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Django sin cadenas

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Violencia es  pretensión de dominio, es proceder con fuerza con la intención del sometimiento sobre otros, que se consigue a través del uso de un vigor desmesurado para causar un daño, para humillar, despojar, asesinar o simplemente avasallar a un individuo o colectividad, para imponer la voluntad propia. Invariablemente afecta la interacción entre personas y desemboca en conflictos sociales, dando paso a realidades como la opresión, esclavitud, discriminación y crueldad entre individuos.

Las consecuencias son ideales de venganza, retribución o represalia; el anhelo de corregir incorrectos, no siempre de manera justa, sino obligando, forzando la situación; la pregunta es a qué costo, sacrificando qué o ayudando realmente a quién; esencialmente porque las motivaciones que mueven esta forma de pensamiento quedan tan arraigadas en una cultura y sus raíces, que el cambio ya no significa alzar la voz y tomar acción, sino coaccionarla, lo que habla de responder a la violencia con más violencia, en vez de entender el daño que, en el fondo, deja a su paso en una sociedad finalmente prendada de la idea de odio e intolerancia como única forma y estilo de vida, una mentalidad y forma de percibir y comprender el mundo cuya dinámica recae en los opuestos de superioridad y subordinación, del predominio del más fuerte, una especie de “ley de la selva” en donde para sobrevivir es necesario asesinar y aplastar a los más débiles.

Django sin cadenas es una película del género wéstern, ambientada en Estados Unidos dos años antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), un conflicto provocado por opiniones contrarias con respecto a la esclavitud, en la cual los Estados Confederados (varios estados del sur de ese país), la querían mantener como costumbre social, argumentando que era su derecho, toda vez que adquirían esclavos por medio de la comercialización, pago de deudas, o herencia. El negocio era inmenso y los esclavos no disfrutaban de ningún derecho. Incluso después de la abolición de la esclavitud -1° de enero de 1863 entra en vigor la Proclama de Emancipación de los esclavos- las condiciones no mejoraron para la población afroamericana, que era el sector mayoritariamente afectado; después de todo la declaración de emancipación estaba orientada sólo a los Estados confederados y fue una medida política para debilitar a la economía de dichos Estados y para incrementar el reclutamiento de personas afroamericanas en el ejercito de los estados del norte. 

En la película, Django es un esclavo liberado por King Schultz, un cazarrecompensas alemán que le propone convertirse en socios; ir juntos tras unos criminales buscados por la ley, que Django conoce, y eventualmente, tras un largo entrenamiento y varias recompensas cobradas, viajar al sur en busca de Hildi, la esposa de Django, también esclava y de quien se separó tiempo atrás, cuando fueron vendidos en diferentes transacciones tras un intento de escape.

A través de este escenario la historia hace una crítica importante al esclavismo, como forma inhumana de trato y control, vehículo de opresión e incivilidad disfrazada de civilidad, bajo la lógica de que así era el orden social de la época, apegado a una creencia adjudicada por la fuerza de la costumbre, de considerar “natural” que una raza “blanca” está destinada a imponerse por encima de las demás, para tratar de hacerlos “humanos”, lo que conlleva exigir sumisión del grupo más débil, de demandar se cumplan sus órdenes para que cada individuo cumpla su “función social” conforme a su raza, origen y condición económica, sin cuestionar los valores éticos que se atropellan en el proceso.

Los esclavos como Django son personas libres por derecho propio, obligadas a trabajos forzosos y convertidos en una mano de obra que traía beneficio a la economía de un círculo social muy específico, que no sólo los trataba como inferiores, sino que muchas veces también los menospreciaba, discriminando racistamente, pero el simple hecho de poder de hacerlo. La historia refleja no sólo un odio racial extenso, en concreto de blancos contra negros, sino un odio general entre individuos, promovido por una mentalidad de ‘salir adelante por sí mismo’, no por mérito propio, sino sacando del camino a los demás, atendiendo a una falta de honestidad, humildad, humanidad y solidaridad, yendo en contra de cualquiera, específicamente, en contra de la minoría, del diferente, del extranjero, del esclavo.

