El Artista

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Un artista es una persona que crea, con técnica y sensibilidad, habilidad de expresión y disciplina, que se dedica a explorar, nutrir y reinventar todo aquello que tenga que ver con la expresión estética, el arte y la cultura, que esté relacionado con el discurso comunicativo, de reflejo y reflexión de la vida y la naturaleza, la humana incluida. Técnica, oficio o medio de expresión creativo, el arte se aprecia y se valora en función a las sensaciones y emociones que produce, a la habilidad y capacidad de su autor para manifestar ideas y reflexiones en su trabajo con estética y sensibilidad. Sin embargo, en un sistema movido por el capital y el dinero, el arte también es un producto o artículo del que se saca una ganancia; en el que se invierte y renueva con el objetivo de obtener un beneficio monetario en respuesta.

El cine, considerado una de las bellas artes, el ‘séptimo arte’, no es ajeno a esto, a la utilidad de lucro que se deposita en la cinematografía como industria, donde puede llegar a pesar más la cantidad que la calidad; la parafernalia que la sustancia; la técnica que el contenido: y la venta, producción y rendimiento, por sobre cualquier otra cosa.

La película El Artista (Francia, 2011) habla sobre todo ello, ambientando en la época en que se vivió un forzoso proceso de transformación, adaptación y cambio ante la llegada del cine sonoro, reflexionando con su historia respecto a cómo afectó el sonido a la realización y consumo de películas, pero también lo que ello significó para el modelo de negocios y creatividad dentro del cine, donde la realidad del momento -que sigue vigente-, se podía resumir en aquella frase que bien dice: renovarse o morir.

Escrita y dirigida por Michel Hazanavicius y protagonizada por Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell y Penelope Ann Miller, la cinta ganó cinco (mejor película, director, actor, banda sonora y diseño de vestuario) de los diez premios Oscar a los que estuvo nominada (actriz de reparto, guión original, fotografía, montaje y dirección artística fueron las nominaciones restantes). Realizada como película muda y en blanco y negro, en honor a aquel pasado histórico de antaño (imágenes sin sonido sincronizado), la historia se ambienta entre 1927 y 1934 y se centra en George Valentin, un actor del cine mudo, de actitud egocéntrica, que se jacta con demasiado orgullo de su éxito, a quien las nuevas tecnologías llegan a desplazarlo de su pedestal, por asumir una actitud de rechazo a ellas.

Tras el estreno de su más reciente película, George conoce a una aspirante a actriz, Peppy Miller, con quien después se reencuentra cuando ella es elegida como extra en su siguiente trabajo fílmico. El jefe del estudio, Al Zimmer, no está muy contento con la presencia de Peppy, cuya interacción con George frente a las cámaras acaparó la atención de los medios de comunicación, que terminaron hablando en sus páginas de periódico de ella y no de la película, algo reprobable para Zimmer, pues significó perder publicidad, promoción y, por ende, ganancias para su filme.

George, por el contrario, ve en Peppy potencial escénico, convence a Al de contratarla, y le da a ella un consejo vital: encontrar aquello que la haga destacar entre las demás actrices, para que, al ser reconocida por un distintivo, ello le abra puertas en el competitivo mundo actoral. En esencia, la sugerencia de George es saber sobresalir y distinguirse, para demostrar al mundo que puede ofrecer algo que los demás no tienen.

La actitud de Al y George reflejan, respectivamente, a su vez, puntos de vista que parecen contrarios, pero que en esencia son igual de importantes respecto al cine como industria, como espacio de oferta y demanda, donde el mar de posibilidades llaman a pelear por la atención del público, igual que la del inversionista, del productor, del realizador o cualquier otro factor de decisión. Peppy, por ejemplo, debe abrirse camino con talento y dedicación, pero también necesita demostrar que su presencia y trabajo en pantalla ofrecen algo que no repite lo que otras actrices hayan aportado ya con anterioridad. Esto habla de competitividad pero también de abrir oportunidades, a veces con habilidad y maña, a veces con más astucia que suerte.

Así mismo, esto también aplica al razonamiento de Al, que, como ejecutivo, lo que busca es el éxito del producto que tiene en las manos, las películas que hace, o mejor dicho, en que invierte. Su táctica es una promoción y publicidad sustentada, para ese entonces, ‘el viejo Hollywood’, en la estrella frente a la pantalla, más que el director, la historia u otro. Así, Al ve las cosas en función del rendimiento, lucro y beneficio, que no es más que ofrecer un producto que se distinga de entre los otros, para que la inversión llegue de vuelta e incrementada, lo que a su vez, permita hacer más películas y reinicie el ciclo.

