Por quién doblan las campanas

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Por quién doblan las campanas

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 07 de junio de 2018
Cine
Por quién doblan las campanas

Sacrificio es abnegación, un acto a favor del otro, usualmente a expensas de un interés, deseo o beneficio propio. En un escenario de guerra se trata de una realidad que se repite frecuentemente, porque para triunfar, siempre habrá alguien que tenga que renunciar a algo para abrir camino y convertirse en vehículo que haga posible que otros puedan levantarse frente a los adversarios.

Ambientada durante la Guerra Civil Española, Por quién doblan las campanas (EUA, 1943) es una historia sobre sacrificio. Basada en la novela homónima de Ernest Hemingway, la película fue dirigida por Sam Wood, escrita por Dudley Nichols y protagonizada por Gary Cooper, Ingrid Bergman, Katina Paxinou, Akim Tamiroff y Vladimir Sokoloff. Ganó uno de los nueve premios Oscar a los que estuvo nominada (que incluían mejor película y mejor actor y actriz principal), el de mejor actriz de reparto, para Paxinou.

La trama trata del recorrido solidario, combatiente, militante, de lucha incansable de Robert Jordan, un hombre estadounidense que pelea al lado de los rebeldes de la República que buscan destituir al gobierno fascista en la España de 1937. Como experto en explosiones y demoliciones, Robert recibe la tarea de derribar un puente estratégico que cortará el paso de entrada de militares nacionalistas. Su tarea no es sencilla y de paso sólo tiene el apoyo de un puñado de aliados, gitanos que se esconden en las montañas y que, como el resto de este grupo de combatientes, buscan libertad.

El motor que impulsa a todas estar personas a seguir adelante es más que la idea de promesas que podrían cumplirse, o deseos que no se dejan ir; es el saberse útiles dentro de un movimiento de cambio radical que pelea por algo más grande que la propia satisfacción de liberación, o sentimiento de estabilidad, seguridad y progreso.

Jordan tiene de su lado sólo su habilidad para comprometerse con la misión y la esperanza de que quienes le rodean actúen con el mismo nivel de responsabilidad en su deber. La meta es cumplir la misión para que los rebeldes derroquen al gobierno fascista, pero el verdadero incentivo de cada participante varía según el futuro que vislumbran y dibujan para sí, el que creen posible frente al que anhelan en realidad. Así, una vez que Robert conoce a una joven de nombre María, quien fue rescatada por los gitanos y de quien el protagonista se enamora, su tarea toma un nuevo matiz, porque el éxito de la revolución se vuelve tangible, palpable. Jordan puede ponerle rostro, el de María, y su lucha deja de ser sólo un razonamiento de estrategia por ayudar a mejorar el mundo y específicamente la calidad de vida de la gente en España, para convertirse en un deseo emocional, poder ofrecerle a la propia María un futuro mejor.

La maniobra planeada, sin embargo, en el escenario de guerra que se vive, se ve amenazada por el sentimiento de desesperanza que se percibe en el campamento, más evidentemente expuesto a través del estado anímico de Pablo, líder de los combatientes, quien ha pasado de ser un decidido defensor de la causa y de las minorías a convertirse en un hombre temeroso y débil, que imagina siempre el peor escenario posible y duda constantemente del éxito de su bando, el republicano, es él en quien se hace más claro el estrago de la guerra, de la lucha permanente que parece no tener fin ni resolución próxima y que, por tanto, sigue exigiendo de ellos, los combatientes, atención, esfuerzo, sacrificio, lucha y fuerza. Sus dudas afectan al resto de los aliados, pero en especial afecta el desempeño de sus propias obligaciones, pues lo que propicia con su actitud es que la desconfianza entre los rebeldes crezca, la realización de las tareas se dificulte y la planeación del ataque se vea estropeado tanto porque se cuestiona su viabilidad como por la pérdida de fe en su función y funcionalidad. El miedo de Pablo, que ha visto pasar la guerra y la injusticia frente a sus ojos, es temor a la muerte, al fracaso y a fallar en ese acto de valentía que se exige de él, donde sentimientos como la confusión o la inseguridad colindan con la cobardía.

La guerra no es fácil de afrontar, o de ser partícipe, porque implica en efecto un sacrificio, ya sea hacia la persona que pelea al lado de cada combatiente, los líderes a los que se sigue y en quienes confía y hasta la causa misma, la creencia ciega de que las cosas pueden mejorar de forma representativa. La valentía es más que el deseo de lucha, o el acto mismo de pelear con una pistola o rifle en mano; por lo menos en este caso, se refiere más bien a elegir proteger a otros, defender ideales y valores, en construir un mundo más justo, una sociedad diferente a la conocida.

Durante un ataque sorpresa, un grupo de los hombres que acompañan a Jordan se separa del grupo para distraer a la columna militar que les sigue el paso. Ellos quedan aislados en lo alto de la montaña, ante la amenaza de un ataque aéreo que parece inminente. Muchos de los aún refugiados en las cuevas expresan su deseo de ir a ayudar a sus amigos, pero tanto Robert como Pilar, la pareja de Pablo y decida combatiente en la lucha, insisten que no pueden moverse de su posición pues serán descubiertos, lo que sería más contraproducente aún.

Su decisión, aunque a primera vista radical o poco solidaria, en realidad está basada en la estrategia más que en la desesperación emocional, visceral incluso, de saber que sus amigos morirán. Pues en su lógica, debido a que los militares los superan en número, intentar ayudar a sus compañeros significa una muerte segura y eso a su vez significa el fracaso de su misión: demoler el puente que se les indicó, el día que dé inicio el contraataque de los rebeldes. Pilar incluso dice que los hombres peleando en la montaña seguramente no esperan su ayuda, ‘porque entienden de sacrificio’. La aseveración deja ver que la gente en combate debe entender que aquello en lo que deben enfocarse es en la misión para la que los enviaron, demoler el puente, el resto es el valor de lucha por pelear porque ese objetivo se cumpla, de lo contrario, se perdería por completo, y eso es algo que ninguno de ellos puede darse el lujo de provocar.

“Cualquier muerte me disminuye porque soy parte de la humanidad. Por eso no preguntes ‘Por quién doblan las campanas’. Doblan por ti”, dice la historia a través de un texto al inicio de la película, explicando el significado, simbólico, del título. La frase no sólo recalca que las campanas suenan en honor a los caídos, elemento representativo principalmente si se le analiza desde el contexto de la fe católica, sino que también aborda de manera reflexiva la temática principal de la historia. Cada campana es significativa para la sociedad porque, al representar a cada una de las personas que se sacrifican para hacer posible el cambio, su lucha se vuelve la lucha de todos; una deuda de vida, en sentido figurado.

El triunfo de una guerra depende de aquellos que se sacrifican, para quienes la lucha y el cumplimiento de una misión es más importante que su existencia. El bienestar comunal por encima del personal. Son los que pelean y actúan con buena voluntad a quienes el hombre como sociedad debe honrar y recordar. Son aquellos que quedan en pie quienes deben reconocer el valor de las personas que hicieron su supervivencia posible. Los héroes anónimos que no siempre reciben el crédito que se merecen. La duda no es ¿por quién doblan las campanas? Sino ¿cuánto tiempo después, las campanas seguirán sonando, al menos de forma poética, por estos hombres caídos a los que se les debe la libertad? O lo que es lo mismo, ¿cuánto tiempo tarda una sociedad en olvidar ese tintineo que invariablemente le exige recordar el pasado que lo llevó hasta el punto donde se encuentra?

Ficha técnica:  For Whom the Bell Tolls - Por quién doblan las campanas

Cine, 565 lecturas.

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