Sola contra el poder

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Sola contra el poder

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 18 de abril de 2019
Cine, Sola contra el poder, Miss Sloane
Sola contra el poder

Estrategia significa planificación, coordinación, disciplina y audacia; es tomar acción y decisiones encaminadas a un objetivo específico; es la voluntad puesta en movimiento para la consecución de un fin, porque el fin último es trazar el camino que facilite llegar a esa meta determinada. Cabildear es la habilidad o conjunto de saberes y destrezas para gestionar algo específico que se quiere conseguir de, o para, una corporación. Para lograrlo se necesita planeación y estrategia metódica; tener conocimiento, pero también experiencia, en cuanto a lo relacionado con los procesos que entran en juego en esta dinámica de convencimiento y negociación.

“Cabildear es tener visión. Es anticiparse a tu oponente y diseñar contraataques. El ganador va un paso adelante de la oposición y se juega su carta ganadora justo después de que ellos jueguen la suya. Es asegurarte de sorprenderlos y de que ellos no te sorprendan a ti”, dice el personaje de Elizabeth Sloane, la protagonista de la película Sola contra el poder (Francia-EUA, 2016). Escrita por Jonathan Perera y dirigida por John Madden, la cinta está protagonizada por Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, Alison Pill, Jake Lacy, John Lithgow y Sam Waterston. La historia se centra en las estrategias de acción de Elizabeth Sloane, una consultora que trabaja en un ‘lobby’, firmas que representan a colectivos específicos para promover decisiones a favor de sus clientes en el sector público o privado.

Cuando le piden ayudar a un grupo de personas trabajando en una campaña a favor del derecho a portar armas y en contra de la propuesta de aprobar que se pongan medidas más estrictas para dar permisos de compra (una ley que haga obligatorio realizar investigación de antecedentes del comprador antes de la venta), esta ‘lobbista’ (o cabildera), decide renunciar a su trabajo para incorporarse al grupo contrario, es decir, aquel que pugna por mayores restricciones para la venta y portación legal de armas.

A pesar de que ella, su equipo y el lobby trabajando en esta campaña para la prevención en el uso de armas parecen tenerlo todo en su contra, pues necesitan convencer a varios Senadores de votar a su favor, la clave se encuentra en planear cada paso con precisión, esto es, seguir una ruta precisa que los lleve a su objetivo, haciendo no sólo lo necesario para reforzar los puntos importantes de su propia propuesta, sino también previniendo aquello que la competencia podría hacer para obstaculizar este plan.

“A un lobbista con convicciones no le basta creer que puede ganar”, dice ella en un punto de la historia, dando a entender que se trata de ganar siempre, a cualquier precio. Su trabajo, en efecto, no sólo es hacer el mejor esfuerzo, sino dar resultados, y la pregunta entonces es qué tanto se arriesgará por obtenerlos, con todo lo que implica, el engaño, el convencimiento, la competencia desleal y hasta el cruzar la línea ética en esta competencia, porque eso es lo que harán los otros. No es entonces creer que se puede ganar, es ganar a toda costa, pero ¿lo vale?

¿Vale el sacrificio, cualquier tipo de sacrificio? Tal vez depende de la causa y, en este caso, para Sloane, la respuesta es afirmativa. Ella misma dice que inicialmente la campaña pudo asumirla como un reto personal y profesional, pero no se decidió a pelear exclusivamente porque el triunfo o la caída le afectara directamente, sino porque el ideal detrás del proyecto tiene un sustento lógico que ella comparte: seguridad para la sociedad, traducido en evitar que cualquier persona pueda comprar con tanta facilidad un arma en Estados Unidos sin la más mínima restricción de ley para hacerlo.

Se trata pues de proceder con raciocinio y no alrededor del aspecto sentimental que lo envuelve. Una cosa es actuar porque se cree en la propuesta, como muchos en el equipo de Sloane lo hacen, y otra es hacerlo porque significa un sueldo mayor a su favor, o la satisfacción de alimentar su ego con la victoria, que es lo que motiva a la firma del lobby contrario. Es entonces cuando se hace más importante el trabajo del cabildero, porque convencer al otro no tiene nada que ver con el beneficio que pueda sacar la sociedad de una u otra propuesta que rodea esta iniciativa de ley, sino de cómo el voto, a favor o en contra, según sea el caso, beneficia o perjudica a los que involucra directa e indirectamente, incluidos cada uno de los Senadores votantes.

Ese es el proceso de convencimiento que se debe trazar con razonamiento y pericia, convencer no respecto al contenido de la iniciativa, o el por qué no aprobarla, sino empujar a través del interés personal, explicando la manera como el voto involucra o repercute intrínsecamente a cada Senador. La estrategia para hacerlo, claro está, se hace recurriendo a todo truco a la mano, por ejemplo, forzar al votante para hablar públicamente del tema y así registrar dentro del ojo mediático su posición en la balanza, o resaltando en la estrategia de convencimiento la forma como su propia imagen política puede beneficiarse, o verse perjudicada, si se vota de una u otra forma.

A pesar de la importancia del tópico que incumbe a la campaña, los que no quieren que se apruebe la ley defienden su derecho a la Segunda Enmienda en la Constitución de los Estados Unidos, (que dice que todo ciudadano estadounidense tiene el derecho a poseer y portar armas, con todos los intereses económicos, políticos y sociales que vienen detrás); mientras que los otros consideran que las medidas que otorgan este derecho deben estar mejor reguladas, de ahí exigir que se investigue al comprador antes de permitirle hacerse con una pistola, un rifle u otro armamento similar. Lo que se recalca no es, sin embargo, el sustento argumentativo de cada postura, sino la retórica alrededor de lo que se propone. Para unos, fríamente hablando, es recordarles a las personas (específicamente a una madre, que es el público cautivo al que más se les ha dificultado llegar a los defensores de la Segunda Enmienda) que un arma puede ayudarles a proteger a sus hijos; para los otros, la idea es que esa misma arma puede provocarles perder a sus hijos (con énfasis y eco en los tiroteos que se han registrado en escuelas y lugares públicos en aquel país).

