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El futbol no tiene la culpa

Eduardo Sepúlveda
Eduardo Sepúlveda

El tema en México hoy es violencia, ahora dentro de un estadio de futbol. El tema no es nuevo. Los mexicanos, los seres humanos, la consumimos desde que tenemos conciencia, es parte de nuestra naturaleza. Nos llena el morbo, nos gusta ver sangre… pero al mismo tiempo, somos seres sociables.

Peleas entre aficionados no es nuevo. Lo hemos vivido de cerca en la Comarca Lagunera, tanto en el derrumbado Coloso de las Carolinas como en el moderno Territorio Santos Modelo, mal llamado alguna vez “La casa del dolor ajeno” (aquella leyenda fue retirada del inmueble por no hacer apología, precisamente, de la violencia). Lo del sábado, rebasó los límites de lo imaginable: la brutalidad a tope en un escenario creado para el deporte y el entretenimiento.

Resulta por demás preocupante el nivel de violencia que se ha filtrado en la sociedad mexicana y los alcances que hoy tiene. Versiones sobre lo sucedido en la Corregidora, uno de los estadios obligados en una visita por escenarios de Primera División, abundan. Hay quien habla de una organización digna del crimen en México.

El renombrado periodista Medrano Félix pronto mencionó la cifra “extraoficial” de 17 personas fallecidas; dos días después, el gobernador del estado y las autoridades se mantenían en “cero muertos”. La versión del mandatario contrasta con la de testimonios de presuntas víctimas de la barbarie, quienes aseguran que vieron a amigos y compañeros morir. “Tubos, palos, pistolas”, dicen que había en el estadio. Cuerpos desnudos y ensangrentados “adornaron” las gradas del estadio mundialista. No tendría por qué ser así; es solo futbol.

Hay quien habla incluso que hubo complicidad de policías; en los videos, se puede apreciar como “brillan por su ausencia” y los pocos que se ven, o no hacen nada o “abren puertas” para que miembros de la barra local puedan alcanzar a sus “rivales”.

El sábado 5 de marzo de 2022 quedará marcado como un día negro en el futbol mexicano, pero no solo es futbol, se trata de una grave problemática social que no parece tener una solución inmediata. Por un lado, las autoridades niegan que haya muertos, por otro, existen videos y audios que exponen lo contrario.

El partido entre Gallos y Atlas fue el primero de la jornada de ese día, más tarde se disputaron otros tres duelos sin mayor problema: Monterrey contra América, Cruz Azul contra Puebla y Chivas ante Santos. Al menos, en dos de esos juegos, no abundaron en el tema de violencia que había ocurrido unas horas antes. Todos los partidos tuvieron que haberse suspendido de inmediato; pero no, la Liga tardó demasiado en reaccionar.

Hoy, se sabe que los grupos de animación no podrán asistir a apoyar a su equipo como visitantes. Eso me confunde un poco; se supone que desde que inició la pandemia se dejó en claro que las barras no podrían asistir a inmuebles visitantes y, sin embargo, no se cumplió.

La violencia no es nueva en México ni en sus estadios. Las rivalidades han crecido y han rebasado los límites de lo aceptable. No se puede llegar al punto en que asistir a un partido de futbol sea una actividad de riesgo. No podemos permitirnos que esta bola de nieve siga creciendo.

El futbol club de Querétaro debe ser desafiliado al no poder ofrecer las mínimas garantías de seguridad a sus asistentes; lo del sábado es simplemente inadmisible. Se debe investigar también a la barra atlista. Se debe actuar en contra de los culpables de la brutal paliza en la Corregidora. Se debe pensar en un castigo ejemplar para el futbol mexicano. Se debe anteponer la vida antes que cualquier otra cosa.

Aun así, después de ver estas dantescas escenas, me atrevo a decir que el futbol no es el culpable. La gente decide apoyar a un equipo porque buscar “ganar” de alguna forma. Las personas se reúnen alrededor de un partido, la gente busca diversión.

“La pelota no se mancha”, diría el Diego. Hoy, es preciso que caiga la justicia sobre quienes resulten responsables. Humanicemos el futbol, respetemos sus reglas, disfrutemos la vida.       

"La culpa no es del futbol, sino de quien lo hace insoportable".

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