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Noticias del gran mundo

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

El sentido de pertenencia se refiere a la relación de una persona con aquellos a su alrededor y, por ende, con la cultura, las normas y la organización social. Habla de una empatía con el otro, grupo o individuo, al grado de identificarse con quien es y con lo que cree, sea, por ejemplo valores, costumbres, actitud, pensamiento u otros.

Estas relaciones humanas tienen eco en la formación de la identidad, personal y del colectivo, sin importar que se trate de una familia, lugar de trabajo o un país. Por consiguiente, si un individuo no se siente integrado a su entorno ni se identifica con nada ni con nadie, porque rechaza las reglas establecidas o la ideología prevaleciente, o porque siente y piensa que éstas provocan la exclusión de su persona, el resultado es alguien aislado, solitario y errante, en el sentido de que es distante porque no hay compromiso ni sentimiento de solidaridad, lo que en consecuencia afecta su formación, socialización y desarrollo.

Noticias del gran mundo (EUA, 2020) es una película que habla sobre la importancia del sentido de pertenencia y su impacto en la independencia personal, el crecimiento humano y la identidad social, reflexionando específicamente en cómo esto se desenvuelve cuando se vive en un mundo socialmente inestable, en el que valores como igualdad, equidad, humanidad o fraternidad se difuminan ante la presión de intereses políticos, económicos, territoriales o de poder. Basada en el libro homónimo de Paulette Jiles, la película está dirigida por Paul Greengrass, quien coescribe con Luke Davies. Estelarizada por Tom Hanks y Helena Zengel, la cinta estuvo nominada a cuatro premios Oscar: mejor cinematografía, sonido, banda sonora original y diseño de producción.

La historia se ambienta en Texas, Estados Unidos, en 1870, cinco años después de terminar la Guerra de Secesión, un conflicto provocado por opiniones opuestas con respecto a la esclavitud, a la que los Estados Confederados, los estados del sur, en su mayoría la justificaban y exigían como derecho de propiedad, contrariando las políticas que apoyaban los estados nacionalistas del norte, los Estados de la Unión, los cuales reivindicaban que un país construido por el principio de libertad no podía estar formado por un amplio número de esclavos. Al final la esclavitud fue formalmente abolida en ese país.

Tras la guerra, lo más importante no fue quién ganó o perdió, sino las consecuencias que este conflicto armado dejó en las personas, por las secuelas de muerte, desamparo y destrucción de familias; personas en busca de su propia supervivencia, pero ante una realidad plagada de desconfianza y hostilidad -que en cierta medida todavía permanece- y la falta de oportunidades para trabajar, reconstruir su ambiente y cerrar heridas físicas y emocionales; secuelas que arrastrarían por décadas y que incluso son aun palpables en el presente, marcando durante años las características del crecimiento económico, político y social de los Estados Unidos de Norteamérica.

El protagonista, Jefferson Kidd, es un capitán veterano del Ejército Confederado que ahora se gana la vida viajando de pueblo en pueblo para leer noticias en público, o más bien, relatando a los escuchas, que pagan por el servicio, sobre los eventos que suceden alrededor del mundo; un acto tanto informativo, por los hechos que da a conocer, como de entretenimiento, por su forma de presentarlos, ameno y evocativo, así como también un acto significativo social y culturalmente hablando, pues muchos se acercan a él porque ellos mismos no saben leer, pero confían en su palabra ‘noticiosa y comunicativa’.

Estando en Texas, Kidd descubre que un soldado afroamericano del Ejército de la Unión ha sido asesinado, por motivos racistas, y la niña a la que escoltaba, Johanna Leonberger, se encuentra abandonada a su suerte. Alemana de nacimiento, pero secuestrada y luego educada por la tribu Kiowa, Johanna era trasladada a Castroville para vivir con sus tíos, pues los nativo-americanos que la cuidaban fueron exterminados y el resto de la tribu ha emprendido un viaje para alejarse del ‘hombre blanco’. Kidd lleva a Johanna al puesto militar más cercano, con la esperanza de que resuelvan su situación, pero ahí le avisan que la persona a cargo de la Oficina de Asuntos Indígenas tardará meses en regresar, así que Johanna pasará todo ese tiempo sola y sin atención, a menos que Kidd pueda tomar la responsabilidad de llevarla él mismo a su destino.

La responsabilidad ética pesa sobre Kidd, especialmente cuando la institución gubernamental que debería cargar con este compromiso no duda en darles la espalda, dejando a Kidd con dos opciones concretas y contrastantes: ayudar a la niña brindando protección o mantener indiferencia como el resto de las personas -más preocupadas por sus intereses personales que por un compromiso moral-y  abandonar a la niña.

