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Identidad Sustituta

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las sociedades evolucionan según como las personas se lo permitan a sí mismas, en sus relaciones sociales, sus sistemas de organización, su política, su economía, su convivencia con su medioambiente y/o su avance tecnológico. El hombre crea, se adapta. La tecnología es creación humana que permite al mismo ser humano inventar, retar su mente, encontrar un apoyo en su evolución y adaptación misma, sin embargo, a veces la tecnología avanza tan rápido y al grado tal, que llega a desplazar al hombre, hacerlo obsoleto, amenazar su propia supervivencia como especie.

En Identidad Sustituta (EUA, 2009), película dirigida por Jonathan Mostow, con un guión de John Brancato y Michael Ferris (basado en el comic “The Surrogates”, escrito por Robert Venditti y dibujado por Brett Weldele), protagonizada por Bruce Willis, Radha Mitchell, Rosamund Pike, Boris Kodjoe, James Cromwell y Ving Rhames, las personas viven la vida a través de sus “substitutos”, máquinas robots a las que se conectan para hacer cualquier cosa.

En esta sociedad futurista, casi nadie convive con otros seres de carne y hueso, sino que las personas se conectan a las máquinas y a través de ellas realizan sus actividades. Cuando un detective se encuentra con un caso de posible homicidio, donde una descarga eléctrica deshabilitó al sustituto y colapsó hasta la muerte el cerebro de su operador, la investigación lo lleva a descubrir una conspiración de alto nivel, donde están implicados el departamento militar, el hombre que creó la tecnología de los sustitutos y la empresa encargada de la manufactura de estas máquinas, además de un grupo de personas, a quienes llaman “rebeldes”, que se niegan a aceptar esta tecnología y quienes viven en reservas donde ningún sustituto puede entrar, profesando la mentalidad de vivir la vida y las experiencias a través de las personas mismas, no con las máquinas-substitutas.

La investigación del caso lleva al protagonista a preguntarse sobre la conectividad humana y la forma en que el hombre ha dejado de ser un ser social como tal, para comportarse como un ser vegetativo. Hay una sociedad, una comunidad, pero las personas se aíslan en sus propias casas, permitiéndose conocer el mundo sólo a través de las máquinas. La idea tiene un eco con la sociedad actual, con aquellos que exploran su entorno sólo a través de una realidad virtual, conectándose con otros por medio de las redes sociales, el internet, la telefonía y los demás medios multimedia, pero incapaces de una conectividad humana en el mundo real.

En la película, las personas viven a través de los sustitutos, pero no experimentan realmente su lado humano, porque nunca tienen un verdadero contacto con los otros humanos; las personas no experimentan el mundo real porque no “sienten” el mundo real, no hay sensaciones y los sentidos no se activan, no pueden disfrutar del sonido del canto de un ave o el del paso de un tren, no saben cómo se siente el calor del sol sobre la piel o el olor de una flor durante el verano.

La realidad de esta sociedad, tal la presenta la historia, es de substitutos conviviendo con otros substitutos, máquinas con máquinas coexistiendo en un mismo espacio y tiempo, mientras sus operadores se mantienen distanciados. ¿Por qué una persona cualquiera elegiría vivir a través de una máquina? ¿Para huir de algo o de alguien, para alejarse del exterior y de las personas, o por miedo y soledad?

Cuando el detective y su esposa, un matrimonio que se ha distanciado por la muerte de su hijo, tienen una pelea, ella, para alejarse del momento, se desconecta de su máquina. Ella corta la comunicación, sin dase cuenta que al vivir a través de la máquina hace lo mismo, evitar que haya un acercamiento y relación entre ella y su esposo. Ella huye de él al desconectarse del robot, pero huye de tener que lidiar con sus sentimientos y sus emociones en el dolor que implica afrontar la muerte de su hijo. Al existir en el mundo vía una máquina, su substituto, en realidad huye del mundo real.

