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Green Book: Una amistad sin fronteras

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las personas aprenden de las demás personas, nadie se educa sólo ni nadie educa a los demás, todos aprendemos de todos; en la convivencia y la interacción con otros, el individuo se forma un juicio propio, observando, dialogando y experimentando según el trato con el prójimo, desde donde descubre lo que son los valores, las reglas sociales, la organización del sistema que rige al colectivo y las pautas sobre las que los grupos interactúan. Los problemas suceden cuando la falta de empatía se combina con la falta de comprensión y entendimiento, al grado que la mera convivencia más bien aleja, en lugar de unir. Comprender y respetar, en lugar de imponer y rechazar, ya sea que se trate de ideas, personas, posturas o corrientes, es lo que hace falta para un trato en armonía; con humanidad y dignidad, recalca la película Green Book (EUA, 2018), dirigida por Peter Farrelly y coescrita por éste junto a Nick Vallelonga y Brian Hayes Currie.

Protagonizada por Viggo Mortensen, Mahershala Ali y Linda Cardellini, la cinta estuvo nominada a 5 premios Oscar, de los que ganó 3: mejor película, guión original y actor de reparto, para Ali. Construida como comedia dramática, relata el viaje (real) por el sur de Estados Unidos en la década de 1960 que hicieran el músico afroamericano Don Shirley al lado de Tony Vallelonga, un italoestadounidense que fungió como su chofer y guardaespaldas durante el viaje. Es a través de sus diferentes perspectivas de vida, que al chocar ofrecen una mirada ilustrativa de cómo conocer y llegar a comprender la realidad de otros, lo que permite a las personas crecer y mejorar la convivencia social.

Para cambiar se necesita primero escuchar, lo que implica un importante compromiso con la honestidad, de cada persona consigo misma, con los lineamientos éticos y morales que guían su actuar, pero también con respecto al trato con los demás, con conocer y aceptar las formas de conducta del otro. Don y Tony no podían ser dos personas más diferentes; el primero es casi demasiado educado y refinado, y el segundo es dicharachero y malhablado, pero es por eso que puede aprender del otro, porque todo eso que los separa, puede unirlos en una amistad a la que ambos aporten una visión diferente de las cosas, al asumir conflictos, reflexionar situaciones o debatir opiniones, según sus propias experiencias de vida; sin embargo, cambiar requiere de una mente abierta, accesibilidad y comprensión, para sopesar y contrastar, para aprender a aceptar, a no discriminar al que es diferente, escuchando sus ideas y expresando las propias, sin intención de imponerlas.

En efecto, la convivencia durante el viaje otorga a estos personajes un contacto con una realidad que no conocían, que, si rechazaban, no era porque la razonaran incorrecta, sino porque no podían formarse una opinión propia de algo que les era ajeno. Expresión de una estructura social que al segmentar en condiciones de vida y de trabajo diferentes se traduce en precepciones disímbolas de la realidad. Para Tony, por ejemplo, basta con ver y vivir la segregación racial ofensiva y hostil en el sur de ese país, para entender la magnitud de este problema, que conocía pero no dimensionaba, del que reaccionaba sin reflexión y en el que caía quizá no por maldad, sino por desinformación. La historia habla así de cómo las diferencias sociales dividen a las personas, pues se asumen como algo cotidiano o insignificante, rutinario según tradiciones conservadoras que se cierran a la oportunidad del diálogo y el entendimiento, que discriminan hasta dañar a la sociedad misma en una escala mayor.

Es al ver el mundo a través de los ojos de Don, descubrir su sensibilidad y vulnerabilidad, que Tony entienda que puede coincidir y aprender de alguien completamente diferente a él, algo que hasta entonces no se hubiera imaginado. A su vez, Don detesta ser etiquetado y reducido a un estereotipo, basado en el grupo social al que pertenece, porque esa homogeneización lo minimiza, lo invisibiliza. Como afroamericano, viviendo una vida distante a la de la mayoría de aquellos en su mismo grupo étnico, dentro de una sociedad donde lo cotidiano es coartarles sus libertades y tratarlos con repudio, como históricamente se ha hecho hacia los migrantes, las minorías, y en este contexto, los afroamericanos, Don se siente alejado de todo, incomprendido y rechazado – pero justo porque en efecto es incomprendido y marginado incluso por aquellos que se afirma reconocen su calidad artística y disfrutan de su música-, al punto que ni él mismo encuentra con seguridad su propia identidad. “Si no soy lo suficientemente negro ni lo suficientemente blanco, ¿qué soy?”, comenta Don en un punto de la historia.

En resumidas cuentas ni Vallelonga es tan ignorante como Don creía, ni Shirley tan unidimensional como el otro pensaba. Tony puede ser rudo y violento, pero es también leal, comprensivo y muy responsable en su trabajo, incluso su distintivo ruidoso y colérico es parte de su identidad y personalidad, pero eso no lo hace ‘sólo’ aquello. Eventualmente, con la convivencia cotidiana, al observar el trato discriminatorio y hostil, el mismo Tony entiende el motivo de la soledad y tristeza de Don, alguien enfrentando las dificultades del rechazo por ser quien es, un afroamericano homosexual, con talento para la música, celebrado por ello por una sociedad primordialmente ‘blanca’, que al mismo tiempo condena todo lo que Shirley es.