En el contexto en que se desarrolla la película, y tal como lo ejemplifica la narración, el ‘dueño’ de estos esclavos era usualmente una persona que se creía con legitimidad por su mera posición social, como benefactor, apoderado o autoridad, por ejemplo. Este desdén hacia todo aquel que, si no se parecía a ellos, no era su igual, les hacía pensar que su nivel de educación, posición socioeconómica o rango los hacía ‘superiores’ a los demás, más aptos, más inteligentes o más capaces, lo fueran o no, lo que se expresa en el trato cruel, sobre todo de los esclavos, mirándolos como inferiores y a quienes privaban por ello de libertades y derechos, vendiéndolos casi como si fueran mercancía en lugar de personas. 

De hecho, el sistema de esclavitud en los Estados Unidos de Norteamérica se establece legalmente como mecanismo para obtener mano de obra barata, en tanto que la condición del esclavo le priva de un ingreso, sino que únicamente el “propietario” debe darle comida y alojamiento, teniendo la posibilidad de hacerlo trabajar durante todo el tiempo que desee o necesite. La esclavitud como tal no habla sólo de inequidad, sino de una pérdida de la humanidad, porque al esclavo se le intercambia, compra y vende como si fuera un objeto, y se le asignan tareas y trabajos brutales y despiadados que reflejan una completa explotación de su persona. 

Django lo vive en carne propia, forzado a trabajar hasta el agotamiento, encadenado, pateado, castigado, torturado y humillado hasta perder su propia identidad y sentido de vida. Intenta escapar, como muchos otros hicieron, e históricamente varios lograron, pero en el proceso es retenido y violentado hasta desmoronarse y aplastar su voluntad, de forma que sienta que servir a otros es su única forma de sobrevivir, porque la consecuencia de no hacerlo sería la muerte.

La narrativa explora más a fondo el tema de la opresión y la crueldad al entrar en escena el personaje de Calvin Candie, propietario de una plantación algodonera, trabajada con esclavos negros afroamericanos y atendida por criados o sirvientes, también gente de color, obligados a seguir órdenes, es decir, no son empleados realizando tareas por las que reciben una remuneración, sino personas explotadas a través de amenazas, consideradas no personas con derechos, sino “objetos”,
propiedad de quien los explota. 

Candie aparte opera una red de peleas clandestinas, en que se obliga a esclavos a luchar y matarse entre sí, por mero entretenimiento de sus dueños. Las peleas, que explotan el salvajismo y el odio, se alimentan de la insensibilidad humana, la crueldad y la violencia como modo de vida, y de ‘diversión’. Candie, no obstante, no es el único responsable, no el único ‘malo’, lo son también los muchos que participan, incluso indirectamente, en la indiferencia; lo son, en esencia, los que se rigen bajo la mentalidad de voltear la cara mientras haya un beneficio propio de por medio, sea, por ejemplo, la promesa su libertad, alguna ganancia económica o privilegios de otro tipo, que los demás esclavos, o afroamericanos, no reciben.

Así como Candie, alguien que piensa sólo en sí mismo, su beneficio, ego y ganancia, hay muchos; serviciales al yo y propensos al negocio que mejor lo alimente. Así mismo, Django, ejemplo de muchos otros esclavos que lucharon por lo mismo, es alguien buscando justicia y un trato equitativo, pero que existe a merced del sistema, que se encarga de hundir poco a poco su moral, por la realidad social en que viven y existen, impotentes ante lo que sucede.

Las dos caras de la moneda son polos opuestos, en conflicto entre sí; pero el daño más grande proviene quizá de los que actúan en el punto medio, justificando sus acciones bajo la creencia de que lo que hacen es correcto, porque cumpliendo lo que su patrón les dice, ganan algo que los demás no, -una falsa sensación de poder o respeto-, al grado que terminan por traicionarse a sí mismos, dando la espalda a su propia gente.

Ese personaje en la película es Stephen, mayordomo de Candie, afroamericano como los esclavos, en realidad esclavo él mismo, pero que no hace nada por ayudar a aquellos más necesitados y/o tratados injustamente; al contrario, lo celebra, alineándose así con su jefe, con su ‘dueño’, no sólo para sobrevivir, sino para beneficiarse del hecho, pasando también por encima de los demás, como si con eso estuviera demostrando, con patanería petulante, que pese al color de su piel, motivo suficiente para ser discriminado y reprimido en aquella época, él puede progresar, incluso si el precio sea despreciar y denigrar a otros. El que siempre es tratado con crueldad, aprende a ser más cruel; demuestra el personaje. Un proceso social que el capital como sistema sigue practicando, al dar la apariencia de beneficiar a algunos individuos de minorías raciales, de generar oportunidad de mejora económica para ocultar la explotación laboral y la precariedad social en que viven millones de seres descendientes de los esclavos y de las comunidades nativo-americanas hasta la fecha.

