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El viaje del Sherpa

César Garza
César Garza

“En la escalada el cerebro es el músculo más importante”
Wolfgang Gullich

 

I

   Naciste en Pangboche, una pequeña villa localizada en los Himalayas, tu linaje y orgullo es el de los sherpas y la montaña tu inspiración.

   Desde que tienes memoria muchas personas vienen a visitar el Sagarmāthā, ellos le dicen Everest, en una interpretación occidental. A los 14 años te convertiste en porter, te encargabas de subir y bajar cosas en la montaña, trabajaste primero para los negocios locales, albergues, comercios, pero después resultó más atractivo, hacerlo para los excursionistas, te pagaban tu salario y al final, normalmente te daban una propina que muchas veces era más cuantiosa que el sueldo. 

   Es un trabajo difícil, subir la montaña con bultos de 60 a 90 kilos es en ocasiones doloroso, los pasos deben ser cortos y el peso completo lo debe sostener una de tus piernas mientras mueves la otra, despacio, suavemente, buscando encontrar el siguiente punto de apoyo para transferir finalmente todo el peso. 

   El movimiento debe ser lento, lo suficiente para en caso de encontrar alguna piedra que te pueda hacer tropezar, recalcular, librar el obstáculo y encontrar donde pisar, sin caer; al principio, cuando eras casi un niño, te caíste varias veces, era vergonzoso y también doloroso.

   Todos aspiramos a ser porters de alta montaña, a ser parte de las expediciones que alcanzan las cumbres, tiene sus peligros, pero también te encuentras con la belleza en todos lados y con el dinero de una sola expedición puedes alimentar a la familia por un año completo.

   Llevas vagando mucho tiempo, desde que aquella avalancha te sepultó a ti y a otros 5 haciendo de la montaña tu morada eterna. 

   Ves a mucha gente cada día, son cómo fantasmas, aparecen y se van, así como llegaron, sin previo aviso.

   Hay una gran piedra en el camino a la que te gusta subir, tienes que hacerlo por partes, subes primero una más pequeña para luego dar un brinco hasta llegar a la elegida, guardas el equilibrio, tomas una gran bocanada de aire frío y contemplas tu montaña.

II

   Después de mucho tiempo por fin estoy aquí, camino al campamento base del Everest, en tu aprendizaje fuiste un hombre de ciudad, te convertiste después en un hombre del desierto, ahora vives en una playa, pero la montaña siempre ha tenido sobre ti un atractivo muy particular.

   Imaginas los esfuerzos de los hombres por subir esta cumbre. Fue en 1953 cuando Edmund Hillary lo logró pasando a la historia del alpinismo, lo que pocos valoran es que ningún expedicionario desde entonces a la fecha puede lograr la cumbre sin la ayuda del Sherpa, no hay manera. Son los héroes invisibles, sin ellos, ninguna expedición tendría éxito, allanan el camino, arman campamentos, cargan con todo, tienden cuerdas y escaleras, hacen que los sueños de muchos hombres sean posibles.

   A Hillary lo acompañó el sherpa Tenzing Norgay, quien ha pasado a la historia por haber participado en ese primer evento, sin embargo, las expediciones pocas veces le dan crédito a los hombres que construyen el éxito.

   El paisaje es espectacular, hay una gran piedra en el camino a la que me quiero subir, tengo que hacerlo por partes, me subo primero en una más pequeña para luego dar un brinco hasta llegar a la elegida, guardo el equilibrio, tomo una gran bocanada de aire frío y contemplo la montaña.

   Le pido a mi guía tomarme una fotografía.

III

   Llego a casa después del largo viaje, reviso uno a uno mis registros fotográficos, todos son momentos suspendidos en el tiempo, detonadores de la memoria y los sentidos, una fotografía llama particularmente mi atención, recuerdo perfectamente el momento de trepar en esa piedra, casi caigo, todavía siento el aire frío en mis pulmones cuando me toman la foto, sí, parezco otra persona.

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