Tras ese primer encuentro, las vidas de Peppy y George toman caminos distintos, toda vez que el cine sonoro llega a revolucionar la forma de hacer películas. Para George, la nueva tecnología es un insignificante sin sustento, del que él se cree más grande y más exitoso. Está tan seguro de su fama, que la asume con arrogancia, pero, al mismo tiempo, es indiferente y reacio a la importancia de la adaptación, que se niega a cambiar y aprovechar la oportunidad de renovación. Rechaza hacer películas sonoras porque no le ve un futuro a este cine, pero no porque objetivamente sopese los pros y los contras, sino porque piensa que la gente va al cine únicamente para verlo a él. En el fondo George en realidad teme a la incertidumbre de una nueva era de la que no solo no sabe nada, sino para la que no está preparado, lo que significa la posibilidad de fracasar.

En consecuencia, la vida profesional de George comienza a irse en picada; Al lo corre del estudio por su falta de disposición y colaboración; entonces George usa todos sus ahorros para hacer una película propia muda, que no logra competir frente a la novedad del cine sonoro (ni la inversión maximizada del estudio detrás que lo promueve), que demuestra ser tan llamativo como exitoso, provocando un desplome en las finanzas de George, situación depresiva que se acrecienta por la de por sí crisis financiera que se vive en Estados Unidos en 1929; todo esto finalmente impacta también en su vida personal, que lo vuelve distante de su prometida Doris, quien finalmente lo deja. En parte es la soberbia de George lo que sepulta sus posibilidades, pues se niega, sin mente abierta o humildad, a adaptarse a los cambios del mundo y ambiente profesional en que se desenvuelve. En parte es también su falta de visión, que descarta el cine sonoro como posibilidad de nuevas formas de contar historias, expresarse y acercare al público, sin siquiera examinar, conocer o entender qué significa este cambio, producto más de su mala actitud, petulante y vanidosa, que de una ignorancia intelectual.

Efectivamente, el paso del cine mudo al sonoro representó una evolución y revolución dentro de la industria cinematográfica. No todos los que trabajaban haciendo películas, delante o detrás de cámaras, pudieron entender y responder al cambio. Fue hasta, alrededor de 1927, que las grandes productoras de Hollywood solidificaron la transición, al dejar de hacer películas mudas para optar por ‘el nuevo cine’, en el sentido comercial. Como en todo cambio, la transición fue gradual, primero necesaria y luego obligada, a la que no todos, en este caso el público incluido, pudo adaptarse [Tal y como ahora algunos sectores se resisten a ver el cine hecho y proyectado en plataformas digitales]. La nueva era tampoco salió libre de críticas pero como principal consecuencia, la cinematografía tomó un paso sin vuelta atrás, cambiando la tecnología con que se filmaba, el modelo de trabajo y hasta la venta del producto; evolución imparable y en constante movimiento, como todo en la vida, que no deja, hasta la fecha, de seguir renovando y proponiendo nuevas formas de ver, hacer y consumir cine.

También como en todo, no todo cambio aporta algo sustancial, ni modifica de igual manera la esencia base que pretende revolucionar, o tiene la efectividad y transformación que busca lograr con su propuesta. Dentro del cine, no todos los cambios que se han hecho o intentado han tenido el mismo eco o aporte; no todos ‘mejoran’ la forma de ver y hacer cine, ni todos duran o impactan tan significativamente a la industria y al arte cinematográfico como procesos creativos y comerciales. Es el tiempo, la visión, el contexto y hasta la inversión y construcción de cada transformación lo que dicta y refleja la permanencia de la modificación. El cine en tercera dimensión, por ejemplo, fue más pasajero que el cine digital, que eventualmente se volvió la norma recurrente por encima del análogo, que no obstante no ha dejado de existir, experimentar, evolucionar y trascender.

En el caso de la película en comento, George asume al cine sonoro como una moda pasajera (y modas pasajeras en la historia del cine, ha habido); un artefacto de venta novedoso que no hallará su lugar simbólico porque no aporta desde su punto de vista algo ‘nuevo’. La pregunta es, ¿cómo es que George no vio el potencial innovador de una técnica que abrió tantas posibilidades creativas? Su problema quizá no es que no lo haya advertido o entendido, sino que incluso siendo testigo de ello, no lo acepta, en parte porque mira la transformación como una máquina de venta que rechaza, pues sólo pretende hacer dinero, no arte; o como una renovación forzada que obliga a traer nuevo talento y sacar de cartelera a los actores que, como él, comienzan a ‘pasar de moda’; o como truco comercial a través del cual el cine se convierta en medio enajenante, más que artístico. En resumen, él no percibe la conveniencia del cambio y las circunstancias del mismo lo expulsan del camino del éxito.