Hildi es un contraste importante, alguien culta y con muchas oportunidades frente a sí, en parte por las vicisitudes de la vida (habla alemán porque trabajó en su momento para una familia alemana), que no elije aprovecharse de la situación por mero egocentrismo o arrogancia. Hildi lucha por su libertad y la de otros, pelea, reclama, alza la voz, escucha y entiende la realidad del contexto, en lugar de negarla o pasar sobre ella, no importa si se le presenta o no una posibilidad de hacerlo. Y Django no es muy diferente; encuentra poder, independencia y libertad, pero no las usa para jactarse y humillar, sino para aprovecharlo en su camino hacia algo más grande, con un eco social, no sólo el beneficio individual.

En este sentido Schultz es también un personaje interesante, porque como migrante ofrece esa mirada externa que en la distancia dimensiona la realidad de injusticia que el esclavismo representa; y más críticamente, un país ‘sin ley’. Como cazarrecompensas se hace de su fortuna matando personas, pero su historia de vida es más que asesinar y beneficiarse de la muerte de otros; a su modo de ver, no mata personas inocentes, sino que elimina a criminales peligrosos, buscados por sus delitos.

Schultz mata ‘a quien se lo merece’, mientras que Candie provoca la muerte de aquellos que no, es decir, de inocentes; el razonamiento que gira en torno a la lógica con la que el cazarrecompenzas procede, misma que después comparte Django, deja fuera aquella lección ética que dice que matar, asesinar tal cual, nunca es la respuesta, ni lo ‘correcto’, por más que la ley lo permite al ofrecer dinero por personas delincuentes que sean entregadas “vivos o muertos”; exceptuando, claro está, el contexto, las circunstancias que puedan explicar legítima defensa, autoprotección de sobrevivencia e incluso el derecho a la rebelión; una actitud que se expresa en la narrativa para validar a Shultz, y en extensión a Django, una vez que se lanzan contra esclavistas, racistas, asesinos y explotadores. 

La cuestión de fondo en esta difuminada línea ética radica en si esta violencia por el mero sinsentido de la violencia es el código que, al regir ese presente, crea un vicio malsano, que se inserta en la esencia de la sociedad; matar porque se puede, a quien se quiere, sin consecuencias o argumentando un justificante convincente. El discurso de Schultz suena intachable, justo, ir tras los criminales que reinan bajo la venganza y la violencia; la cosa es que aunque la ley los busca ‘vivos o muertos’, el cazarrecompensas prefiere, o elige, que sea ‘muertos’.

La cinta profundiza en estos ocasionales ‘absurdos’ de forma crítica apelando al humor, con un grupo de esclavistas que visten bolsas blancas en la cabeza, en un guiño directo al Ku Klux Klan y su característica vestimenta, que arremete contra Schultz y Django por el desprecio de su existencia y poder: un extranjero y un afroamericano que se dedican a ser cazarrecompensas y con ello se han ganado sus propios derechos; lo que el grupo no aprueba, no concibe, y reacciona en su molestia intentando matarlos, finalmente sin éxito porque los otros les ponen una trampa. La idea es ridiculizar narrativamente el momento,  a fin de entender que en escenarios así (que se repiten en la película pero también en muchas circunstancias de la vida diaria), lo racional es ser irracional.

Los tiroteos y la violencia son la cotidianeidad de ese presente, el odio hacia una raza o etnia específica y por asociación a cualquiera que se solidarice con su causa. La realidad es que en perspectiva, ese presente no ha cambiado mucho; las ideas de superioridad y división racial siguen presentes y las injusticias y la explotación hacia las esferas más al fondo de la pirámide social continúan. En el mundo actual quizá los ejemplos sean aparentemente menos radicales, pero es porque cada vez es más fácil esconderse entre las sombras, atacar sin que nadie se dé cuenta, o atacar al descubierto y luego encontrar la forma de zafarse de la responsabilidad; análogamente hablando, actuando más como Stephen y menos como Candie: el odio escondido y no directo, que en suma hace incluso tanto o más daño al otro.

La película, escrita y dirigida por Quentin Tarantino, está protagonizada por Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington y Samuel L. Jackson. Recibió dos premios Oscar: mejor actor de reparto para Waltz y mejor guión original; además de 3 nominaciones más: mejor película, fotografía y edición de sonido.

Ficha técnica: Django sin cadenas - Django Unchained

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