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Veintiocho años con Agatha

Paola Astorga
Paola Astorga

Sólo tenía 12 años cuando el gusto por los libros apenas nacía en mí. Fue al mismo tiempo que le pedí prestado el libro a mi primo. El nombre era demasiado sugestivo para no hacerlo,  Diez negritos. El título parecía de cuento infantil la autora,  Agatha Christie.

      El libro de verdad, que tenía en la mano  me encaminaba a un mundo adulto que solo podía observar de puntitas tras una barda. Dos días fueron lo suficiente para vivir dentro una provincia de Inglaterra, en una isla llamada “Isla del Negro”. Historia  alejada de mi realidad, tanto por los años como por las costumbres e ideologías inglesas de mediados del siglo XX. La trama de misterio me forzaba a buscar a un asesino. A mi corta edad saboreé la intrincada novela, por algunas líneas casi deducía quién era el culpable. Uno tras otro los diez personajes fueron muriendo a mis pies, metafóricamente claro. Mantuve la respiración hasta la última página, dónde nunca me imaginé que ese “inocente” personaje fuera el asesino. (Como buen lector no me autorizo a revelar los finales). Al final el libro regreso  a su legítimo dueño.

        Mi vida cambió; la escuela, los amigos, mi cuerpo. Pero lo único que no lo hizo fue esa necesidad crónica de seguir leyendo. Muchos libros llegaron a mis manos. Me enamoré de un escritor colombiano en los tiempos del cólera, me perdí buscando a Pedro Páramo, di la vuelta al mundo en ochenta días, y aún así, me atormentaba no haber vuelto a sentir esa primigenia emoción de tratar de resolver un asesinato. Ese sentimiento literario que te hace sentir que te falta algo.

       Las librerías no me mostraban a la autora inglesa de la cual nunca olvidé su nombre Agatha Mary Clarissa Miller mejor conocida como Agatha Christie. Nació en Torquay 1890, falleció en Wallingfor 1976.

     Mi alma lectora se había desarrollado al cien por ciento, leía incansablemente. Elegí una carrera que me exigiera hacerlo, licenciatura en Ciencias Humanas.  

    Un día de suerte,  buscando un libro de sepan cuantos en los “libros usados” de la Galeana, volví a encontrar a esa vieja amiga. Le sacudí el polvo. Era la misma autora y otro libro Asesinato en el Orient Express. Lo tomé emocionada pensando que encontraba un tesoro que había buscado por mucho tiempo.

       Esa aventura la empecé hace 28 años cuando leí  Diez negritos. Hasta ahora llevo coleccionados 61 ejemplares de 80. No ha sido fácil, pero la emoción de encontrar los libros que me faltan es inconmensurable. Los perseguí, los encontré, los perdí. Cada uno de ellos ha sido adosado a mi biblioteca personal. Agatha puede presumir que se encuentra en mi altar literario.  Regresé a esa librería y a otras de libro usado, porqué me di cuenta, que las ediciones de Agatha Christie no las encontraría nuevas. La mayoría de las libros que he conseguido son de bolsillo, editorial Molino, Barcelona, España, de la década de los ochentas. Las pastas son obras de arte, pinturas representando las pistas del asesinato. Nunca cambiaría el encanto de una edición antigua a las nuevas pastas genéricas de algunas editoriales. Hubo una reimpresión de los Diez negritos a principios de los noventas en México y no es de sorprenderse, es la novela de misterio más vendida de la historia y es considerado uno de los libros más vendido de todos los tiempos.

      En los sesenta y un ejemplares me encontré en treinta y tres con Hércules Poirot con su acento belga y su ridículo bigote.  En doce con la anticuada y querida Miss Marple con su eterno tejido en las manos. Personajes que la autora describe con sorna, pero detrás de esa inocencia se encuentran mentes brillantes excelsas en ver detalles mínimos y una desarrollada percepción para conocer a las personas. Ingredientes esenciales para descubrir a los asesinos.  Descubrí que los dos son el alma de las novelas, el alma de Agatha, una mujer inglesa de clase media alta, tímida y alejada del barullo de su celebridad, pero detrás de esa cara dulce de provinciana, se escondía un ingenio fuera de serie. El Times Literary Supplement en 1920 la describe perfectamente: “el único defecto que tiene esta historia es que es casi demasiado ingeniosa. Una historia de detectives en la que el lector no sería capaz de localizar al criminal”. Me he topado con esa genialidad en cada libro, y a pesar de que intento relacionar los hechos y encaminarlos a la solución, es infructuoso, porqué los héroes que resuelven el crimen son los creados por la tinta de Christie  A pesar que la autora juega limpio en sus escritos y agrega todas las pistas para que el lector juegue con la idea que podrá encontrar al asesino, aún así,  nuestro marcador es: Agatha Christie 58, lectora 3. Supongo que no es penoso perder contra la mejor.

     Después de que presentara Telón, donde Hércules Poirot correría su última aventura, quien por cierto, ha sido el único personaje ficticio que ha tenido un obituario en el The Times. Agatha Christie bajo su propio telón tres meses después, confirmando con esto lo que escribí antes, ese personaje era parte de su alma.

     Y sobre esta lectora,  espero algún día completar mi colección, que puedo decir, soy madre adoptiva del papel y tinta. Y tal vez, creo que en algún lugar, una escritora inglesa me observa y brinda con una taza de té.

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