Conspiración y Poder

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Conspiración y Poder

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 14 de julio de 2016
Cine

El periodista formula preguntas en busca de información, porque con sus preguntas cuestiona su realidad, aclara dudas, organiza los datos, analiza el contenido e investiga las razones que ofrezcan explicaciones y conocimiento de su entorno. Cuestionar es importante para las personas en su crecimiento, pero para el periodista de investigación, es la base que funciona como motor de su trabajo.

En Conspiración y Poder (EUA, 2015), Mary Mapes, productora del programa de noticias “60 Minutos”, de la cadena televisiva CBS (Columbia Broadcasting System), recibe, a semanas de llevarse a cabo las elecciones presidenciales de 2004 en Estados Unidos, información sobre las actividades del entonces Presidente, George W. Bush (quien busca la reelección de su puesto), durante su periodo de servicio militar en la Guardia Nacional Aérea. Según la información que Mary recoge, el Presidente no cumplió con todas sus actividades oficiales de manera ordenada, evitando ser reclutado para la guerra de Vietnam haciendo uso de favores políticos, lo que evidenciaría la influencia de parte de terceros en el asunto, pues los registros oficiales muestran el completo cumplimiento de sus actividades en el servicio militar por parte de George W. Bush.

La historia periodística con la que el equipo de noticias se encuentra es tan importante como relevante tomando en cuenta el contexto de elecciones presidenciales que se viven, haciendo que la presión en ellos crezca hacia la información que tienen enfrente. La transmisión del programa con esta información se apresura. “Las noticias no pagan las cuentas”, dice el productor de noticias, en su búsqueda por continuar siendo socialmente esencial en el momento dado, por lo que el equipo debe trabajar contra reloj para cubrir la historia, cotejando, verificando y construyendo los hechos para un programa informativo de análisis. Sin embargo, una vez expuestos los documentos, varios medios de comunicación, especialmente los digitales, comienzan a cuestionar la veracidad de los papeles que se presentan como evidencia.

La cadena televisiva no puede arriesgarse, por dinero, reputación, acuerdos con terceros o posición social, por lo que presionan para que se vuelvan a revisar todas las notas y documentos relacionados con el caso. Entonces, algunas fuentes se retractan y otras desaparecen, mientras otros tantos se mantienen al margen, deslindándose de la investigación y/o de su responsabilidad, para no tomar partido de la situación.

Ante el empeño de los otros medios de comunicación y la opinión pública respecto a la investigación periodística del programa, como un noticiero que presenta como verdaderos documentos de dudosa procedencia, la cadena televisiva comienza su propia averiguación legal de la situación, señalando y juzgando el desempeño de sus periodistas, no la noticia misma, presionando ante la retracción de la información y el despido definitivo de los involucrados en el programa.

“Se supone que debemos cuestionarlo todo”, razona uno de los integrantes del equipo de investigación que lidera Mary Mapes, hablando de que los periodistas no hicieron nada malo, sólo se atrevieron a preguntar abiertamente sobre un asunto específico, tal cual es su trabajo. El problema, parece ser, no fue haberlo cuestionado, sino que hicieron las preguntas correctas que provocaron la incomodidad de más de uno de los expuestos en el caso. “Tenemos la historia”, insiste Mary, sabiendo que el debate que se ha despertado es producto de una posible verdad detrás de todo el escándalo. “¿Qué preguntas buscamos contestar?”, dice ella cuando inician la investigación, hablando de que todos los datos deben tener un análisis, perspectiva, opinión crítica y objetivo. Como periodistas, ella y su equipo encaminan el rumbo de la historia, según la información que reciben, y aunque en este caso el camino puede ser correcto, aunque tienen la historia que se dibuja a partir de la información, no tienen todas las fuentes necesarias y autentificadas para respaldar esa investigación.

