Harry Potter y la piedra filosofal

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Harry Potter y la piedra filosofal

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 19 de octubre de 2017
Cine
Harry Potter y la piedra filosofal

El crecimiento es un proceso de desarrollo, conocimiento y adaptación, de aprendizaje en progreso desde el punto de vista de madurar, de construir un proyecto de vida; cambios físicos pero también emocionales, del lenguaje e interacción social, de experiencias vitales, del ser en su razonamiento, en sus sentimientos, emociones, pero también en su evolución. Todas las personas pasan por este proceso de vida y, en general, nunca dejan de experimentarlo.

Para los niños esta etapa es de gran importancia porque enmarca su formación como personas, es cuando aprenden y crean, conocen y construyen, tanto opiniones como carácter. Se dice que de 7 a los 16 años los jóvenes forman su carácter. Aquello que viven impacta en su conducta y forma de pensar, lo mismo que la gente con la que conviven y las experiencias que les rodean. El mundo, su mundo, se convierte en el caparazón del que absorben aquello que les aporta para crecer, para madurar.

En Harry Potter y la piedra filosofal (Reino Unido-EUA, 2001), primera película de la saga cinematográfica adaptada a partir de los libros de la autora J. K. Rowling, ese universo es un mundo mágico y su protagonista, Harry, es un niño de 11 años quien aprende que es especial por diversas razones. La película, dirigida por Chris Columbus y escrita por Steve Kloves, obtuvo tres nominaciones al premio Oscar: mejor diseño de vestuario, mejor diseño de producción y mejor banda sonora.

Harry había vivido en un mundo sin magia desde que era bebé, al lado de sus tíos y su primo, una familia ordinaria que lo trata como un inconveniente, con desdén, y quienes, por tanto, no lo acogen con beneplácito en sus vidas. Entonces, el chico recibe una carta en la que le dicen ha sido aceptado para estudiar en una escuela de Magia y Hechicería, Hogwarts. El problema es que los tíos de Harry siempre negaron la magia, pues la desprecian, y nunca dijeron a Harry la verdad de su legado: que es también un mago, como sus padres lo eran antes de morir.

Para el protagonista la invitación y la noticia de que es una persona diferente es la fuerza necesaria que le hacía falta para ganar confianza en sí mismo, para entender que puede tener su propia vida, aprender y conocer otros ambientes, otras personas. No es sólo sentirse diferente al resto de sus similares, saliendo del modelo común, ordinario, es también saberse diferente y alegrarse de ello, aceptándolo y celebrándolo. En este caso la diferencia es la magia.

Pero además, en ese ‘otro mundo’, el mágico, Harry es un personaje legendario de la historia, porque cuando era bebé sobrevivió de la muerte frente a un oscuro y poderoso hechicero, Voldemort, de quien ahora nadie habla.

El cambio de vida, de escenario, de contexto, de experiencias y de realidad inevitablemente llevarán a Harry a ver y vivir la vida de forma distinta, novedosa, estimulante. “Tiene una sed de demostrar su valía”, dice el sombrero seleccionador de la escuela una vez que comienzan las clases y los alumnos son puestos en cuatro ‘casas’, una especie de fraternidades, por así describirlo. “Su casa será como su familia”, describe incluso una de las profesoras, recalcando el lazo fraternal y afectivo que se forma a partir de la convivencia diaria entre los estudiantes, ayudándose, apoyándose, confrontándose incluso.

La escuela, Hogwarts, se convierte así en un tipo de internado, finalmente los alumnos viven ahí durante el ciclo escolar, donde las dinámicas entre alumnos, o entre maestros y alumnos, impactan de forma directa a todos los implicados, especialmente para Harry, quien ve en los profesores las figuras adultas que le guiarán para crecer, modelos a seguir que poco vislumbraba en su vida previa a esta nueva experiencia. La autoridad, el amigo, el confidente, el compañero o el mentor serán la clase de diversidad de relaciones personales que jugarán un papel importante en la vida de cada personaje.

Una de esas figuras adultas, de guía, es el profesor Snape, a quien Harry, así como sus principales amigos, Hermione y Ron, asumen prejuiciosamente como una persona inflexible y peligrosa. Pero el adulto estricto no es precisamente alguien malo o que busca perjudicar al menor; en este caso, Snape es todo lo contrario, pero los chicos no logran entenderlo porque se dejan llevar por la impulsividad emocional, propia de su edad, entendiendo, según su lógica, que quien no los apoya en todo lo que hacen, no está de su parte, un razonamiento infantil pero acorde con el proceso de desarrollo del niño, pre-adolescente, que comienza a entender su entorno.

