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Shakespeare apasionado

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

William Shakespeare (1564-1616) fue un dramaturgo y poeta inglés, considerado una de las figuras más importantes en la literatura universal por su habilidad para la palabra y el uso del lenguaje en obras artísticas cuyo contenido ha trascendido el tiempo, gracias a sus observaciones, apuntes y reflexiones sobre el ser humano, su organización y su contexto. Sin duda su amplia producción literaria, su supuesto origen humilde, la capacidad de expresar sentimientos y emociones humanas en circunstancias diversas, la diversidad de espacios geográficos en que ubica sus historias, son todos factores que contribuyen a fortalecer su figura histórica y a alimentar las especulaciones sobre su vida.

Su talento ha sido celebrado y sus tragedias y comedias estudiadas por el análisis crítico cultural, político y social inmerso, sin embargo, su proceso creativo y hasta su vida personal han sido también motivo de estudio e investigación histórica y, más notablemente, de especulaciones, por lo que parece ser un evidente interés alrededor de la creación y consolidación de un ícono, que se forma precisamente a partir del misterio que se construye y nutre con interrogantes sobre su persona.

Shakespeare apasionado (Reino Unido-EUA, 1998) es una cinta que aborda el periodo de su vida en que supuestamente escribió la clásica obra Romeo y Julieta, en la que imagina una historia de amor en carne propia que funge como inspiración para escribir la renombrada tragedia de teatro, dada la imposible relación, por división de clases, entre él y Viola de Lesseps, un personaje ficticio inventado para la película.

La cinta es un retrato soñador y romántico, también pasajero y superficial, respecto a la relación entre estos amantes que se topan con las dificultades de las reglas sociales que demandan un orden establecido,  ideas efectivamente inmersas en la obra de Romeo y Julieta; sin embargo, más allá del dulce esquema idealista del amor y de esta relación de enamoramiento entre los personajes principales, la cinta no tiene mucho más contenido reflexivo que ofrecer, temáticamente hablando.

Su principal traspié es presentar a Shakespeare como un hombre caprichoso y patán, vividor y arrogante, competitivo y deshonesto, que aprovecha la desventura de otros a su favor y actúa de manera convenenciera y manipuladora para con incluso sus supuestos amigos. La cinta no  hace realmente honor al personaje, y no porque haya que ponerlo en un pedestal; no obstante, en un intento por humanizarlo y/o ser fiel a las varias teorías y especulaciones sobre su persona, ante las preguntas de qué lo inspiraba y qué lo motivaba, la historia lo caricaturiza hasta reducirlo a un estereotipo.  

La historia se enfoca en sus emociones más que en su proceso creativo, partiendo del hecho de que su vida personal impacta en su obra artística; y aunque sí, una tenga que ver con la otra, verlo como mera vicisitud de las circunstancias no habla en sí de una mente ágil para la palabra escrita, ni de alguien capaz de expresar las ideas y emociones de personajes diversos con elocuencia, sino de una personalidad ‘casualmente afortunada’, que se beneficia de aquellos que le rodean y le brindan amistad y confianza. Convertir a Shakespeare en un oportunista, tal como se ve en la película, no parece el mejor camino, narrativamente hablando, pues ello lo hace un personaje pedante de quien no se ahonda en su riqueza literaria e intelectual, sino aquella idea de que el autor es más un mito que un ejemplo de arte escrito.

Lo que la historia parece decir con su trama es que las obras del autor fueron más bien producto, no de su literacidad, sino de la suerte, no tan hábil para escribir como sí para copiar y adueñarse de las ideas de otros. Parece también decir que el autor era un mujeriego y adúltero: su romance con Viola sucede mientras él aún sigue casado, viviendo lejos de su esposa pero finalmente no legalmente separado, romantizando ese ‘amor imposible’ que desafía reglas, impulsivamente y sin argumento, en lugar de revolucionariamente.