Las personas, una vez que se desata el escándalo, se enfocan en los documentos, pero éstos no son la historia, la historia rodea el pasado del Presidente Bush. Correctos o incorrectos, los papeles despiertan preguntas y levantan dudas; a pesar de eso, la otra pregunta importante (¿hubo posibles errores o fallas durante el proceso de investigación periodística del programa “60 Minutos”?), es la única duda que acapara la atención de los ciudadanos y la sociedad en general. Es como si las personas se volcaran hacia aquellos que pueden atacar libremente, Mary, en lugar de hacerlo frente a quienes, incluso involucrados, es difícil cuestionar, el Presidente, por ejemplo. Los medios, entonces, sirven de instrumento para debatir a otro medio de comunicación, desviando la atención del público hacia la conducta profesional de los periodistas y dejando de lado lo verdaderamente significativo: la conducta éticamente incorrecta del Presidente al eludir con dolo y transacción de favores ilegales (tráfico de influencias) el cumplimiento del servicio militar; algo gravísimo para quien ocupa el mayor cargo de responsabilidad política en cualquier País.

Alguien debe tener la culpa, le dice su abogado a Mary una vez que se le ha solicitado presentarse ante el grupo que realiza la investigación interina del equipo del programa de televisión. Ella se pregunta sobre el proceso periodístico que se llevó a cabo, sobre la forma en que procedió con la historia y sobre la historia misma que llegó a sus manos, en sus errores de impulsividad, pero también en la verdad detrás de la historia, porque cada mentira debe tener una verdad de fondo. Los documentos fueron puestos en duda por los medios digitales, pero nunca fueron negados por las autoridades o demás acusados, dejando la historia de fondo al aire, sin verdaderas respuestas.

La lógica que la periodista señala es que, incluso si los documentos no fueran reales, alguien debió preocuparse por intentar hacerlos parecer auténticos, conociendo obligadamente, para lograrlo, el historial de carrera del Presidente Bush, los puestos de sus superiores y su función en la Guardia Nacional, el entrenamiento que allí se lleva a cabo, los reportes oficiales y la forma en que se despliegan, la manera en que funciona el sistema militar del país y la forma exacta de archivar esa información. Para ser una mentira, es una bien elaborada, por alguien al parecer que para lograrla debe necesariamente forma parte del sistema, y eso, entonces, es indicativo de algo. O bien, la historia es cierta y el silencio de la Casa Blanca y de autoridades militares opera como confesión de parte. El que calla otorga, dice un dicho popular.

“Hice mi trabajo”, repite ella, sabiendo que cualquiera que fuera el fallo y la resolución de la historia que investigaba con su equipo, las preguntas fueron hechas y con ello, el tema fue revelado, puesto sobre la mesa. Su trabajo era preguntar, no asegurar que las respuestas iban a ser bien recibidas, ni que las respuestas fueran absolutas. El periodista presenta una información, la sociedad misma debe preguntarse sobre ella, no sólo en su forma, formato y estilo, también en su contenido y contexto.

El equipo en su totalidad, finalizado el escándalo, es despedido del programa, incluyendo a su veterano conductor y a la productora del mismo, revelando con ello una verdad palpable y ejemplificada con la historia: el sistema parece estar arreglado, en el ámbito de sectores económicos y políticos, empresas, medios de comunicación y otros altas esferas del poder. El poder se ejerce con control, represión y manipulación. Los medios masivos de comunicación son instrumentos al servicio del poder económico-militar. Quienes se atreven a cuestionar sufren en carne propia las consecuencias. La película lo hace evidente, sin embargo, a fin de cuentas, siempre hay espacio para la crítica, al final alguien siempre se rebela, se inconforma.

La historia está basada en el libro escrito por la verdadera Mary Mapes, publicado en 2005, “Truth and Duty: The Press, the President and the Privilege of Power”. Escrita y dirigida por James Vanderbilt, la película está protagonizada por Cate Blanchett, Robert Redford, Topher Grace, Elisabeth Moss, Bruce Greenwood, Stacy Keach y Dennis Quaid, entre otros.

Cine, 495 lecturas.

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