“Trabajo por las causas en las que creo”, insiste la protagonista, cansada de que le pregunten si ha elegido apoyar la campaña en favor de las medidas de prevención respecto a la compra de armas porque ha sido víctima, o conoce a alguien que ha sido víctima, de algún crimen relacionado con violencia de ese tipo. Querer ganar tal vez es lo más importante, pero querer hacerlo por una causa correcta es más que un doble incentivo, es responder a esa consciencia social que lleva a las personas a pelear a pesar del sacrificio, o a aceptar el sacrificio con tal de ganar una pelea que se sostiene en ideales en los que creen.

Sloane convierte a una integrante de su equipo en portavoz de la causa en los medios de comunicación y luego devela un secreto sobre ella: que es la sobreviviente de un tiroteo escolar sucedido años atrás. ¿Fue deshonesta con su propio equipo? Sí, de alguna forma. ¿Podría esto darle resultados a su favor? Probablemente. Este enfoque, sin embargo, termina siendo contraproducente cuando esta mujer es salvada por un hombre portando un arma registrada, que la defiende cuando alguien intenta atacarla.

La historia y cómo se cuentan los hechos es también parte de la estrategia y de la narrativa, de la percepción social; y el equipo contrario lo sabe, volteando entonces el interés de los medios y de la opinión pública hacia el hombre defensor, convertido por ellos en héroe, que salva una vida gracias al arma que porta. En ambos casos, ¿realmente el fin último justifica los medios?

Una vez que Sloane se logra sacudir algunas tácticas deshonestas de su competencia, como plantar a un informante que reporte todos los movimientos de su campaña, y de trazar con habilidad todos los caminos posibles que sus competidores puedan idear para alcanzar lo que todos quieren, ganar, el otro lobby no tiene otra opción que llevar la lucha al terreno personal (no es lo que diga la campaña, sino la percepción que se tiene de la gente involucrada).

El ataque directo de desprestigio va dirigido hacia Sloane y la táctica es quitarle credibilidad para, haciéndolo, obligar a los involucrados, los Senadores y las mismas personas a favor de la propuesta, a cortar relaciones con ella o absorber las consecuencias al respecto. Así, se le pone en el ojo del huracán con una audiencia frente al Congreso relacionada con trabajos anteriores en los que, según evidencia, habría infringido la ley. Y se le investiga más por cuestiones técnicas que habrían facilitado resultados dentro de sus casos, que por, en verdad, estar detrás de algún tipo de acción delictiva; porque la audiencia es un pretexto que ayude a volcar el foco de atención hacia otra parte, y a descabezar a la oposición en la medida que se desprestigia a su mejor representante, la propia Sloane. Con ello se espera la distracción del público del tema realmente importante.

La difamación hacia su persona es un acto desesperado y poco ético, pues también cae en lo ilegal. Como bien lo dice Sloane en un punto de la historia, la clave de su éxito como cabildera es esperar a que el otro lance su última carta, para entonces presentar la propia, en este caso, adelantarse al engaño o hacer evidente el mismo. Para equilibrar la balanza, Sloane devela una grabación hecha en secreto en que el equipo de la campaña contraria, sus propios antiguos jefes, chantajearon al Senador de preside la audiencia con tal de llevarla a ella a juicio y encontrarla culpable.

Como Sloane misma lo dice en más de una ocasión, el problema principal detrás de todos estos dimes y diretes es la existencia de un sistema roto, en donde no siempre importa lo correcto, sino ganar, conseguir los objetivos para beneficio propio. Es así para el Senador que acepta favores a cambio de proceder con la audiencia; es así para el grupo de personas esperando frenar la ley que exige investigar antecedentes de los compradores de armas; es así para la propia empresa en la que Sloane trabajaba, que toma el caso en sus manos sin importar realmente el contenido de fondo; es así para el cabildero que se mueve escondido bajo tácticas de engaño; y especialmente es así dentro del mundo político y de negocios en el que esta gente se desenvuelve y en el que el pan de cada día es esta misma tergiversación de datos e información, acomodada a favor de unos, gracias a los huecos e inconsistencias dentro de las mismas leyes y procesos que rigen el sistema.

Gestionar es administrar, organizar y conducir una iniciativa o proyecto para que salga adelante como está planeado, a pesar de cualquier problema o dificultad con que se tope. Como tal, la definición no habla de correctos o incorrectos, de hacer o no lo que sea con tal de alcanzar ese objetivo; porque la estrategia no es la falla del sistema, sino lo pertinente conforme al contexto en el en que se encuentra.

La definición de cabildear es, en efecto, gestionar con habilidad y maña, es decir, con destreza y astucia, que de alguna manera significa una cierta habilidad para el engaño. En este caso la parte importante aquí no es realizar ese engaño como tal, o volverse presa de él, sino, como logra Sloane, adelantarse a la trampa o artimaña del otro, después de todo, una forma esencial y efectiva de la estrategia.

Ficha técnica: Sola contra el poder - Miss Sloane

Cine, Sola contra el poder, Miss Sloane, 967 lecturas.

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