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Campamento Base del Everest

César Garza
César Garza

   Has acariciado este proyecto toda tu vida, desde que tienes memoria, siempre que veías alguna película sobre la montaña más alta del mundo, ahí estabas tú, escalando, algunas veces muriendo de frío, otras cayendo, otras feliz en tu encuentro con una de las obras más grandes de Dios.

Dia 1   Lukla - Phakding

   Te levantas sin sol, dejas el hotel, son las 4:40, hay que estar en el aeropuerto de Katmandú muy temprano, hoy vuelas hacia Lukla, su aeropuerto está en las faldas del Himalaya, del lado nepalí, a una altura de 2860 msnm.

   Te subes en un DORNIER-228 de 19 plazas, es un bimotor de tecnología alemana fabricado en la década de los ochentas, se ve un poco más joven que tú, eso te anima, es un vuelo corto, van entre montañas, de repente, al rodear una de ellas, se encuentran con la pista de 450 metros de longitud, limitada por un muro al final de la misma, a diferencia de otros vuelos, el avión viene volando a una altura cercana a la de la pista que se encuentra al borde de la montaña, por lo que baja muy poco, el golpe del tren de aterrizaje te toma por sorpresa, sientes el accionar de los frenos mientras tu cuerpo, respetando las leyes de la física, se inclina hacia adelante, por fin se detienen, todos, absolutamente todos estamos sonriendo.

   Iniciamos una caminata de 8 km hasta un poblado que se llama Phakding, Después de un rato, tienes que aligerar tu abrigo, estás sudando y lo que menos quieres es deshidratarte. 

Día 2   Phakding - Namche Bazaar

   Hoy caminaremos 11 km, el objetivo es llegar a la hermosa villa de Namche que se encuentra a 3438 msnm, nos detenemos a almorzar en Jorsale, observas que algunas personas que vienen bajando parecen resfriadas, tendrás que cuidar ese aspecto, en estos proyectos no hay que enfermarse. El ascenso apenas comienza, te sientes bien, te estuviste preparando para este viaje más de un año, desde el primer momento te concentras en tu respiración, una respiración consciente que le dice a tu cuerpo que está subiendo una montaña, que lo va preparando, así, de a poquito, marginalmente dirían algunos, tu cuerpo escucha, es importante hablarle.

   Namaste, Namaste, es el saludo de todos con quienes te cruzas, más que un saludo es un deseo que encierra paz y buena fortuna, se siente bien, escucharlo y decirlo.

   En el almuerzo pides un plato de Dal Bhat, comida tradicional nepalesa que consiste en arroz, una sopa de lentejas y algunas verduras, está delicioso y es altamente energético en opinión de Loc, tu guía.

   En el tramo de Jorsale a Namche hay que subir 635 metros, es la primera subida exigente del viaje, vas despacio, la montaña se sube despacio te dijeron tus amigos alpinistas; no importa que tan fuerte te sientas, hay que hacerlo sin prisa, pisar firme arriba, impulsar tu cuerpo llevando la pierna que sube a la altura de la que te sostiene, balancearte un poco, llevar la pierna en movimiento al siguiente punto de apoyo y así, repetidamente, en un ciclo consciente al principio hasta que se vuelva inconsciente y que parece graduar tu energía, optimizarla.

   Aunque te sientes fuerte, te ayudas también de unos bastones, distribuyes el esfuerzo para mover tu cuerpo entre tus cuatro extremidades, tus piernas están bien, pero la jornada no termina hoy, sabes que el cansancio es acumulativo por lo que necesitas administrarlo, para llegar en plenitud, eso esperas, hasta el final.

   Los paisajes son espectaculares, hoy cruzamos siete puentes colgantes, cuando entras en cualquiera de ellos, pareciera que estuvieran vivos, son cómo gusanos gigantes que hay que montar, la imagen te lleva a Dune, el mundo imaginado por Frank Herbert; traen su propio movimiento, producto de las fuerzas a las que se ven sujetos tanto por la de las personas que los cruzan, cómo por la del viento; digamos que la resultante de todas esas fuerzas le imprime un movimiento vertical oscilatorio de baja frecuencia, cuando entras al puente, deberás ajustar tus pasos a ese movimiento, no te preocupas, tu cuerpo realiza cálculos precisos para armonizar tus pasos y montar el gran gusano, como lo hacían los Fremen del mundo de Herbert.

