El Séptimo Hijo

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

El Séptimo Hijo

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 18 de enero de 2018
Cine
El Séptimo Hijo

Algunos teóricos de la cinematografía señalan que sólo hay tres tipos de historias en el cine: hombre contra hombre, hombre contra naturaleza y hombre contra sí mismo. Hay otras personas que consideran que en el cine, cualquier película de la que se trate, se construye bajo una idea básica, el bien contra el mal.

Pareciera un camino destinado a las historias trilladas, sin embargo, la respuesta está en el cómo se aborde el concepto, a través de personajes, situaciones, temáticas y construcción de historias diferentes, originales y propositivas. Cuando esto no sucede se llega al cliché, las fórmulas repetidas, los lugares comunes y, en esencia, a los proyectos catalogados como malas películas.

¿Qué hace a una película mala? Desde el punto de vista cinematográfico, muchas razones, una producción carente que no observa los detalles, la falla en la continuidad de la trama, la imagen o sonido carentes de calidad en ejecución, actuaciones exageradas poco acordes con el tipo de historia o una edición atropellada, confusa consigo misma, por mencionar algunas. De entre las más importantes, cabe señalar, sobresale una historia vacía o que no tenga un objetivo claro, que engañe y que no ofrezca nada con su contenido y su narración o, dicho de otra forma, con la historia que cuenta y cómo la cuenta.

De este tipo de películas también se aprenden muchas cosas, el saber qué errores no repetir o entender qué es lo que no funciona en una historia, lecciones funcionales para poder analizar las siguientes (asimilar, observar o consumir), con un ojo más crítico.

El séptimo hijo (EUA, 2015) es una película escrita por Steven Knight, dirigida por Serguéi Bodrov y protagonizada por Jeff Bridges, Julianne Moore, Ben Barnes, Alicia Vikander, Kit Harington, Olivia Williams, Antje Traue y Djimon Hounsou. El relato trata de un joven, el séptimo hijo de un séptimo hijo, que debe convertirse en el aprendiz de un Espectro, la persona encargada de eliminar a brujas, demonios y otras criaturas que amenazan a la humanidad. El maestro Gregory toma bajo su tutela a Tom Ward, un joven que quiere más aventura en la vida que la monotonía del lugar en el que vive. Juntos pelean contra la bruja Madre Malkin, quien quiere eliminarlos para tener el camino libre para convertirse en la Reina, con poder sobre las demás criaturas, que gobierne sobre la Tierra.

El mayor fallo en esta película recae principalmente en su guión, carente tanto de lógica y coherencia como de conflicto dramático progresivo y una velocidad narrativa que la haga ágil, en especial para funcionar con tino dentro de su género de aventura y fantasía.

Se dice que el ritmo es lento si, en general, se observa una apreciación visual pasiva, observadora, por ejemplo, tomas y escenas largas o que atestiguan todo el contexto del escenario en el que sucede la acción. Esto no siempre es malo, en realidad es una herramienta muy útil para cierto tipo de historias, siempre y cuando sea acorde con ellas, con lo que cuentan y la atmósfera que la misma película quiere desplegar. En El séptimo hijo el ritmo no es lento (capta, lo mejor que puede, la atención del espectador con secuencias de acción constantes y animales fantásticos en pantalla, realizados con efectos visuales que cumplen con los cánones de su género), sino la narrativa.

La velocidad narrativa es el curso de la historia misma, la sucesión de hechos que se cuentan y que conforman el relato. En este caso la película es atropellada por culpa de un guión que no sabe cómo expresar lo que quiere contar, como si todos sus elementos pulularan sin saber cómo acomodarse en una narrativa progresiva, con dramatismo, conflicto y congruencia. El resultado es una serie de personajes que parecen estar contando lo que sucede, en lugar de que sus acciones sean las que demuestren el desarrollo del relato. Ello no deja ni al espectador pensar ni a los personajes ‘vivir’ lo que sucede, lo cual hace a la película sosa, mediocre.

