Nanny McPhee, la nana mágica

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Nanny McPhee, la nana mágica

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 26 de octubre de 2017
Cine
Nanny McPhee, la nana mágica

Establecer normas, seguirlas, cumplirlas, hacerlas cumplir y respetarlas es parte importante de la vida, porque así se mantiene un orden y se establecen criterios de socialización entre personas, organización en las sociedades y valores de la comunidad. Estas reglas se adaptan de acuerdo con el contexto del escenario que se trate, pero en general, los lineamientos son base para la formación y la convivencia de las personas.

Durante la etapa de la niñez el individuo aprende de respeto y consideración, de tolerancia e inclusión, de la importancia de la familia, del trabajo en equipo, de la solidaridad, del orden y la cortesía, pero también de que la vida es convivencia, donde hay que pensar no sólo en el bienestar y la voluntad propia, sino que hay que dar su lugar también a aquellos que nos rodean; es en nuestra relación con los otros como nos realizamos plenamente.

En este escenario se desarrolla la película Nanny McPhee, la nana mágica (EUA-Reino Unido-Francia, 2005), protagonizada por Emma Thompson, Colin Firth, Thomas Sangster, Kelly Macdonald, Angela Lansbury, Celia Imrie, Imelda Staunton, Derek Jacobi y Patrick Barlow, entre otros. El filme está dirigido por Kirk Jones y fue escrito por la misma Emma Thompson, quien basa su guión en las novelas infantiles llamadas ‘Nurse Matilda’, de Christianna Brand.

La historia trata de la familia Brown. El padre recientemente viudo tiene siete hijos, inquietos, ingeniosos, pero también maleducados. Debido a la pérdida de su madre, los chicos, liderados por el mayor de ellos, Simon, han tomado provecho de la desatención e indiferencia de su padre y, porque la recienten, llaman la atención con travesuras. Están consentidos de más y esto los ha llevado a ser descorteses; se han logrado deshacer, espantando o ahuyentando, de 17 niñeras y el padre está a punto de perder el apoyo económico de la tía de su fallecida esposa, a menos que se case en menos de un mes.

“Cuando me necesiten, pero no me quieran, tendré que quedarme. Cuando me quieran, pero ya no me necesiten, tendré que irme”, declara Nanny McPhee en cuanto se presenta con la familia ofreciendo sus servicios. Ella llega con un propósito bien definido, enseñar cinco lecciones a los integrantes de la familia. Pero lo importante no son las lecciones en sí, sino cómo se asuman y cómo en el proceso cada uno logre darse cuenta que como familia, unidos, son más fuertes que distanciados y, desde luego, más felices.

“Me aseguraré de darles justo lo que necesitan”, declara la nana, actuando con disciplina pero con motivo y razón, con convencimiento y motivación en lugar de una mano dura e inflexible, decisión que parecería el camino lógico ante el escenario. Los niños no van a responder a exigencias e imposiciones, porque su reacción será negarse y desobedecer, pero tampoco se les puede tratar en esos momentos con ligereza de carácter, porque eso es lo que los ha llevado al libertinaje. Para Nanny McPhee se trata de cumplir responsabilidades, de obedecer, de establecer un orden con reglas que les haga entender a los chicos que sus acciones tienen consecuencias, que cuando realizan una travesura pueden, por ejemplo, lastimar los sentimientos de terceros.

Los niños tienen que dejar de resentir, odiar y contrarrestar, para comenzar a actuar, no exigiendo atención a través de travesuras y desorden, sino con solidaridad, consideración y diálogo, un proceso que, en corto, significa madurar. Se trata de entender que las relaciones humanas basadas en camaradería, cortesía, respeto, inclusión y afecto son la esencia del bienestar individual y colectivo, y por tanto, actuar en consecuencia.

No es que sean malas personas, porque no lo son. “En el fondo son buenos”, dice Evangeline, la chica que ayuda con las labores de la casa y a quien una de las niñas enseña a leer. Entonces, ¿qué sucede con los niños y el porqué de su actuar? No hay reglas, el padre les da todo creyendo que así protege a sus hijos del dolor de la pérdida de su madre. El problema es que ese escenario se convierte en sobreprotección, donde los chicos exigen todo porque saben que no hay un punto límite. Pero la crianza y la educación implica también saber cuándo decir que no.

Irse a dormir, levantarse y vestirse cuando se les ordena son las tres primeras lecciones de Nanny McPhee, que se adentran a cuestiones del cuidado, la atención y la cortesía. La lección cuatro es ‘escuchar’ y la quinta es ‘hacer justo lo que se les diga’.

“Tengo cinco lecciones que enseñar. Lo que aprendan depende de ellos solamente”, le dice la nana al padre de los niños, cuando él le comenta que conforme pasan los días, los niños aprenden mucho más que sólo las directrices básicas que se proponen. Porque cada travesura canalizada en otra dirección y convertida en una buena acción no significa sólo seguir órdenes, hacer lo que se les dice o cumplir con las reglas, o en el caso de las fechorías, hacer todo lo contrario. Significa que los niños tienen que poner en práctica sus capacidades de observación, análisis y deducción, significa trabajar en equipo, interpretar los hechos y resolver problemas juntos. Así lo hacen cuando intentan alejar a la mujer que potencialmente podría casarse con su padre, cuál lo exige la benefactora de la familia, creyendo que todas las madrastras son malas y crueles, como lo han leído siempre en los cuentos de hadas.

Pero la misma energía, el mismo ingenio, la misma intención de acción benéfica es lo que los lleva a convencer a la mujer para aceptar la propuesta de matrimonio de su padre, una vez que acuden a ella para enmendar sus errores pasados, entendiendo que el motivo de la decisión de su padre no es la de molestarlos, sino la de ayudarlos, de protegerlos.

Sólo entonces y ante la resolución de sus actos, se dan cuenta que la lección verdadera es encontrar ese balance entre la orden y la inquietud personal. No es hacer lo que uno quiere siempre, pero no es hacer tampoco todo el tiempo lo que el otro quiere. Simon sabe que su padre no quiere casarse con la mujer y que ella planea mandarlos lejos una vez que pase la boda, pero también entiende que su padre atraviesa por sus propios problemas, no sólo en lo financiero, sino en el plano emocional por la pérdida de su esposa. Detener la boda no es lo único que se necesita, sino resolver el problema que ello conlleva, la necesidad de seguir recibiendo el monto económico con que contribuye la tía para su sustento. Si el padre necesita casarse, por qué no hacerlo con Evangeline, quien ya ha demostrado su interés por el otro, un afecto mutuo, además.

La respuesta es una resolución no basada en la magia y la fantasía, como anteriormente sucedía gracias al bastón de Nanny McPhee, sino proviene de esa habilidad de intelecto e ingenio, cuando las cinco lecciones se asumen, no de forma literal, sino respecto a su mensaje en conjunto, el que al final logra ser entendido a fondo: que no se trata de cambiar o de obedecer reglamentos de manera automática, sino que se trata de darse cuenta que esas reglas existen por una razón, la buena convivencia, la fraternidad humana.

Nanny McPhee nunca castiga, sólo concilia, haciendo a los niños reflexionar, haciéndolos pensar, en sus opciones, en sus acciones y en lo que necesitan resolver, su unión como familia, cuyo distanciamiento es lo que en primer lugar propicia que la indisciplina se salga de control, en resumen, una falta de diálogo que Nanny McPhee llega a contrarrestar. Una lección que la humanidad entera debería aprender.

Ficha técnica: Nanny McPhee, la nana mágica

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