Los Imperdonables

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Los Imperdonables

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 09 de agosto de 2018
Cine
Los Imperdonables

Redención significa liberación, y puede tratarse de dolor, culpa o pena provocada por una acción que haya causado daño a otros. Para contrarrestarla se puede intentar enmendarla o corregirla y hay varios caminos para llegar a ello, uno de los cuales puede ser la venganza. Por lo menos así sucede en Los Imperdonables (EUA, 1992), película dirigida por Clint Eastwood y escrita por David Webb Peoples.

El proyecto estuvo nominado a nueve premios Oscar, de los que se llevó cuatro: mejor película, director, montaje y actor de reparto. Protagonizada por el mismo Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman, Richard Harris, Jaimz Woolvett y Frances Fishes, la historia trata de un grupo de prostitutas que ofrece un pago a cualquier cazarrecompensas que asesine a los hombres que desfiguraron a una de ellas; una propuesta de negocios que va en contra de la políticas del sheriff del pueblo, un hombre que está en contra de la delincuencia y el uso de armas en su comunidad.

La película destaca porque no propone personajes ‘buenos’ o ‘malos’ como tal, que sería encasillarlos en lo unidimensional, sino que deja ver que estas personas son producto de sus circunstancias, haciendo lo necesario para sobrevivir según el contexto en el que viven. Cada uno de los protagonistas busca su verdad y su justicia; pelean por sobrevivir en el ambiente hostil que caracteriza la época del viejo oeste en los hoy Estados Unidos; en el proceso sus acciones pueden favorecer a unos y afectar otros, porque los intereses entre grupos y personas varían según sus prospectos de vida, ambiciones, deseos y motivaciones.

William Munny, el protagonista, es un antiguo criminal tratando de sacar adelante a sus dos hijos. Sin medios para sobrevivir, decide aceptar el trabajo de asesinato que llega a sus oídos a través de un joven pistolero buscando su propia suerte. Munny ha dejado atrás sus días como bandolero y asesino, gracias al apoyo de su ahora fallecida esposa, pero, sin otro medio para subsistir y preocupado por el futuro de sus hijos, a quienes se esfuerza por educar y ofrecer una vida digna, acorde con los deseos de la madre ausente. Sintiéndose agobiado por la situación no encuentra otra opción para salir adelante y conseguir recursos, que matar por dinero.

Él es sólo un ejemplo de cómo la historia refleja un contexto histórico, la formación de un país, Estados Unidos, a la sombra de las prácticas ilegales empleadas en la organización social imperante y las circunstancias que conllevan. Munny acepta el trabajo por el dinero que puede recibir a cambio, no realmente por su deseo de matar, toda vez que por amor a su esposa había decidido abandonar su vida de pistolero, pero decide llegar hasta las últimas consecuencias una vez que el sheriff Bill Daggett asesina a su amigo, Ned Logan, a quien Munny mismo había invitado como compañero en la cacería humana, como forma de apoyo, si bien también para revivir esa aventura y amistad de juventud pasada que los formó como personas.

Munny busca venganza porque busca justicia, una que sabe no obtendrá de otra forma, o por la vía de un medio legal, precisamente porque vive en un mundo donde la violencia es respondida con violencia, donde las circunstancias no permiten pelear por lo correcto, exigir justicia y respeto, porque hacerlo significa ir en contra de la ley, que está construida sobre fundamentos aún borrosos que facilitan promover maniobras tanto de engaño como de agresión, pisotear al prójimo, un pensamiento más cercano a la ley del más fuerte que al apoyo fraterno a favor de una comunidad. Pero como el científico Charles Darwin dijera, no sobrevive el más fuerte o el más débil, sino el que mejor se adapta.

Daggett no es un sheriff a cargo de la seguridad y bienestar de la gente del pueblo, es más bien un hombre que evita los problemas hasta el momento en que se topa con el deseo de alimentar su soberbia. En corto, no hace ilegal la violencia en el pueblo porque crea en el bienestar comunal, sino porque esto lo convierte a él en la única persona con poder, como sheriff, pues es él quien tiene la facultad de someter y mandar según le plazca, y se reserva el derecho de ejercer el monopolio de la fuerza. Su actitud de superioridad es su forma de control, al abusar tanto de su cargo como de las propias directrices que impone.

Ante una situación así, las mujeres que se ven afectadas también tienen que encontrar su forma de resolver sus problemas con los medios que tienen a la mano, porque ni el sheriff ni cualquier otra autoridad harán algo por ayudarlas. Se trata, desde luego, de una sociedad en donde las mujeres son consideradas seres inferiores, sin derechos, como los que pueden reclamar los hombres, pero además, son mujeres que ejercen la prostitución para ganarse la vida, por tanto, personas sin derechos y despreciables, en esa época, prescindibles si es necesario expulsarlas del pueblo. Poner el anuncio de recompensa es su forma de lidiar con la situación, encontrar su propia venganza y pelear por la injusticia que cae sobre ellas, pero jugando el mismo juego de engaño y abuso que permea a su alrededor. El precio que ponen sobre la cabeza de los hombres que las agredieron no será la forma ‘correcta’, ética, para resolver el problema, pero es la forma eficaz de encontrar resolución a situación; es, además, legalmente permitido, pues la Ley considera viable capturar delincuentes, vivos o muertos, por este medio; un conflicto que comienza por la misma negativa del representante da la Ley, el sheriff Daggett, de tomar acción enérgica en contra de los responsables de la agresión a las prostitutas, para no crearse él problemas, incluso si esto significa no dar solución a la gente a la que se supone debe hacerlo, y a quienes dice proteger, como encargado de aplicar la Ley y mantener el orden en el pueblo.

