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Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 13 de abril de 2017
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Un sistema de gobierno dicta la forma de organización de una sociedad, pero esto no significa que sus ciudadanos deban atenerse a él obligatoriamente, sin cuestionarlo. El inconforme no es forzosamente un revolucionario, es sólo alguien que piensa diferente y que ejerce su derecho a expresar sus opiniones, usualmente a fin de generar un cambio a favor, no para él, sino para el ambiente y la comunidad en la que vive. El ejercicio del librepensamiento, de una u otra manera, puede provocar críticas que cuestionen la forma de organización social, jurídica, productiva y cultural predominante en una sociedad determinada. Que sea así es parte natural de las contradicciones propias de la diversidad humana.

En la película animada Antz - Hormigas (EUA, 1998), dirigida por Eric Darnell y Tim Johnson, escrita además por Paul Weitz, Chris Weitz y Todd Alcott, Z, el protagonista, es una hormiga obrera inconforme, que vive a disgusto y es hasta un tanto pesimista, que cuestiona su entorno y la manera en que el mundo en el que vive y el sistema de organización totalitario en el que existe limitan su propio crecimiento. Sus inquietudes no pretenden cambiar la colonia en la que nació de una manera drástica o violenta, porque sus intenciones no son más que las de pensar, soñar y creer en ideas diferentes a las suyas. La transformación dentro de su entorno eventualmente llega porque con su ejemplo, los otros a su alrededor descubren que hay diferentes posibilidades a las rigurosamente establecidas, de trabajo, de vida, de sociedad y de pensamiento, que hasta entonces nunca nadie les habían presentado.

Como colonia de hormigas, la especie vive bajo un régimen piramidal, donde en la punta o la cima se encuentra la reina, y hasta el fondo, la mayoría, las hotmigas-obrero. Esta forma de organización ha derivado en un totalitarismo donde los pocos se convierten en opresores de los muchos, Z entre estos segundos. Pero para esta hormiga, la idea cerrada, predeterminada y programada de su existencia es una caja cuadrada llena de limitantes, más que de oportunidades.

Z se pregunta por qué tiene que conformarse y por qué ‘debe’ acatar órdenes, cómo es que este estatus piramidal se determina, o quién lo determina, y por qué no puede escalar dentro del esquema que tiene enfrente en busca de éxitos personales y profesionales. Z se permite ser diferente y pensar diferente porque es su derecho y siente la necesidad como algo innato.

“Piensas demasiado”, le dice una de sus compañeras obreras a Z, porque tener ideas no es algo usual en un tipo de sistema como en el que viven, donde acatar órdenes es un deber y donde se le tacha de alborotador a aquel que no sigue el estricto e inflexible molde lleno de leyes diseñadas sólo para controlar a la clase mayoritaria, los obreros en este caso. El sistema funciona precisamente porque las hormigas-obrero (la clase trabajadora) están educadas para ser sumisas, obedientes, dóciles, capaces de obedecer y, por tanto, incapaces de pensar y tomar decisiones por sí mismas. La idea describe en forma indirecta una crítica al sistema económico y cultural propio del capitalismo neoliberal en donde la educación masiva es cada vez más deficiente y centrada en la adquisición de capacidades y habilidades mecánicas.

Aunque posean el control de los medios de producción, que hace funcionar a la colonia, como señala acertadamente el protagonista de la historia, los obreros son enseñados a considerarse menos, insignificantes o desechables, piezas sacrificables que sólo sirven para el beneficio de la clase mejor posicionada; peones sin importancia, o la clase débil, como los llama el General Mandíbula, para quien la división de clases existe para permitir que el más fuerte persista a partir de la extinción del más débil.

El plan del General Mandíbula consiste en eliminar al grupo social mayoritario, los obreros, para asegurar la supervivencia de una ‘raza suprema’, incitando a la guerra para provocar la desestabilidad y más tarde inundando la colonia a través de un túnel construido por los mismos obreros. Una estrategia que tiene un eco muy similar con sistemas autoritarios como, por ejemplo, el fascismo, un movimiento político en donde la sumisión de voluntad de acción es forzada en la gente a través de un régimen que priva al individuo de muchas libertades, en ocasiones utilizando la imposición militar.

