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Parallel

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

La vida son decisiones y, a través de ellas, se crece y evoluciona. Las decisiones que cada quien toma lo lleva a ser quien es, en su presente. Así, una persona es su presente, pero existe y se transforma gracias a lo que hizo y cómo lo hizo. No se puede estar estático, no se puede no cambiar, porque la vida es un continuo de permanentes contradicciones que van generando un cambio constante, en la naturaleza y en las personas; pero tampoco se puede ser y hacerlo todo, porque querer tener lo más posible es acaparar y esto lleva a la ambición, la avaricia y la codicia. 

Construir oportunidades es abrir puertas y aprovecharlas, no aprovecharse de ellas. La diferencia radica en que aprovechar significa sacar el mayor provecho de algo, es decir, que ese algo sirva su función y así se obtenga su máximo rendimiento. Aprovecharse, por su parte, más bien tiene que ver con sacar un beneficio propio, utilizando al otro, o a las circunstancias, de una forma abusiva y ventajosa, explotando su valía o valor. El tema es el punto de partida en la película Parallel (Canadá, 2018), que se traduciría al español como ‘paralelo’, una historia de ciencia ficción escrita por Scott Blaszak, dirigida por Isaac Ezban y protagonizada por Martin Wallström, Georgia King, Aml Ameen, Mark O'Brien y Alyssa Diaz. 

Trata de cuatro amigos que trabajan juntos en el desarrollo de una aplicación tecnológica en informática, quienes encuentran, en la casa que comparten, un espejo que resulta ser un portal hacia realidades paralelas, aparentemente idénticas en casi todos los sentidos, en donde, por consecuencia, existen seres “idénticos” a ellos mismos. Sus ‘yos’ de esos otros mundos no tienen ni idea de que el portal existe, de manera que Leena, Noel, Devin y Josh, los protagonistas, deciden, primero, sacar provecho de la situación y, luego, aprovecharse de la ventaja que el portal significa, como puerta hacia otras posibilidades de vida, desarrollo y decisiones.

En esencia, lo que tienen que hacer para llegar a uno de estos mundos paralelos es simplemente cruzar el espejo, pero cada que atraviesan el portal, llegan a un nuevo ‘universo’; esto es, que luego de que cruzan y regresan, la segunda vez que cruzan, llegan a un paralelo diferente, no el de la primera vez.

Al darse cuenta que por las vicisitudes de la física [en la ciencia ficción creada para el relato en este caso] el tiempo corre más lento cada vez que entran a una realidad alternativa, los amigos ven en ello la oportunidad para desarrollar su aplicación tecnológica y presentarla a sus inversionistas en tiempo récord, algo a su favor si quieren cerrar el trato de venta en las mejores condiciones.

Hasta este momento, la dinámica parece oportunista pero inofensiva, simple y sin consecuencias; lo que no ven, sin embargo, es que cada acción tiene una reacción. Asumen que los viajes no son algo que les afecte directamente, porque las consecuencias no las sufren ellos, sino sus ‘yos’ paralelos, u otros terceros, de los mundos a los que llegan.

El razonamiento detrás de esta lógica resulta interesante, especialmente cuando comienzan por aprovecharse de su homónimo robándose ‘a sí mismos’ dinero, pertenencias y hasta ideas. La cosa es que si toman algo de ellos, de su otro ‘yo‘ en cualquier realidad alterna, ¿no toman algo de sí mismos? A su forma de ver, ese ‘algo’, dinero u objetos de las otras realidades paralelas, les corresponde, ¿pero es así?, ¿es suyo, en toda la extensión de la palabra? 

La pregunta de fondo es si miran al otro como una persona ‘real’ o sólo como una extensión de su propio ser. Si se han planteado que cada mundo al que llegan, es un mundo que existe dentro de su propio espacio y tiempo, ¿por qué asumir que ese alguien es una ilusión? ¿Por qué asumirse con derechos sobre los demás, incluso si aquellos otros son una versión idéntica a ellos mismos?

El argumento se construye en el autoengaño, en un narcisismo y egocentrismo tan grande que les hace olvidar valores éticos y morales. Desarrollan una especie de complejo de Dios; creen que están en lo correcto y están convencidos de que nada puede salir mal y que este privilegio es más bien un derecho. El resultado es la corrupción misma de su ser, en la arrogancia y sentimiento de superioridad; en querer controlarlo todo, a pesar de las variables con las que juegan, ya que finalmente su intrusión a otros universos modifica el balance en el tiempo y en el espacio y su sola presencia cambia el curso de las cosas.

La historia presenta dos puntos de inflexión clave; primero, cuando Josh muere accidentalmente durante un viaje a un universo paralelo. A fin de evitar ‘complicaciones’ en su propia realidad, consecuencias, pues la presencia de un cadáver traería a la policía a su casa y podrían perder control del portal, deciden cambiar a ‘su’ Josh por el de una realidad alterna. Este ‘nuevo’ Josh desconoce la existencia del portal y la historia de experiencias recolectadas que han surgido a partir del descubrimiento, por lo que los amigos deciden enviar lejos a este Josh.