Son vastos los ejemplos dentro de la historia de este comportamiento enamoradizo aunque no inspirador, y es que la cinta no ahonda en la habilidad literaria del autor sino es una oda al romance que intenta impregnar en sus ‘palabras’ y en su propia interpretación (o la interpretación actual y moderna) de aquella obra culturalmente sinónimo de un amor inquebrantable que desafía los prejuicios sociales: Romeo y Julieta.

¿Suma al mito presentar a un Shakespeare vulnerable, herido por un desamor y añorando a la mujer amada, inalcanzable por las divisiones sociales de la Corte y la realidad de la época victoriana en que se desarrolla el relato? No hay por qué creer al autor ‘perfecto’, pero no hay tampoco que tacharlo de ser un soñador idealista más interesado en la fama y la vanidad narcisista que en la cultura y la creación artística, porque todas estas son más bien especulaciones abiertas, estudiadas en el marco histórico pero agrandadas por conjeturas. ¿Importa trascendentalmente si Shakespeare era así o no, para poder apreciar su trabajo literario?

La cinta al menos atina en varios puntos analíticos que se desprenden de la trama, específicamente respecto al arte dentro de la cultura social y el papel de la mujer en la sociedad. Ello se aborda con el personaje de Viola, una mujer de la alta sociedad que anhela convertirse en actriz, por su devoción al teatro, producto del contenido evocativo que encuentra en las obras que lee y ve representadas. Ella representa a la mujer oprimida, casi propiedad del padre o del marido, según el caso, condenada a una vida de sumisión y encierro, alejada del arte, de la cultura, de la política, en una sociedad indudablemente patriarcal.

En aquella época las mujeres no tenían permitido este tipo de profesiones o actividades vinculadas al arte, tal y como se observa en la misma puesta en escena de la obra, en donde los roles femeninos los realizan hombres disfrazados (vestidos) de mujer, por lo que Viola debe disfrazarse de hombre para lograr su cometido: actuar en una obra teatral. A partir de esto, el personaje se cuestiona las libertades y limitaciones que la sociedad impone al género femenino, no sólo diferenciando sexistamente entre hombres y mujeres las actividades que ‘pueden’ o ‘no pueden’ hacer, sino reprimiéndolas a ellas, educándolas en la sumisión total.

Viola se libera e impone sus propias reglas, con sus respectivas consecuencias y es que ni ella puede escapar totalmente al orden social que le exige casarse como único medio de su supervivencia, un pensamiento conservador y supresor, no obstante aceptado en aquel entonces, bajo la idea de que la mujer era ‘menos’ que el hombre, razón por la cual sólo debe preocuparse por ´cumplir´ su papel de esposa, madre o amante, nunca algo más, siempre alejada de preocupaciones o intereses intelectuales o políticos.

“Si me ven, ven la fortuna de mi padre”, reprocha Viola en un punto de la historia, hablando de que se le valora no por quien es, sino por la posición social que tiene o el dinero de su familia, de forma que los potenciales candidatos en matrimonio que se le acercan están interesados no en ella, sino en el apellido de su familia y la dote que representa en caso de casamiento.

Al unirse ella a una compañía de teatro, en el anonimato, consiguiendo así una ‘equidad’ simulada (se disfraza de hombre y se hace pasar por alguien que no es, escondiendo en la mentira todo aquello que ella reclama), la cinta se permite una crítica al orden artístico y literario dentro de este ambiente, dividido entre su propósito cultural y comercial. Los dueños de los teatros quieren ganancia y para ello obras llamativas y complacientes; los actores quieren trabajo y funcionalidad, mientras que los escritores buscan una reflexión social de la vida a su alrededor a través de sus palabras. Todos son, sin embargo, a ojos de esta sociedad, vistos como personajes egocéntricos que, tengan o no algo que decir, buscan el reconocimiento en el aplauso, la fama, el ascenso social, el favor de nobles y reyes.

El teatro visto como un espectáculo de entretenimiento y ocio, frente a la calidad artística y cultural con que cuenta y en donde todos los involucrados, lo que buscan, dicen, es ante todo reconocimiento y poder: la ganancia, el control. En la cinta, por ejemplo, el director de la obra, el patrocinador del teatro y hasta los actores, todos buscan ‘administrar’ el texto del autor, cualquiera que sea, a su modo de ver, a su visión, para sentir que, si hay aplausos, es para ellos, claro; y si hay fracaso, es culpa de no seguir sus observaciones y sugerencias.

