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El Descenso

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

¿Qué impulsa a las personas a buscar la adrenalina, las emociones fuertes? ¿Qué persiguen o por qué persiguen esa experiencia cargada de intensidad? ¿Qué envuelve la emoción que la experiencia misma implica? La adrenalina es un estímulo pero ¿cuándo este estímulo sustituye o llena un espacio emocional diferente? Los humanos se cuestionan sobre su vida, ¿cómo vivir y para qué vivir? La amistad es una forma común de vivir, de identificarse con otros y tener experiencias y, por tanto, emociones comunes, similares. Entonces arriesgarse en acciones que pueden poner en peligro la vida misma es una forma de reforzar amistad y confianza, pero también, ante la cercanía o inevitabilidad de la muerte las reacciones pueden derivar hacia la búsqueda de la sobrevivencia personal más que del colectivo, a conductas imprudentes o imprevisibles en otras circunstancias. O tal vez el ansia de adrenalina opera como una droga que sólo se satisface con la muerte propia, o ajena.

En la película El Descenso (Reino Unido, 2005), las protagonistas son seis amigas que se dirigen a la aventura explorando unas cuevas en los Apalaches, en Estados Unidos. Algunas más inclinadas al deporte extremo que otras; el viaje se plaga de tensión por varios motivos, específicamente el aún duelo por la muerte, un año atrás, del esposo e hija de Sarah, el personaje principal. El reencuentro entre las seis, específicamente Sarah, Juno y Beth, las más cercanas, es difícil, por la pregunta de si la primera está lista para un viaje tan intenso como éste. Al aire además está otro foco rojo latente: en qué posición se encuentra Juno, que organiza y quien en secreto mantenía una relación con Paul, el esposo de su amiga, lo que implica que también pasa por etapa de duelo. Pero, ¿qué otras emociones están en juego? ¿Ira, vergüenza, compasión, venganza, miedo, tristeza?

Escrita y dirigida por Neil Marshall, además protagonizada por Shauna Macdonald, Natalie Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder, Nora-Jane Noone y MyAnna Buring, la película habla de las emociones y las relaciones humanas, de las reglas y el liderazgo, de la impulsividad y las decisiones. ¿Por qué está ahí cada una de estas mujeres? ¿Qué buscan con el viaje?, ¿divertimento, aventura, distracción, esparcimiento, un reto, auto-superación o, demostrarse y demostrar a las demás fuerza de carácter, o superioridad?

A Sarah aún le pesa la muerte de su familia y tiene pesadillas recurrentes, pero no llora ni se queja, sólo enfrenta el temor, en su propia burbuja, de una vida sola y una muerte trágica y violenta, como la que vio sufrir a su esposo e hija. La cueva, en el aislamiento creado por un espacio cerrado y oscuro, sólo acrecienta ese miedo, al que eventualmente se tiene que enfrentar. Para ella, pelear y sobrevivir es tener que superar ese miedo, por lo cual el reto es más grande que para las demás, específicamente en cuanto al viaje emocional se refiere. Tal vez excepto Juno, por los afectos involucrados y los secretos guardados.

El trasfondo que vive Juno es igualmente tan complicado como el de Sarah. Le duele la pérdida pero no lo puede externar o todos se enterarán de su engaño y el de Paul. Así que huye y se va de viaje por todo un año; al regresar, propone y organiza esta aventura, pero luego lleva a sus amigas a una cueva inexplorada, en lugar de a la cadena montañosa que habían quedado ir, bajo el pretexto, les cuenta después, cuando ya se han quedado encerradas, incomunicadas con el exterior, que lo hizo porque quería descubrir este sistema de cavernas con ellas, para nombrarlas en honor a cada una. Sarah le pregunta si en realidad lo hizo por ellas como amigas o si no más bien por interés propio. “Este es un viaje de ego”, le reclama a Juno otra de las chicas.

La dinámica relacional se fractura, crece el temor porque nadie irá a buscarlas (el equipo de rescate irá en su búsqueda pero a la otra cueva, a la que indicaron en su bitácora de viaje oficial), crece la incertidumbre y la desconfianza por las acciones de Juno y la realidad del evidente peligro que representa incursionar en una cueva inexplorada, lo que, sin duda, es un motivo para inquietarse. Aunado a ello, se encuentran en un terreno tanto desconocido como aislado y solo, como para presionar aún más sobre sus emociones. No pueden regresar por donde vinieron, luego de que un derrumbe tapara la entrada, y no tienen como alternativa más que seguir adelante, esperando que exista otra salida. Avanzar con los ojos simbólicamente cerrados, es avanzar más que a la aventura y la adrenalina, es enfrentarse al peligro y la incertidumbre.

