The Cameraman

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

The Cameraman

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 03 de mayo de 2018
Cine, The Cameraman
The Cameraman

Hay muchas particularidades específicas cuando de cine mudo se trata, enfáticamente respecto al proceso de filmación, pero con eco en la producción, la escritura del guión y hasta la edición del filme. Una película realizada a principios del siglo XX no se planea, realiza, ve o vive igual que una de finales del mismo siglo, y hasta las películas mudas en blanco y negro de la actualidad son muy diferentes respecto a una de la década de los 20’s.

Para entender esta diferencia hay que tomar en cuenta el contexto. En aquellos años el cine era experimentación y creación, un terreno sin explorar, un proceso con el cual arriesgarse; el cine era aventurar la posibilidad de contar historias en imágenes a pesar de los pocos, o muchos recursos que se tuvieran a la mano, narrativamente hablando, pero también en cuanto a realización. Así, el cine era tanto revolución como proposición.

Una película muda implicaba un compromiso con la historia y con la audiencia por igual. ¿Cómo hacer entender al que ve lo que sucede si no se puede hacer a través de diálogos?, es decir, sólo podía usarse un mínimo de texto, que aparecía escrito en pantalla. Es entonces cuando la musicalización y la habilidad de actuación se juntan con el poder de la narrativa y la dramatización. El guión no podría limitarse a señalar que un personaje está triste o feliz, sino que el sentimiento debe representarse en acciones, acciones que deben trasladarse del papel a la pantalla mediante la capacidad del actor para expresarlas con sus movimientos.

Este tipo de directrices, que en el cine mudo eran esenciales para hacer una película funcional, siguen siendo pieza clave en el cine contemporáneo. Sin embargo, no todas las historias lo logran, pero las mejores son aquellas que ponen cuidado en estos enormes detalles, aquellas que recuerdan que un gesto, un sonido, una atmósfera en escena, la iluminación del set y hasta el movimiento de cámara tienen mucho que decir sobre la historia misma al espectador.

Uno de los grandes representantes del cine mudo es Buster Keaton (1895 – 1966), prolífico comediante, director, productor, actor, guionista y ‘stunt performer’ (trucos y acrobacias), reconocido precisamente por su comedia física usada como medio de entretenimiento en el cine. Una de sus más aplaudidas y reconocidas películas es The Cameraman (EUA, 1928).

La película trata de un fotógrafo que queda enamorado de una reportera de noticias de la cadena MGM. Con tal de estar cerca de ella, para poder cortejarla, el joven vende su cámara fotográfica y compra una fílmica, con el fin de así encontrar trabajo en la división de noticias donde labora la chica. La tarea no será sencilla, especialmente porque el protagonista no tiene experiencia en el campo, pero también porque la bella dama encuentra enamorados en cada rincón a donde llega, gracias a su elegancia y porte.
El personaje de Keaton, el protagonista, resalta gracias a la habilidad del actor para crear empatía y conectar con la audiencia. Su expresión y movimientos histriónicos enfatizan el sentir del personaje, su enamoramiento, tristeza, decepción, temor, deseo, lucha o ánimo para el cambio. Las acrobacias del artista también son destacables, una comedia física que se llena de malabarismos, sin efectos especiales, que, evidentemente, entonces no existían, dando, en igual medida, tanto realismo como dinamismo a la narración, además de un sentido de aventura a las peripecias que recorre este hombre en busca de impresionar y cortejar a la joven de quien está enamorado.

Pero su rasgo más destacable es la forma como defiende sus valores y lo que estos representan. Despistado pero amable, ingenuo pero dedicado, soñador pero competente, el personaje es la clase de persona que no se aprovecha del más débil, ni huye del peligro, que ve un reto y lo asume, en lugar de huir, o que busca el lado más positivo en la situación más negativa.

Es este tipo de comportamiento, su actitud, lo que le ayuda a seguir adelante, en las buenas y en las malas, con errores y en los éxitos; el tipo de actitud propositiva de una persona que hace lo mejor con lo que tiene a la mano, a pesar de los obstáculos. ¿Ser más astuto, ingenioso, líder, hábil o sagaz lo haría una mejor persona? ¿O alguien más ‘valioso’ para la sociedad? ¿O es que, con ser la mejor versión de sí mismo es suficiente para vivir, sobrevivir, sobresalir y trascender?