La competencia es obvia, en parte alimentada por la vanidad, por lo que entra en juego también la soberbia y la ostentación; el artista visto como alguien culto y lleno de valiosas lecciones que aportar con sus reflexiones, pero también, social y culturalmente hablando, dado el ambiente ‘relajado’ (libre y creativo) de la vida tras bambalinas, el artista visto como alguien libertino cuyas obras, e ideas, no son más que la exaltación del propio exhibicionismo.

Quizá el punto de fondo es plantearse si un autor debe ser tan honorable como su obra. ¿Era Shakespeare en la vida real, tan respetable como su trabajo? Quizá tiene que ver con el contexto y la apreciación a posteriori, pero con el tiempo, también con la percepción, la popularidad y la comercialización. Al menos en la película, el autor británico no era precisamente modelo de distinción, ni siquiera dentro de su círculo de amigos, pero qué tanto eso importa si era lo suficientemente competente y analítico como  para comprender la dinámica social de su mundo y luego plasmarlo en sus obras teatrales.

Su trabajo fue evaluado y reconocido con el tiempo, con la perspectiva histórica, lo que lleva a la pregunta: ¿se juzga al hombre o se juzga su trabajo? O en todo caso: ¿qué tanto van de la mano uno con el otro? 

Durante una audiencia con la Reina, Elizabeth I de Inglaterra, se plantea la pregunta de si una obra escrita puede encontrar en sus reflexiones y  habilidad poética el significado del amor. La idea de los escépticos es que la representación teatral no es más que una mera sucesión de acontecimientos narrativos cómicos sin más intención que entretener. Viola opina diferente, a partir de su experiencia y su sentir, al encontrar en la poesía de las palabras una forma de expresión que mueve sentimientos, rasgo presente quizá no en todas las obras, pero al menos en algunas (en las de Shakespeare, sin duda). La idea que menciona Viola apunta a ver a la palabra escrita por su rico valor artístico y cultural, por ser medio de comunicación y de expresión, de reflejo y reflexión de la vida, los sentires y las realidades que atraviesan los seres humanos. En esencia es rescatar para el presente el hecho de que la poesía, el teatro, son formas de conocimiento, esfuerzos de comunicación, maneras de trasmitir emociones y sentimientos.

El teatro es también un medio adecuado para la educación, pues permite al individuo el ejercicio de la palabra, desarrolla la memoria, las habilidades de expresión; permite, como se aprecia en la película, una crítica mordaz al poder y a los privilegiados. Shakespeare, el hombre, vivió en ese ambiente, escribió obras de comedia y drama, por lo que con seguridad tuvo amores y desamores, sentimientos que de alguna manera plasma en sus obras literarias y probablemente sintió en carne propia las consecuencias de sus actos, pero es claro que la película en reseña no es de ninguna manera biográfica. Shakespeare apasionado fue escrita por Marc Norman y Tom Stoppard y dirigida por John Madden. Protagonizada por Gwyneth Paltrow, Joseph Fiennes, Geoffrey Rush, Colin Firth, Ben Affleck, Judi Dench, Tom Wilkinson e Imelda Staunton, la cinta ganó 7 de las 13 nominaciones que tuvo al premio Oscar, incluyendo mejor película y guión original entre los premios obtenidos. 

El filme es en sí una anécdota plagada de inexactitudes e inverosimilitudes, pero dentro de un halo romántico que se disfruta. Es distractora y divertida, con buena producción detrás, pero eso no debe confundirse con substancia, porque no la tiene. Con cierto sentido del humor pero poca habilidad lírica, repite aleatoriamente aquellas preguntas que nunca tendrán respuestas claras y concretas, ya que se remontan a tiempos muy lejanos y versan sobre la intimidad del personaje histórico: ¿quién y cómo era realmente Shakespeare, y qué lo inspiraba?

Ficha técnica: Shakespeare apasionado - Shakespeare in Love

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