El gran truco

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El gran truco

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 08 de marzo de 2018
Cine
El gran truco

La magia es una ilusión que desafía las leyes de la naturaleza pero, ¿es real o sólo existe como una posibilidad creíble de serlo? Para algunos, la magia no es más que ciencia disfrazada de espectacularidad y entretenimiento, pero para otros se trata más que de un engaño, de un truco.

Un truco es tanto la habilidad que se gana en algún específico arte o profesión, entiéndase destreza, como también puede ser entendido como una trampa para producir un efecto de ilusionismo, aparente pero no real. ¿Es en ese caso, el truco, y por extensión la magia, una burla maliciosa o un acto de manipulación?

Estas cuestiones sirven como base para construir la historia de la película El gran truco (Reino Unido-EUA, 2006), escrita por Jonathan Nolan y Christopher Nolan y dirigida por el segundo. La película, nominada a dos premios Oscar en las categorías de mejor fotografía y mejor dirección artística, está protagonizada por Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Piper Perabo, David Bowie y Andy Serkis.

La película trata de dos magos rivales que compiten en Londres, a mediados del siglo XIX, para crear la mejor ilusión de magia y con ello demostrar su superioridad sobre el otro; sin embargo, la obsesión los llevará a perderlo todo, desde la ética hasta su familia, sus colaboradores y sus seres queridos.

Robert Angier y Alfred Borden fueron alguna vez aprendices juntos, pero cuando un truco sale mal, por culpa de Borden, que resulta en la muerte de la esposa de Angier, su relación se convierte en una lucha por el éxito en el escenario, y la destrucción del otro. Cada uno intenta descubrir los secretos de su ahora rival, para después copiar y mejorar el truco, y ganar así mayor popularidad sobre el que consideran enemigo, acciones que eligen llevar hasta las últimas consecuencias, sin importar si en el camino deben engañar, manipular a sus colaboradores o distanciarse de sus allegados, hiriéndolos por ello, aunque auto engañándose de que sus intenciones sean de protegerlos.

Borden crea entonces un truco en el que desaparece y reaparece, en segundos, de un lado al otro del escenario. Angier se convence que, creyendo que el otro tiene las ideas pero él la habilidad de vender con mejor imagen el truco, atraerá al público realizando un engaño parecido, pero más vistoso, vestido y decorado. Con la rivalidad al máximo, Borden hace que Angier vuelva a perderlo todo, poniendo en su contra a su asistente y al actor que hace de su doble en el show. Entonces Angier se hace de una clave que lo cambiará todo, Nikola Telsa, un inventor que trabajó en la ingeniería eléctrica y que, con ciencia, promete a Angier una máquina que revolucionará el futuro.

Nikola Telsa (1856-1943) es un personaje histórico real que trabajó en áreas como la física, la energía eléctrica y la conducción de electricidad. Con su presencia dentro del relato ficticio y lo que el personaje aporta a la trama, la película ahonda en puntos clave de su temática, como es la ciencia frente a la tecnología y frente a las creencias en lo sobrenatural para explicar lo desconocido.

Tesla le advierte a Angier que su invento no será valorado ni entendido en el mundo científico, porque la gente y la sociedad rechazan aquello que no comprenden; pero está seguro que, en manos de un mago, un ilusionista que venda estas ideas como entretenimiento, revistiéndolo como un truco diseñado sólo para maravillar los sentidos, la máquina que ha creado podrá convertirse en algo más grande. Su forma de asumirlo apunta que, según su valoración de la sociedad y la forma de pensamiento de la época, las personas no podrían apreciar el valor científico o de avance tecnológico, de las posibilidades de los inventos, a menos que sean engañados y se les presenten en su lugar como una irrealidad cubierta en un halo de fantasía, ilusión que sirve tal vez no como una forma de explicar la complejidad de lo que no se comprende, sino como una manera para intentar asimilarlo.

“¿Conoce la frase: El límite del hombre excede su comprensión? Es mentira. El límite del hombre excede su audacia. La sociedad sólo tolera un cambio a la vez”, le explica Tesla a Angier (el inventor motivado por continuar con sus experimentos e investigaciones), respondiendo a la curiosidad e ingenio de la mente humana pero reconociendo que, a veces, esos avances, esos inventos, esa progresión, es demasiado para asimilarse por una sociedad acostumbrada a la ilusión y el espectáculo.

“Son artistas, hombres que disfrazan verdades simples, pero a veces crueles, para maravillar e impresionar”, explica sobre lo que hacen los magos uno de los personajes de la historia. El mago debe lograr lo imposible, pero el mago no es ni el brujo ni el artista ni el científico. Si el científico es el inventor que sustenta lo que hace con conocimiento y explicación lógica, el brujo es el que crea y le da forma al truco, visualizando la ciencia convertida en magia. Así, el mago es el que realiza el truco, pero sólo es un artista cuando sabe cómo hacer a ese truco sorprendente y, de alguna forma, tan creíble que pueda impresionar al que lo ve.