Este planteamiento ofrece una reflexión de manera más evidente alrededor del punto clave de la historia, la oficina de noticias a donde llega a pedir trabajo el protagonista. De esta forma el relato ahonda en el tema más relevante, que aborda incluso de manera crítica el papel de los medios informativos y de comunicación.

El protagonista, que trabajaba haciendo retratos, llega a un ambiente de ‘documentación a través de la imagen’, totalmente diferente a lo que conoce y sabe. Su trabajo haciendo retratos está destinado a capturar un momento estático, no en movimiento, siendo ello mismo lo que le proporciona la habilidad para apreciar la belleza de los detalles y las imperfecciones. La primera vez que el joven toma la cámara fílmica, no sólo decide grabar todo lo que le rodea, sino que lo hace desde un punto de vista, un ojo de la cámara, de alguna forma poético y artístico, apreciativo, no como una simple recopilación de datos o información.

Su lente capta en la cotidianeidad las formas bellas de la rutina, la gente en la calle, los coches o las luces de la ciudad. Sin embargo, por muy hermosa y artística que sea la imagen capturada, no se acerca en nada a lo que los noticieros buscan. Aquellos piden acción y movimiento, información novedosa, llamativa, espectacular, incluso sensacionalista. La diferencia es clara: lo interesante, lo importante para un medio informativo no es la forma poética del mundo, tampoco lo bello, lo estético, sino el hecho en imagen, la trifulca, el desacuerdo, el accidente o la pelea, imágenes que expresen la miseria humana , que alimenten el morbo y la curiosidad perversa.

Lo que se espera del camarógrafo, como reportero, no es grabarlo todo; por el contrario, se trata de grabar el momento exacto de la acción. Para ello hay que seguir la noticia, perseguirla; a diferencia de un retratista, un fotógrafo, un director de cámara de películas o un artista del entretenimiento, que se aproximan y abordan la realidad de una manera más apreciativa, analítica o artística, tal vez crítica, por lo menos en su punto de vista de arranque.

Entonces, lo que ello propicia, la persecución de la noticia, como lo demuestra la película, es, tanto la competencia como el juego sucio. Es arriesgarse a entrar en una zona de conflicto con tal de captar la ‘mejor’ escena, la más realista, la más cercana a la problemática de fondo que se reporta. Y es en ese punto cuando a la persona detrás de la cámara deja de importarle su ser o la gente a su alrededor en favor de la noticia misma, a pesar de los riesgos que conseguir esa imagen implican. Una prioridad que después se extiende, primero hacia el resto de sus compañeros, colegas y colaboradores, después hacia las personas para las que trabajan y, aunque la historia no lo detalla, para quienes consumen esa información, la gente que mira la noticia.

En la recta final de la película, la historia da un giro para el protagonista que deja ver que sus valores no han sido manchados por ese ambiente competitivo y que, aunque busca la oportunidad de trabajo al mismo tiempo que el afecto de la joven reportera, antes que nada está su integridad, el respeto, la solidaridad y la ética.

Es entonces cuando, en un accidente en bote en el que la joven cae al agua, él hace todo lo posible por ayudarla; no huye del peligro, pero tampoco elige seguir grabando con la cámara para convertir el incidente en noticia. Más bien asume una actitud de solidaridad humana, auxilia para poner a salvo a su compañera. Él la rescata, más que por convertirse en héroe, porque es lo correcto que se debe hacer.

Así la película deja una lección importante para el espectador, porque no es la cámara como tal lo que documenta la realidad, sino que la lente retrata aquello hacia donde la persona le indica que debe grabar. La cámara es una herramienta que responde al interés del hombre. Es la persona, la comunidad, quien decide qué es lo prioritario para su desarrollo; de igual forma puede decidir si es preciso cambiarlo, en especial cuando entiende que si algo que creía imperativo para su vida, en realidad no lo es, no debe seguirse persiguiendo; a menos que ese algo acepte cambiar con él, como al final la chica lo hace al aceptar al fotógrafo por quien es, no por quien intentaba ser.

Ficha técnica: The Cameraman

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