Don Gato y su Pandilla

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Don Gato y su Pandilla

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 27 de octubre de 2011

Quién diría que las aventuras de una pandilla de gatos viviendo en un callejón traería tantas risas, buenos momentos y bellos recuerdos a más de una generación en México. Tal vez su frescura y postura despreocupada, quizá su temática tranquila, lejos de la violencia y el doble sentido, posiblemente el excelente doblaje por parte de los actores, o tal vez su colorida imagen visual. Con treinta capítulos que parecieron nunca repetirse, llega Don Gato y su pandilla (México-Argentina, 2011), una película que se vislumbraba como un reto para los realizadores que adaptan al cine esta caricatura.

El primer paso para los encargados fue el de convencer a los ejecutivos de la productora Warner Bros para autorizar la realización de este proyecto en México, algo a lo que accedieron gracias a la gran popularidad de los personajes en el país. Luego de obtener luz verde el gran desafío era realizar un guión que no pareciera una extensión o repetición de los capítulos de la serie, algo que preocupaba a más de un seguidor; no sólo se trataba de entretener a viejas generaciones, sino de atraer a las nuevas.

Si esa es la razón por la que se incluyen en la historia temas como la tecnología, la lealtad, la amistad, la adaptación al entorno y el cambio social, la decisión se agradece, lo que no se aplaude es la falta de explotación de los mismos, la poca profundidad con que se abordan estos temas, ni la ausencia de situaciones que enseñen una clara lección a los espectadores, algo que debería estar presente al tratarse de una película infantil.

El argumento se muestra demasiado sencillo, al nivel que para muchos fanáticos de la serie es incluso insuficiente. La película trata, por una parte, de la llegada de un nuevo personaje, Lucas Buenrostro, quien se convierte en el nuevo jefe de la policía y decide vigilar a la toda la ciudad con cámaras de video, desplazando al oficial Matute a un puesto menor y distante de sus labores de vigilancia. Por su parte, Don Gato es acusado de un robo que no cometió y es enviado a la cárcel de perros, dejando a la pandilla sin un líder que los guíe.

La trama de la historia cuenta con demasiados recovecos, de tal forma que parece no contar una historia central; en su lugar da seguimiento a pequeñas porciones de obstáculos sin lógica aparente. Sin embargo eso es lo interesante de la película si se reflexiona con detenimiento; poder verla como un conjunto de situaciones que viven diversos personajes alrededor de un mismo tema, apreciando su eco en la vida de otros.

La construcción de situaciones y escenarios tiene razón en relación con el propósito y desarrollo de la historia, pero es la falta de estructura característica de la caricatura lo que más se extraña en la película. Ciertas reglas, convencionalismos específicos: formas de hablar, forma de organización, interacción entre personajes; situaciones que se plantean tan claramente en los capítulos de la caricatura que al no ser incluidos en la película la hacen sentir carente de aquella esencia que capturaba por completo al espectador.

Nada justifica la falta de conflicto directo hacia el personaje de Don Gato, en especial siendo, de una u otra manera, el eje principal de la historia. Es posible que se buscara honrar y dar la misma importancia a todos los participantes de las aventuras en la caricatura, pero la regla dicta que el villano de la película debe estar directamente relacionado con el héroe. En este caso, la competencia entre uno y otro no se muestra al mismo nivel. No se trata de un caso de protagonista contra antagonista, sino de un enemigo contra el resto de los personajes; lamentablemente la falta de desarrollo en la historia es el gran error de la película, pues asume que todos los interesados en verla conocen de antemano la interacción entre uno y otro miembro de la pandilla, y de ellos con su entorno.

Con una animación sencilla y una historia igualmente sencilla, la película aspira a entretener de manera amigable a un público nostálgico, pero falla en capturar la atención del público infantil, por lo menos en las salas de cine; mención aparte si se mira en la televisión.

Si al final se toman los mejores mensajes de la película sobre la dependencia hacia la tecnología y los estragos que esto puede causar en la sociedad, sobre el respeto y las decisiones que se toman en la vida (incluso si se exponen de manera breve), entonces la aventura habrá sido un éxito, pero si se toma como una hora y media de cine para pasar un buen rato, entonces se ha fallado de sobremanera.

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