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Network

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

¿Cuál es el propósito del contenido de los medios de comunicación? ¿Son las noticias sólo información? ¿Es la programación de la televisión producto de las necesidades de la sociedad o son más bien medio de control y alienación? La televisión es un medio de transmisión y difusión, pero también de entretenimiento, información, cultura y aprendizaje. La sociedad es responsable [o mejor dicho, debería ser] del contenido que este medio de comunicación maneja, directa e indirectamente, consumiendo su programación y exigiendo, al ver o no ver un tipo de programa, el tipo de televisión que desea para su propios integrantes.

Network (EUA, 1976) es una película que aborda estos temas, reflexionando sobre la forma en que las personas detrás de este medio de comunicación, directivos, dueños, programadores, periodistas y comunicólogos, abordan su contenido en función de propósitos específicos de negocio, es decir, la televisión como medio de lucro, con programación que venda espectáculo, entretenimiento o información que genere dinero, según la participación de los patrocinadores promoviendo programas de alta audiencia de consumo popular.

La película trata de un conductor de noticias, Howard Beale, a quien recientemente se le ha informado será destituido del noticiero que preside, y quien, en consecuencia, anuncia se suicidará frente a las cámaras en su emisión de la siguiente semana. La cadena televisiva para la que trabaja reacciona con alarma una vez que han digerido el anuncio (pues en un inicio ni siquiera habían puesto atención al noticiero de Howard, menos habían escuchado con detalle sus palabras, dando por sentado el contenido de su noticiero y lo que en él se dice). Sin embargo, la nueva jefa de programación, Diana Christensen, encuentra la oportunidad de explotar el sensacionalismo y amarillismo de la noticia, en especial una vez que recibe los análisis de audiencia, que marcan que más personas han sintonizado el canal y su programa de noticias a partir de la crisis nerviosa en pantalla de Howard y su determinación, hecha pública, de terminar con su vida en transmisión en vivo.

La televisión es un circo, un espectáculo, denuncia Max Schumacher, antiguo amigo del conductor de noticias, quien reprueba la forma en que la cadena televisiva explota su situación personal. Este hombre [Howard] llena un vacío, se disculpa Diana, quien además asegura que con más arranques de ira frente a la televisión, se podrá manufacturar un programa de entretenimiento para transmitir diariamente, segura de que pronto se convertirá en el número uno de audiencias. Lo que en efecto sucede una vez que las personas encuentran una forma catártica y empática con la presencia de Howard y su discurso de denuncia social. Quejándose del gobierno, de la sociedad y del sistema, el conductor hace famosa entre los televidentes la frase: “Estoy muy enojado y ya no lo aguantaré más”.

A su llegada a la compañía, Diana quiere programación de espectáculo: “El pueblo estadounidense quiere que alguien articule su furia por ellos”. Para la ejecutiva, Howard es esa persona y la cadena televisiva, como empleadora del hombre, tiene derecho a sus palabras. Transmitir un programa donde él sea la estrella es alimentar esa misma alienación a través de la televisión, que es el principal propósito de Diana, crear un espectáculo y alimentarlo, para entretener y enajenar al público que los sintoniza.

“La gente no quiere saber la verdad”, anuncia un día Howard, hablando de su necesidad de contar a su audiencia su percepción del mundo, pues se ha cansado, dice él, de todas las mentiras que su profesión, como conductor de un noticiero, en compromiso con una cadena televisiva, un gobierno y una sociedad, le ha obligado a decir. La idea empata con la reflexión de Max: “La única verdad que la gente conoce es la que les llega de la televisión”. Max habla de este medio de comunicación como moldeador de realidades, formador de ideología generador de actitudes, modas y costumbres. La gente imita lo que ve y se cree todo lo que mira, dando credibilidad a lo que se le pone enfrente y validando así a este medio de comunicación, sin saber si su contenido está construido bajo la ficción o la imparcialidad. En la película esto es lo que ocurre, ejemplificado a través del personaje de Diana, quien sabe que con un programa con un guión bien planeado, que más tarde es transmitido como verdad (un reality show, por ejemplo), es el engaño perfecto para mantener a la audiencia pasiva, engañada y enganchada.

Asesinatos, violaciones, asaltos y crímenes, incluso las noticias más serias se vuelven un espectáculo cuando así está diseñada la forma en que la televisión (y los noticieros en general, por ejemplo) presentan este tipo de información. “Les diremos todo lo que quieran oír”, anuncia uno de esto personajes, en relación a la dinámica entre medio de comunicación y sociedad: la televisión continuará produciendo programación banal mientras la sociedad así lo exija, porque también la continuará consumiendo mientras los medios de comunicación la sigan produciendo. Trabajamos con ilusiones y ellos se las creen, explota Max, cuando demanda sentido común, razonando la forma en que los medios, la televisión en específico, crean historias que infunden miedo y aislamiento (con el contenido de sus noticieros, las series de televisión, los programas de variedad, entre otros), y todo sólo para el beneficio de unos cuantos, los dueños del capital que rigen al mundo. La película narra estos procesos, que son sin embargo más que simple imaginación, son testimonio de la forma conductual de los factores que intervienen en el ámbito de los medios de comunicación masivos en la sociedad globalizada del siglo XXI.

Cuando Howard pide a su audiencia quejarse abiertamente ante la venta de la cadena televisiva a un conglomerado financiero con mayor capital (de origen árabe), los dueños y directores de la televisora saben que la única manera de cortar la influencia sin control de este hombre es deshacerse de él. No sin antes enviarlo a recibir una lección de uno de los magnates del consorcio, quien le habla de que el mundo no son naciones, sino corporaciones, que las personas creen tomar decisiones para su beneficio propio (la compra de una casa, un seguro, un tipo de automóvil o un tipo de educación), pero que en realidad sólo se mueven alrededor del capital que maneja al mundo. En el mundo no hay negocios, insiste este hombre, hay empresas, que manejan el capital mundial y a quienes gobernantes y sociedades responden.

Los mensajes de anticonformismo de Howard pasan de moda y sus palabras populistas se convierten en reflexiones sobre la deshumanización. Su audiencia se disipa, la división de noticias se vuelve un departamento, pasando de ser independiente en su contenido a dependiente de la división de programación, mientras que los ejecutivos del canal deciden asesinar a Howard (contratando indirectamente a un ejército radicalista, con el que trabajan un programa de televisión sobre secuestros, vandalismo y otra prácticas de esta índole realizadas por este grupo), seguros de que las grabaciones del suceso podrán utilizarlas para atraer a más audiencia.

En la televisión todo se puede y esta película, aunque exagerando esa realidad, refleja cómo esto se hace posible, cómo el contenido televisivo puede caer en lo trivial e insustancial con suficiente facilidad, si la sociedad así lo permite, si no cuestiona lo que oye y lo que ve. ¿Por qué yo?, se pregunta más de una vez Howard, respecto a convertirse en un estandarte de la superficialidad del ser. La respuesta, en cada ocasión se repite: Porque estás en televisión.

Ganadora de cuatro premios Oscar (mejor actor y actriz principal, actriz de reparto y guión original), nominada además en otras seis categorías, incluyendo mejor director y mejor película, la historia está escrita por Paddy Chayefsky y dirigida por Sidney Lumet, con las actuaciones de Faye Dunaway (como Diana), William Holden (como Max), Peter Finch (como Howard), Robert Duvall, Wesley Addy, Ned Beatty y Beatrice Straight, entre otros. Una película para meditar sobre la sociedad del espectáculo, la banalización de la comunicación informativa y los procesos de enajenación que los medios de comunicación masiva promueven y practican.

Ficha técnica: Network

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