Pero cuando Z desafía y cambia el orden del sistema, eligiendo por sí mismo y no a raíz de lo que le dicen, promoviendo el individualismo y al ser como el eje importante que rige al individuo, u hormiga en el caso de la película, entonces rompe con esa forma de organización de control que permea históricamente dentro de su colonia. Z se convierte en un ejemplo a seguir y, por tanto, en un estandarte que demuestra que el cambio es posible. En respuesta sólo hacen falta promesas vacías y amenazas de violencia para intentar destruir aquellos nuevos ideales, pero con la idea plantada es sólo cuestión de tiempo que otros comiencen a cuestionar también su propio entorno, que otras voces expresen su inconformidad y disgusto y que, por consiguiente se inicien acciones tendientes a cambiar la situación.

La clave para lograrlo es la unión de la mayoría, los de la clase obrera, y la división del trabajo, respondiendo a aquel dicho popular que dice ‘la unión hace la fuerza’. Sólo trabajando en conjunto, una vez que han sido encerrados en el túnel a punto de inundarse, los obreros podrán salvarse de su desaparición.

“La colonia somos nosotros”, reclama Z, que entiende que aquella nueva colonia ‘perfecta’ que Mandíbula plantea, y que está más cercana a convertirse en una dictadura, no puede existir sin su labor, sin su trabajo, sin su mano de obra y sin su existencia, porque sin ellos, la colonia no puede funcionar. Una sociedad necesita de la gente y de la comunidad, de la equidad y la distribución, no de individuos con privilegios que sólo les digan a otros lo que requieren que hagan, a su beneficio y no el colectivo, porque es entonces cuando se coarta la libertad.

Como mayoría y como obreros, estas hormigas son las que permiten que la colonia exista y funcione, dejando ver a Z y a sus compañeros que son ellos la pieza que cimienta el orden de su sistema, que la independencia y la libertad no van peleados con sus deberes u obligaciones, porque estos son responsabilidades a favor de sus similares, no restricciones u órdenes que se acatan sólo para el beneficio de unos cuantos.

Cuando Z sale de la colonia en busca de ‘Insectopía’, un paraíso ideal donde no hay guerras, ni deberes, ni órdenes, él busca conocimiento, alternativas y autonomía. Regresa a su colonia en busca de la princesa de la que se ha enamorado, pero se queda para ayudar porque el bien personal y el de la comunidad van ligados, no son contrarios, como el régimen dentro parece desdibujar; sólo entonces la acción y el cambio se hacen posibles.

“Piensa por ti mismo”, es uno de los consejos que le dice a Z un compañero soldado que muere en batalla, quien entonces se da cuenta que seguir órdenes, sin pensar realmente en ellas o en las decisiones personales, es lo que lo ha llevado a una vida monótona, sin motivaciones, con una muerte igual de insignificante, causada por un grupo de superiores que ni siquiera les tienen consideración a los de su clase.

Este consejo es lo que eventualmente mueve a Z a decidirse por buscar algo más allá de las limitantes en las que está acostumbrado a vivir. Cuando llama a la unidad para que las hormigas se salven de la muerte en el túnel, otra a la que le pide hacer algo le pregunta: ¿Con qué autoridad? “Con tu propia autoridad”, le dice Z, haciendo un llamado a su independencia, la libertad de pensamiento y el individualismo, que no es más que la autonomía del ser, el pensar y actuar sin sujetarse a ciertas normas prestablecidas. No es romper con la sociedad y el Estado, es valorar sus normas y elegir, con las responsabilidades y consecuencias que esto conlleva, y sin alterar la convivencia social, a partir de los parámetros del juicio propio y no de uno obligado o coaccionado, como sucede en los regímenes autoritarios, de opresión.

Ficha técnica: Antz - Hormiguitaz

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