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Amenaza en lo profundo

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Los océanos son el área más inexplorada del planeta, de forma que las profundidades marinas están llenas de rincones a los que el hombre nunca ha llegado y que pueden albergar, o no, una variedad significativa de vida y fauna totalmente desconocida para el humano y, en ello también, desafíos científicos en cuanto pueden representar amenazas y/u oportunidades para la sobrevivencia de la especie. Es un espacio inmenso, cuna de la vida de seres microscópicos pero también residencia de especies de gran tamaño, como las ballenas y los calamares gigantes. La biodiversidad que puede existir en las fosas, cañones  y cuevas marinas o corrientes de agua hipersalinas es aún desconocida.

Esta falta de exploración obedece a su vez, más que a un desinterés, a la dificultad que representa llegar a la vasta y kilométrica profundidad de las aguas marinas. A más profundidad, menos luz, menos oxígeno y más presión, lo que dificulta al humano sobrevivir en estas condiciones adversas para las que su cuerpo y mente no están preparados. Los seres vivos, recordemos, se adaptan a las circunstancias de su medio ambiente, son causa y efecto del mundo natural en el que existen y por ello, ubicados en un ambiente que les es hostil, pueden deteriorar su condición biológica y morir. 

¿Qué hay en el fondo de los mares y océanos?; ¿qué tipo de vida existe, evolucionando a partir de las posibilidades que le otorga su constitución biológica y el medio ambiente al que se ha adaptado? Estas reflexiones están implícitas en la película Amenaza en lo profundo (EUA, 2020), una cinta escrita por Brian Duffield y Adam Cozad, dirigida por William Eubank y protagonizada por Kristen Stewart, Vincent Cassel, Jessica Henwick, John Gallagher Jr., T.J. Miller y Mamoudou Athie.

El relato se construye a partir del género de suspenso y se trata de una historia de supervivencia que sigue a seis empleados en una plataforma perforadora ubicada cerca de la fosa de las Marianas, un fondo marino ubicado en el océano Pacífico y considerada el área oceánica más profunda del planeta; una vez que la estación en la que se encuentran colapsa y queda destruida por una fuerza desconocida (un sismo, piensan ellos inicialmente). Tratando cada uno de escapar al siniestro, deben encontrar la manera de llegar a la superficie como única manera real de sobrevivir, pues, suponen, difícilmente la empresa realizará un rescate a tan gran profundidad. Sus recursos son limitados, en el sentido de que a causa de la destrucción de la plataforma, el equipo de comunicación y evacuación está dañado, y la mayoría de ellos son más bien científicos y técnicos, no buzos expertos o exploradores. 

Tras darse cuenta que son los únicos sobrevivientes que quedan, aún atrapados, y que las cápsulas de evacuación disponibles están en una unidad científica ubicada a un kilómetro y medio de distancia, a la que tienen que llegar caminando, para luego recorrer la estructura destruida a través de un elevador, también potencialmente dañado, el reto reclama concentración en tres elementos clave: trabajo en equipo, estrategia y astucia. El dilema es enorme, pues implica valorar la pertinencia o no de moverse, para no dificultar las labores de búsqueda y rescate que, en teoría, deberían realizar desde la superficie marina, al tiempo que deben reconocer con objetividad sus condiciones físicas, los riesgos de transitar en la profundidad desconocida y el estado en que se encuentre el área a donde se dirigen, en especial la condición de utilidad de las capsulas de evacuación.

Necesitan apoyarse, en el esfuerzo físico pero también moral, dado que el aislamiento, la crisis y la incertidumbre tienen más estragos emocionales que físicos. Reaccionan de manera diferente ante las situaciones adversas porque sus personalidades y experiencias son muy distintas, pero finalmente humanas, expresadas simplemente a través de diversas emociones. Hay quien lidia con la crisis con bromas, para liberar tensión; hay quien lo hace con habilidad analítica, buscando salidas; hay quien comienza a cuestionar sus decisiones y temer la muerte; como hay quien se encierra en su propia negación y prefiere callar y replegarse. 

Son finalmente personas ordinarias colocadas en situaciones extraordinarias, de las que tienen que salir a partir de trazarse una estrategia, con inteligencia y sagacidad que aproveche sus recursos, pero también de sus conocimientos y habilidades. Esto se pone a prueba en varias ocasiones a lo largo del camino, en particular cuando descubren una llamada de auxilio proveniente de una de las cápsulas de escape. La lógica señala que se trata de un sobreviviente atrapado, igual que ellos, buscando de obtener ayuda; la ética llama a ayudarlo, o al menos intentarlo. Sin embargo, lo que encuentran son la presencia de extrañas criaturas marinas, que han convertido los cadáveres humanos en huéspedes, para hibernar, refugiarse o alimentarse. 

