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Un domingo cualquiera

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Domingo de futbol americano, domingo de juego, de lucha, de perseverancia, de guerra deportiva. “En un domingo cualquiera, puedes ganar o perder. En un domingo cualquiera, cualquier cosa puede pasar”, dice Tony D’Amato, entrenador del equipo ficticio de futbol americano de Miami en la película Un domingo cualquiera (EUA, 1999), historia que se adentra a la escena “tras bambalinas” de este deporte a través de la perspectiva de quienes trabajan en él, dueños, deportistas, entrenadores, comentaristas, analistas y otros miembros del equipo técnico como doctores, ayudantes y estrategas.

Las posibilidades de ganar o perder en el juego dependen de todos sus participantes. El futbol americano es un deporte en equipo, no una competencia de individualidades, pero en la película, el equipo de los Tiburones de Miami pasa por problemas de juego que se acrecientan dada la constante lucha de egos que se vislumbran dentro y fuera de la cancha. Todos quieren tener el control y pocos de ellos viven cada partido bajo la filosofía de compartir, de confiar en el otro para que el otro confíe en ellos.

El entrenador tienen una carrera deportiva prolífica que lo lleva a estancarse en sus antiguas formas de juego y en la necedad, pero su equipo, en especial el quarterback suplente (tercer quarterback, segundo en la línea de espera y quien entra a la cancha luego que el titular sufre una lesión) y la manager a cargo de la franquicia quieren renovación, modernidad, agilidad y flexibilidad (ella además se plantea vender el equipo con el fin de obtener mayores ganancias), palabras poco utilizadas por el coach, quien también tiene sus propias fricciones con los técnicos expertos en estadística encargados de planear jugadas y movimientos basados en el análisis de juego de los equipos contrarios.

El mariscal de campo lesionado Cap y su segundo suplente Beamen no pueden ser más diferentes; el primero tiene la experiencia en el campo y la disciplina para escuchar y ser escuchado, para ser un líder, mientras que el otro a su llegada se ve apantallado por el juego, como suplente no está acostumbrado a los partidos, desconoce el libro de jugadas y se muestra más que nervioso en la cancha, pero su ascenso y éxito lo hacen querer darlo todo en el juego, incluso si ello hace que pierda perspectiva y falle en darse cuenta que el resto de los jugares están ahí para jugar juntos y ganar; el quarterback no tiene que hacerlo todo (y tampoco es la estrella).

Todos en realidad quieren lo mismo, ganar, pero la mayoría se ve envuelto en una nube estilo “soy protagonista de mi propio espectáculo” al grado que las motivaciones, estrategias y decisiones de los participantes están en constante choque. La razón es que las preocupaciones difieren, los obstáculos para ganar, incluso si éste es el fin último de todos, son diferentes: algunos lidian con lesiones, otros con contratos y bonos adicionales, algunos enfrentan la presión de sus familias, de la prensa especializada, del gobierno local o de los otros asociados de la liga deportiva.

Pelear o morir es el dictamen. El equipo luchará ante cualquier adversidad, la pegunta es ¿cómo?, con disciplina o con impulsividad, con estrategia o con habilidad de engaño, con flexibilidad o con mano dura. La historia no se centra en decidir correcto o incorrecto, sino en destacar que cada personaje es motivado por razones personales (familia y futuro siempre tomando el primer puesto en sus prioridades) y tomando decisiones con la confianza (y esperanza) que éstas les traigan resultados positivos. ¿Cómo encontrar el balance entre beneficio propio y beneficio comunal (el equipo) cuando parece que cada individuo vive a su propio ritmo?

Tu vida es lo bueno y lo malo, es la reflexión de uno de los personajes principales, bajo la idea de que al momento una decisión puede parecer buena y luego mala, bajo la idea de que ser parte del equipo no significa hacer lo que uno quiere ni lo que a uno le dictan, sin embargo, llegar a tal punto de disciplina es complicado cuando las personas dentro del propio equipo utilizan la manipulación como estrategia competitiva y la presión se eleva cuando se presenta desde diferentes ángulos.

La explotación del otro a favor propio es una constante temática dentro del desarrollo del relato. El gobernador explota a la dueña del equipo, ella a su entrenador y demás personal, el personal a los jugadores, los jugadores a sus allegados, compañeros, familias y entrenador, y el ciclo continúa interminablemente, sólo las palabras convincentes, disfrazadas de aliento y apoyo al prójimo, son las que con éxito logran una unión momentánea en el momento decisivo, el partido de campeonato. El verdadero ganador y la clave de todo en este equipo es la negociación, influir lo suficiente y cambiar lo mínimo; al final, en efecto, más de uno elige el bando del mejor postor, el del mejor negociador.

Dirigida por Oliver Stone y con un guión a cargo de éste y de John Logan, la historia está planteada por el mismo Logan junto con Daniel Payne. La película cuenta con las actuaciones de Al Pacino como Tony D'Amato, Cameron Diaz como Christina Pagniacci, manager del equipo, Dennis Quaid como Jack 'Cap' Rooney, Jamie Foxx como Willie Beamen, además de James Woods, LL Cool J, Aaron Eckhart, Matthew Modine, Elizabeth Berkley, Lauren Holly, Ann-Margret y Charlton Heston, entre otros.

Ficha técnica: Un domingo cualquiera - Any given Sunday

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