La oscuridad, la humedad, la incomunicación, el confinamiento y la quebrantada relación desembocan en un caos personal para cada chica. Juno intenta tomar las riendas como líder, pero las otras se preguntan por qué confiar en ella y por qué seguirla ahora, después de lo que hizo, del engaño. La inexperiencia de la mayoría en el terreno (prácticamente todas son exploradoras amateur) hace difícil el avance y el sentimiento de desesperación y desesperanza comienza a pesar sobre cada una, especialmente las más débiles de carácter.

Reaccionan emocionalmente, no tanto con razonamiento sino por impulsividad, porque es lo que la situación en la cueva provoca en sus emociones. Holly por ejemplo, ve una luz que cree viene del exterior y corre, sólo para descubrir que era una ilusión óptica y luego caer en un hoyo, del que no se percató, por falta de precaución al ir corriendo sin moderación. Con su pierna rota y el sentimiento de Sarah de que alguien las vigila (sensación que las demás descartan ya que lo toman como producto de su imaginación, resultado del trauma que experimentó por la muerte de su familia), las seis mujeres se vuelven presa de algo aún más peligroso: humanoides que viven en las cuevas (adaptaron su cuerpo a lo largo de siglos para vivir en estas condiciones) y que comienzan a cazarlas pues para ellos representan su alimento.

Lo que se necesita para salir no es un líder soberbio como Juno, o el individualismo y la desesperación, sino calma para analizar la situación y proceder a organizar el trabajo en equipo. Reforzar la confianza y priorizar el bien común. Esto no sucede, porque por ejemplo, Sam y Becca, como hermanas, se apoyan la una a la otra, pero ante el acecho y el peligro de ser asesinadas, su prioridad es su familia, no las demás mujeres. No sucede también por el escenario en el que se encuentran, una cueva inexplorada, en la que están rodeadas de seres desconocidos y amenazantes. Al verlos todas corren, presas del temor, en un acto visceral, pero también de autoprotección. Visto desde el exterior, es fácil razonar que correr en direcciones contrarias es quizá la acción más equivocada, pero es entendible que lo hagan, porque esa es la reacción más humana ante un peligro que amenaza su vida. Y lo es también que las hermanas velen por ellas y no por el grupo. Incluso es lógico que ese momento de adrenalina e intensidad, de riesgo de morir, lleve a Juno a pelear por su vida con furia y decisión, porque es el momento en que logra sacar todo ese rencor, miedo, ira y pesar que llevaba cargando sobre sus hombros desde hace un año.

La combinación, sin embargo, de todas estas emociones, hace que ella hiera fatalmente y por mero accidente a Beth, la que curiosamente se había mantenido más tranquila, reflexiva y solidaria todo este tiempo. Beth no muere pero Juno se espanta, la abandona y miente al respecto, así que Beth, después, no hace más que lo único que cree que puede ayudar a Sarah, contarle la verdad y advertirle sobre Juno. ¿Hace lo correcto en decirle a Sarah los secretos de la otra? ¿La motiva un deseo de franqueza en su amistad, o lo hace por venganza al culpar a Juno de sus heridas y abandonarla? ¿Hay más probabilidades de salir vivas si dejaran de lado la rivalidad, impulsividad, individualidad y autocompasión? ¿Trabajar en equipo es una opción cuando la desconfianza impera?

Las prioridades cambian, específicamente para Sarah, quien pese a estar en una cueva encerrada, posiblemente sin probabilidades de salir, rodeada de seres que quieren matarla, lo que se vuelve importante es, más que salir, la venganza, o a su forma de ver, la justicia, para Beth, para Paul, para su hija Jessica y para todas las demás mujeres a las que Juno guio a su muerte, así sea de manera indirecta.

Quizá lo que se necesite para seguir adelante es precisamente ese impulso de adrenalina, enfocada a una meta diferente. El cómo, cuánto les cueste y si es posible lograr alcanzar ese crecimiento personal, ante el reto no sólo de la falta de oxígeno, los derrumbes de las rocas, el encierro y sobre todo, los seres que ahí viven, sino también por el desafío que implica encontrar adaptación, coraje, ingenio, audacia y estrategia para analizar sus alrededores, es la pregunta importante que el espectador ve con terror en una cinta trazada eficazmente en el género, que destaca por una historia que aterroriza, no por la violencia y la sangre, sino por el realismo que despliega su premisa, es decir, ese viaje personal que los personajes tienen que recorrer al explorar lo desconocido, en un contexto de aislamiento y peligro, soledad y duda, incertidumbre y dilemas.

El problema es si en el fondo el ser humano realmente es capaz de actuar racionalmente en cualquier circunstancia, pues los seres que las atacan actúan por un instinto más animal que humano, conducta que finalmente es igual en ellas, toda vez que reaccionan emocionalmente, dejándose llevar por miedo, ira, venganza o egoísmo. El viaje que todas recorren es una serie de obstáculos, donde el más grande de ellos, o el peor enemigo que existe, puede ser, incluso, su propio yo.

Ficha técnica: El descenso - The Descent

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