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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 23 de abril de 2015
Cine, Amén
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Hacer lo correcto no siempre es fácil, implica convicción, decisión, valor, respeto, consideración y ante todo ética; las creencias personales, profesionales, sociales, éticas y culturales entran en juego y ponen a prueba al ser humano. Amén (Francia-Alemania-Rumania, 2002) presenta una serie de situaciones relacionadas con la guerra y sus horrores, ante las que los protagonistas tendrán que desafiar todo obstáculo con tal de ser fieles a sí mismos y hacer lo que consideran correcto, moralmente justo.

Dirigida por Costa-Gavras y escrita por el mismo y Jean-Claude Grumberg, basándose en el trabajo previo de Rolf Hochhuth titulado El Vicario. La historia se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. Kurt Gerstein (Ulrich Tukur) es un científico encargado de desarrollar materiales químicos para purificar el agua que llega a los soldados de Alemania. Después de ser reclutado por la SS para eliminar plagas en los campos de concentración, se da cuenta que sus químicos están siendo utilizados para matar a miles de judíos presos, cuando oficialmente se ha declarado públicamente que estas personas son enviadas a campos de trabajo. Gerstein se encuentra comprometido por ser de los pocos miembros del partido que saben esta información, pero decide que él no es el tipo de persona que permita la muerte sin razón justificada y apela a la iglesia católica de Alemania, donde vive, para hacer algo al respecto y condenar los crímenes. Sólo un sacerdote jesuita, Riccardo Fontana (Mathieu Kassovitz), decide ayudarle a movilizar una misión hacia Roma para informar al Papa Pío XII de la realidad; pero incluso dentro del Vaticano, las negociaciones diplomáticas y la protección de intereses tienen más peso para algunos de las principales figuras de la Iglesia, sin importar que en consecuencia se tenga que dar la espalda, es decir ignorar, a los crímenes de guerra cometidos.

La película plantea interesantes cuestiones sobre las creencias, los intereses, las conveniencias y la presión externa (grupos de poder o sociedad), poniendo en predicamento a varios de sus personajes. Gerstein se dirige hacia su comunidad religiosa bajo la idea de solidaridad humana, diciendo que como grupo católico no pueden permitir la muerte de otros seres humanos. Su razonamiento tiene lógica bajo los lineamientos de unión comunal y apoyo al prójimo. La respuesta de sus similares en la Iglesia es tan cruda como relevante e ilustrativa respecto a la forma de organización de la misma. No podemos ayudarlos a todos porque son judíos, no católicos, le explican en algún punto al científico. Los conventos han acogido a ciertas familias, pero su primera negativa se expresa bajo la idea de que como judíos, no es parte de sus responsabilidades católicas tener que cargar con el peso de la situación, y menos es su deber ayudarlos.

El trasfondo de esta postura responde a varias razones. Una es el miedo, otra la protección hacía sí mismos, porque la Iglesia católica sabe que ayudar a los judíos es declararse en contra de las decisiones Nazis, el partido dominante en Alemania durante esa época; y aunque bien reprueban esas políticas racistas y de exterminio, expresarlo abiertamente los pondría en la mira de un ataque de guerra.

Otra más de fondo implica el pensamiento conservador de la época: Si Hitler arremete en contra del comunismo ruso y después apoyamos a un pacto de cese de guerra con los aliados, entonces todos saldrán ganando, incluidos nosotros. Esa es la lógica que miembros católicos distinguidos expresan a Riccardo en uno de sus intentos por coordinar una reunión entre el Papa y Gerstein.

Ante una Iglesia que quiere quedar como neutral a fin de no poner en peligro a sus feligreses, el escenario se torna imposible de solucionar. Para los involucrados lo importante es ganar la guerra, no detenerla, como lo demuestra una conversación con el embajador de Estados Unidos. El país no está interesado en evitar las muertes judías, porque como ellos lo ven, la única forma de evitarlas terminantemente no será negociando, sino ganando. En suma, la guerra expresa la lucha de intereses nacionales, económicos y políticos de los bandos en pugna, dejando a los judíos (y a los ciudadanos de los países involucrados) como víctimas de esos intereses.

La historia demuestra una variedad de pensamiento (razonamiento y postura) en un escenario caótico como la guerra. A diferencia de la mayoría de sus semejantes, los personajes principales, Gerstein y Riccardo Fontana, deciden dejar de ser espectadores de los problemas que les rodean. Ellos deciden hacer algo, pero como minoría, su camino será difícil de recorrer, sus convicciones por el cambio serán difíciles de lograr y su destino final será más trágico que exitoso. Uno de los personajes se lo explica así a Gerstein: existe la vida como es y la vida como debería ser, lamentablemente tenemos que vivirla como es.

Si los protagonistas son idealistas o no en su misión para denunciar el genocidio, lo importantes es la mirada humanitaria de personas que se vieron en circunstancias desafiantes; su reacción de apoyo hacia sus similares es un ejemplo de cómo algunas personas, incluso en momentos de lucha, muerte o injusticia, eligen levantarse en contra de la opresión, inconformarse y ayudar.

Representando cómo aparentemente los crímenes del régimen Nazi fueron permitidos por parte de ciertas organizaciones y círculos de poder, la historia deja a la reflexión una serie de cuestiones éticas y morales en una realidad de lucha, desesperación, muerte y falta de la libertad como la que vivían muchos ciudadanos, de cualquier nación, durante la Segunda Guerra Mundial.

Ficha técnica: Amén

Cine, Amén, 3,158 lecturas.

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