Poderes ocultos

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Poderes ocultos

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 14 de marzo de 2019
Cine, Poderes ocultos, Red Lights
Poderes ocultos

Raciocinio es juzgar con conocimiento y razón; ordenar ideas para llegar a conclusiones con base en la razón, es decir, el entendimiento lógico de algo que ha sido analizado, evaluado y reflexionado. Razonar implica observación, argumentación y explicación, lo que involucra conocimiento. Porque cada persona razona su realidad de acuerdo a lo que sabe y cómo lo entiende, no existe en sí un razonamiento ‘correcto’ o ‘incorrecto’; un niño que se esconde tapándose los ojos asume en su lógica que esa es su forma de ‘desaparecer’, porque en ese momento así entiende el mundo. Su razonamiento de la situación es válido dado el nivel de conocimiento y experiencias que ha vivido.

El conocimiento es la base de la razón y se sustenta entonces también en la lógica. Percibir, saber y entender algo sólo puede nutrirse con el paso de los años, porque es, en corto, vivir y aprender, experimentar y recrear la mente. Saber implica organización de información, método para sistematizar los datos, fuentes y contenidos, así como capacidad de reproducir en la práctica lo aprendido ¿En qué punto de este espectro opera el mentalista, el ilusionista y el charlatán?, pregunta la cinta Poderes ocultos (España-Estados Unidos, 2012), escrita y dirigida por Rodrigo Cortés, y protagonizada por Cillian Murphy, Sigourney Weaver, Robert De Niro, Elizabeth Olsen, Joely Richardson y Toby Jones.

La historia narra los esfuerzos de la psicóloga Margaret Matheson y su asistente, el físico Tom Buckley, quienes investigan fenómenos paranormales para desmentir a personas que aseguran tener un poder psíquico específico, ya sean magos, ilusionistas, mentalistas o supuestos médiums, entre otros practicantes de lo sobrenatural. Su trabajo será puesto a prueba con el resurgimiento de Simon Silver, un hombre aparentemente ciego y quien se dice psíquico, el cual regresa a los escenarios después de varios años fuera del ojo público.

Para Margaret la clave es nunca dudar, ceñirse a las pruebas reales de lo que sucede o no sucede y cómo puede comprobarse el hecho con razonamiento, pero además evidencia fehaciente que dé explicación a los supuestos eventos paranormales, de los que está convencida son inexistentes, de acuerdo con estudios científicos que hasta ahora han comprobado la imposibilidad de, por ejemplo, que alguien sea vidente o vuele, o pueda leer la mente de las personas. Dudar en sí no es malo (de hecho siempre es positivo dudar), sino comenzar a creer en la magia por simple inercia impulsiva y visceral, basándose en sentimientos y emociones, no en razonamiento lógico.

Su objetivo no es negar la posibilidad de la existencia de estas habilidades paranormales, al contrario, porque es parte de su estudio dentro de la parapsicología entender estos fenómenos y comportamientos, se acerca al tema con seguridad de lo que sabe, pero también con interrogantes, cuestionamientos y deseo de indagación. Su labor, sin embargo, es atacada por la gente que ‘quiere creer’ y quienes la acusan de escéptica y negadora de la verdad. La gente promedio choca con ella porque se aferran a un pensamiento mágico que les proporciona seguridad y esperanza, pensamiento que culturalmente permea a su alrededor y que se alimenta de una industria del espectáculo que le saca provecho, en este caso representada a través de Simon Silver, un hombre que vende su ilusionismo como un producto de mercado y que prepara un show alrededor de él para maravillar la mente de aquellos que se aferran a estas ideas.

“¿Dice que todos los fenómenos paranormales son un fraude sin excepción?”, le pregunta a Margaret una de sus estudiantes. A lo que ella contesta: “De hecho no, no digo eso. La mayoría tiene una explicación natural o son el resultado de interpretación subjetiva”. Para ella el truco de engaño de personas como Silver es una limitante para la lógica humana, porque detrás siempre existirá una explicación coherente, posible y viable, que la gente deja de buscar porque prefiere la ilusión falsa que les haga mantener la esperanza mágica de la resolución de sus problemas, deseos, anhelos o motivaciones. El fenómeno paranormal no es un fenómeno paranormal en sí, sino un truco de manipulación y fraude, cubierto de magia y esperanza, posibilidad y parafernalia puesta en escena y explotado por alguien que saca provecho de esa debilidad (cultural, de pensamiento y de saber) de las personas, que además puede fácilmente desmentirse y comprobarse a través de la ciencia, si se busca con intención las respuestas.