El planteamiento de la película también falla en muchos sentidos; es difuso porque surgen tantas preguntas sin contestar que para cuando la historia pretende abordarlas, ya es demasiado tarde, la audiencia ya está desconectada tratando de responderse por sí misma las preguntas que se hace sobre la historia que tiene enfrente, con el poco contenido que ha dejado entrever en sus secuencias.

¿Qué es un Espectro y cuál es su misión’ ¿Por qué se elige al séptimo hijo de un séptimo hijo y cuál es el significado de esto? ¿Qué hace a Tom tan especial como para ser el héroe de la película? ¿Qué lo hace mejor que el anterior aprendiz (quien muere los primeros minutos del relato)? ¿Qué quiere la bruja villana y cuál es el peligro que se corre -que corre la humanidad-, si cumpliera su objetivo? Estas son sólo algunas de las preguntas que la película intenta lanzar, sin éxito y casi sólo por si acaso alguna interesa, y luego olvida aterrizar.

Una historia debe saber administrar cómo presentar su información, ya sea el objetivo de sus personajes principales, sus motivaciones y hacia dónde va su destino. El malo que es malo porque sí, no es algo que funcione, porque sin matices, el personaje cae unidimensional, que es lo que sucede con Malkin. No es que una película deba o tenga que responder o explicar todos sus elementos en los primeros minutos, pero sí debe dar indicios que hagan entender al espectador cuáles son las reglas del mundo ficticio en que se desarrolla este relato y cuáles son las respuestas que hacen y forman a los personajes, en su recorrido y el mundo en el que viven.

Una película se puede ‘sentir’ lenta o que se estanca porque falla en su progresión dramática; las escenas aparecen pero no llevan a nada, no ahondan ni en el tema ni en el objetivo, no explican el camino hacia donde se dirige la historia, ni tampoco trazan con claridad el arco de sus personajes (el cómo cambian y cómo se enfrentan a los obstáculos). Es en ese momento cuando, con lo poco planteado en la película, el espectador comienza a hacerse preguntas, y es entonces cuando se desconecta del relato.

Entonces, como sucede en esta película, los personajes tienen que explicar las acciones que suceden en pantalla, lo que, más bien, es lo que deber hacer el guionista en la primera fase de su guión, plantear de qué trata la escena que está a punto de suceder. Esto lo hace el guionista para guiarse al momento de desarrollar la escena y la trama, pero, una vez escrito el guión, lo que debe lograr es abordar ese propósito a través de acciones, las de los personajes, es decir, revestir con acciones, símbolos, metáforas, analogías y subtexto.

De ahí la importancia de un diálogo sutil, por ejemplo, lograr que los personajes y sus conversaciones se desarrollen de forma natural y poética. Cuando el diálogo, como en este caso, es tan directo y lineal, también es muy vacío, porque los personajes no están participando en la historia, sólo están ahí, narrándola (sin ser exactamente narradores, desde el punto de vista o misma función que en la literatura).

En un punto de la película, hacia la primera mitad de la historia, Tom le dice a Gregory: “Si quieres que aprenda, tienes que explicarme las cosas”. En este punto, Tom está intentando entender su relevancia como aprendiz, el qué le toca hacer, aprender y enfrentar. En realidad, la frase deja entrever, de alguna forma, que hasta el personaje protagonista está exasperado de que haya tantas cuestiones sin resolución a su alrededor, que haya un universo planteado en el que no se encuentra un motivo de existir y en el que no se hayan ni desplegado las reglas del juego ni la misión de su protagonista, él. Es como si hasta él mismo no entendiera lo que está pasando. Es así que el resultado es un protagonista que se mueve por inercia y cuyas acciones son más bien reacciones, lo cual, para un protagónico, no es nada bueno, siendo él o ella quien, idealmente, debe hacer avanzar el relato siempre.

