Comunicación críptica

Columnas Social CLAUDIO PENSO

En las guerras del Imperio Romano el envío de mensajes de un lugar a otro se realizaba a través de personas en las que se depositaba la confianza.

Estos mensajeros eran interceptados y torturados por los enemigos.

Julio César ideó mensajes escritos en clave. Utilizaba como método de codificación la sustitución, que consistía en cambiar las letras según una clave prestablecida.

Para enviar el mensaje: Atacaremos por el Norte, el César escribía: DXDFDUHORV SRU HÑ PRUXH.

La clave consistía en avanzar cuatro lugares en el alfabeto. El mismo carecía de las letras J, K, W e Y.

Muchos líderes utilizan los mismos métodos que Julio César. Se apoyan en personas de confianza que usan esa información como un espacio de poder y distorsionan la realidad a su antojo. Son especialistas en idear rumores o entregar algunos datos en cuenta gotas para afianzar su rol de portadores de secretos.

Se transforman en los protagonistas de las organizaciones y adquieren la dimensión de monjes negros.

Los líderes que disfrutan de la intriga, también idean métodos y códigos que la mayoría no comprende. Las personas consumen su tiempo tratando de interpretar lo que escucharon o leyeron.

¿Quiénes son los responsables de una buena comunicación? Las viejas reglas afirman que siempre lo es el emisor en primer lugar. Cuando no se comunican claramente, estos mensajes cifrados, confunden a las personas y se propaga la adivinación y el libre albedrío.

Antes del César, los antiguos usaban un método fantástico para comunicarse: cara a cara.

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