La sonrisa de Mona Lisa

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

La sonrisa de Mona Lisa

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 06 de junio de 2019
Cine, La sonrisa de Mona Lisa, Mona Lisa Smile
La sonrisa de Mona Lisa

Una persona subversiva es alguien que altera el orden establecido. ¿Es malo cambiar las reglas cuando el fin último traerá un mayor beneficio a la comunidad? No forzosamente, pues no habría independencia, libertad e incluso evolución si no hubiera alguien desafiando reglas que ya han expirado o no se han adaptado, exigiendo con ello un cambio que proponga algo mejor. De hecho, los subversivos, los irreverentes, los inconformes, los rebeldes, son quienes han dado en muchas ocasiones el impulso para las grandes transformaciones sociales.

En la película La sonrisa de Mona Lisa (EUA, 2003), la historia retrata la vida de un grupo de personas proponiendo ese cambio y desdibuja la forma como el contexto social se opone a sus ideales, dadas una serie de reglas inflexibles y conservadoras arraigadas en un pensamiento que no sabe otra cosa que no sea seguirlas. Dirigida por Mike Newell y escrita por Lawrence Konner y Mark Rosenthal, la película cuenta con las actuaciones de Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal, Marcia Gay Harden, Ginnifer Goodwin y Dominic West, entre otros. Al centro del relato se encuentra el personaje de Katherine Ann Watson, una mujer que llega a trabajar en el departamento de arte de la Universidad de Wellesley, institución conservadora que no sólo enseña a las alumnas sobre conocimiento académico, sino que también las ‘prepara’ para que se conviertan en futuras ‘esposas’, su ‘natural’ destino social, conforme al modelo de sociedad que desean tener.

Esa creencia tradicionalista que exige a las estudiantes acatar y no cuestionar nada choca con las intenciones de Katherine, que ve en su papel de profesora la oportunidad de ofrecer con estudio, conocimiento y desarrollo un camino de crecimiento personal para las estudiantes. Su postura colisionará con la recatada directiva, que le exige hacer lo que se le dice al pie de la letra y nunca desafiarlo, cambiarlo o confrontarlo, lo que no está en la naturaleza en Katherine, porque no le permite crecer a ella misma, ni le permite ayudar a otros que necesitan lo mismo. En esencia es el viejo problema de la educación: ¿para qué educar? Es evidente que las autoridades escolares, así como los padres de familia apuestan por una educación que reproduzca la división social de organización basada en roles estereotipados en donde la mujer está destinada a ser madre abnegada y esposa dócil, mientras que el hombre cumple con las responsabilidades de ser el proveedor de la familia, en tanto, Katherine se presenta como una incipiente feminista que rechaza dicho rol femenino encasillado y también cuestiona abiertamente las posturas machistas.

Ir en contra de lo establecido no sólo es mal visto en ese contexto socio-cultural (la historia se desarrolla en Estados Unidos en 1953), sino que es recriminado; pero, tanto Katherine como otras como ella parecen ver en su libertad personal para elegir un futuro mejor, una forma para pugnar en su presente para que ese anhelo se vuelva una realidad. Desde luego la película no aborda el contexto socioeconómico existente en ese país en la postguerra, lo que aportaría otros elementos de juicio para entender la apertura que permite la llegada a la escuela de una docente como Katherine.

“¿Quién golpea las puertas del Aprendizaje? Soy todas las mujeres. ¿Qué buscas? Despertar mi espíritu a través del trabajo duro y dedicar mi vida al saber. Entonces eres bienvenida. Todas las mujeres que quieran seguirte pueden entrar aquí.” Ese es el intercambio de diálogo durante la ceremonia de inicio de curso que sucede entre la representante de las alumnas y la directora de la institución. Resulta interesante por, de alguna forma, ser contradictorio con la posición y filosofía que les enseñan a las jóvenes, porque aunque lo que se dice profesa a favor del saber y la inteligencia, la superación y el conocimiento, parece que sólo enmascara el enfoque inflexible y dirigido hacia la sumisión que permea de fondo: cultivar mentes sí, pero esperar que esas mentes encuentren sólo un fin último, el matrimonio.

Para Katherine la idea es retrógrada, porque a su parecer, como el de otras personas que en aquella época lucharon por equidad y oportunidades para las mujeres, el crecimiento personal de las estudiantes es más que el convertirse en una acompañante que se realice en la vida a partir de los logros de su pareja. La institución educativa debería ser esa ventana que les abra posibilidades hacia el cambio, en lugar de limitarlo, o condicionarlo, porque si las jóvenes están ahí para aprender, también deben esperar (visionar, enseñarles a) hacer algo con ese saber, un algo que ellas elijan gracias y a partir de ese conocimiento adquirido.

