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Mulán

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Los retos más difíciles son los que cada persona enfrenta para probarse a sí misma, los retos personales, que demuestren, no a otros, sino al individuo, que es capaz de superarse, de ser distinto, mejor. Esto es lo que viven muchos de los personajes de la película de Disney, Mulán (EUA, 1998), dirigida por Tony Bancroft y Barry Cook, un relato de animación musical ambientado en China, alrededor del año 200 a.C. (Dinastía Han), cuando un ejército de hunos decide invadir el reino y demostrar que ni la Gran Muralla es obstáculo para ellos.

El emperador manda a llamar a todos los hombres para unirse a las filas del ejército para combatir a los hunos, pero Mulán toma el lugar de su padre (disfrazada de hombre) a fin de salvarlo y, al mismo tiempo, demostrar su valor; motivada en especial porque acaba de fallar su prueba como dama ante la casamentera, que es lo que se espera de las jóvenes como ella.

Le acompañan en su aventura un grillo de la suerte (que no es de la suerte) y Mushu, un dragón que quiere probar a los ancestros que puede ser un vigilante confiable; además de encontrar en el campo de entrenamiento al Capitán Li Shang, hijo del general, decidido a preparar el mejor batallón y cumplir con éxito la tarea que se le ha dado, para salvar así a su pueblo.

“La flor más bella es la que florece en la adversidad”, le dice el emperador a Li, una vez que Mulán, descubierta por su secreto de suplantación, salva a China. El viaje y la batalla le han servido a la joven para probar a otros y a sí misma quién es en realidad, por usar sus habilidades a favor y verlas como una fortaleza. La chica tiene conflicto para cumplir a la medida los cánones que se esperan de su género: recato, educación y refinamiento; pero no porque sea todo lo contrario, sino porque dentro de sí, como persona, Mulán es mucho más que eso. El entrenamiento militar la hace ponerse retos y buscar superarlos con su mejor esfuerzo, motivada, por salir adelante en nombre de su familia, del honor, con “fuerza y disciplina” como les dice el capitán Li, que es precisamente como la protagonista se comportará, descubriendo cómo su inteligencia, percepción y solidaridad son un componente positivo de su carácter, de su personalidad, tal cual lo demuestra poniéndose a prueba en la batalla contra los hunos.

El capitán Li, e incluso Mushu, van por el mismo camino: quieren demostrar su valía; es la batalla en sí lo que les hace entender, como a Mulán, que no se trata de ganar como el más fuerte, como el número uno, sino que, se trata de creer en sí mismo, algo así como que la fuerza proviene del interior, no se mide por premios y medallas, sino por las acciones realizadas, el cómo cada persona encuentra dentro de sí valor para seguir adelante y, en efecto, hacerlo.

“Un grano de arroz puede inclinar la balanza”, dice también el emperador cuando habla de que la estrategia no debe ser enviar a todo el ejército chino a luchar contra los hunos, sino que sus soldados deben quedarse a defender el reino y, por ello, todos los que puedan luchar deben ser reclutados. La frase refleja la idea de cómo es que una persona puede hacer la diferencia; Mulán en el sentido del relato, pero ella no habría alcanzado sus logros sin el apoyo de Li o el empuje de Mushu. Una sola persona puede hacer la diferencia, como dice el emperador, pero ese uno no es producto exclusivo de su individualidad, al contrario, lo es de sus experiencias y aprendizaje, pero también de su convivencia, sus relaciones sociales, su entorno, la historia personal y familiar. Cualquier persona se forma a partir de su interacción social, en su crecimiento y desarrollo, su forma de ser y entender al mundo, de comportarse en él, es producto de sus condiciones materiales de existencia, de sus vivencias.

La película también se adentra al tema de la mujer en la lucha por la equidad de género. Las costumbres del contexto histórico en que se plantea la historia ponen al género femenino en el encasillado de mujeres educadas para complacer y tener hijos. No cumplir aquellos estándares es una deshonra. La historia, con su contenido, demuestra cómo Mulán, como mujer y siendo mujer, rebasa los estándares, ella trae honor a su apellido, a su familia y a sí misma, por logros propios que van más allá de las etiquetas con que las jóvenes como ella son desestimadas. Algo propio de las costumbres tradicionalistas pero aún presente en muchos ambientes sociales de la actualidad.

Ahora nadie quiere escucharte porque eres una chica, le explica Mushu a Mulán, cuando ella se pregunta por qué nadie advierte sus palabras cuando informa que los hunos están ya cerca del castillo y listos para atacar al emperador. Pero ella no se detiene ante el silencio ni el rechazo y continúa sus intentos por prevenir y pelear cuando sea necesario; lo hace porque sabe que ser mujer no es una limitante y actúa porque toma decisiones, independientemente de lo que otros crean o piensen. Mulán no crea excusas, al contrario, lucha contra corriente (en adversidad), dejando así un ejemplo de fortaleza para cualquiera que mire la película.

Una historia sobre confianza y fortaleza, personas superándose en su lucha, a veces interna, desatada a partir del ambiente sociocultural e histórico: los hunos invadiendo China o la pobre opinión de algunos respecto a Mulán como persona capaz. Una historia sobre encontrar caminos alternos cuando el rumbo evidente se ve estancado, sobre cómo resolver problemas incluso cuando las dudas propias o de otros pesan en lugar de sopesar (considerar con prudencia en sus ventajas e inconvenientes) para la toma de decisiones.

Ficha técnica: Mulan 

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