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Meet me in St. Louis

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

La Exposición Universal de San Louis se llevó a cabo  en 1904, en la ciudad del mismo nombre, en el Estado de Misuri, Estados Unidos. El evento, que fue de larga magnitud, incluía exhibiciones de diferentes países, además de otras muestras de entretenimiento, incorporando los Juegos Olímpicos celebrados ese año, llevando a la exposición a permanecer activa desde abril hasta diciembre.

Sally Benson plasmó muchas de las experiencias vividas por ella y su familia en un libro que a su vez inspiró a la película “Meet me in St. Louis”, adaptada a guión cinematográfico por Irving Brecher y Fred F. Finklehoffe, y dirigida por Vincente Minnelli. En esta historia los Smith son una familia como cualquier otra, adaptándose a la economía de la época y viviendo, desenvolviéndose y creciendo como familia ante las circunstancias del trabajo, el amor o la solidaridad, en especial para las hijas de la familia: las mayores son dos jóvenes encantadas con el amor, las fiestas y los amigos, mientras que las dos menores aún están en la etapa de los juegos, las bromas y otras tantas travesuras; pero también con los otros integrantes de la casa: el hijo mayor, a punto de iniciar su vida universitaria y moldeando su formación como siguiente hombre de familia; el abuelo, quien media las transiciones generacionales; o la asistente del hogar, llena de secretos y confesiones aprendidas con el paso de los años pero con afecto por quienes son parte de su propia vida.

La película inicia ambientándose en 1903 y de allí va de una estación del año a otra progresando en las aventuras de los miembros de la familia. El tono romántico viene de la mano de Rose y Esther, interpretadas por Lucille Bremer y Judy Garland respectivamente; la primera está en busca del verdadero amor, pero con un novio que no ha decidido tomar el siguiente paso ante una sociedad y época conservadora en donde el protocolo no puede pasarse por alto. Por su parte Esther vive prendada del vecino con quien poco a poco comienza a vivir un acercamiento.

La vida parece seguir su curso para estas personas, lo mismo que en otras películas familiares. Aquí el espectador vive y sueña a la par que los protagonistas: cuando un accidente sucede, cuando buenas o malas noticias toman por sorpresa a la familia, cuando la unión entre hermanas se antepone ante cualquier reto y cuando las personalidades chocan como el momento en que el padre anuncia que la familia se mudará a Nueva York después de las fiestas navideñas.

Este detonante desata el conflicto final y define el rumbo de los personajes, mismo que se alimenta del choque entre opiniones de sus integrantes, además de que sostiene varios de los mensajes con que carga el relato; en especial la unión familiar, la comunicación y la democratización de opiniones. Para los Smith lo importante no es lo extravagante de la gran ciudad lo que los mueve, sino el cariño y apego a una ciudad y una cultura que los ha formado desde su inicio, incluyendo la gran feria de San Louis, que prometía ser deslumbrante en su siguiente edición, la de 1904.

Esta postura puede ser apreciada a través de diferentes interpretaciones, que una familia su mude o no obedece a circunstancias de la vida, trivialidades y momentos; las personas pueden estar sujetas a cambios y ser capaces de adaptarse, pero, que el padre decida poner la opinión de sus hijos y esposa por sobre los intereses propios es de resaltar al tratarse de una película de los años cuarenta, tiempo en que las sociedades se regían por protocolos. Entonces el diálogo abierto y la igualdad entre géneros no era un tema que se diera por sentado. La postura del jefe de la casa cambiante ante una familia esperanzada puede reflejar ese molde de pensamiento, duro y reacio o modificable y progresista según sea el punto de vista, que se vislumbraba en aquellos años.

A ello se suma que la película también es un musical cuya gracia y tino armónico alimenta el tono de la misma, necesario para contraponer los momentos de drama. Es entonces cuando la habilidad y talento musical de Judy Garland sobresalen, momentos  musicales que expresan su amor, su alegría y sus esperanzas, cual si el personaje estuviera exponiendo sus pensamientos frente a la cámara a través de la letra de las canciones.

Tal combinación hace que al final el espectador termine enfocado, no en la dureza de la realidad, sino en las posibilidades que la vida ofrece si se toman las decisiones correctas y si se es asertivo y contundente ante los deseos propios que, trae, para los Smith, un final feliz.

Resalta también el trabajo de Margaret O’Brien como la pequeña Tootie, quien mejor refleja la evolución del papel de los hijos, de las mujeres y  de las generaciones venideras para la segunda mitad del siglo XX. Tootie no sólo es infantil y alegre, también es inventiva y revolucionaria. Para entenderla sólo hace falta oírla cantar “I was drunk last night” (Anoche estuve borracha), verla bailar dando un show a los amigos de sus hermanas mayores, oírla hablar de cómo dará funeral a sus muñecas o verla entrar en llanto asegurando que prefiere matar a sus muñecos de nieve sabiendo que no podrá llevarlos a Nueva York.

Nada como combinar un buen sentido del humor con un poco de historia de vida para sentir que “Meet me in St. Louis” habla más que de una ciudad o de una familia.

Ficha técnica: Meet Me in St. Louis

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