La pregunta es si la decisión es una opción que se les da a las jóvenes, siendo de alguna forma condicionadas a esperar, y aspirar, sólo a una vida como esposas. Betty es, por ejemplo, hija dentro de una familia intransigente que espera de ella esa aparente perfección de vida, y su objetivo es complacer al otro, su novio y luego esposo, a pesar de, o al margen de su propia opinión, conocimiento, deseos, anhelos y capacidades. Ella elige lo único que sabe, porque es lo que conoce y le han presentado sus padres, familiares, amigos y hasta profesores, según es aceptado por la mayoría de la comunidad que le rodea. No es sino hasta que la convivencia con Katherine, y el propio fracaso de su matrimonio, debido a una infidelidad y falta de interés hacia ella por parte de su esposo, que entiende que hay más caminos frente a ella para recorrer, si sólo decidiera tomar su libertad en sus manos y exigir el derecho innato que tiene para hacerlo.

Otro ejemplo de vida se encuentra en Joan, una estudiante brillante que se atreve a considerar, momentáneamente, continuar sus estudios en leyes luego de graduarse de Wellesley, pero, a pesar de sus capacidades, la idea no había sido tomada en serio previo a que Katherine la motive a pensar más allá de las barreras de la ideología y costumbres tradicionalistas de su contexto. Joan, sin embargo, también persigue el futuro que su realidad le exige: casarse y ‘convertirse en esposa’. “Aquí dice que estás en la preparatoria de leyes. ¿A qué escuela de leyes vas a ir?”, pregunta Katherine. “Aún no lo he pensado. Luego de graduarme, me casaré”, contesta Joan. “¿Y luego?”, insiste la profesora. “Y luego estaré casada”, agrega la joven. “Puedes hacer ambas cosas”, finaliza Katherine, enfatizando con ello que no se trata de cambiar una cosa por otra, de rebelarse a las reglas establecidas o negarlas por el simple hecho de hacerlo, ni es renegar del matrimonio y la idea de la familia, sino elegir ese estilo de vida pero también elegir más que ese estilo de vida; escoger, en su caso, ser una madre, una esposa o una hija y amiga, pero también una profesionista, una emprendedora, un agente del cambio y una persona que demuestre que ese cambio es posible.

Joan finalmente prefiere no ir a la escuela de leyes y casarse en su lugar, para tomar ese papel tradicional en la dinámica de pareja. Lo que escoge no es ‘correcto’ o ‘incorrecto’, porque hace lo que desea, si bien con su nivel de presión social de antemano. Pero, ¿es malo ser una esposa, madre de familia y mentora de sus hijos? No, y en todo caso el problema tampoco es sacrificar un contexto por otro, mientras esté convencida y segura de que esa es la visión que quiere para sí. El problema sería en todo caso ceder, a pesar de querer algo diferente, o darle las espalda a las oportunidades, para que lo que otros dictan (su esposo, su familia, sus profesores o las reglas sociales establecidas), sea lo que se haga y sin cuestionamientos.

“No vino a Wellesley a encajar. Vino a Wellesley para dejar una huella en las estudiantes”, describe Betty sobre Katherine en su narración hacia el final de la película, cuando ya ha entendido la importancia de personas como esta profesora que desafía la mente en lugar de dejarla reposar y conformarse. “No hay respuesta incorrecta. Tampoco hay un libro diciéndoles qué pensar”, les dice Katherine una vez que les pide a las estudiantes, durante una clase, hacerse de su propia opinión sobre una pieza de arte moderno que no viene incluida en el programa académico, y que funge como vehículo para que las jóvenes reflexionen por sí mismas aquello que piensan sobre la obra que tienen enfrente, lo que significa, lo que les hace sentir, lo que analizan por cuenta propia, lo que interpretan, no porque así lo diga un texto o alguien ajeno a ellas.

La intención de la profesora es incentivar esas mentes jóvenes para que conozcan y exploren, para que reflexionen y analicen, para que critiquen y decidan por sí solas, formándose sus propias opiniones sobre la vida, no las opiniones que otros quieren imponerles. La actitud de Katherine puede ser entendida como progresista (y es así como le llaman los conservadores directivos), porque lucha por un derecho de libertad que de alguna forma se le ha limitado a las mujeres. Su lucha es más importante porque esta rebeldía exige un cambio de pensamiento que se adapte a la cultura y al contexto social que también están en constante evolución. Cambiar al mundo modificando la forma tradicionalista y cerrada como a veces se piensa y hacerlo simplemente nutriendo la mente, con conocimiento que invite a pensar por uno mismo, es la única forma como verdaderas transformaciones se pueden hacer realidad.

Ficha técnica: La sonrisa de Mona Lisa - Mona Lisa Smile

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