Matilda

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Matilda

PUBLICIDAD

Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 12 de octubre de 2017
Cine
Matilda

La confianza es tener seguridad en alguien o en algo; es ese ánimo para actuar porque se cree firmemente en un respaldo que lo avala. Ese algo o ese alguien tienen las cualidades para lograr su objetivo, pero tales cualidades tienen un sustento que las avala, ya sea de experiencia, conocimiento, seguridad o determinación, por ejemplo.

En Matilda (EUA, 1996), la protagonista es una niña que aprende a partir de las experiencias que vive al momento en que su vida cambia de dinámica y, en ello, su ambiente reta a su mente, desafío que enfrenta adquiriendo autoconfianza, pero también, confianza en los demás. Una película dirigida por Danny DeVito, escrita por Nicholas Kazan y Robin Swicord, basándose en la novela homónima de Roald Dahl, y protagonizada por Mara Wilson, Danny DeVito, Rhea Perlman, Embeth Davidtz y Pam Ferris en los papeles principales.

Matilda vive en un ambiente familiar caótico, en donde no se le aprecia ni valora; sus frívolos padres y hermano la ignoran o la minimizan, sin intentar comprenderla en lo mínimo en cuanto a su desarrollo, su persona, sus características, capacidades, aptitudes o intereses. Aislada, abandonada en su mismo ambiente familiar, su destino no parece presagiar ningún conocimiento ni posibilidad de superación personal.

Sin embargo, este mismo ambiente ha obligado a la niña a ser autosuficiente, aprendiendo sola, cuestionándose su entorno y preocupándose por aquello que le inquieta en su desarrollo, teniendo que encontrar las respuestas sin ayuda de nadie. Para Matilda la alternativa son los libros, un medio a través del cual encuentra las herramientas para desarrollar la imaginación, cultivar su curiosidad, aprender sobre la solución de problemas, e incluso hasta para conocer el mundo en el que vive, la gente que le rodea, las relaciones sociales, la forma de organización social y, en resumen, la vida misma.

La familia de Matilda está acostumbrada a existir sin aspiraciones, viviendo en la superficialidad y al día, robando autopartes, revendiendo de manera ilegal, engañando al cliente para mantener su negocio de venta de autos y pretendiendo ser más que su propia sencillez. A diferencia de ellos, que suelen entretenerse y entretener sus mentes en la banalidad de la televisión, Matilda encuentra en los libros libertad y crecimiento, información y conocimiento, factores importantes para su formación, pero además, una opción educativa de la que carece en casa. En los libros halla aliento y confianza, que de alguna forma le dicen “No estás sola”, según lo cuenta el narrador de esta historia.

Un día sus padres deciden aceptar enviarla a la escuela, un derecho que Matilda había estado exigiendo y que hasta entonces se le había negado, porque sus padres viven en una idea limitada del mundo, sin valorar la educación ni su importancia, eje vital del desarrollo humano. Ahí se encuentra con una realidad que le llena de esperanza, gracias a las posibilidades de conocimiento que tiene enfrente y a pesar de descubrir que en la escuela se vive un difícil ambiente, debido a la dureza y autoritarismo de la directora, la señorita Tronchatoro, una mujer acostumbrada a exigir de más a los alumnos y a dictar con mano dura las reglas del instituto.

La señorita Tronchatoro no trata a los niños con respeto, sino con indiferencia y falta de tacto. Los trata a veces como adultos, no como niños, creyendo que con castigos y reprimendas les enseñará aquello que necesitan aprender. Pero la directora no ofrece a los estudiantes las herramientas que requieren para formarse un carácter, sino las pautas que ella misma considera vitales para sobrevivir. Lo que ella piensa que los niños necesitan, dureza o disciplina al extremo, no es, en realidad, lo que les ayuda a crecer.

A pesar de que tanto padres como directora escolar no ofrecen siempre a Matilda la flexibilidad y entendimiento que ella, como otros niños, necesitan en ese momento en sus vidas, su presencia otorga a la niña importantes lecciones de vida, incluso si se les son presentadas sin quererlo. Los niños y los adultos son personas iguales, que aprenden y se equivocan tanto como los otros. “Si una persona es mala, se le debe dar una lección”, le dice por ejemplo su padre a la niña, equivocando al querer hablar de los niños y el poder de los padres para castigar si es necesario, pero en su lugar dando pie a una idea importante y revolucionaria: que niños y adultos, sin distinción, pueden cometer errores y, por tanto, pueden ser sometidos a reprimendas, a crítica, a reorientación, porque cada acción tiene consecuencias, sin importar de quién se trate, y cada quien debe hacerse responsable de sus actos.