Johanna es un claro ejemplo de las consecuencias de un territorio en guerra, dividido en ideología, política e inmerso en desorganización social; una víctima de la guerra por la muerte tanto de sus padres biológicos como adoptivos, desprotegida y necesitada de ayuda no sólo por su edad, sino por ser testigo de la crueldad y la lucha de poder que impera en el medio y que plaga la vida cotidiana de muerte, miseria y crueldad.  

Sin un hogar fijo y sin alguien que la eduque y guíe, Johanna es una huérfana en todo sentido; no tiene familia -padres, hermanos, tías- pero tampoco tiene una identidad propia o un apego afectivo, ni respeto, a nada ni nadie. No habla inglés y su lengua nativa, el alemán, es limitado, pues básicamente sólo recuerda lo último que vivió, su tiempo con los Kiowa, de forma que su existencia carece de identidad y raíces, lo que la hace desconfiada y solitaria, precisamente porque está tan acostumbrada a ver un trato hostil, que lo asume como la norma. 

Si no es estadounidense porque ese no es su lugar de origen, pero tampoco se siente alemana en el sentido de que apenas y recuerda esa vida al lado de sus padres; si tampoco es realmente Kiowa porque nunca fue propiamente parte de aquella tribu nativa del territorio norteamericano, ¿quién es Johanna, a quién y adónde pertenece y a qué lugar puede concretamente llamarle hogar?

La niña no ha pasado el suficiente tiempo con nadie como para recibir la educación y el cuidado que le forjen un carácter y la hagan sentir protegida, apreciada o querida, lo que explica su confusión y actitud reacia. ¿No es lógico que así reaccione la gente que va de un lugar a otro, sin dónde establecerse, sin construir relaciones sociales con otros a través del contacto y constante retroalimentación humana? ¿No es esto lo que sufren los huérfanos que van de un lugar a otro, buscando un espacio a dónde pertenecer?

Si aquellos que la acogen, o se hacen temporalmente cargo de ella, apenas pasan el mínimo de tiempo a su lado; si la gente que la cuida o la incluye en su grupo en cualquier momento se aleja o la abandona, ¿no haría Johanna lo mismo a la primera oportunidad, intentar huir? ¿Con quién se identifica entonces la niña?; ¿a quién aprecia y a quién sigue como modelo, si la soledad y el abandono han sido lo único constante en su vida?

Su actitud reacia a entablar una relación cordial es su instinto natural, forjado a raíz de sus experiencias, que le dicen que como autoprotección es mejor desconfiar y alejarse de alguien que potencialmente hará lo mismo con ella. Las consecuencias impactan en su desarrollo, lenguaje y entendimiento del mundo, su crecimiento emocional y hasta su aprendizaje. Sin un sentido de pertenencia tampoco hay un sentido de estabilidad y, por ende, no puede haber superación.

¿Qué podría importarle al mundo alguien como Johanna, una niña sola sin nadie que la reclame o abogue por ella? Para Jefferson, ella es importante precisamente por quien es, una menor de edad que necesita ayuda, guía, cuidados y oportunidades; alguien que debe, por compromiso moral, ser resguardado por el grupo social en el poder, que debería, idealmente, velar por los más necesitados. 

La convivencia con Jefferson, una persona culta y amable, le permite a la niña, poco a poco, aclimatarse. En su interacción, Johanna no sólo aprende del mundo, conoce también palabras, costumbres, reglas y normas de conducta; descubre también el trato afectivo y humano que mucho necesita dada su edad. Johanna es, como muchos otros, víctima de las circunstancias, a quien el gobierno y hasta las mismas personas parecen haber olvidado, porque es más fácil ignorar esta realidad que resolverla.

El contexto sociocultural pesa, y en este caso más, ya que el conflicto que toma lugar dentro de un país aún en construcción puede empujar a las personas a una enemistad inclinada a la violencia, y en este caso histórico, específicamente hablando, donde el racismo todavía impera, pero también el desprecio al extranjero, al diferente y al que lucha por lo que en teoría le corresponde por derecho, derechos que la sociedad –el gobierno- no resuelve más bien, provocando con la omisión más enfrentamientos entre grupos.