Es en ese momento que algunos del grupo comienzan a cuestionarse el papel depredador del hombre en la naturaleza y el medio ambiente, en ese afán por controlar, adueñarse, explotar y aprovecharse de los recursos y los espacios. Esas actividades humanas (pesca, extracción de petróleo, minería, pruebas militares submarinas) así como el vertido de materiales tóxicos, están afectando al ecosistema marino, agrediendo a las especies que lo habitan y alterando su conformación natural, a veces incluso antes de que se conozca la diversidad y el funcionamiento de sus diferentes comunidades. En ello los personajes en la narrativa se preguntan si la acción humana es lo que provocó el colapso de la plataforma y la presencia inesperada de esas criaturas que se apropian de los desechos humanos. “Nosotros hicimos esto”, dice uno de los personajes, en el sentido de que si la plataforma que perfora el subsuelo, altera el hábitat natural de estas criaturas, y de otros animales y vida marina, los invasores ‘externos’ que alteran el ‘orden’ son los humanos, y así los invadidos tienen el derecho de defenderse, como sería el instinto natural de cualquier animal.

Las criaturas comienzan a cazarlos y matarlos, por instinto, depredación, autodefensa o adaptación, a lo que no hay más respuesta que defenderse y, dada la posición en la que se encuentran, no hay más opción que responder aniquilando. Pero el razonamiento que llama a la reflexión ética no es incorrecto: el humano abusa de su entorno, explotándolo, saqueándolo. Somete a las otras especies y comercia con ellas y con la naturaleza, de la que se apodera forzando de manera violenta, exterminando de ser necesario y apropiándose del hábitat de otros seres vivos.

El humano se adueña y luego capitaliza el beneficio que puede sacar de ello; lo hace con la tierra, los árboles, los mares, la flora, la fauna y todos los recursos naturales. A todo le pone un precio, que más tarde, o en el proceso, convierte en mercancía. ¿Pero es la naturaleza realmente ‘nuestra’ como para ser ‘dueños’ de ella, comprarla y venderla?

La película reflexiona, adyacente, de manera indirecta pero sutil, cuando, por ejemplo, los personajes se plantean estas preguntas, sobre la responsabilidad que tienen como especie y el papel que juegan, mucho más allá de ellos como individuos sino más bien con relación a la mentalidad humana dominante, la sociedad constituida o la naturaleza depredadora de la especie misma. ¿Qué podría esperarse que pasara tras colocar a 10 kilómetros de profundidad en el mar una plataforma perforadora que extraiga recursos? Sin duda, una modificación y alteración del hábitat. ¿Por qué hacerlo entonces?

¿Por qué no?, con seguridad es lo que muchos piensan, y es finalmente eso el aparente motor de la empresa privada que financia el proyecto y que, incluso a sabiendas de lo que sucede y puede suceder, procede a la explotación del espacio marino, pues su ganancia es más importante que la triste (lamentable y hasta irremediable) explotación del planeta que destruye en el proceso.

El mundo a merced del capital, del dinero y del que tiene el poder de controlar la situación; reflexiona la película, cuando revela, en sus momentos finales, que lo sucedido, el accidente en la plataforma, la presencia de las criaturas marinas y el recorrido que viven estos personajes en su camino al rescate, o a la salvación, quedará oculto al ojo público, para no poner en riesgo la actividad industrial.

Los encubrimientos industriales y abusos corporativos operan pagando por callar testigos, enterrando evidencia y negando rumores, no para evitar el pánico, sino para no perder el control de la situación, para no perder el capital, sin importar la contaminación ambiental y todo lo que la humanidad y el planeta mismo pierden en ese afán depredador por extraer todo lo posible del mundo natural.

Es probable, se insinúa incluso, que la empresa en cuestión sabía de la existencia de esta especie marina, pero decidieron callar la verdad, porque su prioridad no es la naturaleza, la fauna marina, la ciencia o la evolución, sino conseguir cualquier recurso que estén explotando al fondo del mar, para destinarlo al mercado y generar un aumento de su capital. 

La actitud es narcisista, ególatra, llena de indiferencia, pero además de un sentimiento petulante y de dominio que responde a un instinto salvaje; natural, porque es característico de las especies animales, pero que debería pasar por el filtro de la ética y la moral, tratándose de una sociedad con un nivel de razonamiento y evolución caracterizado por ser precisamente ‘superior’ al del resto de los animales. La plataforma submarina se pierde, las investigaciones y las vidas humanas también, pero lo que perdura es la compañía privada a cargo de esa actividad extractiva. 

La historia también reflexiona sobre la reacción humana ante la soledad, la incertidumbre y la desprotección. Más de un personaje habla de la sensación de impotencia en la que se sienten, al no saber qué sucede, qué lo provoca y cómo resolverlo. Para los personajes, el miedo y la desesperación vienen de una atmósfera en donde la presión de la realidad crea un desbalance y descontrol, físico, intelectual y emocional. No sería difícil transportarlo a la realidad cotidiana, especialmente ante una pregunta importante que se desprende del relato: ¿Quiénes son realmente los verdaderos ‘monstruos’ de la historia? 

Ficha técnica: Amenaza en lo profundo - Underwater

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