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Alphaville

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

“Alpha” se refiere a la primera letra del alfabeto griego, que deriva en la “A” latina que conocemos. Como primera letra, “alpha” también sirve para referirse al principio de algo; un inicio y todo lo que metafóricamente hablando se desprenda de él, por ejemplo, una persona alpha, como primera, sería superior a las demás. Pero en la ciencia, la técnica o metodología alpha-operatoria también se refiere a la forma en que el hombre (el operador) entiende, percibe e interpreta su mundo, por ejemplo, un concepto no tangible, como el amor, que provoca diferentes sentimientos, actitudes, expresiones y emociones en cada persona, dependiendo de cómo lo asimilen, en función de su experiencia. Alphaville (Francia, 1965), película escrita y dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Eddie Constantine y Anna Karina, habla de estos conceptos en su discurso, presentando una sociedad distópica, totalitaria, donde los sentimientos y las emociones no existen, o más bien son sancionados.

Lemmy Cauton (un personaje de la literatura inglesa creado Peter Cheyney, quien escribió diez novelas con este protagonista, ninguna de ellas tomada como base para esta película) es un agente secreto que llega a la ciudad de Alphaville, pretendiendo ser un reportero que quiere entrevistar al Profesor Von Braun, científico y fundador de la ciudad que fue una vez desterrado de la sociedad. Es puesto en contacto con Natacha, hija de Von Braun, de quien aprende algunas extrañas características del lugar, como que a los diccionarios les llaman biblias y hay palabras que poco a poco se van olvidando, desaparecen de repente; o que las mujeres y los empleados de cualquier lugar adoptan una actitud sumisa, que el uso de drogas, como los calmantes, es algo cotidiano, así como que el arte (música, pintura o poesía, por ejemplo) ha desaparecido, al grado que ya nadie reconoce lo que es, menos lo practica.

El sistema de organización que rodea la ciudad limita a sus ciudadanos, no los deja evolucionar ni crecer, no les permite conocer, aprender, ni madurar. No está permitido preguntar el “por qué” de las cosas, y comportamientos humanos básicos como llorar se consideran conductas irracionales que deben ser erradicadas. La sociedad vive tan apegada al enfoque racional de las cosas, lo práctico y lo útil, que deja de estar en contacto con su lado humano, con el razonamiento interpretativo, las emociones y los valores.

Sin solidaridad, coraje, amor, generosidad o sacrificio, la gente cae en la ignorancia; como lo señala en su discurso uno de los personajes de la historia, un hombre a punto de ser sacrificado por demostrar sus sentimientos en público. Las personas en este ambiente se han vuelto mecánicas. Cumplen sus labores, hablan, camina y opinan, pero de forma automática, sin propósito ni entendimiento de sus acciones. La razón es que viven bajo un régimen de control, donde la última palabra y única ley es la de Alpha 60, una máquina que todo lo sabe, todo lo vigila y todo lo dicta. La computadora es la que interroga, determina y ordena lo que se hace, resultando en una sociedad cegada en todos los sentidos, que ha dejado de pensar, explorar, preguntar, tener curiosidad o buscar alternativas a su realidad.

“En la vida, uno sólo puede vivir en el presente, nadie ha vivido en el pasado o vivirá el futuro”, dice la voz narradora de la historia. Y aunque el presente significa reconocer el momento, en lugar de añorar el pasado o ilusionar un futuro, lo que los personajes de la historia fallan en entender es que el presente tiene relación con el pasado y el futuro, pues se compenetran (además, del pasado se aprende y el futuro está en construcción, tal es lo que representa Alphaville, como escenario de ambiente futurista y distópico).

Natacha no recuerda su pasado, pero Lemmy le insiste que lo haga, que se esfuerce por recordar para entender que su vida es más que la sociedad en la que habita, que su vida tal como la conoce no es la única opción que tiene, pues la elección personal, que rompa con las cadenas del sistema en el que vive, es un camino importante, posible y necesario para ella como persona, como ser humano producto de sus propias decisiones, elecciones, deseos, anhelos y propósitos. Hay algo más allá afuera, es lo que le quiere decir Lemmy, quien también reta la mente de la joven cuando la hace leer varios pasajes de poesía, una forma de expresión, interpretación y asimilación que ella no reconoce, que la empuja a la reflexión, la imaginación y la sensibilización, algo que le es negado en la sociedad en la que vive.

La historia señala que el mayor problema de los sistemas de organización económica, política y social que se conocen, no radica en la forma en que determinan las finanzas y la economía de una sociedad, sino en cómo se determinan las acciones que sus habitantes deben seguir. El problema, en este caso, consiste en que en Alphaville la autoridad suprema (alpha 60) les dice a las personas qué pensar, cómo pensar y cuándo pensar. Pueden existir errores estructurales en un nivel macro de cualquier sistema de organización, pero el mayor de ellos, por lo menos en esta sociedad distópica, es que el sistema mismo se entromete en el actuar de las personas mismas, al elegir, pensar, creer y conocer por ellos.

El resultado es una sociedad alienada, temerosa, controlada, automatizada y, por tanto, no pensante; donde las ejecuciones a muerte son un espectáculo cotidiano que no se cuestiona, sólo se acepta; donde las mujeres son vistas como objetos sexuales y de servidumbre; donde los que no se alinean al sistema son sacrificados y los que presentan actitud de iniciativa e individualidad son mal vistos; donde el arte no es entendido y por tanto cualquier forma de expresión es venida a menos; donde las personas no piensan, sólo responden órdenes; una sociedad sometida y sumisa, la sociedad “alpha”, Alphaville.

Eventualmente la máquina acepta (y permite) la derrota a manos del supuesto reportero Cauton, sólo porque en su razonamiento informático, científico y lineal, es lo necesario, el mal que se necesita como siguiente paso en el desarrollo evolutivo de la sociedad de esta ciudad.

Combinando el género detectivesco, el cine negro, de misterio y de ciencia ficción, en su formato y construcción, la película de fondo se pregunta, y pregunta al espectador, sobre la naturaleza del hombre y la forma en que entiende su contexto: ¿cómo asimila conceptos?, ¿cómo la expresión, el arte, la inspiración, la conciencia, el amor o el odio son parte de su existencia? y ¿cómo traducen estas experiencias en su vida diaria con resonancia en educación, pensamiento y comportamiento? En un punto de la historia, se explica que el hombre, cuando entiende el concepto del número “uno”, cree que entonces ya ha entendido el de “dos”, porque uno más uno son dos, pero en realidad no lo ha entendido, pues para hacerlo debe comprender el concepto de suma, la operación matemática de adición. Esto quiere decir que a veces el hombre ve los elementos aislados, las cosas de manera independiente, no el panorama general de la situación, su interconexión, su contexto y las relaciones a él.

En este mundo distópico, la incapacidad de pensar impide a los ciudadanos entender su propia existencia. En Alphaville no todos pueden ser alphas, así que una computadora (irónicamente creada por el hombre) toma el papel y el control alpha de la situación; la sociedad lo permite y después esto los lleva a la destrucción, porque una sociedad así, eventualmente deja de funcionar.

Ficha técnica: Alphaville

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