No se le puede exigir al espectador tener paciencia con los personajes cuando ni ellos mismo saben lo que hacen o por qué lo hacen, porque entonces la audiencia tiene el derecho de cuestionar la historia que se le presenta. No porque un relato sea de fantasía todo está permitido, y no porque se trate de una historia dentro de un mundo mágico la audiencia debe creer todo lo que se presenta; lo hará y sólo mientras la historia tenga su lógica, sus reglas, su objetivo y su motivación. Aquí, la magia y fantasía no son el obstáculo, es que los personajes no actúan acorde a, por ejemplo, una bruja malvada con poderes inimaginables que muere porque una daga la alcanza, mientras ella está descuidada hablando con alguien más, o un trol que cae al vacío cuando Gregory se agacha para esquivar un ataque ¿No sería mejor que por lo menos el trol, amigo de Gregory, cayera tras ser golpeado en su intento por salvar a Gregory, defendiéndolo? Así la escena por lo menos plantearía la lealtad entre los personajes, algo que la película dice pero nunca representa en escena.

Pero los personajes de esta historia no actúan con lógica, actúan sólo para que la película convenientemente avance, como cuando Tom decide salvar la vida a Alice, una bruja, quien acaba de ser acusada de serlo, sólo porque al verla se enamora de ella. El inconveniente no es el enfoque romántico, sino que el personaje no actúa con congruencia de razonamiento. Acaba de recibir la noticia de que su misión es matar brujas y lo primero que hace es salvar a una, sin siquiera investigar si ella es malvada o peligrosa, o si la mujer es siquiera de verdad una bruja como se le acusa. La cuestión no es que la salve, porque hacerlo sí tiene repercusiones que avanzan la trama, la problemática es que el personaje no razona su situación. Sus palabras entonces, su actuar, sólo existen para forzar el encuentro entre los personajes. Pero una escena no sólo debe cumplir una función, también debe hacer que la historia progrese al natural, que sea creíble, que no parezca forzada, que fluya en lugar de caer en la coincidencia o la exageración.

Por otra parte, una narrativa debe tener tensión dramática para que haya conflicto en pantalla, que pase algo, que haya preguntas, dilemas, dudas, debates, enfrentamientos, desacuerdos, o lo que es lo mismo, que haya fuerzas que impidan a los personajes lograr su meta, ya sea villanos, protagonistas, aliados o demás, ya sea que duden, cuestionen o peleen, para que durante el recorrido, el protagonista luche contra los obstáculos que lo alejan de ganar, lo cual es, en corto, la trama de la historia.

En este caso, esas trabas son Tom en su entrenamiento, que no logra completar con éxito, el que cuestione su destino y su papel como aprendiz y Espectro y, finalmente, pelear contra la bruja malvada. El camino debe ser difícil y poner a prueba sus aptitudes, porque él es el protagonista y como tal, ese es su recorrido como personaje, su ‘viaje’ de un punto A a un punto B. Sin embargo, la película se olvida de que Tom es la estrella y lo relega a segundo o tercer plano, convirtiéndolo de pronto, en el tercer acto de la historia, el enfrentamiento final, en el héroe, pero sin dejar que la audiencia presencie, viva y entienda cómo es que el personaje ha crecido y cambiado o se ha convertido en el héroe ‘destinado’ a ser.

En más de una ocasión, la que reflexiona sobre la ética, las decisiones que se toman y la relevancia de pelear o no pelar entre el bien y el mal es Alice, quien es incluso más partícipe en la trama y respecto a la lucha, ponerle fin el reinado con mano dura de Malkin, que Tom. Parecería más apropiado que ella fuera la heroína de la historia, sin embargo, no es su historia, es la historia de los Espectros y de Tom convirtiéndose en uno. Su papel es importante, y debe serlo, pero aún más debería serlo el del protagonista, algo que aquí no sucede.

El argumento de la película resulta interesante, una lucha del bien contra el mal, el ‘cazador’ de demonios contra los demonios malvados, y en ese sentido la historia toma forma, por lógica de sentido común, pero cuando no hay una justificación, ni de la historia ni de sus personajes (lo cual se debe trazar durante el desarrollo del guión), las acciones, aunque sucedan una tras otra, sólo deambulan vislumbrando una historia que, aunque puede ser mejor, nunca llega a serlo.

Ficha tecnica: El Séptimo Hijo - Seventh Son

Cine, 532 lecturas.

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