La interacción entre humanos ha cambiado a raíz del surgimiento de los substitutos y el uso común de ellos en el quehacer de la cotidianeidad ha cambiado a la sociedad misma. El creador de estas máquinas, un proyecto que comenzó siendo una herramienta para que personas con enfermedades y capacidades limitadas pudieran vivir a través de aparatos artificiales, quiere retornar a la sociedad a su estado natural; él quiere deshacerse de todos los sustitutos, pero también quiere matar a todos los usuarios que utilizan esta tecnología. “Murieron el día que se conectaron a las máquinas”, se excusa cuando el detective lo confronta. Su pensamiento tiene lógica, aunque sus acciones parezcan radicales y, en cierta manera, inhumanas.

Su tecnología inició como una respuesta médica de ayuda a enfermos, pero pronto encontró su camino para convertirse en tecnología militar que perfeccionara tácticas de guerra (como los drones actuales, que pueden atacar un lugar específico, cuando sus operadores se encuentran del otro lado del mundo). Cuando esta tecnología se volvió de uso común, comenzó la comercialización y el mercado creó una industria de ventas y ganancias monetarias. La empresa ahora quiere al creador muerto, mientras que él quiere que los substitutos desaparezcan de la Tierra.

El uso común de las máquinas hace que las personas adquieran un anonimato, un peligroso escudo de vigilancia y libertad que no todos saben utilizar y del que otros se aprovechan. Los sustitutos no siempre son las personas que parecer ser y a veces los utilizan como careta, aislamiento o protección; la máquina, cuyo aspecto es el de una mujer joven, puede ser realmente operada por un hombre de mediana edad, como sucede en la película.

La historia también demuestra cómo existen lugares donde a los robots se les hacen mejoras, lugares donde se les cuida, se les recarga la batería, se les limpia y se les procura. El bienestar social no es el de las personas, sino el de sus sustitutos. Es como si la sociedad se preocupara más por sus máquinas que por ellos mismos. El hombre no vive una vida, vive para su máquina y pierde así su independencia y su identidad.

La situación es una exageración, pero es posible notar el relativo en el mundo actual, personas que no pueden vivir sin sus aparatos de tecnología (computadoras, celulares, internet, redes sociales), y quienes no saben cómo convivir si no es a través de ellos, o personas más interesadas por el aspecto de su celular –protectores de celulares, por ejemplo– que por ellas mismas.

De esa forma, como presenta la película, el hombre pone a su mente en un estado pasivo y a su cuerpo en un estado aún más estático y cautivo. Con la existencia de los sustitutos, la historia plantea las diferencias entre lo natural y lo sintético, la vida virtual ante la vida real, el hombre en su estado humano frente a una máquina de metal. Esta sociedad se ha encerrado en una caja de cristal, se ha limitado y ha temido tanto de su exterior, que se ha vuelto aún más frágil.

Preocupado por la perfección del ser, el cuerpo perfecto, el aspecto más pulido y las siluetas más exactas, el ser humano que vive en este mundo de ficción (la película), refleja con sus acciones la necesidad del hombre por alcanzar trascendencia, supervivencia y supremacía en su existencia. Las personas, en el mundo actual, viven para cubrir una serie de necesidades creadas, materiales o no, como el mejor salario, la mejor casa, el peso ideal o el grado más alto de estudios; cuando no lo alcanzan, buscan la forma de acercarse a esta representación de lo ideal; en la narrativa de la película ello son los sustitutos y el vivir a través de ellos, como modelos de lo que creen inmejorable y perfecto.

Una sociedad así lleva a las personas, tal cual le sucede al protagonista de la historia, a preguntarse sobre su naturaleza y su calidad humana. A preguntarse: ¿qué nos hace humanos, qué nos hace seres sociales, qué significa vivir en comunidad y qué implica la individualidad? ¿Por qué vivir a través de una máquina si el hombre tiene una infinidad de posibilidades de vida, existencia y trascendencia, como seres pensantes, creativos y creadores? O ¿es que el desarrollo de la tecnología está anulando la capacidad de pensar en la mayoría de la población?

Ficha técnica: Identidad sustituta - Surrogates

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