“No soy una marioneta. Soy un artista”, insiste George, porque ‘crea’ historias, no ‘vende’ productos. Su punto de vista tiene sentido; el productor y su estudio están interesados en la ‘máquina mercantil’, pero el realizador no puede trabajar en función al eje comercial, sino al proceso de imaginación, invención y de expresión que se encuentra en el cine. La clave en todo caso sería no enfocarse exclusivamente en las películas como generadoras de dinero, sino en mantener la cualidad creativa cinematográfica, pero sabiendo con suficiente inteligencia sacar provecho del cambio o innovación hasta adaptarlo a favor. Más, en este caso, en donde el desarrollo tecnológico ofrece la posibilidad de percibir en pantalla a las personas tal y como se ven en la vida real.

En su orgullo, George no ve que la fama es efímera; que el cine es arte pero también industria; que como en todo en la vida, la adaptación es parte natural del curso de las cosas, pero también que la transformación misma es parte de la vida. Una vez que Peppy escala a la cima del éxito, con intuición y talento en pantalla, que la llevan a convertirse en una de las nuevas estrellas actorales del estudio, ella se da cuenta que su éxito es posible en paralelo con el declive de otra celebridad que llega a substituir. Cuando George le hace ver que el problema no es el cambio generacional, sino que la nueva generación no asuma con consideración y respeto el pasado, Peppy finalmente comprende el reclamo de George: ‘lo viejo abre el paso a lo nuevo’; es decir, el presente no es posible sin un pasado.

En este caso la situación es muy literal: George no ‘hizo’ a Peppy, ella recorre su propio camino y se abre oportunidades sola, pero ella aprende considerablemente sobre el terreno que transita gracias a la voz de la experiencia, George, y como él, todos aquellos que forjaron los primeros pasos del mundo del cine hasta convertirlo en lo que ahora es, incluyendo las oportunidades presentes, que ahora pueden existir para gente ‘nueva’.

La esencia es la misma en todas las cosas, en la historia, las sociedades, las familias, las empresas y las personas; cada agrupación, colectivo o estructura es resultado de aquellos que estuvieron antes; de sus antepasados, sus enseñanzas, sus aciertos y sus errores. En breve, la evolución es la marca del progreso del hombre, en lo individual y como especie, por eso, se aprende conociendo, comprendiendo el pasado, aprovechando los saberes de generaciones anteriores; nadie obtiene éxito de la nada, sino que éste es resultado de saberes asimilados.

El reconocimiento y/o la popularidad no son nada si no se reconoce a aquellos que también son parte de su formación. Algo que la película reflexiona es que el éxito o la fama es una ilusión, si no se aprecia el logro, esfuerzo y sacrificio colectivo, más allá de la banalidad del aplauso, el elogio o la fortuna que pueda traer consigo.

La disputa entre la finalidad, utilidad y aporte del cine artístico frente al comercial, no inicia ni termina en esta época de cambio de los años 20’s y 30’s de Hollywood, conocida como la edad de oro del cine clásico. La distinción sigue vigente, cambiante y constante; necesaria e inevitable. Pero el cambio así no sólo existe en el cine; es así en la vida de George, de Peppy y, por ende, razona la película, en toda persona, situación, historia y contexto. La transformación es tan natural como obligada.

La película, finalmente, enfatiza más que nada el trabajo del artista como creador, y del creador enfrentando la insistencia del enfoque comercial que valora no la calidad, sino la utilidad de lo que cada trabajo o creación propone. El artista adaptándose a su contexto, la tecnología, las innovaciones y las necesidad de la sociedad en la que vive, pero además, asumiendo el reto de forma que no sirva en exclusiva a las exigencias del otro, u otros, sino nutra su contenido y propuesta a partir de aquello característico del mundo en el que vive, para que así el arte, el cine, no pierdan su capacidad de observar, meditar, analizar, criticar, plasmar y razonar sobre la sociedad y la realidad que tiene enfrente, cual es parte de su función, misión y/o propósito.

Ficha técnica: El artista - The Artist

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