Para Don, viajar y recorrer el sur de Estados Unidos, en aquella época en que los conflictos raciales están marcadamente presentes, es una forma simbólica de protestar y ayudar, de demostrar, quizá indirecta y sutilmente, que cualquier hombre es capaz de grandes cosas, no importa qué tanto se le intente frenar. Su objetivo no es dar el ejemplo para convertirse en un héroe, sino llevar al mundo, a ese mundo racista y autoritario, la mirada de las muchas posibilidades que tiene cualquier persona, sin importar su condición socioeconómica, raza, religión, preferencia sexual o afiliación, para lograr cualquier cosa que se proponga, para cultivar y desarrollar las habilidades y conocimientos que posee. El problema es que esa sociedad de oportunidades se demuestra falsa porque los prejuicios raciales, la discriminación por nivel económico y la exclusión por carencias culturales y educativas atraviesan todo el funcionamiento social.

Tony sabe quién es y en qué cree, pero su mundo es tan reducido, al convivir exclusivamente con su círculo familiar y laboral dentro de la comunidad italoamericana de Nueva York en la que vive, que poca visión tiene del mundo más allá de sus alrededores. Don al contrario, conoce bien el contexto en que vive, pero no encuentra su lugar en él; por ende, no es capaz de conectar realmente con nadie; la comunidad afroamericana lo mira distante, como alguien con quien no se identifican porque su vida no es como la de ellos, toda vez que Shirley disfruta de privilegios que por regla general el afroamericano no tiene; otro segmento de la sociedad, la parte que se asume culta, predominantemente “blanca”, aunque aplaude su talento, lo sigue marginando en lugar de tratarlo como un igual, invitándolo a conciertos para su propio deleite, pero sin reconocerlo como un igual o alguien digno de respeto, pues ni siquiera se permite que se siente a la mesa con ellos (como muestra la película), o permitiéndolo para luego tratarlo con desprecio, reduciéndolo a un estereotipo.

Cada parada en cada nueva ciudad, o cada experiencia durante el recorrido, se convierte en una lección de vida, que llama a la reflexión sobre el respeto y la tolerancia. Adentrarse en un ambiente donde el racismo no sólo está presente, sino que está marcado por la represión y la desigualdad, invita a Tony a entender más ampliamente la importancia de ser flexible y solidario, un análisis que comprende sólo al presenciar el sufrimiento que produce la explotación humana. La valiosa diferencia que aporta la cortesía y la humildad, el honor y la dignidad, es algo que Tony además aprende de Don, alguien que entiende que el odio o el prejuicio únicamente sirven para dividir y antagonizar.

Ambos personajes son víctimas del prejuicio por la mera errónea sensación de que tienen que apegarse a un molde específico de actitud, actuar y pensamiento con el que no forzosamente coinciden. Tony se siente orgulloso de sus raíces, pero eso no significa que no pueda crecer más allá de lo que está acostumbrado a ‘parecer’, según lo tratan, un hombre rudo sin ideas propias que solo sabe golpear. Don se sabe talentoso y disfruta los placeres que le ofrece su situación económica, pero esto no lo lleva a rechazar su origen étnico.

La respuesta, propone la cinta, es la empatía; canalizar confusión y dudas, desdichas y sinsabores, en experiencias de las que se crezca, no que provoquen más estancamiento dentro del colectivo, repudio hacia el prójimo, o agrave el conflicto entre opuestos.

Si las diferencias pueden unir, si estos personajes encuentran la forma de sanar en la amistad y conciliar su distante realidad de vida para sobrevivir, significa que la cultura supera a la ignorancia, que el esfuerzo es más productivo que la mediocridad y que ‘conectar’ con las personas, entenderlas, es también aprender, pero además una forma de sanar diferencias sociales. Aquí el mensaje parece apuntar sobre la necesidad de cultivar un ambiente sano, solidario, de amistad y confianza en el mundo más cercano a cada quien para incidir de alguna manera en la sociedad en su conjunto.

Aunque la película pueda sentirse más idealista que realista (es claro que el cambio social toma tiempo y las cosas no siempre se solucionan tan sencillo y amable como opta el relato de ficción); aunque se apegue a una fórmula narrativa y sus temas sean más superficiales que substanciales, la transformación de los personajes, combinando momentos cómicos, producto de sus diferencias, pero también momentos reflexivos, a partir de las lecciones de vida que aprenden, hacen que el recorrido sea ameno y satisfactorio, sencillo pero con una base al fondo analítica, pues propone el diálogo, no la violencia, como conciliador, invitando a dejar de juzgar al prójimo por lo que lo diferencia y aprender a convivir a partir del terreno común que se comparte.

El título de la película a su vez se refiere al libro guía de establecimientos seguros para los afroamericanos, editado en aquellos años, que indicaba a los viajeros los lugares como hoteles, restaurantes u otros servicios, en los que las personas ‘de color’ eran bienvenidas, y que la casa disquera a cargo de la gira, que contrata a Tony como chofer, le da para guiarse hacia dónde llevar a Shirley durante el viaje. El libro en sí, por su parte, ejemplifica una diferenciación que más dañaba que ayudaba, pues aunque la intención pudiera haber sido mantener a las personas a salvo, también reflejaba el segregacionismo latente que había en el trato social cotidiano, de marginación y discriminación, que aún se observa en el presente moderno, más de 50 años después de que el texto se dejara de publicar, en 1966, a raíz de la ‘Ley de Derechos Civiles de 1964’, pieza importante en la lucha por prohibir la discriminación y segregación racial en Estados Unidos.

Ficha técnica: Green Book - Green Book: Una amistad sin fronteras

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