2001: odisea del espacio

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

2001: odisea del espacio

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 06 de julio de 2017
Cine
2001: odisea del espacio

¿Qué es la evolución? Es un proceso de transformación y cambio; es un desarrollo continuo, con un propósito, que experimenta todo ser en el universo. Influyen en ello factores externos, la naturaleza a la que hay que adaptarse, por ejemplo, pero también toman partido el razonamiento y el crecimiento del individuo en el caso de la raza humana. Evolucionar es aprender, porque implica un desarrollo, que es, en corto, progresar y crecer.

El cómo es que el hombre ha logrado todos estos cambios implica un proceso de transformación, de mente, de cuerpo y del entorno ambiental en que se vive, pero el cómo llegó hasta ese punto es un proceso más complejo, que no sólo tomó millones de años, sino que sigue desarrollándose. La evolución es un continuo infinito.

Para comprenderlo, y para alimentar ese desarrollo, se necesita inteligencia, que es una capacidad de comprensión y resolución de problemas. Su naturaleza, complejidad y alcance puede ser muy variada; al respecto habla la película 2001: odisea del espacio (Reino Unido-EUA, 1968), dirigida por Stanley Kubrick y escrita por éste junto con Arthur C. Clarke, basándose en un libro del mismo titulado ‘El Centinela’. El proyecto, nominado al premio Oscar en las categorías de mejor director, guión original y dirección artística, ganador al de mejores efectos visuales, es protagonizado por Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester y Leonard Rossiter.

La historia trata de un grupo de científicos que encuentran un monolito en la Luna, el mismo que ha aparecido en un tiempo pasado en la Tierra, cuando aún el “mono” estaba en proceso de evolución antes de convertirse en ‘hombre’. En el año 2001, un grupo de astronautas se encaminan hacia Júpiter en una misión guiada siguiendo la señal que se registra del monolito. Nadie sabe cuál es el origen u objetivo de este objeto, pero parece provenir de una civilización extraterrestre, de inteligencia avanzada, cuya presencia es clave en momentos de cambio en la evolución del ser humano, lo que añade misterio.

La intrigante que rodea al objeto puede ser razonada a partir de la evidencia lógica que se presenta, pero las preguntas sólo abren paso a más cuestionamientos sobre la vida y la forma como ese razonamiento permita que la entendamos. Sin embargo, la lógica del hombre para explicarse su mundo y su existencia es sólo una perspectiva o punto de vista, no la única posible; así, la presencia del monolito puede traer consigo más dudas que explicaciones, lo cual en ocasiones es más positivo que al contrario, pues invita al razonamiento reflexivo de la situación. Dudar alimenta la curiosidad y ello estimula el afán de conocimiento, proceso inseparable del devenir evolutivo de la humanidad.

¿Puede ser que cada aparición del monolito en distintos puntos y momentos de la historia sea diseñada como una especie de pistas a seguir para un propósito específico? ¿Una trampa? O al contrario, ¿una invitación abierta al hombre para compartir los avances, más que científicos, existenciales, sobre el espacio, el tiempo y la trascendencia del ser, cualquiera que este sea?

Cómo se reacciona ante el monolito también puede ser una clave importante. Los monos tientan con cautela el objeto en un proceso de ensayo y error, proceso que puede ser propiciado, y por ende la evolución del ser, a partir de la presencia del artefacto. Después de esto se enmarca el comienzo del uso de utensilios como herramientas, para la caza o la defensa del territorio por ejemplo, un avance importante en el proceso evolutivo del hombre. El evento mismo, el monolito, no lo propicia, más bien lo presencia. O tal vez no exista ninguna relación causal, sino simplemente circunstancial; ¿cómo saberlo?

Para 1999, cuando los astronautas y científicos se encuentran con el artefacto en la Luna, su reacción, después de acercarse al objeto con otro tipo de precauciones, instalaciones construidas alrededor del monolito, es tomarse una fotografía. Entonces se produce un fuerte sonido agudo, ahuyentando a los humanos o por lo menos deteniéndolos de su acción.

¿Qué significa esto? ¿Puede ser el sonido un mecanismo de defensa o una forma de llamado de atención? ¿Puede ser simplemente la señal, metafórica y literal, de que la raza humana está lista para ser recibida en Júpiter, a donde los guía el monolito?

Tanto uno como otros grupos reaccionan de manera diferente, si bien son épocas muy distintas. Su instinto de respuesta es parecido, en el fondo, movido por la curiosidad y el deseo de conocimiento, pero con una actitud muy contraria y hasta opuesta entre uno y otro momento.

Los encargados de la expedición en 1999 incluso ocultan la información, en lugar de compartirla, dicen ellos por precaución, para entender la presencia y función del objeto antes de hablar al público de su existencia, mintiendo además con tal de ocultar lo que se sabe. En la época pasada, el mono actúa bajo un instinto más bien de acción y reacción que le permita, a partir de lo aprendido, tomar control de la situación. Los científicos modernos actúan ya de entrada como si tuvieran ese control, sea así o no, pero, en ambos escenarios el conocimiento recabado es usado para beneficio propio, un aprendizaje que eventualmente será compartido pero que de entrada es utilizado de forma egoísta, para hacer sentir al descubridor superior a sus similares, bajo el simple deseo de prevalecer o de trascender, incluso de sobrevivir.