Tras la denuncia de las mujeres, el sheriff decide, ante la presión de ellas, imponer un castigo; sin embargo, la medida que toma es más un escarmiento simbólico que una verdadera condena por las acciones violentas cometidas. Daggett busca una solución rápida al problema, algo así como tapar el sol con un dedo y esperar que la gente crea que este remedio continuará funcionando a largo plazo, no sólo temporal y parcialmente. Para las prostitutas la falta de una verdadera sanción es un insulto y falta de ética. En su lógica contratar a un cazarrecompensas es correcto, porque sólo así encontrarán un cierre satisfactorio a su afectación.

En el opuesto, cuando Munny y los otros dos hombres a su lado, que aceptan el trabajo, logran cumplir lo que se les pide, Daggett decide que deben ser acusados de asesinato, bajo la lógica de que sus acciones son incorrectas, e ilegales. Pero, ¿no están haciendo un trabajo, avalado incluso por las autoridades de aquella época, para dar justicia a personas que no encontraron otro medio por encontrarla? ¿Por qué se les condena a muerte si a los hombres que desfiguraron a una mujer sólo se les hace un llamado de atención? Al parecer la respuesta violenta del sheriff es más bien en reacción a que considera que se ha pasado por su autoridad y ejercido justicia en “su territorio”, más que porque considere incorrecta o ilegal la iniciativa de las mujeres.

Justicia en un mundo donde es inexistente y violencia que se propaga sin justificación es la realidad latente sobre la que se construye esta sociedad, tan intolerable como intransigente. La película representa esta confusión a través del choque ideológico, no sólo entre hombres y mujeres, o entre el sheriff y los cazarrecompensas, sino también entre personas que viven situaciones e historias diferentes, según las experiencias que los forman.

Uno de estos hombres es Bob, un pistolero procedente de Inglaterra. Este hombre de actitud déspota, que presume de hazañas que no realizó, simboliza la forma como una persona a veces simplemente gusta de crear problemas y avivar conflictos provocando a otros, burlándose de aquello en lo que creen o aprovechándose de la lucha de los más necesitados para presumir su soberbia.

Dos personas que defienden su propio ego, al chocar, sacan lo peor de sí y esto es lo que sucede cuando Bob y Daggett se enfrentan. El sheriff golpea al otro frente a todo el pueblo para presumir su poder o del poder que tiene para hacerlo. Una vez que Bob es expulsado del pueblo, el periodista que escribía su biografía se queda atrás, apantallado por las hazañas de Daggett, que al mismo tiempo toma su turno para revolcarse en un mar de arrogancia y vanidad, alimentado por un periodista que también sólo busca el sensacionalismo en las historias que escribe, exagerando la realidad, alimentando el ciclo de violencia y excitación por la misma y, de paso, acrecentando un tipo de historias que traspasan fronteras y que crean leyendas vacías sobre historias igualmente inventadas, o por lo menos sobre dramatizadas.

Así, todos los personajes involucrados en la narrativa arrastran sus propias penas, angustias, anhelos, esperanzas y deseos de sobrevivencia. Igual las mujeres que se saben son consideradas inferiores pero que esperan respeto a su profesión, como el representante de la Ley que se cree superior y ambiciona terminar sus días con tranquilidad, como también los pistoleros, Munny, su amigo Logan (quién acude en recuerdo de amistad juvenil pero sabiendo que ya no es capaz de asesinar,) el joven pistolero, con deficiencia visual que le impide ser eficiente pero que presume hazañas no realizadas, e incluso el inglés Bob, para quien la nostalgia de su Patria guía sus decires y acciones, ignorando u olvidando que no pudo ser profeta en su tierra. Al final todos saben que se quedan cortos en sus esperanzas, tal vez excepto Munny, a quien cabe el orgullo de vengar a su amigo, asesinando a todos los involucrados en la muerte de Logan y reivindicando el respeto a las mujeres, pues advierte que, en caso necesario, puede regresar para imponer su Ley, la ley del más fuerte.

Un mundo intransigente e intolerable que no lucha por cambiar o mejorar, porque sus actores apenas tienen tiempo de luchar por sobrevivir; este es el escenario en el que viven estas personas, reflejo de la realidad del Estados Unidos de finales del siglo XIX. Personas experimentando las carencias de un país en formación en el que la represión es una forma de organización y donde todos viven en una nube gris de ética y moral; un relato sobre la violencia como parte de la naturaleza del hombre y un mundo donde la venganza es justicia y, por tanto, la justicia real es inexistente.

Ficha técnica: Los Imperdonables - Unforgiven

Cine, 279 lecturas.

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