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En Primera Plana

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Los medios de comunicación tienen un eco importante en el desarrollo de la sociedad, porque presentan historias, indagan hechos, comparten opiniones y despliegan información; influyen, de una manera u otra, en la percepción de la realidad, porque son un puente entre los hechos y la forma en que la sociedad los percibe. Algunos de sus contenidos varían de enfoque según se desarrollen en el ámbito cultural o de entretenimiento, deportivo, económico o político, pero todos deben tener un sustento que los respalde y un propósito que les otorgue sentido y significado. El contenido de los medios de comunicación debe tener una intención de relevancia e importancia, por la misma razón que el medio en sí tiene presencia en la forma en se moldea el pensamiento de las sociedades.

“Tenemos una historia que será esencial para los lectores”, les dice el editor en jefe del periódico “The Boston Globe” a sus reporteros de la sección Spotlight, cuando les asigna investigar una serie de acusaciones de pederastia dentro de la Iglesia Católica de su ciudad, en una escena de la película En Primera Plana (EUA, 2015).

No se trata simplemente de reportar una información, se trata de indagar en la investigación que puede construirse alrededor del caso cuando en él se incluyen los muchos otros reportajes relacionados que se han registrado a lo largo de más de 30 años. El equipo Spotlight se enfrenta a un reto de periodismo de investigación, donde su trabajo no se limita a recabar cifras o buscar testimonios, sino a develar la manera en que éstas se conectan entre sí y en evidenciar un corrupto e inmoral comportamiento de una institución religiosa que tiene profunda presencia en la sociedad. Su labor aquí no gira alrededor de una nota, sino que se vuelve una historia en sí.

La realidad de los hechos tiene dimensiones más grandes que involucran a la Iglesia Católica como institución, levantando varios debates éticos y morales por parte de los involucrados y hacia todos los niveles: los sacerdotes acusados, la Iglesia que oculta la información, los abogados que ayudan a que esto se logre, las víctimas que han callado y la sociedad que indirectamente les ha pedido que lo hagan, silenciando también ellos una realidad preocupante dentro de su comunidad.

El problema principal por lo que el tema se ha encubierto es la relación directa que se encuentra entre la fe y la institución; las personas no aprueban que su iglesia pueda ser atacada, sin darse cuenta que la situación de acuso de abuso sexual no refleja un fallo en la religión, sino en la institución, la Iglesia, detrás de ella, en la forma como opera y oculta los casos de abuso infantil que conoce y reconoce. Cuando la comunidad católica, como organización eclesiástica, decide encubrir la realidad, pidiendo de forma indirecta a los involucrados hacer lo mismo, el problema no sólo no desaparece, crece sin trabas y afecta directamente a las personas de las que dice preocuparse y procurar: los ciudadanos mismos y devotos de la fe.

Esta realidad hace difícil seguir el caso, porque se crea un tabú alrededor de él. Las personas se niegan a hablar al respecto, porque la sociedad como unidad no acepta que se haga. Socialmente hablando, el tema se ha enterrado, ya sea por temor, negligencia, desidia, desinterés o ignorancia, entre algunas de las posibles razones.

El grupo de periodistas tendrá que enfrentarse a este tipo de obstáculos, gente que ha sufrido los incidentes y que se ha cansado de pedir ayuda o de hablar públicamente al respecto, víctimas de los pederastas que han preferido callar como una forma de ocultar su sufrimiento, o un sistema legal burocrático que ha logrado esconder la verdad para la conveniencia de la Iglesia misma, una solicitud que no viene exclusivamente de parte de las autoridades locales de la institución, sino posiblemente desde el Vaticano. Sólo algunos están dispuestos a levantar la voz, a hablar del tema y defender los derechos de las víctimas; esos pocos son la primera ventana que abre camino a la investigación, que poco a poco comienza a encontrar más más detalles que descubrir, más voces que escuchar y más realidades que exponer.

Cuando la investigación inicia, el editor en jefe del periódico anuncia que se hará una solicitud para tener acceso a documentos sellados por la Corte. Más de uno le pregunta si está dispuesto a levantar una demanda en contra la Iglesia. El editor, como eventualmente el equipo, sabe que se encuentra ante una importante historia, y que, para embonar las piezas de los hechos de manera correcta, necesitan toda la información, no sólo porciones de ella. Él señala que el trabajo de los periodistas no puede enfocarse en algunos casos de las víctimas, de los que tienen información cotejada, sino que deben encontrar todas las conexiones que puedan develar la verdadera historia en su panorama general. Enfocándose en el sistema y no sólo en algunas de sus piezas, se convierte en la estrategia que permitirá a los periodistas descubrir la evidencia, presentada como una verdad que puede ser confirmada y como una historia que debe ser escuchada.

¿Qué motiva principalmente a los reporteros? ¿Una primicia, una historia socialmente relevante, la verdad de la labor de su profesión como investigadores de noticias? “Si cubrimos la historia, todos la escucharán”, dice uno de ellos. Algunos se involucran a un grado tal que sienten el pesar de las víctimas y su necesidad de dejar de callar para prevenir la situación, además de delatar esta realidad; otros se mantienen al margen para responder con un punto de vista imparcial y crítico, para evitar involucrarse en la historia, ya que su distancia les permite analizar el panorama con razón y lógica, no con impulsividad y sentimientos; pero todos, cualquiera sea su elección de pensamiento, trabajan bajo un código periodístico, respondiendo a los hechos, a la información y al papel que su labor en el periódico tiene en un impacto social a mayor escala, como medio de comunicación de masas.

Ellos saben que si se publica la historia, la verdad será escuchada, se hablará de ella, se denunciarán ampliamente a los perpetradores y se logrará un cambio en la sociedad, además de la apertura por lo menos, en cierto grado, a reconocer el problema, tal vez no del todo por parte de la Iglesia, pero sí de la sociedad. El equipo Spotlight se ve obligado a cargar con esta responsabilidad, porque es parte de su trabajo, que al mismo tiempo los nutre, porque encuentran en él el propósito de su profesión.

Mientras más indagan, más necesidad hay de escribir el reportaje. En más de una ocasión el equipo teme que reporteros de otro periódico se encuentren con piezas de la historia y la publiquen incompleta, sin todo el trasfondo. Más que una competencia, es una lucha por darle el enfoque exacto a una historia que requiere investigación, perspectiva y análisis. La realidad de los sucesos debe reconocerse, la verdad debe indagarse y los hechos deben analizarse; quien se comprometa con ello se compromete con el periodismo, como lo hacen los protagonistas de esta película en su investigación de abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes registrados en el área de Boston.

La historia publicada por el equipo Spotlight en el periódico “The Boston Globe” les hizo acreedores al Premio Pulitzer por Servicio Público en 2003. Su investigación y labor periodística llevaba a cabo durante 2001 se toma como base para esta película dirigida por Tom McCarthy y escrita por él junto con Josh Singer. Protagonizada por Michael Keaton, Rachel McAdams, Mark Ruffalo, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d'Arcy James y Stanley Tucci, entre otros, la película obtuvo seis nominaciones al premio Oscar, ganando en las categorías de mejor película y mejor guión original.

Ficha técnica: Spotlight - En primera plana

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