Una vez que el equipo se embarca en la misión hacia Júpiter, los científicos son puestos en cápsulas de hibernación para ser despertados a su llegada al planeta. La nave entonces queda comandada por dos astronautas y una máquina de inteligencia artificial, HAL. Esta máquina, como ella misma se describe, es un aparato “incapaz de cometer errores”. Su programación no sólo le permite imitar las actividades del cerebro humano, procesamiento de datos y resolución de problemas a partir de la información que encuentra en su sistema, sino que también, por estas mismas capacidades, se convierte en cerebro y sistema central de manejo de la nave.

La decisión trae consigo sus altibajos; si bien HAL puede operar todos los sistemas por sí solo, esto mismo logra que ante un malfuncionamiento, sea la máquina prácticamente la única que puede decidir el curso a seguir, incluso por encima de los humanos.

Para HAL, según su programación, lo más importante es la misión; entonces, ¿por qué reportar un error en la nave cuando no existe? ¿Desviación de atención? ¿Es su falla ejemplificación de que una máquina, por muy exacta que esté programada y diseñada, no se salva del error, un error que a la larga sólo puede resolver la mente humana, que considera en su análisis todas las variables posibles y no sólo las predeterminadas?

Cuando HAL avisa del error, los astronautas revisan la pieza y descubren que no existe ninguna falla. La lógica a seguir dicta regresar la pieza a su lugar y esperar a que falle realmente para entonces reemplazarla, si es que eventualmente llega a haber un error con ella, algo, en cierto sentido, ‘incomprensible’ para HAL. Ante esta decisión humana y para cumplir las estadísticas de cero errores, ¿no sería lo más ‘lógico’ que HAL causara el error a propósito, para que demuestre que tuvo razón en su diagnóstico?

La máquina analiza patrones de información de todo tipo, incluido al hombre; es así como prevé el actuar del humano. Sabiendo que planean desconectarlo, HAL anticipa las subsecuentes acciones de David Bowman y Frank Poole, los astronautas, conociendo de antemano que lo más probable es que ante el fallecimiento de Frank, cuyo cuerpo salió desprendido hacia el espacio, accidente provocado por HAL, Dave salga a intentar ayudar.

Dave duda además de la naturaleza de la misión, un cuestionamiento natural y humano que la máquina no puede permitir, convirtiendo al astronauta en el obstáculo que lo aleja de cumplir su objetivo. Apagar y neutralizar a HAL es la demostración de que, si el hombre crea a la máquina, él está por encima de ella. HAL cede, actuando incluso de forma más humana en ese sentido, porque ‘teme’ ser desconectado y fallar, porque no entiende las complicaciones que se desprenden a raíz de su malfuncionamiento. En contraste, Dave y Frank aceptan el sacrificio y cuestionan la secrecía de la misión; actúan de forma casi automática ante la aparente monotonía de vida dentro de la nave, pero cuando hay que tomar decisiones, no se limitan a lo que un manual les dicta, sino que plantean los posibles diferentes escenarios y sus resoluciones, algo que la máquina no puede hacer.

Si hubiera un error, el error es humano, explica HAL, cuando informa de la falla en la pieza y se enfrenta a la incredulidad del equipo por aceptar lo que dice, creyendo que es HAL el que se equivoca. El reto para el hombre, para Dave en este caso, es enmendar errores, corregirlos, lo que significaría evidencia de su evolución.

HAL dice que su objetivo es ser útil, como lo sería para cualquier otra entidad, pero en qué sentido. De alguna forma la máquina cumple en efectivo su función, completar la misión y lograr que alguien encuentre su camino a Júpiter. ¿Pero no es la visión de HAL un entendimiento de existencia muy simplista y encasillado?

¿Cuál es el objetivo del hombre? ¿Cuál es el objetivo del monolito? ¿Existe algún objetivo para cualquiera de ellos? Y de ser así, ¿Quién o qué lo determina? En síntesis el hombre siempre ha buscado sentido a su existencia y en su proceso de evolución anhela trascender al tiempo que añora no estar solo en el universo, de ahí la creación de mitos y dioses de todo tipo. ¿Es ese viejo afán el motivo de la misión a Júpiter? Lo que observamos al final del viaje ¿sucede realmente o está sólo en la mente del astronauta?

Cuando Dave se encuentra con esta forma de vida extraterrestre, su mente se llena de un entendimiento sobre la vida que supera sus capacidades, donde la evolución, su evolución y la de la raza humana, son más que una cronología de años, son momentos de cambio que su ADN arrastra desde que el hombre era sólo un primate. Lo importante no es el tiempo que le llevó llegar a ahí, los millones de años de transformación, sino el camino que tiene delante, frente a un número desconocido de años de existencia pero de continuo avance, si es que se está preparado para tal. Preguntas sin respuestas, afirmaciones sin preguntas, escenarios imaginados. La película funciona como detonador de la imaginación.

Ficha técnica: 2001: odisea del espacio - 2001: A Space Odyssey

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