   Llegas al albergue, hace frío, necesitas un baño, no hay agua caliente, abres la única llave disponible y decides entrar frotando tu cuerpo con fuerza mientras el frío líquido te quita la tierra, cierras, te enjabonas y repites la operación, te sientes bien, listo para cenar.

 

Día 3   Namche Bazaar

   Este es un día de aclimatación, haremos una caminata corta a un hotel que se llama Everest View a 3900 msnm, pasaremos ahí un par de horas y regresaremos a Namche, el objetivo es irnos acostumbrando a la altura, esta es también una forma de hablarle al cuerpo, y de darle tiempo para que escuche.

   En la montaña hay que tomar mucha agua para evitar la deshidratación, 4 o 5 litros diarios, adicionalmente le pones algo de sales, al principio el sabor te molesta un poco, después te acostumbras.

   La villa de Namche es hermosa, está llena de comercios donde venden todo lo necesario para subir, te encuentras personas de todo el mundo, todos amantes de la montaña, eso genera una camaradería casi instantánea con cualquiera que te cruzas. Aquí no hay estados en guerra, ni posiciones políticas y mucho menos mentiras disfrazadas de transformaciones, aquí, venimos a encontrarnos con anhelos, con sueños personales, con metas, venimos a charlar con nosotros mismos, a reflexionar lo que hemos hecho y lo que queremos hacer en lo que nos queda de vida, venimos a aprender, en un reconocimiento del aprendizaje como el motor del vivir.

   Por la noche tu guía Loc, te mide la oxigenación, andas en 94.

Día 4   Namche – Tengboche

   Hoy pretendemos caminar 10 km, Tengboche se encuentra a 3870 msnm, durante el camino sentiste un pequeño piquete en tu rodilla derecha, casi al inicio de la jornada, es psicológico te dices, haces un ejercicio de distracción, cuentas primero de uno a diez, ahora incrementas en una decena por lo que la cuenta va de 20 a 100, después incrementas en centenas por lo que ahora vas de 200 a 1000 y así sucesivamente, cuando llegas al billón, inicias la cuenta regresiva. El conteo no debe interferir con tu trabajo de respiración ni en la firmeza de tus pasos, ha pasado un cierto tiempo desde que iniciaste la secuencia numérica, la punzada se ha ido.

   La vereda es hermosa, larga y sinuosa, tiene su cadencia, eso te lleva a aquella rola de los Beatles.

“The long and winding road
That leads to your door
Will never disappear
I've seen that road before
It always leads me here
Lead me to you door.”

   En el camino, te encuentras con unos búlgaros que conociste en Namche, estás por gritar “Bulgaria” para saludarlos, cuando te das cuenta de que hubo un accidente, un italiano resbaló y se dislocó el húmero, el tipo está abatido, tendrá que caminar al menos una hora para poder llegar dónde lo pueda transportar un helicóptero, intentas cruzar una palabra con él, pero está concentrado en su dolor y frustración, imposible comunicarse.

   Más adelante visitamos un monasterio budista, hay que descalzarse para entrar, el silencio de la montaña le da un sentido a estos espacios que invitan a la meditación.

   Llegas a Tengboche, estás cansado, te dice Loc que no hay habitaciones en el albergue, tendrán que caminar otros tres kilómetros, hasta Pangboche, el próximo poblado. 

Día 5   Pangboche – Dingboche

   La caminata de este día es de 7 Km, a medida que subimos, el aire contiene menos oxígeno, por lo que la respiración comienza a dificultarse y el rendimiento en la caminata es menor. Los ritmos lentos de la montaña toman mayor sentido.

   Llega la noche, estás cansado, los albergues son bastante austeros, hace frío, pero tú vienes equipado con una bolsa de dormir que te puede mantener confortable a muy bajas temperaturas, te das un masaje en tus piernas y pies, traes una cortada en el cuarto dedo de tu pie derecho, lo curas, los dedos de tus manos también te duelen, es por el manejo de los bastones, esto último no lo tenías previsto.

   Después de la cena, te miden la oxigenación, andas en 85.

