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El precio de la codicia

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

El sistema económico capitalista se construye en una relación inversión-beneficio. Una comercialización de bienes y servicios, en los que se deposita el capital; labor que se realiza según una división del trabajo, que se mueve según la oferta y la demanda. Esta dinámica de propiedad privada y comercio puede sin embargo beneficiar a unos más que otros, según como se mueva el dinero invertido y en dónde es que se invierte.

Esto significa no sólo que el movimiento del capital en el mercado es volátil, sino también riesgoso. Y cuando la oferta no se corresponde con la demanda, el resultado es una crisis económica. Crisis de sobreproducción o crisis de subconsumo, al final dos caras del mismo proceso de acumulación de capital. Los efectos de cómo el escenario se maneja, y se enfrenta en decisiones, dentro de una empresa de compra-venta de cédulas hipotecarias es el trasfondo del escenario en la película El precio de la codicia, escrita y dirigida por J. C. Chandor, nominado por este trabajo al premio Oscar en la categoría de mejor guión original, y protagonizada por Zachary Quinto, Paul Bettany, Kevin Spacey, Jeremy Irons, Penn Badgley, Simon Baker, Demi Moore y Stanley Tucci.

La historia comienza cuando un empleado de la empresa, en ese momento despedido, deja a manos de otro un archivo que contiene un modelo económico que predice una crisis masiva en la economía. El programa de software que propone toma como base patrones históricos para así suponer, proyectar, el colapso próximo que se viene. La alerta llega hasta los oídos del jefe de la compañía, que entiende que sus inversiones están a punto de valer nada. Su decisión es venderlo todo, al precio que sea, sabiendo que quedarse con sus activos representa una pérdida mayor a largo plazo, porque la economía está a punto de estancarse.

Hay un punto importante clave sobre los patrones del modelo que plantea el empleado, que son datos históricos, es decir, la crisis no es algo que se da mágicamente ni que se descubre de una forma casi como adivinanza, sino que se basa en información que revela una realidad, cíclica, que inevitablemente poco a poco va dando señales de reaparecer. Así como todo lo que sube tiene que bajar, todo éxito en el mercado tiene también su eventual colapso. En este caso de la película, específicamente, habla de la crisis económica de 2008 en Estados Unidos, cuando los créditos en el sector inmobiliario ya no se pudieron sostener porque la mayoría de los deudores no tenían condiciones económicas favorables, es decir, los créditos inmobiliarios se volvieron incobrables.

El dueño no sólo sabe esto, sino que entiende que esa es la dinámica de la economía en la que vive, o que se vive en el sistema económico en que se mueve y el tipo de negocio al que ha apostado con su empresa. Algunos de sus empleados le recalcan que vender sus acciones no sólo no es ético, engañar al otro haciéndole pensar que es una oferta cuando en realidad es todo lo contrario (“Estás vendiendo algo que sabes que no tiene valor”, dice una de estas personas), sino que hacerlo sienta un precedente de confianza, o en este caso la pérdida de la confianza en él, y por extensión en todos los que trabajan en ese mismo círculo. ¿Quién querría volver a hacer negocios con esta gente sabiendo que les estaban ofreciendo acciones en número rojos?

Lo importante para este empresario finalmente es la palabra negocios, envuelto en un halo de codicia por la ganancia. Se trata de sobrevivencia en el mercado. Porque, uno, no sólo lo vital no es quedar bien con los demás, sino que salvarse, su economía en ese momento preciso y ante la crisis económica que preocupa, es realmente la meta final, la única. Su decisión puede no ser ética, pero porque tampoco se mueve en un sistema económico que lo sea. “Vendemos a compradores dispuestos, al precio de mercado justo actual. Para que nosotros podamos sobrevivir”, se justifica el dueño, dejando claro lo que hace y por qué lo hace; una elección de palabras de alguna forma de auto justificación más que de otra cosa. Finalmente negociar, según su definición, no es estrictamente un acuerdo equitativo, sino uno en el que la transacción represente una ganancia, más-menos, para las partes.

La información que tienen a la mano, el modelo que predice una crisis económica, es poder, es la ventaja que tienen en el mercado por sobre los demás, la competencia, que probablemente no tardará para darse cuenta que el colapso en el capital que se maneja está a la vuelta de la esquina.

El plan que se traza con esa información es una táctica que mira las consecuencias a largo, mediano y corto plazo al mismo tiempo. Traicionar a quienes se les vende, para sobrevivir, le da la oportunidad a este empresario de comenzar de nuevo y forjar nuevos acuerdos, convenios y alianzas. Irse a pique junto con el colapso económico no le daría esa oportunidad. La economía en este modelo que se plantea no es otra cosa sino supervivencia, el qué hacer en favor de mis finanzas, no del sistema monetario general o la economía en la que yo y los demás se mueven.

El conflicto para varios de los empleados llega en diferentes formas y según su propio contexto de vida. El que sabe que ese engaño consiste en directamente afectar al otro (salvarse a costa de él), como el que sabe que la realidad es mucho más grande que las cuatro paredes en las que se encuentran; una recesión económica que significa además de inminentes despidos, un panorama económico general y laboral difícil que afectará a miles de ciudadanos en la misma posición e incluso en una peor. ¿Cómo dar la cara a sus agentes de ventas y pedirles que hagan su mejor trabajo sabiendo que para cuando el día concluya terminarán despidiéndolos?, se cuestiona uno de estos empleados. En realidad el problema de la sobrevivencia de la empresa que plantea el máximo ejecutivo se aplica también para cada uno de los empleados en particular, tanto a nivel directivo como en los niveles inferiores de los agentes de ventas. Si para la empresa el riesgo son las pérdidas financieras millonarias, a nivel individual el riesgo es quedar desempleado, tener que cambiar de estilo de vida, de residencia, de coches, incluso de amigos.

Así, igualmente, la realidad cambiará para cada quien de forma diferente, porque no se preocupa de la misma manera el que se sabe en una posición privilegiada, que sólo perderá parte de su capital, como el que sabe que está a punto de perderlo todo. No actúa tampoco igual la persona que será inculpada a propósito para hacer creer al público que su falta de habilidad para resolver el problema fue lo que causó el fracaso de la empresa, como la persona encargada de reajustar la propia compañía hacia una nueva realidad y modelo de negocios, y que tiene poder de elegir a quién despide, a quién se le puede chantajear y a quién se le necesita retener para continuar un trabajo de reconstrucción, según su presencia, habilidades y conocimiento puedan beneficiar a las personas en las posiciones más altas del poder.

La idea final es simple, ninguna de estas personas, no importa qué tan arriba o debajo de la pirámide se encuentren, controla el sistema, la economía o al mercado; todos sólo reaccionan, pero son sus acciones las que desatan como efecto dominó ese bucle que ‘mueve’ al sistema. El precio en el mercado no ‘sube’ o ‘baja’, simplemente alguien compra o vendes más, o menos, a mayor o menor precio, según los intereses en este y otros de sus activos, acciones, en la bolsa, que a su vez, al estar relacionados con otros más, también se afectan directamente. Un toma y daca aparentemente invisible que en realidad tiene detrás de la cortina a un puñado de personas con metas muy específicas en mente, dinero, poder y ganancia. En suma la clase capitalista financiera que marca las tendencias de la economía mundial.

Ficha técnica: El precio de la codicia - Margin Call

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