El asistente del mago no se posiciona en escena simplemente para acompañar al artista, está ahí para distraer al público mientras el mago realiza el engaño, el truco o la ilusión. ¿Hay alguna diferencia entre estos tres términos? ¿Es la ciencia una forma de ‘magia real’?

Lo complejo de un truco de magia es hacerlo lo suficientemente convincente, llenarlo de tantas capas de ilusión que el público dude, pues en cuanto lo hace, es más fácil engañarlo. Entonces, ¿cuándo es un truco una mentira y cuándo es un secreto bien guardado?

La respuesta a un enigma de magia siempre es la más simple y probable. La historia lo demuestra en dos ocasiones y con ello sustenta un punto importante de su argumento, reflejado en una frase que dice Angier: “Si la gente creyera lo que hago en el escenario, no aplaudiría, sino que gritaría. Piense en cortar a una mujer en dos”.

Este importante principio está representado, en la primera ocasión, cuando un niño observa un truco de magia en el que un ave desaparece de las manos del mago, para luego reaparecer junto a él. El niño comienza a llorar, convencido de que el pájaro ha muerto y que el otro, el que después aparece durante la prestidigitación (que es el arte o habilidad de hacer juegos de manos y otros trucos para distracción del público, según define la Real Academia Española, pero entendido en la película también como el momento sorpresa de clímax de un truco), es otra ave, no la misma que supuestamente, según dice el mago, ha hecho desaparecer y luego reaparecer.

El niño acierta en su deducción; en su lógica básica, que le dice que si algo desaparece es que ha muerto o ha sido destruido, se encuentra la respuesta a la forma como el engaño funciona. Él no entiende el truco y razona de la forma más simple que puede, pero esa respuesta, esa deducción para entender la magia de una manera simple pero racional, es la ilusión que hace el mago despejada de toda la distracción y capas de engaño, es la realidad desvestida de la ‘magia’.

La segunda ocasión en que la película aborda este punto es con la revelación final del secreto de Borden, quien lograba su acto gracias a que él y su hermano gemelo habían estado viviendo todo ese tiempo como si fueran la misma persona. Alguien descifra esta realidad, desechando todas las otras posibilidades como no plausibles, desde la existencia de un doble hasta la existencia de la ‘magia verdadera’, pero Angier desecha la respuesta, decidido a que un truco de magia no puede ser tan simple o tan simplemente explicado como que haya en realidad dos hombres que son la misma persona, en este caso, gemelos idénticos que viven una misma vida, intercambiándose para los shows e incluso en la vida cotidiana. La clave de la respuesta vuele a ser la lógica más simple, que en este caso el mago rechaza, inmerso ya, para entonces, en tantas capas de mentiras que la realidad misma le es demasiado simple para satisfacer su curiosidad, su obsesión y su ceguera metafórica.

Pensar que la magia puede ser explicada por una cualidad sobrenatural es negar la lógica, pero en este caso, lo que la película expone es que, además, se trata de negar la lógica más simple, llámese ciencia, llámese sentido común. La magia puede ser una forma de entender la naturaleza y al hombre, mientras el pensamiento lógico no se aleje del análisis y se excuse en el ‘pensamiento mágico’ para ‘explicar’, o más bien excusar todo lo que no se entiende. Los protagonistas de esta historia, más que pensar en la magia como un absoluto, la convierten en una máscara para cubrir la obsesión, cimentada en culpas, necedades, competencia, rivalidad, recelo, egocentrismo e incluso arrogancia. ¿Cuál es la excusa del resto del mundo? ¿Por qué elegir creer en la magia en lugar de elegir o aceptar la ciencia o la realidad objetiva de los hechos?

El error no está en preferir o conformarse con la ilusión del truco, está en pensar que es mejor o más fácil dejarse llevar por el engaño hasta convencerse de que esta dinámica aplica para todo escenario de la vida diaria y la cotidianeidad, permitiendo, en consecuencia, que la ciencia se convierta en un espectáculo de entretenimiento más que una herramienta para el desarrollo, por ejemplo: ¿para qué usa regularmente una persona una Tablet, un teléfono celular o una televisión? ¿Ciencia o magia, magia o truco, truco o ilusión, ilusión o engaño, engaño o ignorancia, o temor, o incertidumbre, o desidia? Tal vez sólo es cuestión de percepción, a menos que eso también sea relativo.

Ficha técnica: The Prestige - El gran truco

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