   Estás inquieto, no puedes dormir, en realidad te das cuenta que es difícil respirar, hay una ansiedad que se comienza a apoderar de ti, jalas aire, pero no te alcanza, comienzas a asustarte, estás en el otro lado del mundo, lejos de tu casa, de tu gente y a punto de sufrir una crisis, necesitas controlarte, recuerdas tus clases de respiración, comienzas a practicar diversos patrones, cambiando los tiempos y las proporciones, esperando encontrar alguna combinación que te tranquilice, tienes adicionalmente un ligero dolor de cabeza, es la altura, lo sabes, sientes mucho calor, te quitas el gorro y una chamarra, te dan ganas de quitarte todo, pero sabes que en realidad está haciendo frío, tampoco quieres enfermar, necesitas controlarte y dormir, vas a estar bien, vas a estar bien, inventas tu propio mantra, el que necesitas en ese momento.

Día 6   Dingboche

   Dormiste poco, agradeces la llegada de la luz, esta será una jornada de aclimatación, estamos a 4360 msnm, habremos de subir a 4800 msnm, pasar dos horas en esa altura para después regresar a almorzar. Del mismo modo que en Namche, este tipo de aclimataciones son necesarios para acostumbrar a tu cuerpo, después de la experiencia de anoche no lo pones en duda.

   El día es espléndido, caminamos en medio de montañas, llegamos a los 4800 msnm, nos detenemos a descansar, te sientas a comer un chocolate, el silencio de la montaña es imponente, tan poderoso que inhibe el romperlo, cómo cuando entras en un templo. La vista del Ama Dablam con sus 6812 metros es increíble, sacas algunas fotos, un águila vuela sobre ti, te tiras de espalda para intentar capturarlo en una imagen, está planeando, sus enormes alas desplegadas surfeando la corriente de aire, desde abajo, el efecto de la luz pareciera hacerlas brillar, agradeces.

   Volteas a tu derecha, Ángela, tu compañera está absorta, en un estado de contemplación que no te atreves a interrumpir, le tomas una fotografía, el registro seguramente atestiguará un momento importante de su vida.

 Día 7   Dingboche – Lobuche

   Desayunamos e iniciamos la jornada, en el camino te encuentras montículos con rocas talladas, restos de un monasterio, son mantras, te explica Loc, todos ellos son para la buena fortuna, para la buena salud, para superar los obstáculos que te presente la vida. 

   Tocas las piedras a medida que avanzas, piensas en tu esposa, en tus padres, en tus hijos, en tu familia entera, en tus amigos y maestros, cada interacción, cada charla, cada pequeño gesto de todos con quienes has interactuado en tu vida, te ha traído a este lugar, a este tiempo. Piensas en todos ellos, les agradeces y mientras caminas y acaricias, repites algunos de sus nombres buscando compartir lo que sientes ahora, una paz infinita.

   Llegamos a un sitio conocido como Doughla pass, es una especie de memorial, montículos de rocas dedicados a aquellas personas que han muerto en su intento por conquistar esta montaña.

   En cierto momento durante el camino, un perro se acerca a ti, camina contigo, conoce las veredas, parece guiarte, cuando se adelanta, se sienta y te espera hasta que lo alcanzas, entonces se incorpora y avanza, estos animales saben que los caminantes traemos algo de comer, y esperan que les compartas un bocado, lo que sea, muchos de ellos van y vienen entre los pueblos, duermen en cualquier espacio medio cubierto, de vez en vez se engarzan en alguna pelea con algún otro que cuida su territorio, la montaña es su hogar.

   Cuando caminas, ocasionalmente suenan unas campanas, son animales de carga, entonces, ya sea que vayan en tu dirección o en sentido contrario, hay que cederles el paso, ahí vez por primera ocasión en tu vida a un Yak, es una especie de toro, el que te encuentras ahora es un hermoso ejemplar blanco, con el pelaje muy largo, casi hasta tocar el suelo.

   Llegamos a Lobuche, sobre los 4940 msnm, te miden la oxigenación, la traes en 68.

   Te duele un poco la cabeza y se te dificulta dormir.

 Día 8 Lobuche - CBE - Gorak Shep

   Hoy es un día difícil, caminaremos 10 kilómetros hasta el Campamento Base del Everest, después otros tres de regreso hasta la villa de Gorak Shep, el rendimiento a esta altura es cómo de 1 kilómetro por hora, no se puede ir mas rápido, traemos adicionalmente un cansancio acumulado por el esfuerzo de esta última semana, pero la ilusión de llegar al campamento es muy poderosa, todos los que estamos aquí venimos a eso.

