miembros del club no sólo lean poesía de autores pasados, sino que ellos mismos hagan sus propias creaciones. No importa tanto la técnica fidedigna en la creación de este arte, sino el interés por convertirla en un modo de expresión, que a su vez cree un interés por ver el mundo desde otros puntos de vista, que es la lección más grande e importante que pueden reunir de la experiencia misma de conformarse como grupo, pues en el acto se unen en esa afinidad que va más allá de verse como estudiantes comunes, en una escuela en la que hay tantos más como ellos. El club los hace especiales y en él encuentran un apoyo de amistad que, si bien ya existía, al conformarse oficialmente como grupo se solidifica.

A partir de esta relación de apoyo es que Knox, por ejemplo, se atreve a invitar a salir a la joven que le gusta. Es también saber que puede encontrarse a sí mismo en su ambiente de desarrollo que Todd comienza a demostrar su interés por afrontar aquello a lo que teme; y como Neil, en una posición similar, decide que perseguir sus sueños puede ser algo positivo para él, y hasta bien recibido por aquellos que lo aceptan como es, no como otros quieren que sea.

Aprenden a no conformarse, todo gracias a una serie de enseñanzas de un profesor que los alienta hacia una libertad propia de pensamiento, acción y vida. Ello les ayudará a descifrar qué es lo que quieren, pero el buscarlo y pelear contra las barreras, así como afrontar las consecuencias, es una decisión propia que igualmente deben asumir solos. “Justo cuando crees que sabes algo, debes verlo de manera distinta. Incluso cuando parezca tonto o equivocado. Debes intentarlo”, les dice Keating.

Sus planteamientos, sin embargo, terminan por no ser asimilados favorablemente por parte, tanto de padres de familia, como de las autoridades de la escuela. Keating recalca una importante lección: que vivir el momento significa también medir consecuencias y tomar precauciones, pensar y actuar con lógica en la búsqueda por alcanzar metas, no sólo arriesgarse y abalanzarse hacia ellas. Que los alumnos entiendan del todo el significado de la lección es un proceso que toma tiempo y dedicación, y tal vez no logra completarse del todo.

Dalton, por ejemplo, desafía abiertamente las reglas y tradiciones de la escuela con un escrito en el periódico en el que se refiere a su club de amigos. Amenazan con expulsarlo pero él se jacta de defender su postura y derecho a hacer lo que le plazca. No es hasta que, hablando con Keating, entiende la diferencia entre actuar con astucia y desafiar las reglas, a ser sólo alguien que siempre lleva la contraria. O lo que es lo mismo, lo que les quiere decir su maestro es que hay un tiempo para todo y hay que saber reconocerlo y actuar en consecuencia, con inteligencia, no con impulsividad. “Hay un tiempo para el atrevimiento y hay un tiempo para la cautela. Y un hombre sabio sabe lo que se requiere […] Que seas expulsado de la escuela no es atrevimiento para mí. Es estúpido”, le explica el profesor a Dalton.

Preparar a los estudiantes para el futuro es darles esas herramientas para dar forma al camino que se forjan, pero es también permitir que los jóvenes aprendan cuáles son esas herramientas, cómo usarlas y hasta cómo construirlas; es hacerlos ver sus fortalezas y debilidades, sus capacidades en contraposición con sus deseos: ¿pueden, objetivamente, alcanzar aquello que se proponen? Si la respuesta es sí, o si la respuesta es no, cambia la forma de entender y afrontar el futuro y las decisiones mismas. ¿Están estos jóvenes preparados para ello? No todos, especialmente cuando la fuerza disciplinaria, de obediencia absoluta, que pesa sobre ellos, es tan fuerte y marcada.

Crecer y madurar implica pues también aprender, es decir, vivir. Lo explica mejor el poema que Keating marca para que sus alumnos lean en cada inicio de sesión del club, un poema del escritor Henry David Thoreau (1817 – 1862): "Fui al bosque porque quería vivir deliberadamente. Quería vivir profundamente y succionar la esencia de la vida. A demoler todo lo que no era vida. Y no, cuando recobre la vida, descubrir que no había vivido".

Ficha técnica: La sociedad de los poetas muertos - Dead Poets Society

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