No hay verdad, en efecto, en estos escenarios de lo paranormal, sin pruebas que lo demuestren, refuten, validen o desengañen. Tras la muerte repentina de Margaret, Simon decide someterse a estudios y exámenes, por parte de la comunidad científica pertinente, que logren desmentir o finalmente aceptar sus supuestas habilidades paranormales. Para él no se trata más que de una estrategia de ventas y de mercado, pero, para muchos otros, es una prueba que pone sus creencias, conocimiento, fe y habilidad de análisis científico en duda, que es la verdadera problemática para científicos como Margaret o Tom, el caer en ese abismo por mera debilidad, confrontación o ira sin sustento.

Margaret dice en un punto de la historia que personas como Silver pueden dividirse en dos grupos: lo que de verdad creen tener poderes especiales, autoconvencidos de su propia mentira, y aquellos que saben con tanta claridad su estrategia de manipulación, que piensan que nadie se dará cuenta de la ilusión y falsedad que profesan.

Según la explicación de la psicóloga y del físico, trucos de magia, ilusionismos y otros charlatanes de lo paranormal confían en que la gente razone lo que ve precisamente con lógica, para que, cuando no le encuentren sentido al engaño, se convenzan de que no lo es. No hace falta que el truco sea o no verdad, sólo hace falta lograr que la gente crea que lo es. No hace falta convencer a la audiencia de que el mago corta a su asistente en dos, se trata de convencerla de que, pese a todos sus intentos por explicar lógicamente la imposibilidad, no hay forma de refutar lo que miran sus ojos, que la persona en el escenario ha sido cortada por la mitad, pues, de acuerdo con el entendimiento de la audiencia, si la evidencia parece indicar que no hay explicación de que esto no sea posible, entonces debe ser posible.

Es como si el mago, psíquico o mentalista confiara en que la mente se autoengañará: ¿Cómo podría alguien volar? ¿Usando un cable? ¿Cómo podría alguien volar si no hay a la vista ningún cable? No podría, por lo tanto, debe ser real. Ese sería un razonamiento lógico que valida el engaño, porque la verdad del truco está precavidamente cubierta, recubierta y difuminada, confiando en que la falta de evidencia lógica no deje más opción al espectador que claudicar y aceptar el engaño. Luces rojas (título original de la película), explica Margaret, no son más que focos rojos que destacan esa falta de coherencia, ese fuera de lugar que no parece empatar con el resto del escenario, una persona que parece estar en el lugar equivocado entre la multitud o la necesidad absoluta de que las luces estén apagadas cuando se intenta supuestamente contactar a alguien muerto.

Lo fantástico no es el truco del mago, o su capa y su asistente, sino el proceso mental de razonamiento de la mente. Procesos complejos que buscan explicaciones, pero que en sí mismos son capaces de grandes cosas como la creatividad, la invención, la escritura o el habla. “¿No son mérito suficientes del cerebro sin tener también poderes especiales?”, pregunta Margaret, refiriéndose a la capacidad del hombre para lograr tantas cosas que damos por sentado, como pensar, sentir, razonar o incluso moverse. El hombre no tiene la capacidad de volar pero, ¿no es igual de fantástica su capacidad para, por ejemplo, realizar movimientos de ballet, crear pinturas, degustar sabores, descubrir el universo, explorar el océano, nadar bajo el agua, correr, soñar o imaginar?

La importancia en parte recae en que exista o no exista este fenómeno, el problema es que el común de la gente opta por creer en supuestos factores mágicos para desenvolverse en su cotidianidad o para superar factores adversos. Por cierto, la película fue criticada porque al final afirma que los fenómenos paranormales, por lo menos en su universo ficticio, sí existen: Tom teniendo habilidades de las que no se da cuenta sino hasta los últimos minutos del relato, chocando un tanto con su propuesta y cayendo así en las filas de quienes, desde la industria del espectáculo, alimentan la esperanza en poderes mágicos o sobrenaturales para lograr metas u objetivos personales; falsa ilusión que los condena al fracaso y/o al conformismo, a la frustración. Pero también porque falla en evitar que la gente se aproveche de la falta de comprobación científica de estos fenómenos para engañar a los demás. ¿En qué grado lo hace un mago, un profeta, una religión, un ilusionista, alguien que se dice vidente o el horóscopo semanal publicado en periódicos y revistas?

La lógica dice al hombre cómo entender su mundo y, dentro de estas explicaciones del conocimiento, busca la verdad. Su verdad no siempre coincidirá con la del otro y eso no tiene nada de malo, el problema es si se profesa sin fundamentos, si se descarta cuestionarla por miedo a la duda, propia o ajena. Si la razón es la base del conocimiento y el pensamiento, el fenómeno paranormal simplemente es uno que no puede ser explicado por la ciencia actual. Lo que se hace entonces es estudiarlo, no simplemente aceptarlo como verdad.

Ficha técnica: Poderes ocultos - Red Lights

Cine, Poderes ocultos, Red Lights, 869 lecturas.

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