   En algún momento alcanzas a ver una serie de carpas amarillas, ese es el lugar a donde te diriges, faltan un par de horas te dice Loc, sonríes, ya casi estás ahí.

   Es la última vereda, en un giro a la izquierda ves esa enorme roca con la inscripción de Everest Base Camp, 5364 msnm, una emoción indescriptible te embarga y comienzas a llorar, el cansancio desaparece, le das una abrazo a Ángela y otro a Loc, agradeciéndoles, estás satisfecho, contento, te sacas una foto para el registro y grabas algunos audios dirigidos a tu familia y a tus amigos, muchos de ellos te han acompañado en este viaje, su fuerza ha sido tu fuerza, agradeces, agradeces, toda tu vida has sido un hombre muy afortunado.

   Después de un par de horas en el sitio, inicia el retorno, nos quedan tres horas de camino hasta Gorak Shep. Estamos muy contentos, fortalecidos, podemos ir hasta donde sea.

Días 9, 10 y 11    Regreso

   Estamos digiriendo la euforia de haber llegado a nuestro objetivo, ahora hay que bajar, serán tres días hasta Lukla caminando un promedio de 19 Km diarios. Es un esfuerzo considerable, a algunas personas se les olvida evaluarlo, pero hay que bajar. La buena noticia es que a medida que lo haces, la oxigenación es mejor por lo que te sientes con más energía.

   En la vereda, hay una saliente, es cómo un breve intento de incursión en el vacío, la vista es magnífica, te paras en ese sitio, frente a ti están las grandes montañas, las nubes que las acarician, te separa de ellas una especie de cañón con el río debajo, el lugar es simplemente mágico. Les pides a Ángela y a Loc que te esperen un momento, te quitas la mochila, haces unos ejercicios de Tai Chi, Wing Chun o Chi Kung en el borde de la vereda, pasas de una disciplina a otra de manera involuntaria, al final todas están conectadas al manejar los mismos principios, buscas tu centro, al principio lo haces con los ojos cerrados, después de un momento, cuando te sientes conectado los abres, entras en un estado de contemplación, agradeciendo la oportunidad de aprender, aunque hay otras personas alrededor tuyo, este es tu momento, un momento íntimo y solitario con la montaña, es como besarla, acariciarla y finalmente hacerle el amor que no es otra cosa que fundirse con ella, con su energía, con su grandeza.

   Vienen un grupo de mujeres detrás de nosotros, son varias, de diversos países y edades, le comento a Loc, mira, que fuertes son esas chicas, él me dice, sí, pero tú eres más fuerte. No, le digo, creo que en nuestra especie el género femenino es el más fuerte, ahora cuando la fortaleza no es solo física, el problema es que muchos hombres no lo saben y muchas mujeres tampoco.

   Están bajando, sigues a tu guía, tratas de acomodar tus pasos a las huellas que van dejando sus botas, él da dos o tres pasos y de repente se resbala, cae, se levanta inmediatamente como impulsado por un resorte, estoy bien, te dice, yo lo sigo, doy dos, tres pasos y en dónde calló, escojo otra piedra, los maestros a veces también se equivocan, tendrán que subir de nivel, también hay que aprender de ello.

   Estas sobre los últimos kilómetros de tu viaje, todos nos movemos con cierta lentitud después de muchos días de esfuerzo, estás cansado, te duele un poco las rodillas, los pies y las piernas, decides hacer un ejercicio de visualización, imaginas entonces que tienes unas rodillas enormes, ves esas grandes rótulas que pareces bisagras de acero, super aceitadas, las cubren un par de enormes piernas, cómo las del Arnold Schwazenegger, son tuyas, son tus piernas, tu sistema óseo inferior es poderoso, lo ves así un minuto, tal vez, después comienzas a imprimir velocidad a tu paso, el cansancio ha desaparecido, tus piernas se mueven con vida propia, avanzas a un ritmo que no habías conseguido en todo el trayecto, te separas de tu equipo, comienzas a rebasar a otros caminantes que no entienden el motivo de tu prisa, pasas a unos españoles mientras gritas México, sonríen y te saludan, sigues, vas al ritmo de algunos nativos de estas tierras lo cual es casi imposible para cualquier forastero, todo este esfuerzo va acompañado de una respiración consciente, tratas de capturar en tu memoria los mayores detalles de la experiencia, te sientes poderoso, te cruzas con un niño, sonríe y te saluda, Namaste; Namaste respondes.

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