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La noche de las nerds

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las películas de comedia suelen asociarse con relatos pasajeros de entretenimiento ligero sin mucha sustancia o contenido reflexivo, pero el prejuicio descalifica al género, pues que una historia opte por un tono divertido y cómico, no significa que no pueda abordar temas importantes y trascendentales para el individuo. Ejemplo: La noche de las nerds (EUA, 2019) una comedia adolescente que al mismo tiempo incluye un análisis relevante a la vida del joven actual, que en su propio ajuste a la edad adulta y a las presiones del contexto por cumplir expectativas y enfrentar prejuicios, pierde noción de su identidad, ideales y hasta metas.

La película habla de temas como amistad, solidaridad y fraternidad, pero también de las inseguridades y la ansiedad, o el camino por encontrarse a uno mismo sin dejar de lado encajar en el molde aceptado por el colectivo, tópicos abordados con tono cómico y auténtico, pero plasmados con seriedad para reflejar esta ‘crisis existencial’ que puede presentarse durante el proceso de maduración, por el que toda persona pasa en la adolescencia.

Amy y Molly, las protagonistas, son dos jóvenes decididas y solidarias entre sí, con un plan bien trazado, comenzando por asistir a una prestigiosa universidad, lo que han logrado, pero para ello no hicieron más que estudiar, sin diversión ni aventuras o riesgos, lo que las ha alejado no sólo de la socialización propia de su edad, sino también ha provocado la etiqueta de que son ‘unidimensionales’: sólo escuela, nada de diversión. En su último día de clases descubren, no obstante, que su sacrificio no tiene realmente eco ni importancia mayor, pues sus compañeros que no dejaron de lado las fiestas y el esparcimiento, también han logrado sobresalir académicamente.

La noticia derrumba su mundo, simbólicamente hablando, pues todo aquello en lo que creían, lo especiales y únicas que se veían, tras la falsa sensación de ‘superioridad’ con respecto a sus compañeros, que mucho basan en la idea predeterminada de cómo se valoran a sí mismas, se desvanece, lo que pesa particularmente en Molly. A partir de ese momento, la misión de salir de fiesta se convierte poco a poco en un viaje de autodescubrimiento, al obligarse a convivir con personas que evitaron todo el tiempo escolar, por la desidia de dar su correcto lugar a la importancia de socializar.

En el proceso, cada experiencia se vuelve una montaña rusa llena de emociones, donde entra en juego la duda y el miedo, la inseguridad y la negatividad, no sólo suya, señala la película, sino también ejemplificada a través de otros personajes que, al mismo tiempo, son reflejo de los prejuicios que atropellan la convivencia, pues estas ideas marcadas por el estereotipo, a su vez dificultan las relaciones sociales.

Asumir que la persona inteligente, estudiosa y aplicada, catalogada como ‘nerd’, es ‘aburrida’ y no piensa en otra cosa más que en la escuela, que es lo que la gente piensa de Molly y Amy; así como pensar que aquella persona popular y fiestera no puede demostrar capacidad e inteligencia, como sucede con los personajes de Gigi y Annabelle, por ejemplo, una percibida como ‘tonta’ y la otra como ‘chica fácil’, es una forma muy cuadrada y simplista de ver a la gente, porque las personas no pueden ser definidas y encasilladas, pues su personalidad no tiene que ser una u otra cosa, dado que ‘conocimiento’ y ‘esparcimiento’ no se contraponen.

En todo caso las chicas, así como muchos otros personajes, son incomprendidas, desechadas por un prefijo colocado por el colectivo sobre su persona, que evita la inclusión al mismo tiempo que su desarrollo personal y emocional. Molly rechaza a Annabelle porque cree que no hay compromiso consigo misma en su actuar, hasta que descubre que la otra no es lo que ella creía, en parte porque el rumor exagera su verdadera naturaleza, social y desenfadada, en parte porque eso no significa que no pueda también ser capaz y destacar en el terreno académico, a pesar de que el molde social esté predispuesto a pensar que sí.

Al final, lo que los personajes buscan es aceptación, que no podrán lograr sino hasta que se acepten primero ellos mismos. Pero la idea aquí no habla de negar quiénes son, sino de la ansiedad por sentirse ‘suficientes’, dignos y valorados, pese a estar atrapados en un mundo que se aprovecha de sus inseguridades. Esto se expande cuando la película recalca cómo el éxito o el fracaso no pueden medirse por parámetros como el desempeño académico, la popularidad dentro de un grupo social o la belleza física. Cada persona tiene sus cualidades, pero igual tiene sus defectos; eso no las hace más o menos que otros, mejores o peores, sino simplemente humanos.

La gente puede o no coincidir con el estilo de vida de Annabelle, por ejemplo, pero eso no les da derecho a descalificarla; uno, porque es ella quien elige sobre su persona y, dos, porque la burla se afianza de denigrarla, lo que implica una falta ética y moral en la conducta del colectivo. Para ella, peor que ser blanco de las burlas y la discriminación, es de dónde proviene y por qué; no sólo los hombres que la rechazan por algo que al mismo tiempo alientan y anhelan: la libertad sexual; sino también las mujeres, que ella creía se unirían en solidaridad contra la marginación, y de quienes espera empatía para ir en contra del sexismo, pero recibe todo lo contrario.