La figura de Snape, como de otros profesores, se cimienta en el apoyo a los chicos a formarlos y permitirles convertirse en las mejores personas posibles cuando sean adultos. Snape busca protegerlos, ayudarlos, pero a su propia manera, exigiéndoles lógica y aprendizaje, disciplina y compromiso. Su comportamiento aporta algo a los chicos, lo mismo que hacen otros profesores desde otros ángulos de conducta, algunos más consoladores, otros más conciliadores, por ejemplo; no es que el profesor esté en su contra, no es que sea exigente para molestarlos, al contario, lo hace para enseñarles algo, una lección valiosa que no podría provenir de otro lado, porque en cuyo caso, otro adulto les enseñará algo diferente, de otra manera.

Las aventuras, las decisiones y el conocimiento de un mundo hasta entonces extraño van haciendo que Harry quiera demostrar que puede ganarse por mérito propio su derecho a estar ahí, su deseo es pertenecer, sentirse acogido y aceptado; pero él quiere destacar más que por su legado, o fama en el mundo mágico, por su esfuerzo personal, por los logros que pueda completar por sí mismo.

El chico elige su destino, no al revés, pero para hacerlo necesita herramientas de apoyo, conocimiento, intelectual y emocional, formación académica y educativa, relaciones personales y de amistad; todo lo que, en corto, encuentra al llegar a Hogwarts, con las clases, los amigos, los maestros y hasta los adversarios.

Esa misma dinámica escolar trae consigo rivalidades, envidia y competencia, entre las “casas” y entre las individualidades que las integran, a veces más sana y constructiva, como los juegos deportivos organizados en la escuela; y a veces no tanto, como la pelea que se desata una vez que Harry y compañía se dan cuenta que Voldemort podría estar de regreso y decidido a matar a cualquiera que se le ponga en su camino hacia el poder y la venganza.

Para lograr un crecimiento sano, positivo, de logros y maduración intelectual y emocional, también se necesita el apoyo del trabajo en equipo. Harry puede llegar a ser impulsivo, no porque sea una mala persona, sino porque no sabe específicamente cómo reaccionar ante retos que nunca antes se le habían presentado. Afrontarlos, superarlos y el saber cómo resolverlos es parte de esa maduración, que se logra, además, con estrategia y apoyo, con valentía y táctica, autoconfianza y solidaridad, recargándose para ello en el aporte de sus amigos, que con sus propias capacidades comparten la misión, evitar que Voldemort robe la ‘piedra filosofal’, que le permitiría regresar de nuevo a la vida, alcanzar la inmortalidad.

Esta fuerza, coraje y valor, esa astucia y razonamiento, no recaen en la magia y el poder, sino en la fuerza autónoma que mueve a cada persona. Los tres niños superan las pruebas en el camino, no porque sean los hechiceros con más magia per se, sino porque su ‘magia interna’ es más fuerte, entiéndase razonamiento, determinación e ingenio, capacidad de análisis y la evaluación de la información, o el saber cómo usarla y cómo acoplar las habilidades y aptitudes de cada uno para, en equipo, resolver y superar obstáculos.

Cambiar de un mundo en el que vive marginado por uno donde se siente aceptado dará a la vida de Harry un giro por completo, pero no sólo porque el escenario a su alrededor se modifica, sino porque él mismo también cambia, aprende, se adapta.

Cuando el ciclo escolar termina y los alumnos se disponen a ir de vuelta a sus casas para el verano, esperando al siguiente inicio de curso, Hermione le dice a Harry que es extraño regresar a casa. “Estoy en casa”, dice el chico, porque para él este mundo, esta realidad, la gente que ahí coexiste y la escuela que le brinda los elementos que le permiten crecer, es el verdadero sitio en el que siente que puede desenvolverse mejor. La escuela de magia es el lugar en el que se siente a gusto, al que considera como su hogar, en donde vive pero también en donde se desarrolla. Hogwarts no sólo como un espacio físico, sino como el contexto en donde aprende y al que le aporta algo, junto a una familia que elige y se determina no sólo por una relación sanguínea, sino también por la empatía y la concordancia, el intercambio de ideas, la conversación y el debate; un espacio donde la gente que le rodea aporta, enseña y critica, en el mejor de los sentidos, de quien aprende y a quien tiene algo que compartir. Hogar no como un lugar, sino como un concepto, el espacio que propicia el desarrollo y el crecimiento.

Ficha técnica: Harry Potter y la piedra filosofal - Harry Potter and the Sorcerer's Stone

Cine, 210 lecturas.

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