En Texas particularmente, como muestra la película, los ciudadanos se negaban a las políticas contra el esclavismo; los independentistas, que perdieron la guerra, aún no se integraban totalmente con el resto del país, recientemente unificado; incluso, en los estados del sur, existían subgrupos que se regían (y no es algo que haya dejado de existir) bajo sus propias reglas, sin intención de responder a una ley que no sea la suya.

Para Jefferson, alguien que se mueve constantemente de un lugar a otro, esta realidad de discriminación y sectas, se traduce en un peligro latente. Sobrevive manteniendo la distancia, sin involucrarse para no desafiar el orden, o la falta de él, para tampoco perturbar su propia rutina en la que es leal con quien le es leal, y no interfiere con lo que no le incumbe. 

A su manera, Jefferson sobrevive también gracias a su profesión, pues las noticias que lee le permiten conocer a las personas -qué las mueve, motiva y hace reaccionar-, pero así mismo le posibilita reconocer y distinguir el nivel de tensión o descontento dentro de un grupo o una población. Jefferson no es particularmente sociable, al contrario, se aísla por la necedad de no entablar relaciones personales, pero eso no significa que no sea empático y solidario, sólo cauteloso, observador y precavido. Su andar en movimiento constante le permite moverse fácilmente, justo porque no entabla relaciones personales. Pero ello también refleja la realidad de vida solitaria que marca su presente, sin amigos ni familia, sin un ancla personal y, por ende, emocional; desolado de alguna forma por la guerra, por la miseria que dejó a su paso, que inevitablemente sumergen a cualquiera en depresión y frustración.

En perspectiva, la realidad para Johanna y para Jefferson no es tan distinta; han sido testigos de lo peor de la humanidad: muerte, abandono y decadencia, así que están, quizá sin saberlo, en busca de algo, o de alguien que los haga conectar con el mundo, con la gente, con un nuevo sentido para su propia vida.

En esencia, Jefferson se dedica a mucho más que simplemente hablar en voz alta de los sucesos que encuentra impresos en periódicos; es más bien un cuentista, que convierte los hechos en historias, hasta conmover a su audiencia gracias a la creatividad y habilidad que tiene para construir con sus palabras relatos envolventes y evocativos. Esto es quizá lo que también logra que Johanna vea en él una persona confiable y con honor, respetuosa y atenta, pero sobre todo, alguien de quien aprender y con quien, ella misma, evolucionar. 

Lo dicho contrasta con un contexto plagado de incertidumbre y antagonismo. Muchos de los rincones del Estados Unidos de esa época aún se encuentran inexplorados, la insatisfacción con las normas que implican formarse como país unificado es palpable, los pequeños rincones alejados de las grandes ciudades aprovechan ese aislamiento para propagar información falsa que beneficie a quienes inventan sus propias historias de heroísmo, y en general, las personas son tratadas por el nivel de productividad de su trabajo, no por su calidad humana como tal.

Esas son las consecuencias de la guerra, pero es también la realidad de un mundo en transición, en donde las normas e ideas parecen pulular sin rumbo, según los intereses de quien las dicte. ¿Es Jefferson más compasivo porque se encuentra informado de la realidad de vida de la gente, de aquella que le rodea, de la que lee, y de quienes conoce en el camino? “Para avanzar hay que recordar” dice él cuando le explica a Johanna sobre la necesidad de enfrentar sus temores, arriesgarse a conocer cosas nuevas y dejar atrás ese pasado que no fue ni benéfico ni funcional para ella. Cuando le explica a la niña que hay que avanzar en línea recta, siempre hacia adelante, se refiere a todo esto, pero también a la idea de continuar madurando en lugar de estancarse, que es la única salida viable tanto para él como para Johanna.

En el ínterin la película habla del desarraigo, entendido como la pérdida de raíces emocionales y culturales. Johanna y Jefferson son claro ejemplo, pues las relaciones interpersonales se pierden, al punto que sin un vínculo con un lugar o grupo, el aislamiento interfiere con el crecimiento del individuo. Si la causa es pobreza y desigualdad, el resultado es más fragmentación dentro de la sociedad, que no puede vivir ni sobrevivir así, sin raíces o identidad cultural, en frustración y angustia, reaccionando con miedo y violencia, donde impera el individualismo y el acaparamiento. La respuesta, reflexiona la película, serían la cultura, los valores, el trato humano, el diálogo y el contacto entre personas, que es algo que se elige encontrar, como Jefferson y Johanna, transitando en el camino, aunque no forzosamente tal cual, en forma literal, como hacen ellos, pero como manera de convivir y darle sentido y significado a su existencia.

Ficha técnica: News of the World - Noticias del gran mundo

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