Esto así mismo habla de la inevitable tendencia del joven, y de las personas en general, a compararse con otros, con la consiguiente frustración que ello puede traer consigo. ‘Medirse’ en función a los demás produce inseguridad, indecisión, temor y problemas de autoestima. El constante verse en función del de junto, de las expectativas y los prejuicios, provoca una fijación en la persona sobre qué vestir, qué pensar, qué decir, qué hacer, en qué sobresale y de qué adolece, de forma que la imagen externa e interna, cuerpo y mente, acciones y pensamiento, se sienten constantemente en tela de juicio. Si una persona acude a una fiesta o no, si destaca en lo que hace o no, si gusta de las mismas cosas que el resto de sus compañeros o no, parecen superficialidades cotidianas, insignificantes, pero son esos pequeños detalles los que impactan realmente en el desarrollo de cada ser.

Que se espere o anticipe que Molly y Amy no son bromistas, intrépidas y alegres, porque son ‘inteligentes’ o ‘aplicadas’ en sus estudios, es reducirlas al estereotipo, que las minimiza; y lo mismo sucede con otros a quienes se les trata según la mayoría, la ‘masa’, que asume por inercia, basándose en percepciones, no realidades. Es la función del estereotipo, empleado para prácticas de discriminación, exclusión o agresión.

El rechazo que puede generar la idea predetermina sobre quiénes son, más la presión social por cumplir satisfactoriamente metas dentro del competitivo mundo académico, más las escalas sociales que dividen y recalcan constantemente los parámetros irreales de belleza o éxito, por ejemplo, son parte de la realidad vital de todos estos personajes que convierten ese huracán de tensión en inseguridad y obsesiones. Querer ser el ‘mejor’ es una frase que puede significar infinidad de cosas para cada persona; el resultado es sentirse incomprendido, confundido, con metas que exigen demasiado y una noción de que lo que se hace nunca es suficiente. El competitivo mundo del mercado, donde para sobresalir es necesario explotar o abusar del otro, se forma así desde el mundo escolar, en donde no se educa para respetar sino para competir; entonces agredir, excluir y ser egoísta es el camino al éxito; al menos, así lo perciben los jóvenes estudiantes en este ambiente descrito.

Si Amy vive preocupada por no romper las reglas, temiendo repercusiones significativas, y si Molly vive en la necedad de siempre apegarse a un plan bien trazado, que sigue con paso firme e inflexible, no es sino resultado de las imposiciones causadas por el mundo en el que viven, donde el ser productivo y eficiente, la meritocracia, se convierte en una fuerza del sistema para alienar a las personas -a los jóvenes en este caso- y donde lo que parece tan superficial -en el sentido de cotidiano-, como los planes para el futuro, los castigos como consecuencia de los tropiezos, la competitividad entre ellos o el deseo de aceptación, parecen algo banal y simple, cuando en realidad juegan un papel importante para el desarrollo de la autoestima, autoconfianza y/o estabilidad emocional.

Al mismo tiempo, la cinta enfatiza también la importancia del tiempo de ocio, de balancear los estudios con la distracción, de no enfrentar al esparcimiento con el estudio, pues ambas son experiencias de vida que pueden derivar en aprendizaje, así como remarca la importancia de apreciar esos momentos de socialización y fraternización, de diversión y descanso, como parte esencial en la vida y para el desarrollo del hombre, pues en ellos también se descubren cosas y también se crece.

Las vidas de Molly y Amy carecían de ese importante sentido de pertenencia, más allá de la relación de apoyo mutuo y, aunque su amistad es pilar importante en su desarrollo, descubrir quiénes son más allá de la otra, más allá de la escuela, los planes y la horma que han aprendido a llenar conforme descubren su función social en la dinámica escolar, es también parte clave de su independencia. La idea al final es darse cuenta que nadie es unidimensional; las personas son más que el prejuicio, que el estereotipo, conceptos que afectan en el momento en que la superficialidad con que se expresa la etiqueta, al tomarse con ligereza, esconden una crisis social profunda, que arrincona al adolescente y tipifica de la manera más simplista las relaciones sociales.

La historia en el fondo es una comedia sobre aprendizaje, desarrollo y maduración -ética, moral, intelectual, emocional y humana-, por lo que reflejar la realidad con humor, resulta el mejor vehículo para entender el contexto del mundo que evidencia, y en las extravagantes y alocadas aventuras de sus protagonistas, las muchas caras de los propios temas inmersos. Escrita por Emily Halpern, Sarah Haskins, Katie Silberman y Susanna Fogel, la película fue dirigida por Olivia Wilde y está protagonizada por Kaitlyn Dever, Beanie Feldstein, Jessica Williams, Skyler Gisondo, Billie Lourd, Diana Silvers y Molly Gordon.

Ficha técnica: La noche de las nerds - Booksmart

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