Al sacarlo de la ecuación, colocándolo en un empleo nuevo, lejos, afectan directamente a este ‘Josh 2’, dado que lo que él vivió en su propia realidad no empata con lo que el Josh original hizo en su vida. ´Josh 2´ tiene recuerdos diferentes; discordancias a veces muy sutiles, otras no tanto, que le hacen dudar de su propia identidad y existencia. Si la persona es producto de sus decisiones, es evidente que este Josh 2 no pueda asimilar su ‘nueva’ realidad, pues su propia existencia no tiene nada que ver con ésta, con la del Josh que está sustituyendo.

El peso ético no se hace inmediatamente presente, que vendría a ser una indiferencia ética y moral, de nueva cuenta, alimentada por el oportunismo, pues la decisión de cambiar y enviar lejos al Josh 2, no se basa en su compromiso de amistad o solidaridad, sino en el querer mantener posesión del portal, para continuar sacándole provecho a su favor.

El segundo punto importante de cambio sucede cuando los chicos comienzan a ‘robar’ ideas de otros universos, apropiándose de las particularidades de aquellas otras realidades; tomando para su beneficio ideas y experiencias de una realidad a la que de hecho se entrometen y manipulan. Leena, por ejemplo, comienza a pasar por suyas pinturas artísticas que encuentra en varios universos paralelos, lo que se convierte en plagio, simple y puro. Ella cree que no afecta a nadie, si el autor real tiene su crédito en su propio universo, pero no deja finalmente de adjudicarse algo que ella no ideó ni creó. El acto habla  de una corrupción ética y de una indiferencia moral; de pisotear y embaucar con tal de salir uno adelante y por encima de los demás, a cualquier precio y sin importar las consecuencias.

El arte es creatividad y expresión, espontaneidad y reflexión. La película lo plasma cuando los personajes descubren que las sutiles diferencias entre un universo y otro tienen que ver con el área creativa, con las bellas artes, con la pintura, la cinematografía y otras áreas afines, porque éstas tienen que ver precisamente con la observación y las sensaciones, con reflejar y descubrir a partir del entorno y el contexto, de la experiencia vivida. Creadores, dice la cinta, son personas de pensamiento libre, independientes y únicas, que proponen, no reproducen. Por ende, Leena no ‘siente’ ni se expresa con estas pinturas que plagia de la misma manera que la persona que las creó, porque no está impregnada de la realidad de vida, el mundo y el entorno que se experimenta al idear, planear y pintar las piezas, como sí lo hace su autor. 

Noel lleva este oportunismo amoral al extremo, una vez que comienza a apropiarse de la tecnología, inventos y avances científicos que rastrea y selecciona de otros universos, para traerlos y hacerlos pasar como suyos. Su ambición es el poder, el control y la grandeza, a partir de algo que no es suyo y a partir de alguien que no es él. El acto es abusivo, aprovechado, pero también egocéntrico e inmoral.

Es Devin quien lo mira con mejor perspectiva, en parte por su propia historia de vida, pues busca en uno de estos universos alternos una versión de su padre en donde no se haya suicidado, como sucedió en su propia realidad años atrás. Él no puede revivir a su padre muerto, pero anhela encontrarlo vivo en algún universo paralelo para hablar con él, para entender su decisión y las consecuencias o repercusiones que sus actos desataron.

“Un hombre es sus propias acciones”, le dice su padre a Devin una vez que lo encuentra vivo en uno de estos mundos paralelos y logra hablar con él. Lo que le dice en esencia es que cada persona es lo que hace, vive, siente y experimenta en su propio contexto y entorno. ¿Qué pasa entonces cuando estos chicos ‘toman’ de algo y de alguien con experiencias de vida distintas; universos con sus propias reglas, historia y desarrollo evolutivo?

Tus actos te definen, dice una frase popular y ese es el mensaje clave del relato, junto con los implícitos fracaso y éxito.  ¿Qué sucede entonces cuando estos jóvenes comienzan a robar esa identidad, ese pensamiento único y especial, creado, pensado y construido por otros? ¿No pierden ellos también su capacidad de auto-reconocimiento cuando se vuelven copia de su copia, o cuando copian a alguien más? En el fondo al apropiarse de ideas ajenas cancelan la posibilidad de su propio desarrollo y se convierten en una pieza más del sistema enajenante que reproduce conductas carentes de principios morales. El precio de su aparente éxito es su autodestrucción como seres pensantes y solidarios.

La historia se construye como un suspenso convencional pero dando a los protagonistas un motivador, finalmente básico, pero también reflejo exacto de la idea capitalista de productividad: sólo eres ‘útil’, si eres ‘útil’, es decir, si haces o produces algo que genere ganancia; el apropiarse de algo redituable para conseguir el mayor provecho financiero a toda costa. En el fondo, la cinta habla de la avaricia, codicia y ambición y lo fácil que puede ser caer en cada uno de ellos.

Ficha técnica: Parallel

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