Los mayoría de los adultos a su alrededor, específicamente sus padres y la directora, le enseñan a Matilda de una forma práctica y rígida, terca incluso; se aproximan de una manera que no promueve la importancia de buscar alternativas y posibilidades, lo que, en consecuencia, los vuelve a ellos mismos personas atrapadas dentro de su propia burbuja.

La maestra de Matilda, sobrina de la directora, es todo lo contrario a la señorita Tronchatoro. La maestra Miel es una persona sensible que valora a las personas y promueve un ambiente de solidaridad, diálogo y comprensión, entre ella y sus estudiantes, y entre los alumnos entre sí. Matilda encuentra en ella un ejemplo de amabilidad y empatía, de amistad y apoyo, una figura a quien seguir y a quien escuchar, un sostén emocional, aquel que nunca pudo encontrar en casa ni con sus propios padres.

“Es bueno que te sientas fuerte. Mucha gente no siente ninguna fuerza”, le dice la maestra Miel a Matilda una vez que la niña le cuenta que tiene ciertos poderes especiales, que le permiten, por ejemplo, mover objetos con la mente.

Es esa independencia que Matilda siempre experimentó lo que le ayuda a aprender a través del ensayo y error, a través de la observación y el razonamiento, de la inducción y la deducción. Ahora en la escuela, la forma como crece en su aprendizaje la eleva en todos los sentidos, tanto el emocional como el social, primordialmente.

Cuando la maestra Miel le dice a Matilda que “los adultos temen igual que los niños”, la lección es que toda persona tiene fortalezas y debilidades, que no se trata de ser más grande o más fuerte, sino de creer en uno mismo, de conocerse a sí mismo, de saber cuáles son nuestras capacidades y cómo podemos emplearlas.

“Tener poder es tan importante como decidir qué hacer con él”, dice el narrador de la historia. Para Matilda se trata de descubrir a los héroes de la vida real, más allá de los que conoce sólo a través de los libros. Más importante, se trata de convertirse ella misma en su propio héroe, con confianza en sí misma, en lo que sabe, en lo que puede lograr y, especialmente, en quien es.

“No todos nacemos iguales. Cada ser humano es único, para bien o para mal”, cuenta también la película, diciendo no sólo que cada persona es diferente gracias a su individualidad, que se forma a partir de experiencias y conocimiento, ambiente y personalidad, carácter y habilidades, sino, además, que estas características son la esencia de las personas, que lo qué somos es resultado de nuestras vivencias y de cómo las enfrentamos. Nuestras capacidades, habilidades, aptitudes y actitudes las adquirimos en el proceso de nuestro propio transcurrir de vida, y por la manera en que nos comportamos ante las circunstancias en que actuamos. Así se forja el carácter y la independencia de pensamiento y acción. Matilda pudo haber sido una persona muy diferente si hubiera elegido otro camino o si su familia la hubiera tratado diferente, igualmente sus poderes podrían haber aparecido o no, dependiendo de la forma como asumía las experiencias de vida, las buenas, las malas, las significativas y hasta las que parecían menos relevantes.

Cada distintivo rasgo de una persona es el producto de todas estas estas particularidades, pero no se trata sólo de tenerlas, de vivir experiencias, de aprender y conocer, observar y analizar, socializar y deducir, sino de aceptarlas, celebrarlas, confiar en ellas, en lo que se sabe, en lo que no se sabe y en lo que se puede saber si se sigue adelante.

Ficha técnica: Matilda

Cine, 138 lecturas.

lee más

PUBLICIDAD

Suscripción por correo

¿Te gustaría recibir los escritos de Diana antes que nadie? Suscríbete, es gratis.

Diana Miriam Alcántara Meléndez Blog de Diana Miriam Alcántara Meléndez

Más escritos

PUBLICIDAD

ver más escritos de Diana Miriam Alcántara Meléndez

PUBLICIDAD

Noticias populares ahora